Hablábamos el otro día de la microbiota, de la importancia de tener una microbiota variada y de que ensuciarnos más es una de las vías para conseguirlo. Quizá alguno se acordó entonces de que cuando nosotros (los nacidos en los '70 y los '80) éramos pequeños nos manchábamos más, nos hacíamos más heridas, jugábamos más en la calle y en la tierra que los niños de ahora. Pues si pensasteis eso, disteis en el clavo! Esta semana os voy a contar cómo es según los estudios el ocio de los niños españoles de hoy, los problemas que tiene y algunas posibles soluciones. Antes, haré un breve repaso de cómo fue nuestra infancia, la de las llamadas "generación X" y "generación millenial".
La infancia de nuestra generación
Sin ningún esfuerzo puedo recordar decenas de juegos y experiencias que aparentemente hoy han desaparecido (o casi) de la vida infantil. Me acuerdo del escondite, del pilla-pilla, del 1-2-3 carabín caraván, del garbancero, de la peonza, de las canicas, la comba, el balón, de beso-verdad-o-consecuencia, de coger cangrejos, de atrapar lagartijas, de tirar globos de agua, de saltar sobre los charcos con las katiuskas, de hacer trucos con el yo-yó, de decorar los radios de las ruedas de la bici, de engrasar bien el monopatín para que rodase más, de cambiar cromos en el patio del cole...
Me acuerdo de ir al cole caminando y no en coche. Y de hacerlo sin adultos, simplemente acompañado por tu hermano mayor o por un vecino más mayor al que te acoplaba tu madre.
Y me acuerdo de pasar el día entero en la calle. En el patio de la casa de un amigo, en el jardín de la urbanización de otro amigo, en un parque, en una plaza... De que se hacía de noche y tú seguías queriendo más.
Me acuerdo de ir a buscar primero a un amigo y, siendo ya dos, ir a buscar a un tercero; luego el trío de amigos íbamos a buscar a otro más y así sucesivamente hasta juntar una pandilla. También había algún amigo que se acercaba al barrio tomando para ello un autobús, sin que eso supusiera ningún problema.
Recuerdo también llamar por teléfono antes a uno de los amigos para confirmar. Entonces te contestaba su madre (había sólo un teléfono por familia) y preguntabas "¿se puede poner Fulanito?" y escuchabas: "Fulanitooo, al teléfono, es Héctor". Y tenías que esperar un rato porque Fulanito debía llegar hasta el teléfono fijo (que no era inalámbrico) desde el otro lado de la casa. Fijabas la cita y le tocaba a Fulanito llamar a otro amigo. Y éste llamaba a otro. Y así, en cadena, habíamos montado un plan.
Y si no tenías pandilla, no había problema: tu madre te endosaba a tu hermano o hermana y listo. O simplemente bajabas a la calle, que ya habría decenas de niños jugando por ahí. Sí, entonces había un momento que daba un poquito de apuro: "¿a qué estáis jugando? ¿puedo?"; pero lo capeabas como mejor sabías.
Me acuerdo de que si llovía, ya teníamos localizados los soportales, patios cubiertos, tejavanas, toldos, portales o cualquier techumbre que te resguardase un poco. La lluvia (y lo dice uno del norte... ) no era impedimento para salir.
Recuerdo también que sólo había unos pocos canales de televisión y sólo una televisión en casa. Era frecuente que no pudieras ver cierto programa o cierta película porque tu padre quería ver no sé qué. Pero al día siguiente tu amigo te lo contaba. Tu amigo te contaba una película de dos horas! Y tenía que actuar para representar las escenas de acción. Y tú escuchabas no sólo atento; escuchabas entusiasmado! ¿Tú te crees que hoy día alguien se va a molestar en gesticular y poner voces para contar un vídeo que ha visto?
Me acuerdo de que hacerte un roto en el pantalón o en la cazadora era una suerte porque así te ponían un parche. Y en el parche podía estar Mazinger-Z, los Cazafantasmas o Triki el monstruo de las galletas. Y me acuerdo de mi madre en el sofá con las agujas de coser remendando tomates de los calcetines. Me acuerdo también de que las camisetas y chándals de publicidad (Leche SAM, Carrera Popular PRYCA, Quicky de Nesquik... ) se integraban en tu armario como una prenda más, no bajo la categoría "ropa para manchar de grasa y pintura cuando hago ñapas".
Por supuesto, entonces heredábamos todo de los hermanos mayores. Yo llegué a heredar hasta ropa de niña, fijaos lo que os digo. En el caso de los libros de texto, heredar era una ventaja: traían las respuestas a las actividades! A finales de verano mi madre me ponía a borrar las respuestas, que mis hermanos habían escrito a lápiz durante el curso. Pero yo borraba suavemente para que quedase una marca, la justa para poder descifrar las palabras. En esto de heredar también se daba un fenómeno curioso: cuando sabías que cierta prenda o la bicicleta de tu hermano mayor sería para ti, ya te ibas haciendo ilusión sólo de vérselo a tu hermano.
Y, sobre todo, me acuerdo de llegar a casa sofocado, con las mejillas sonrosadas, sudando y con el jersey atado a la cintura. Totalmente excitado. Y era porque jugabas a pescar, al escondite, a saltar, a lanzarte ladera abajo rodando o con el monopatín. Y lo dabas todo! O porque habías roto sin querer un cristal y habías tenido que huir de un vecino cabreado que gritaba "ya verás cuando se lo diga a tu padreee". O porque habías cogido la bicicleta y habías llegado más lejos que nunca. O porque habías atrapado un insecto rarísimo. O porque te habías encontrado una moneda de 100 pesetas. Y luego se te amontonaban las palabras tratando de contarle a tu madre la aventura gigante que habías vivido...
¿Cómo es el ocio de los niños de hoy?
No sé si os habéis visto reflejados en estas descripciones. Os identifiquéis más o menos, el caso es que la infancia de hoy es muuuy diferente. Y no es sólo una impresión o una conjetura: es lo que se desprende de un montón de estudios; estudios cuyos hallazgos recojo y resumo aquí para que sintáis la misma desazón que siento yo ante esta realidad triste... :(
Como vamos a comprobar enseguida, el ocio de los niños de hoy es: muy sedentario, muy basado en las tecnologías, con muchos más juguetes, ocurre mucho más bajo techo, es más individual y está más vigilado por adultos. Éste es, según los estudios, el retrato del ocio infantil en la actualidad. Lo vamos desgranando.
¿Sedentario? El estudio ANIBES es la mayor investigación sobre hábitos y salud llevada a cabo en España hasta la fecha. Sus resultados en materia de actividad física son reveladores: dos de cada tres chavales de entre 9 y 17 años incumple el mínimo de 60 minutos diarios de actividad moderada-intensa recomendado por la OMS.
Por otro lado, el tiempo que pasan los chavales de hoy sentados es cada vez mayor. Pensémoslo un momento: un día cualquiera, el chaval promedio pasa 15 minutos sentado a la mesa para desayunar, 30 minutos en coche para ir al cole, 6 horas en el pupitre del cole, 30 minutos en coche para regresar a casa, 30 minutos para comer, 5 minutos en la taza para hacer popó, 1 hora para hacer los deberes... Es fácil que alcance las 9 horas. Si quitamos las 9 que está durmiendo, nos quedan 6 pero hay que hacer un hueco en ese margen para otra actividad de la que hablo a continuación.
El excesivo sedentarismo de los niños de hoy es también resultado del uso excesivo de dispositivos electrónicos como tablets o videoconsolas (lo que en la jerga se conoce como "tiempo de pantalla"), pues son actividades sedentarias por definición. Pero esto lo vemos a fondo en el siguiente punto.
¿Basado en tecnologías? El mismo estudio ANIBES encuentra que casi la totalidad de los hogares en España cuenta con al menos un dispositivo electrónico (televisión, ordenador, tablet, smartphone, videoconsola). Es más, la mitad de los hogares dispone de tres o más televisiones y de al menos dos ordenadores. Peor todavía: uno de cada tres chavales tiene televisión, ordenador y consola (los tres!) en su habitación.
En cuanto al uso de estos aparatos, una amplia encuesta realizada por la cadena de jugueterías Imaginarium revela que los niños pasan 30 horas semanales en pantallas, lo que equivale a unas 4 horas diarias. Y este patrón está presente ya a los 7 años!
El programa PISA también evalúa estas cuestiones. Sus hallazgos concuerdan con el dato anterior: el tiempo promedio en pantalla de los adolescentes de países desarrollados era en 2015 de 3 horas y media. En 2012 era de 3 horas. Esto significa que el uso de dispositivos es intensivo y que es cada vez mayor. Y hay que tener en cuenta que el tiempo en pantalla para tareas escolares (por ejemplo, consultar la Wikipedia) ya está descontado del cómputo y que además se trata del tiempo declarado por los chavales, no el tiempo real medido de forma objetiva (es posible que pasen más tiempo sin ser conscientes de ello y, por tanto, no lo declaren).
Más arriba hicimos un cálculo: estimamos las horas que el chaval promedio pasa diariamente sentado. Nos salieron 9, que ahora podemos juntar con las 4 de uso de dispositivos electrónicos. Queda un total de 13 horas de nula actividad física, a las que hay que añadir las 9 de sueño, arrojando un escaso margen de 2 horas al día para el movimiento. Un espacio que, sin embargo, no se rellena con la actividad mínima recomendada por la OMS, como ya vimos...
Por cierto, varios estudios recientes confirman el efecto pernicioso de un tiempo de pantalla excesivo: cuantas más horas de ocio en internet (redes sociales, vídeos de YouTube, juegos online), peor rendimiento académico. Y otro resultado más de PISA vinculado al tiempo de ocio en internet: son las poblaciones con menor estatus socioeconómico las que pasan más horas navegando por internet para tareas no escolares.
¿Con más juguetes? Famosa, la mítica marca española de juguetes, realiza periódicamente el estudio Juegorama a fin de conocer el tipo de uso del juguete que hacen hoy día nuestros niños. Es una encuesta que responden miles de padres y madres y que les interroga tanto por la relación que ellos tuvieron con el juguete como la que observan en sus hijos. Repaso algunos hallazgos de interés.
Primero, el 100% de los papás y mamás señala que sus hijos tienen muchísimos más juguetes que los que ellos tenían. Aparte, dos tercios de los papás y mamás encuestados cree que sus hijos tienen una cantidad "excesiva" de juguetes. Papás y mamás dicen gastar un promedio de 180 euros anuales en juguetes. Y aunque la mayoría son conscientes de que habría que poner límites, un porcentaje altísimo admite "no saber negarle un juguete" a sus hijos.
Por otro lado, cuando se les pregunta por cuáles fueron sus juguetes favoritos cuando eran críos, papás y mamás lo tienen claro: las muñecas, el balón y la comba. Pero el juguete preferido por los niños de hoy es la videoconsola, seguido por muñecos de marca (tipo Playmobil, Barbie o Super Zings).
¿Bajo techo? El mismo estudio Juegorama indaga también sobre los espacios de juego. El 90% de los papás y mamás dice que sus hijos juegan mayoritariamente en interiores. El espacio interior predominante es la casa pero van ganando terreno sitios como los parques de bolas o las ludotecas.
La OMS alerta también de lo que llama "la generación indoor". Sus estudios encuentran que pasamos el 90% del tiempo en interiores. Tal cual. Por cierto, el 90% de 24 horas es 22, lo que coincide con el cálculo que ya hicimos respecto al sedentarismo. Es más, en una encuesta de YouGov (un organismo parecido al CIS pero privado) el 15% de los participantes declaró no salir ni una vez de casa en las 24 horas del día.
Los problemas de permanecer encerrado los analizaremos en el apartado siguiente pero ya os adelanto que se derivan fundamentalmente de la pobre calidad del aire que hay en nuestras casas. Por un lado, este aire se impregna de tóxicos que proceden de cocinar, de los productos de limpieza y hasta de nuestra respiración; por otro lado, no ventilamos lo suficiente para reciclarlo y, aparte, el aire que entra por la ventana tampoco es de la calidad idónea si vivimos en plena ciudad...
¿Individual? Según el INE, el índice de natalidad en España es 1.33. Nacen exactamente la mitad de niños que en los años '60. Tasas inferiores a 2 implican que la población adulta no se renueva sino que va en recesión. Para entendernos: hoy sólo una de cada dos parejas tiene un hijo. O sea, muchas parejas deciden no tener y, las que tienen, crían a uno nada más. Como dice mi madre, "antes con tres familias hacías un pueblo entero". Y no va desencaminada: lo habitual entonces (ya hemos dicho que la natalidad en los '60 doblaba la actual) era tener muchos hijos. De esa manera, cuando menos, te criabas con tus hermanos; y era muy fácil además que en el piso de al lado hubiese otros tantos hermanos y lo mismo en el del otro lado y en el de más allá.
Para muestra un botón: en mi clase del cole, el grupo B, éramos 40 niños y había otros 40 en A y otros 40 en C. Eso hace 120 niños por curso. Por cuestiones de trabajo visito múltiples colegios de la región cada año. Pues bien, es raro ver un cole con dos líneas por curso y, en todo caso, no hay más de 25 niños por clase.
Más ejemplos a mano. Los primos Rodicio somos 14. Sólo la mitad estáis criando hijos. (Las mascotas cuentan como fuentes de oxitocina pero no para este cómputo... ;))
¿Vigilado por adultos? Aquí se da un fenómeno paradójico. Los niños pasan cada vez menos tiempo ellos solos y más tiempo con adultos pero, a la vez, los padres declaran dedicarles un tiempo escasísimo a sus hijos. ¿Cómo es posible que los niños estén más vigilados por adultos y, al mismo tiempo, no vean prácticamente a sus padres? Pues, básicamente, porque quienes les vigilan son todo un ejército de adultos, no sólo sus padres. Lo vemos.
Para empezar, cada vez se utilizan más guarderías, aulas de 2 años, comedores escolares, centros de actividades extraescolares, ludotecas, en fin, lo que los americanos llaman "daycare". Los estudios al respecto reflejan un incremento exponencial de este tipo de servicios: antes eran raros y hoy son el pan de cada día. En estos espacios los niños pueden jugar, sí, pero es un juego que se considera "estructurado", pues tiene unas normas y hay un adulto supervisando. Y es distinto del "juego libre", en que los niños hacen lo que les da la gana, y cuya presencia (y esto está también documentado) va en declive.
Otro colectivo que contribuye a que los niños no jueguen solos sino vigilados son los abuelos. Según una encuesta del Imserso, el 70% de los mayores de 65 años cuida de sus nietos, lo hace por una media de 6 horas diarias y, además, de manera no voluntaria. Es casi como un trabajo. De hecho, empieza a calar el concepto de "síndrome del abuelo esclavo".
El 70% de los padres pasa menos de una hora al día jugando con sus hijos. Es un tiempo escaso. Pero, aparte, tampoco aprovechan ese intervalo de la mejor manera. Los niños españoles de hoy no van al cole solos, como sí hacíamos nosotros. Estudios de Audi y de Mapfre sobre seguridad vial han encuestado a papás y mamás sobre la manera como sus hijos van acuden al colegio. El 70% de los niños españoles de entre 8 y 12 años van acompañados al cole. Y un porcentaje considerable de padres dice que los acompañará hasta los 14.
Acabo de mencionar un dato que indica el poco tiempo que los padres pasan al día con sus hijos. Si lo estudiamos más a fondo descubrimos que esto se aplica más bien a los papás, no tanto a las mamás. Según un estudio de la aseguradora DKV, las mamás dedican bastante más tiempo diario a los hijos que los papás. Pero resulta que aquí hay también un problema: lo que se conoce como madres "hiper-protectoras". Una forma de hiper-protección se denomina "mamá helicóptero" porque son madres que permanecen cerca del niño (como revoloteando), tratando de resolver cualquier dificultad que enfrente el niño y protegerle de todo peligro, por pequeño que sea. Otra forma es conocida como "mamás tigre" porque presionan al niño y no toleran menos que un rendimiento excepcional. En fin, son mamás que con la mejor intención acaban por entrometerse en la actividad del niño, que de nuevo deja de ser libre.
Así pues, los niños casi no ven a sus papás pero van acompañados al cole, pasan incontables horas en servicios "daycare", son supervisados por sus abuelos y son hiper-protegidos por sus mamás.
¿Qué problemas resultan de esta forma de jugar?
Obesidad. El 40% de los niños españoles tiene sobrepeso, de los cuales la mitad tiene obesidad. Son cifras alarmantes. En los países escandinavos, por ejemplo, la proporción de niños con sobrepeso ronda el 10%. El problema es para los niños, pues el sobrepeso está asociado a múltiples enfermedades, como diabetes, problemas cardiovasculares, problemas articulatorios y hasta cáncer; pero lo es también para la sanidad pública, que está cada vez más saturada teniendo que atender estas dolencias. Se estima que la obesidad nos cuesta a los españoles 3000 millones de euros al año. Lo cierto es que la causa principal del sobrepeso no es la falta de actividad física sino una mala alimentación. Pero es que la cuestión no son los kilos de la báscula sino lo saludable de tus tejidos, y en esto la actividad física es determinante. Un cuerpo sano no depende de los kilos. Por ejemplo, Lydia Valentín, campeona de halterofilia, pesa 74 kilos con 1.69 de estatura. Aparentemente, tiene sobrepeso. Pero no: son 74 kilos de músculo! Un cuerpo sano tiene todo el músculo posible y la mínima grasa. ¿Por qué? El músculo cuida de nuestras articulaciones, nos protege de caídas y reduce el impacto de las que se producen, eleva el metabolismo y nos hace más fuertes y rápidos. Para conseguir esto la actividad física es clave, de ahí la importancia de alcanzar por lo menos los niveles recomendados por la OMS, ya de por sí modestos...
Miopía. Hoy sabemos que la miopía es resultado de pasar mucho tiempo en interiores. En interiores suceden dos cosas: no recibes luz solar y fijas la mirada en objetos cercanos. Ambos factores, junto con una predisposición genética, provocan miopía. Y esto se deduce de un montón de estudios, incluyendo ensayos clínicos. En un experimento se reunió un grupo grande de escolares. A la mitad se les limitó el tiempo de recreo. A la otra mitad se les extendió el tiempo de recreo hasta las 2 horas. Pasados unos cursos académicos la prevalencia de miopía era varias veces superior en el primer grupo. Se estima que en 2050 la mitad de la población mundial tendremos miopía (sí, yo soy una de las víctimas de esta epidemia... ).
Asma y alergias. Las dos son enfermedades autoinmunes y, por el artículo de hace unas semanas, sabemos que este tipo de trastornos está relacionado con la microbiota. También sabemos que hace falta el aire libre y el contacto con la naturaleza para desarrollar una microbiota variada y sana. Pero, tal como hemos visto, los niños de hoy pasan hasta 22 horas al día en interiores. Esos espacios no sólo impiden el contacto con la naturaleza, además los exponen a un aire tóxico. Al cocinar en la sartén se forman toxinas, los productos de limpieza contienen tóxicos, los dispositivos electrónicos están recubiertos de plástico que se recalienta cuando los utilizamos y libera sustancias, incluso los muebles y las prendas que tenemos contienen compuestos que les confieren ciertas propiedades (consistencia, color, retardante de llama, etc.) pero que también son tóxicos. Todos estos elementos contribuyen a contaminar el aire en los espacios interiores. Es necesario ventilar un par de veces al día por lo menos. Pero tampoco es la solución perfecta, puesto que si vivimos en un centro urbano, el aire nuevo puede estar igual o más cargado de tóxicos procedentes de los coches...
Mal descanso. Un sueño reparador depende de tres factores: luz, temperatura, actividad física. De los tres, la luz es el más importante. ¿Cómo funciona? Pues nuestro cuerpo sigue un ritmo diario, el ritmo circadiano. Durante el día segrega ciertas hormonas que sirven para realizar las actividades cotidianas. Por ejemplo, el cortisol (recordad: la hormona del estrés) se eleva al despertar por la mañana. En este caso es deseable, pues nos aporta el chute de energía necesario para arrancar. Durante la noche el cuerpo entra en modo reparación. Una de las cosas que pasan es que se limpian los restos de la actividad cerebral; una basura que de no limpiarse, se va acumulando, aumentando el riesgo de Alzheimer, entre otros. Durante la noche aumentan las hormonas anabólicas, como la testosterona, que sirve para recomponer los músculos dañados si los usaste durante el día (y que explica por qué los hombres nos levantamos de la cama con "la tienda de campaña" entre las piernas... ). Pues bien, esos ciclos son regulados principalmente por la luz: cuando hay mucha luz, el cuerpo sabe que es de día y hace sus cosas diurnas; cuando hay ausencia de luz el cuerpo sabe que es de noche y hace sus cosas nocturnas. Pero, y aquí viene el problema, si no recibes suficiente luz por el día y si no hay suficiente oscuridad por la noche, tu cuerpo se confunde y no se prepara para dormir (no produce melatonina). Y resulta que incluso los dispositivos electrónicos emiten luz suficiente para bloquear el sueño. En concreto, emiten luz azul, que aunque no parezca intensa tiene el mismo efecto que una mucho más potente. Según una encuesta reciente, el 98% de los chavales entre 14 y 16 años reconoce que lo último que hace justo antes de irse a dormir y lo primero que hace al levantarse es mirar el móvil. En otra encuesta a chavales de 18 años, el 80% de los participantes dijo mirar el móvil incluso durante la noche, lo que se ha dado en llamar "vampirismo". Por otra parte, ya hemos quedado en que los chavales de hoy tienen poca actividad física y para descansar bien también hace falta haberse cansado durante el día...
Pobre socialización. Hemos apuntado ya que hoy hay muchos menos niños en España que en nuestra generación. Y lo avalan los datos del INE. Lógicamente, si hay menos niños, hay menos oportunidades de interacción con iguales. Es importante que los niños se relacionen con niños porque están al mismo nivel y eso les plantea pequeños conflictos que deben aprender a solucionar por medio de la comprensión y la negociación. Un adulto juega a lo que tú le digas o, en ocasiones, es el maestro/entrenador/monitor y entonces fija él las actividades y la manera de acometerlas. En ambos casos hay asimetría. Pero si un niño está con otro niño tienen por narices que conciliar sus preferencias y sus necesidades. Y esto es una lección vital. Por otra parte, para llevar a cabo la negociación el medio principal es el lenguaje, de modo que la interacción con iguales se convierte en un catalizador crucial en el desarrollo del lenguaje. Sin compañeros con los que jugar en casa o en el barrio, los chavales de hoy ven limitadas sus interacciones al contexto escolar y al de las actividades extraescolares, que ya hemos dicho que son ambientes estructurados.
Inmadurez. La autorregulación es la capacidad para dirigir y controlar nuestra conducta en pos de una meta. Sirve para contener emociones negativas (como la ansiedad, la frustración, el aburrimiento o la ira), para perseverar en actividades duras, para lograr demorar la gratificación. Para desarrollarla necesitamos que haya una relación natural entre conducta y consecuencias, aprendemos del feedback que proporciona el entorno. Si metes los dedos en el enchufe (conducta) y te llevas un calambrazo (consecuencia), pues haces la asociación, de modo que en el futuro te reprimes de repetir la conducta. Si aceptas jugar al juego que pide tu amigo, le caes bien; si nunca cedes, despiertas rechazo. Si estudias, apruebas el examen y te quitas una asignatura de encima; si no lo haces, suspendes y te toca estudiar otra vez para recuperar. Vamos haciendo esas asociaciones, asimilando ese feedback, de modo que maduramos: sabemos lo que hay que hacer para alcanzar ciertos resultados y lo que no hay que hacer para evitar consecuencias desagradables. Desarrollamos una "voz interior" (el jinete que maneja al elefante... ). Pero si se altera la relación natural entre conducta y consecuencias, es imposible desarrollar esa voz. Y ¿de qué maneras se puede alterar la relación natural entre conductas y consecuencias? Una forma es el exceso de juguetes del que ya hemos hablado. Si me caen regalos día sí, día también con independencia de cómo me he portado, ¿qué es lo que aprendo? Pues aprendo a ser un repelente, a portarme como un déspota o un temerario porque haga lo que haga me van a premiar. Y aprendo a ser impaciente, a no saber demorar la gratificación: si hay regalito cada dos por tres o si me pones la tablet para distraerme cada dos minutos porque no soporto estar aburrido ni un instante, desarrollo una dependencia a la gratificación inmediata. Los premios injustificados y constantes, en el fondo, están alimentando al elefante y debilitando al jinete. Si al exceso de premios le sumamos la hiper-protección que también tratamos más arriba, tenemos la fórmula para el desastre. De nuevo, los papás y mamás hiper-protectores están distorsionando la relación natural entre conductas y consecuencias. Un padre entrometido impide que explores y, por tanto, obtengas feedback de las acciones que emprendes: "no te metas ahí", "ponte la bufanda", "pídele perdón a Fulanito", "déjale el juguete a Menganito", "dale un beso al tato"...
Algunas soluciones
No tengas miedo. Respecto a que los niños vayan solos al cole o bajen solos a la calle y se pasen el día por ahí o que cojan solos un autobús o incluso se vayan de excursión con unos amigos, muchos padres tienen miedo por la cantidad de peligros que acechan a los niños. Los pueden engañar, secuestrar, violar, asesinar. O ellos se pueden perder o pueden sufrir un accidente. El miedo es legítimo y normal pero, en realidad, está injustificado. ¿Por qué? Si miras las cifras de niños desaparecidos, resulta que permanecen al mismo nivel desde que existen estadísticas! Es un mito que hoy haya más ladrones, violadores o asesinos que antes. Lo que sí ha crecido es el bombo mediático que le damos a estos sucesos. Es más, hoy hay más control sobre ciertos peligros potenciales como el diseño de los columpios o el tráfico de vehículos en las zonas residenciales.
Menos deberes. Quizá sabéis que en Francia hubo un movimiento muy fuerte de padres en contra de los deberes, que logró eliminarlos. En España el movimiento no tiene tanta fuerza pero el debate está en la calle igualmente. Hay varios argumentos en contra de los deberes. Uno es que limitan el tiempo para el juego libre, que es de lo que hablamos hoy. Otro argumento es que incrementan las diferencias sociales. ¿Por qué? Pues porque sólo los padres con estudios pueden ayudar a sus hijos con los deberes o pagarles clases particulares. De esta manera, los hijos de la clase trabajadora reciben menos apoyo y hacen peores deberes, que les conducen a peores notas y, eventualmente, a peores carreras académicas y profesionales, reforzando así el status quo... Para mí, el argumento definitivo, aparte de que restringen el juego libre de los niños con todas las consecuencias que eso tiene, es que no sirven para aprender! Por ejemplo, la prueba PISA (que mide habilidades de lectura, matemáticas y ciencias de los chavales de 15 años de todo el mundo) incluye también preguntas sobre el tiempo que dedicas diariamente a deberes. Pues bien, no hay relación entre el tiempo de deberes y el rendimiento en la prueba! Países como Finlandia, cuyos alumnos son excelentes en lectura, matemáticas y ciencias, no manda deberes para casa.
Más parques. Hace unos años hubo un terremoto en el anillo de fuego del Pacífico. Afectó especialmente a una ciudad mediana de Nueva Zelanda. La ciudad quedó totalmente devastada. Literalmente, hubo que reconstruirla desde cero. Al alcalde se le ocurrió consultar a la población para saber cómo querrían que fuera la nueva ciudad. Hubo una petición unánime: más espacios de encuentro, más plazas, parques y jardines. Tenemos una tendencia natural a salir, a juntarnos, a explorar. Hay que proporcionar los espacios para expresar estos impulsos y desarrollarnos sin trabas. No puede ser que haya que coger el coche para ir al parque. Si hace falta coche, puede ocurrir que a tu papá/mamá ese día no le apetezca conducir o que el coche esté en el taller o que el tráfico esté en su hora punta. Aparte, si hace falta que un adulto te lleve en coche, eso conlleva que después tendrás a ese adulto vigilando el juego.
Asilvestrarse. Antes teníamos menos conciencia de los factores que promueven o dificultan el desarrollo saludable de nuestros niños y, sin embargo, lo hacíamos mejor. Quizá si tan sólo nos dejamos llevar, irónicamente, el resultado será más favorable. Dejemos que el niño se caiga del monopatín, se haga un roto en el pantalón, se lleve la mano a la boca después de haber enredado en la tierra, pase un poco de frío o de calor, coma o no merienda, abandone para siempre los deberes, salga a la calle él solo, juegue más a la pelota y a la comba y tire la puñetera tablet a tomar viento...
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)
La infancia de nuestra generación
Sin ningún esfuerzo puedo recordar decenas de juegos y experiencias que aparentemente hoy han desaparecido (o casi) de la vida infantil. Me acuerdo del escondite, del pilla-pilla, del 1-2-3 carabín caraván, del garbancero, de la peonza, de las canicas, la comba, el balón, de beso-verdad-o-consecuencia, de coger cangrejos, de atrapar lagartijas, de tirar globos de agua, de saltar sobre los charcos con las katiuskas, de hacer trucos con el yo-yó, de decorar los radios de las ruedas de la bici, de engrasar bien el monopatín para que rodase más, de cambiar cromos en el patio del cole...
Me acuerdo de ir al cole caminando y no en coche. Y de hacerlo sin adultos, simplemente acompañado por tu hermano mayor o por un vecino más mayor al que te acoplaba tu madre.
Y me acuerdo de pasar el día entero en la calle. En el patio de la casa de un amigo, en el jardín de la urbanización de otro amigo, en un parque, en una plaza... De que se hacía de noche y tú seguías queriendo más.
Me acuerdo de ir a buscar primero a un amigo y, siendo ya dos, ir a buscar a un tercero; luego el trío de amigos íbamos a buscar a otro más y así sucesivamente hasta juntar una pandilla. También había algún amigo que se acercaba al barrio tomando para ello un autobús, sin que eso supusiera ningún problema.
Recuerdo también llamar por teléfono antes a uno de los amigos para confirmar. Entonces te contestaba su madre (había sólo un teléfono por familia) y preguntabas "¿se puede poner Fulanito?" y escuchabas: "Fulanitooo, al teléfono, es Héctor". Y tenías que esperar un rato porque Fulanito debía llegar hasta el teléfono fijo (que no era inalámbrico) desde el otro lado de la casa. Fijabas la cita y le tocaba a Fulanito llamar a otro amigo. Y éste llamaba a otro. Y así, en cadena, habíamos montado un plan.
Y si no tenías pandilla, no había problema: tu madre te endosaba a tu hermano o hermana y listo. O simplemente bajabas a la calle, que ya habría decenas de niños jugando por ahí. Sí, entonces había un momento que daba un poquito de apuro: "¿a qué estáis jugando? ¿puedo?"; pero lo capeabas como mejor sabías.
Me acuerdo de que si llovía, ya teníamos localizados los soportales, patios cubiertos, tejavanas, toldos, portales o cualquier techumbre que te resguardase un poco. La lluvia (y lo dice uno del norte... ) no era impedimento para salir.
Recuerdo también que sólo había unos pocos canales de televisión y sólo una televisión en casa. Era frecuente que no pudieras ver cierto programa o cierta película porque tu padre quería ver no sé qué. Pero al día siguiente tu amigo te lo contaba. Tu amigo te contaba una película de dos horas! Y tenía que actuar para representar las escenas de acción. Y tú escuchabas no sólo atento; escuchabas entusiasmado! ¿Tú te crees que hoy día alguien se va a molestar en gesticular y poner voces para contar un vídeo que ha visto?
Me acuerdo de que hacerte un roto en el pantalón o en la cazadora era una suerte porque así te ponían un parche. Y en el parche podía estar Mazinger-Z, los Cazafantasmas o Triki el monstruo de las galletas. Y me acuerdo de mi madre en el sofá con las agujas de coser remendando tomates de los calcetines. Me acuerdo también de que las camisetas y chándals de publicidad (Leche SAM, Carrera Popular PRYCA, Quicky de Nesquik... ) se integraban en tu armario como una prenda más, no bajo la categoría "ropa para manchar de grasa y pintura cuando hago ñapas".
Por supuesto, entonces heredábamos todo de los hermanos mayores. Yo llegué a heredar hasta ropa de niña, fijaos lo que os digo. En el caso de los libros de texto, heredar era una ventaja: traían las respuestas a las actividades! A finales de verano mi madre me ponía a borrar las respuestas, que mis hermanos habían escrito a lápiz durante el curso. Pero yo borraba suavemente para que quedase una marca, la justa para poder descifrar las palabras. En esto de heredar también se daba un fenómeno curioso: cuando sabías que cierta prenda o la bicicleta de tu hermano mayor sería para ti, ya te ibas haciendo ilusión sólo de vérselo a tu hermano.
Y, sobre todo, me acuerdo de llegar a casa sofocado, con las mejillas sonrosadas, sudando y con el jersey atado a la cintura. Totalmente excitado. Y era porque jugabas a pescar, al escondite, a saltar, a lanzarte ladera abajo rodando o con el monopatín. Y lo dabas todo! O porque habías roto sin querer un cristal y habías tenido que huir de un vecino cabreado que gritaba "ya verás cuando se lo diga a tu padreee". O porque habías cogido la bicicleta y habías llegado más lejos que nunca. O porque habías atrapado un insecto rarísimo. O porque te habías encontrado una moneda de 100 pesetas. Y luego se te amontonaban las palabras tratando de contarle a tu madre la aventura gigante que habías vivido...
¿Cómo es el ocio de los niños de hoy?
No sé si os habéis visto reflejados en estas descripciones. Os identifiquéis más o menos, el caso es que la infancia de hoy es muuuy diferente. Y no es sólo una impresión o una conjetura: es lo que se desprende de un montón de estudios; estudios cuyos hallazgos recojo y resumo aquí para que sintáis la misma desazón que siento yo ante esta realidad triste... :(
Como vamos a comprobar enseguida, el ocio de los niños de hoy es: muy sedentario, muy basado en las tecnologías, con muchos más juguetes, ocurre mucho más bajo techo, es más individual y está más vigilado por adultos. Éste es, según los estudios, el retrato del ocio infantil en la actualidad. Lo vamos desgranando.
¿Sedentario? El estudio ANIBES es la mayor investigación sobre hábitos y salud llevada a cabo en España hasta la fecha. Sus resultados en materia de actividad física son reveladores: dos de cada tres chavales de entre 9 y 17 años incumple el mínimo de 60 minutos diarios de actividad moderada-intensa recomendado por la OMS.
Por otro lado, el tiempo que pasan los chavales de hoy sentados es cada vez mayor. Pensémoslo un momento: un día cualquiera, el chaval promedio pasa 15 minutos sentado a la mesa para desayunar, 30 minutos en coche para ir al cole, 6 horas en el pupitre del cole, 30 minutos en coche para regresar a casa, 30 minutos para comer, 5 minutos en la taza para hacer popó, 1 hora para hacer los deberes... Es fácil que alcance las 9 horas. Si quitamos las 9 que está durmiendo, nos quedan 6 pero hay que hacer un hueco en ese margen para otra actividad de la que hablo a continuación.
El excesivo sedentarismo de los niños de hoy es también resultado del uso excesivo de dispositivos electrónicos como tablets o videoconsolas (lo que en la jerga se conoce como "tiempo de pantalla"), pues son actividades sedentarias por definición. Pero esto lo vemos a fondo en el siguiente punto.
¿Basado en tecnologías? El mismo estudio ANIBES encuentra que casi la totalidad de los hogares en España cuenta con al menos un dispositivo electrónico (televisión, ordenador, tablet, smartphone, videoconsola). Es más, la mitad de los hogares dispone de tres o más televisiones y de al menos dos ordenadores. Peor todavía: uno de cada tres chavales tiene televisión, ordenador y consola (los tres!) en su habitación.
En cuanto al uso de estos aparatos, una amplia encuesta realizada por la cadena de jugueterías Imaginarium revela que los niños pasan 30 horas semanales en pantallas, lo que equivale a unas 4 horas diarias. Y este patrón está presente ya a los 7 años!
El programa PISA también evalúa estas cuestiones. Sus hallazgos concuerdan con el dato anterior: el tiempo promedio en pantalla de los adolescentes de países desarrollados era en 2015 de 3 horas y media. En 2012 era de 3 horas. Esto significa que el uso de dispositivos es intensivo y que es cada vez mayor. Y hay que tener en cuenta que el tiempo en pantalla para tareas escolares (por ejemplo, consultar la Wikipedia) ya está descontado del cómputo y que además se trata del tiempo declarado por los chavales, no el tiempo real medido de forma objetiva (es posible que pasen más tiempo sin ser conscientes de ello y, por tanto, no lo declaren).
Más arriba hicimos un cálculo: estimamos las horas que el chaval promedio pasa diariamente sentado. Nos salieron 9, que ahora podemos juntar con las 4 de uso de dispositivos electrónicos. Queda un total de 13 horas de nula actividad física, a las que hay que añadir las 9 de sueño, arrojando un escaso margen de 2 horas al día para el movimiento. Un espacio que, sin embargo, no se rellena con la actividad mínima recomendada por la OMS, como ya vimos...
Por cierto, varios estudios recientes confirman el efecto pernicioso de un tiempo de pantalla excesivo: cuantas más horas de ocio en internet (redes sociales, vídeos de YouTube, juegos online), peor rendimiento académico. Y otro resultado más de PISA vinculado al tiempo de ocio en internet: son las poblaciones con menor estatus socioeconómico las que pasan más horas navegando por internet para tareas no escolares.
¿Con más juguetes? Famosa, la mítica marca española de juguetes, realiza periódicamente el estudio Juegorama a fin de conocer el tipo de uso del juguete que hacen hoy día nuestros niños. Es una encuesta que responden miles de padres y madres y que les interroga tanto por la relación que ellos tuvieron con el juguete como la que observan en sus hijos. Repaso algunos hallazgos de interés.
Primero, el 100% de los papás y mamás señala que sus hijos tienen muchísimos más juguetes que los que ellos tenían. Aparte, dos tercios de los papás y mamás encuestados cree que sus hijos tienen una cantidad "excesiva" de juguetes. Papás y mamás dicen gastar un promedio de 180 euros anuales en juguetes. Y aunque la mayoría son conscientes de que habría que poner límites, un porcentaje altísimo admite "no saber negarle un juguete" a sus hijos.
Por otro lado, cuando se les pregunta por cuáles fueron sus juguetes favoritos cuando eran críos, papás y mamás lo tienen claro: las muñecas, el balón y la comba. Pero el juguete preferido por los niños de hoy es la videoconsola, seguido por muñecos de marca (tipo Playmobil, Barbie o Super Zings).
¿Bajo techo? El mismo estudio Juegorama indaga también sobre los espacios de juego. El 90% de los papás y mamás dice que sus hijos juegan mayoritariamente en interiores. El espacio interior predominante es la casa pero van ganando terreno sitios como los parques de bolas o las ludotecas.
La OMS alerta también de lo que llama "la generación indoor". Sus estudios encuentran que pasamos el 90% del tiempo en interiores. Tal cual. Por cierto, el 90% de 24 horas es 22, lo que coincide con el cálculo que ya hicimos respecto al sedentarismo. Es más, en una encuesta de YouGov (un organismo parecido al CIS pero privado) el 15% de los participantes declaró no salir ni una vez de casa en las 24 horas del día.
Los problemas de permanecer encerrado los analizaremos en el apartado siguiente pero ya os adelanto que se derivan fundamentalmente de la pobre calidad del aire que hay en nuestras casas. Por un lado, este aire se impregna de tóxicos que proceden de cocinar, de los productos de limpieza y hasta de nuestra respiración; por otro lado, no ventilamos lo suficiente para reciclarlo y, aparte, el aire que entra por la ventana tampoco es de la calidad idónea si vivimos en plena ciudad...
¿Individual? Según el INE, el índice de natalidad en España es 1.33. Nacen exactamente la mitad de niños que en los años '60. Tasas inferiores a 2 implican que la población adulta no se renueva sino que va en recesión. Para entendernos: hoy sólo una de cada dos parejas tiene un hijo. O sea, muchas parejas deciden no tener y, las que tienen, crían a uno nada más. Como dice mi madre, "antes con tres familias hacías un pueblo entero". Y no va desencaminada: lo habitual entonces (ya hemos dicho que la natalidad en los '60 doblaba la actual) era tener muchos hijos. De esa manera, cuando menos, te criabas con tus hermanos; y era muy fácil además que en el piso de al lado hubiese otros tantos hermanos y lo mismo en el del otro lado y en el de más allá.
Para muestra un botón: en mi clase del cole, el grupo B, éramos 40 niños y había otros 40 en A y otros 40 en C. Eso hace 120 niños por curso. Por cuestiones de trabajo visito múltiples colegios de la región cada año. Pues bien, es raro ver un cole con dos líneas por curso y, en todo caso, no hay más de 25 niños por clase.
Más ejemplos a mano. Los primos Rodicio somos 14. Sólo la mitad estáis criando hijos. (Las mascotas cuentan como fuentes de oxitocina pero no para este cómputo... ;))
¿Vigilado por adultos? Aquí se da un fenómeno paradójico. Los niños pasan cada vez menos tiempo ellos solos y más tiempo con adultos pero, a la vez, los padres declaran dedicarles un tiempo escasísimo a sus hijos. ¿Cómo es posible que los niños estén más vigilados por adultos y, al mismo tiempo, no vean prácticamente a sus padres? Pues, básicamente, porque quienes les vigilan son todo un ejército de adultos, no sólo sus padres. Lo vemos.
Para empezar, cada vez se utilizan más guarderías, aulas de 2 años, comedores escolares, centros de actividades extraescolares, ludotecas, en fin, lo que los americanos llaman "daycare". Los estudios al respecto reflejan un incremento exponencial de este tipo de servicios: antes eran raros y hoy son el pan de cada día. En estos espacios los niños pueden jugar, sí, pero es un juego que se considera "estructurado", pues tiene unas normas y hay un adulto supervisando. Y es distinto del "juego libre", en que los niños hacen lo que les da la gana, y cuya presencia (y esto está también documentado) va en declive.
Otro colectivo que contribuye a que los niños no jueguen solos sino vigilados son los abuelos. Según una encuesta del Imserso, el 70% de los mayores de 65 años cuida de sus nietos, lo hace por una media de 6 horas diarias y, además, de manera no voluntaria. Es casi como un trabajo. De hecho, empieza a calar el concepto de "síndrome del abuelo esclavo".
Acabo de mencionar un dato que indica el poco tiempo que los padres pasan al día con sus hijos. Si lo estudiamos más a fondo descubrimos que esto se aplica más bien a los papás, no tanto a las mamás. Según un estudio de la aseguradora DKV, las mamás dedican bastante más tiempo diario a los hijos que los papás. Pero resulta que aquí hay también un problema: lo que se conoce como madres "hiper-protectoras". Una forma de hiper-protección se denomina "mamá helicóptero" porque son madres que permanecen cerca del niño (como revoloteando), tratando de resolver cualquier dificultad que enfrente el niño y protegerle de todo peligro, por pequeño que sea. Otra forma es conocida como "mamás tigre" porque presionan al niño y no toleran menos que un rendimiento excepcional. En fin, son mamás que con la mejor intención acaban por entrometerse en la actividad del niño, que de nuevo deja de ser libre.
Así pues, los niños casi no ven a sus papás pero van acompañados al cole, pasan incontables horas en servicios "daycare", son supervisados por sus abuelos y son hiper-protegidos por sus mamás.
¿Qué problemas resultan de esta forma de jugar?
Obesidad. El 40% de los niños españoles tiene sobrepeso, de los cuales la mitad tiene obesidad. Son cifras alarmantes. En los países escandinavos, por ejemplo, la proporción de niños con sobrepeso ronda el 10%. El problema es para los niños, pues el sobrepeso está asociado a múltiples enfermedades, como diabetes, problemas cardiovasculares, problemas articulatorios y hasta cáncer; pero lo es también para la sanidad pública, que está cada vez más saturada teniendo que atender estas dolencias. Se estima que la obesidad nos cuesta a los españoles 3000 millones de euros al año. Lo cierto es que la causa principal del sobrepeso no es la falta de actividad física sino una mala alimentación. Pero es que la cuestión no son los kilos de la báscula sino lo saludable de tus tejidos, y en esto la actividad física es determinante. Un cuerpo sano no depende de los kilos. Por ejemplo, Lydia Valentín, campeona de halterofilia, pesa 74 kilos con 1.69 de estatura. Aparentemente, tiene sobrepeso. Pero no: son 74 kilos de músculo! Un cuerpo sano tiene todo el músculo posible y la mínima grasa. ¿Por qué? El músculo cuida de nuestras articulaciones, nos protege de caídas y reduce el impacto de las que se producen, eleva el metabolismo y nos hace más fuertes y rápidos. Para conseguir esto la actividad física es clave, de ahí la importancia de alcanzar por lo menos los niveles recomendados por la OMS, ya de por sí modestos...
Miopía. Hoy sabemos que la miopía es resultado de pasar mucho tiempo en interiores. En interiores suceden dos cosas: no recibes luz solar y fijas la mirada en objetos cercanos. Ambos factores, junto con una predisposición genética, provocan miopía. Y esto se deduce de un montón de estudios, incluyendo ensayos clínicos. En un experimento se reunió un grupo grande de escolares. A la mitad se les limitó el tiempo de recreo. A la otra mitad se les extendió el tiempo de recreo hasta las 2 horas. Pasados unos cursos académicos la prevalencia de miopía era varias veces superior en el primer grupo. Se estima que en 2050 la mitad de la población mundial tendremos miopía (sí, yo soy una de las víctimas de esta epidemia... ).
Asma y alergias. Las dos son enfermedades autoinmunes y, por el artículo de hace unas semanas, sabemos que este tipo de trastornos está relacionado con la microbiota. También sabemos que hace falta el aire libre y el contacto con la naturaleza para desarrollar una microbiota variada y sana. Pero, tal como hemos visto, los niños de hoy pasan hasta 22 horas al día en interiores. Esos espacios no sólo impiden el contacto con la naturaleza, además los exponen a un aire tóxico. Al cocinar en la sartén se forman toxinas, los productos de limpieza contienen tóxicos, los dispositivos electrónicos están recubiertos de plástico que se recalienta cuando los utilizamos y libera sustancias, incluso los muebles y las prendas que tenemos contienen compuestos que les confieren ciertas propiedades (consistencia, color, retardante de llama, etc.) pero que también son tóxicos. Todos estos elementos contribuyen a contaminar el aire en los espacios interiores. Es necesario ventilar un par de veces al día por lo menos. Pero tampoco es la solución perfecta, puesto que si vivimos en un centro urbano, el aire nuevo puede estar igual o más cargado de tóxicos procedentes de los coches...
Mal descanso. Un sueño reparador depende de tres factores: luz, temperatura, actividad física. De los tres, la luz es el más importante. ¿Cómo funciona? Pues nuestro cuerpo sigue un ritmo diario, el ritmo circadiano. Durante el día segrega ciertas hormonas que sirven para realizar las actividades cotidianas. Por ejemplo, el cortisol (recordad: la hormona del estrés) se eleva al despertar por la mañana. En este caso es deseable, pues nos aporta el chute de energía necesario para arrancar. Durante la noche el cuerpo entra en modo reparación. Una de las cosas que pasan es que se limpian los restos de la actividad cerebral; una basura que de no limpiarse, se va acumulando, aumentando el riesgo de Alzheimer, entre otros. Durante la noche aumentan las hormonas anabólicas, como la testosterona, que sirve para recomponer los músculos dañados si los usaste durante el día (y que explica por qué los hombres nos levantamos de la cama con "la tienda de campaña" entre las piernas... ). Pues bien, esos ciclos son regulados principalmente por la luz: cuando hay mucha luz, el cuerpo sabe que es de día y hace sus cosas diurnas; cuando hay ausencia de luz el cuerpo sabe que es de noche y hace sus cosas nocturnas. Pero, y aquí viene el problema, si no recibes suficiente luz por el día y si no hay suficiente oscuridad por la noche, tu cuerpo se confunde y no se prepara para dormir (no produce melatonina). Y resulta que incluso los dispositivos electrónicos emiten luz suficiente para bloquear el sueño. En concreto, emiten luz azul, que aunque no parezca intensa tiene el mismo efecto que una mucho más potente. Según una encuesta reciente, el 98% de los chavales entre 14 y 16 años reconoce que lo último que hace justo antes de irse a dormir y lo primero que hace al levantarse es mirar el móvil. En otra encuesta a chavales de 18 años, el 80% de los participantes dijo mirar el móvil incluso durante la noche, lo que se ha dado en llamar "vampirismo". Por otra parte, ya hemos quedado en que los chavales de hoy tienen poca actividad física y para descansar bien también hace falta haberse cansado durante el día...
Pobre socialización. Hemos apuntado ya que hoy hay muchos menos niños en España que en nuestra generación. Y lo avalan los datos del INE. Lógicamente, si hay menos niños, hay menos oportunidades de interacción con iguales. Es importante que los niños se relacionen con niños porque están al mismo nivel y eso les plantea pequeños conflictos que deben aprender a solucionar por medio de la comprensión y la negociación. Un adulto juega a lo que tú le digas o, en ocasiones, es el maestro/entrenador/monitor y entonces fija él las actividades y la manera de acometerlas. En ambos casos hay asimetría. Pero si un niño está con otro niño tienen por narices que conciliar sus preferencias y sus necesidades. Y esto es una lección vital. Por otra parte, para llevar a cabo la negociación el medio principal es el lenguaje, de modo que la interacción con iguales se convierte en un catalizador crucial en el desarrollo del lenguaje. Sin compañeros con los que jugar en casa o en el barrio, los chavales de hoy ven limitadas sus interacciones al contexto escolar y al de las actividades extraescolares, que ya hemos dicho que son ambientes estructurados.
Inmadurez. La autorregulación es la capacidad para dirigir y controlar nuestra conducta en pos de una meta. Sirve para contener emociones negativas (como la ansiedad, la frustración, el aburrimiento o la ira), para perseverar en actividades duras, para lograr demorar la gratificación. Para desarrollarla necesitamos que haya una relación natural entre conducta y consecuencias, aprendemos del feedback que proporciona el entorno. Si metes los dedos en el enchufe (conducta) y te llevas un calambrazo (consecuencia), pues haces la asociación, de modo que en el futuro te reprimes de repetir la conducta. Si aceptas jugar al juego que pide tu amigo, le caes bien; si nunca cedes, despiertas rechazo. Si estudias, apruebas el examen y te quitas una asignatura de encima; si no lo haces, suspendes y te toca estudiar otra vez para recuperar. Vamos haciendo esas asociaciones, asimilando ese feedback, de modo que maduramos: sabemos lo que hay que hacer para alcanzar ciertos resultados y lo que no hay que hacer para evitar consecuencias desagradables. Desarrollamos una "voz interior" (el jinete que maneja al elefante... ). Pero si se altera la relación natural entre conducta y consecuencias, es imposible desarrollar esa voz. Y ¿de qué maneras se puede alterar la relación natural entre conductas y consecuencias? Una forma es el exceso de juguetes del que ya hemos hablado. Si me caen regalos día sí, día también con independencia de cómo me he portado, ¿qué es lo que aprendo? Pues aprendo a ser un repelente, a portarme como un déspota o un temerario porque haga lo que haga me van a premiar. Y aprendo a ser impaciente, a no saber demorar la gratificación: si hay regalito cada dos por tres o si me pones la tablet para distraerme cada dos minutos porque no soporto estar aburrido ni un instante, desarrollo una dependencia a la gratificación inmediata. Los premios injustificados y constantes, en el fondo, están alimentando al elefante y debilitando al jinete. Si al exceso de premios le sumamos la hiper-protección que también tratamos más arriba, tenemos la fórmula para el desastre. De nuevo, los papás y mamás hiper-protectores están distorsionando la relación natural entre conductas y consecuencias. Un padre entrometido impide que explores y, por tanto, obtengas feedback de las acciones que emprendes: "no te metas ahí", "ponte la bufanda", "pídele perdón a Fulanito", "déjale el juguete a Menganito", "dale un beso al tato"...
Algunas soluciones
No tengas miedo. Respecto a que los niños vayan solos al cole o bajen solos a la calle y se pasen el día por ahí o que cojan solos un autobús o incluso se vayan de excursión con unos amigos, muchos padres tienen miedo por la cantidad de peligros que acechan a los niños. Los pueden engañar, secuestrar, violar, asesinar. O ellos se pueden perder o pueden sufrir un accidente. El miedo es legítimo y normal pero, en realidad, está injustificado. ¿Por qué? Si miras las cifras de niños desaparecidos, resulta que permanecen al mismo nivel desde que existen estadísticas! Es un mito que hoy haya más ladrones, violadores o asesinos que antes. Lo que sí ha crecido es el bombo mediático que le damos a estos sucesos. Es más, hoy hay más control sobre ciertos peligros potenciales como el diseño de los columpios o el tráfico de vehículos en las zonas residenciales.
Menos deberes. Quizá sabéis que en Francia hubo un movimiento muy fuerte de padres en contra de los deberes, que logró eliminarlos. En España el movimiento no tiene tanta fuerza pero el debate está en la calle igualmente. Hay varios argumentos en contra de los deberes. Uno es que limitan el tiempo para el juego libre, que es de lo que hablamos hoy. Otro argumento es que incrementan las diferencias sociales. ¿Por qué? Pues porque sólo los padres con estudios pueden ayudar a sus hijos con los deberes o pagarles clases particulares. De esta manera, los hijos de la clase trabajadora reciben menos apoyo y hacen peores deberes, que les conducen a peores notas y, eventualmente, a peores carreras académicas y profesionales, reforzando así el status quo... Para mí, el argumento definitivo, aparte de que restringen el juego libre de los niños con todas las consecuencias que eso tiene, es que no sirven para aprender! Por ejemplo, la prueba PISA (que mide habilidades de lectura, matemáticas y ciencias de los chavales de 15 años de todo el mundo) incluye también preguntas sobre el tiempo que dedicas diariamente a deberes. Pues bien, no hay relación entre el tiempo de deberes y el rendimiento en la prueba! Países como Finlandia, cuyos alumnos son excelentes en lectura, matemáticas y ciencias, no manda deberes para casa.
Más parques. Hace unos años hubo un terremoto en el anillo de fuego del Pacífico. Afectó especialmente a una ciudad mediana de Nueva Zelanda. La ciudad quedó totalmente devastada. Literalmente, hubo que reconstruirla desde cero. Al alcalde se le ocurrió consultar a la población para saber cómo querrían que fuera la nueva ciudad. Hubo una petición unánime: más espacios de encuentro, más plazas, parques y jardines. Tenemos una tendencia natural a salir, a juntarnos, a explorar. Hay que proporcionar los espacios para expresar estos impulsos y desarrollarnos sin trabas. No puede ser que haya que coger el coche para ir al parque. Si hace falta coche, puede ocurrir que a tu papá/mamá ese día no le apetezca conducir o que el coche esté en el taller o que el tráfico esté en su hora punta. Aparte, si hace falta que un adulto te lleve en coche, eso conlleva que después tendrás a ese adulto vigilando el juego.
Asilvestrarse. Antes teníamos menos conciencia de los factores que promueven o dificultan el desarrollo saludable de nuestros niños y, sin embargo, lo hacíamos mejor. Quizá si tan sólo nos dejamos llevar, irónicamente, el resultado será más favorable. Dejemos que el niño se caiga del monopatín, se haga un roto en el pantalón, se lleve la mano a la boca después de haber enredado en la tierra, pase un poco de frío o de calor, coma o no merienda, abandone para siempre los deberes, salga a la calle él solo, juegue más a la pelota y a la comba y tire la puñetera tablet a tomar viento...
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)

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