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GESTICULAR CON LAS MANOS

Algunos más, otros menos; pero todos hacemos gestos con las manos. Lo hacemos mientras hablamos y, atención, también mientras pensamos, algo en lo que quizá no habíais reparado. Los gestos incluyen unos pocos de tipo convencional, como el de "hola" (agitar la mano hacia los lados, mostrando la palma), el de "okay" (cerrar la mano y extender el pulgar) o el de "stop" (palma al frente, mano quieta), pero muchos más que no tienen ni forma ni significado convencionales. Sean de un tipo o de otro, hoy nos preguntamos para qué sirven. ¿Por qué gesticulamos con las manos? ¿Son para el beneficio de quien los ve, que así entiende mejor lo que decimos, o, una opción intrigante, son para el beneficio de quien los hace, que así es capaz de pensar mejor? Como de costumbre, ocurre que gesticular es una conducta de lo más natural y, sin embargo, tal vez no seamos conscientes de su verdadera función. Hoy abordamos esta fascinante cuestión.

Y lo hacemos siguiendo este esquema. En primer lugar, nos preguntamos ¿qué son los gestos manuales? Aquí distinguiré tres clases de gestos, el emblema, el de relleno y el conceptual, y propondré un ejercicio para que comprobéis en qué consiste el de tipo conceptual, que es el principal. Segundo, ¿gesticular es algo natural? En este punto recogeremos múltiples argumentos para concluir que gesticular forma parte de la naturaleza humana, que es algo que que nos sale a todos espontáneamente. Por último, la madre del cordero: ¿por qué hacemos gestos con las manos? Una vez entendido que gesticular es intrínseco al ser humano, será momento de averiguar para qué sirve. Primero analizaremos la hipótesis comunicativa, que dice que gesticulamos para hacernos entender mejor, que nuestras manos "hablan"; pero descubriremos que los datos no acaban de respaldarla del todo. Entonces consideraremos una hipótesis alternativa, menos intuitiva: la hipótesis representacional; que dice que los gestos sirven no al que los ve sino al que los produce, para así poder hablar y pensar mejor sobre conceptos concretos y abstractos. Vamos a descubrir, pues, que no hacemos gestos para los demás sino para nosotros mismos. No lo habíais imaginado, ¿a que no?

1, ¿QUÉ SON LOS GESTOS MANUALES?

Los gestos manuales son movimientos que hacemos con las manos (también existen los gestos faciales y los corporales) mientras hablamos y mientras pensamos. Los hay de varios tipos.

Uno es el emblema, que tiene una forma y una interpretación determinados. En esta categoría están, básicamente, todas las manitas que aparecen en el WhatsApp. Esto incluye el pulgar hacia arriba (que se interpreta como "okay"), el pulgar hacia abajo ("mal hecho"), puño en alto ("fuerza"), dedos cruzados ("deseo suerte"), dedo índice y dedo medio extendidos ("victoria"), pulgar e índice en "o" ("excelente") o pulgar y meñique extendidos, típico en el mundo del surfing ("buen rollo"). Como tienen una configuración y un significado convencionales, estos gestos se pueden usar en sustitución de la palabra: basta hacer el gesto, que no hay que decir nada más para entendernos.

Hay que hacer una aclaración a este respecto y es que los emblemas tienen un significado convencional, sí, pero dentro de una cultura concreta, no de manera universal. Por ejemplo, el pulgar hacia arriba es habitualmente "okay" pero en Francia, Polonia y Suiza es "1" y en el ámbito del submarinismo significa "salgo a la superficie". La "o" que formamos con índice y pulgar significa "excelente" en España o México pero es un insulto en Italia o Brasil ("que te den por el ****"). Y ese gesto tan característico de los italianos, en que ponen todos los dedos juntos y hacia arriba para decir "qué es esto", significa "bueno" en Turquía y "espera un momento" en Egipto.

Otro tipo de gesto manual es el de relleno. Mientras hablamos, ya sea de pie o sentados, debemos poner las manos de algún modo y, tras un rato en esa posición, debemos ponerlas de otra manera, para evitar el cansancio. Así, hay quien al hablar se mete las manos en los bolsillos, luego las pone en el pecho y las entrecruza o pone los brazos en jarra o se cruza de brazos o, sencillamente, va meneando las manos sin ritmo ni dirección concretos. En fin, el gesto de relleno es todo aquél que se produce de manera incidental e indiferenciada, por el mero hecho de que tenemos manos y tenemos que moverlas para que no se nos duerman.

El tercer tipo de gesto, que es el que interesa aquí, es el conceptual. Estos gestos representan objetos o ideas, aunque no de una manera convencional. Es decir, no tienen una forma fija ni una interpretación inequívoca. Acompañan al habla, ampliando lo que decimos de palabra, pero también los producimos al hacer tareas que exigen pensar (calcular, clasificar, razonar, etc.). Para visualizar bien el tipo de gesticulación al que me estoy refiriendo propongo un pequeño ejercicio. Imagina que vas a narrar una anécdota personal. Te invito a hacerlo de verdad por un momento, aunque no tengas a nadie delante y te lo cuentes a ti mismo. Mira a ver ¿cómo explicarías que... ?

(1) Tenías mucha esperanza puesta en algo que al final no resultó bien
(2) Fuiste de vacaciones a un lugar paradisíaco y todo salió a pedir de boca, fue una delicia
(3) Tienes un compañero de trabajo prepotente, que no escucha, con quien es imposible ponerse de acuerdo
(4) Hay cierta costumbre de tus vecinos que no puedes soportar y te irrita sobremanera
(5) Lo que haces al llegar a casa tras una jornada de trabajo especialmente dura

¿Probaste a contarlo? ¿Qué pasó? Apuesto a que has usado las manos para enfatizar, matizar o elaborar lo que estabas diciendo de palabra. Quizá usaste un puño cerrado para representar la cerrazón de ese compañero de trabajo o la tensión que te provocan tus incívicos vecinos. Quizá te llevaste las manos detrás de la cabeza para representar estar tumbado a la bartola en ese lugar paradisíaco de vacaciones o tras una dura jornada en el trabajo. Quizá dejaste caer las manos muertas para representar la desilusión ante una esperanza que no se cumple o el agotamiento tras esa jornada laboral interminable. 

En conclusión, hay distintas clases de gestos que hacemos con las manos. Unos pocos son convencionales, tienen una forma y un significado que los miembros de cierta cultura conocen y utilizan en sustitución de la palabra. Otros son indiferenciados y los hacemos simplemente porque debemos evitar que brazos y manos se nos duerman permaneciendo en la misma posición durante todo el rato que dura una conversación. Por fin, hay un tipo de gestos muy especial, que es el que nos importa hoy: gestos que representan objetos e ideas, aunque no de una manera sistemática. Estos movimientos pueden expresar lo que no decimos de palabra o ampliar lo que decimos: tienen, pues, una capacidad enorme para representar conceptos.

2, ¿GESTICULAMOS POR NATURALEZA?

Exceptuando los gestos de relleno, gesticulamos para representar conceptos. Pero, ¿lo hacemos de manera natural o es algo aprendido? Si fuera algo aprendido, entonces no aparecería con frecuencia sino esporádicamente; no aparecería en todas las culturas sino sólo en los grupos que lo han desarrollado; no aparecerían hasta una edad tardía en nuestro desarrollo; no implicarían redes neuronales específicas sino que se basarían en otras que sirven a múltiples propósitos. Vamos a revisar todos estos puntos para determinar si gesticular es natural o aprendido. 

Los gestos aparecen masivamente. En una serie de estudios se pide a universitarios normales y corrientes que cuenten una historia frente a una cámara de vídeo que los está grabando. Se les pide, por ejemplo, que expliquen cómo se saca un libro de la biblioteca, que narren un episodio de una serie de dibujos animados que les acaban de poner o que compartan una anécdota personal. No se les da ninguna instrucción especial sobre cómo deben explicarse. Al analizar las grabaciones se ve que, en promedio, emiten 10 gestos manuales por minuto. Es uno cada seis segundos! No es moco de pavo.

Los gestos aparecen en todas las culturas. Conviene decir en este punto que la serie de estudios a la que acabo de referirme se ha llevado a cabo en distintos países. Por otro lado, antes vimos que, aunque con distinta interpretación, los emblemas (como el pulgar hacia arriba o pulgar e índice dibujando una "o") aparecen a lo largo y ancho del globo. 

Los gestos aparecen tempranamente en el desarrollo. Antes de empezar a hablar, los bebés utilizan el dedo para comunicarse. A los nueve meses, señalan con el dedo para que hagas algo de lo que ellos no son aún capaces (alcanzar un objeto elevado, abrir una puerta, desensamblar dos piezas que están fuertemente unidas). A partir de los 12 meses, señalan con el dedo para compartir un objeto de interés ("mira cómo brilla esa bombilla", "mira qué guau guau tan majo", "mira qué divertido el riego automático del jardín"). Incluso se han registrado hasta 20 gestos distintos en grupos salvajes de chimpancés o gorilas. Uno bien conocido es golpear el pecho alternando mano izquierda y derecha (que es un símbolo de estatus) pero hay otros como caminar con la mano levantada (que es un símbolo de juego, que anuncia que la pelea que va a iniciarse enseguida "no va en serio"). La presencia de gesticulación en fases tempranas del desarrollo ontogenético (bebés) y del desarrollo filogenético (nuestros parientes cercanos, los primates superiores) sugiere que es un comportamiento fijado en nuestra programación biológica. 

Los gestos implican módulos específicos del cerebro. En otras ocasiones hemos hablado de la afasia de Broca. Un daño cerebral (por traumatismo, ictus o enfermedad degenerativa) puede afectar específicamente a cierto área del lóbulo temporal izquierdo, el área de Broca. Cuando eso pasa, el sujeto pierde la capacidad de hablar y entender normalmente, porque olvida las palabras y porque olvida las normas de la sintaxis. Resulta que los pacientes afásicos pierden también la capacidad para gesticular. Esto significa que los gestos no sólo dependen del área motora, el área que controla el movimiento y que tiene un propósito general (sirve para cualquier movimiento, sea del tipo que sea y de la parte del cuerpo que sea); necesitan también un módulo específico, el área de Broca, encargado de asociar significados (conceptos) a significantes (palabras o gestos), que además se organizan de formas concretas (según la sintaxis) para reflejar esos significados. 

Resumen. Gesticular es tan natural como hablar, reír o amar. Y podemos asumir esto porque aparece masivamente (un gesto cada seis segundos!), a lo largo y ancho del planeta, desde que somos unos enanos e implicando el área cerebral que gestiona la habilidad de representación mental, un sistema que asocia significados a formas concretas (palabras, frases, gestos manuales). 

3, ¿PARA QUÉ SIRVE GESTICULAR CON LAS MANOS?

Vale, pues ya hemos confirmado que gesticular nos sale sin proponérnoslo, nos sale por el mero hecho de ser humanos. Habida cuenta de su lugar en nuestra biología, es momento de preguntarnos para qué narices sirve hacer aspavientos. Aquí caben dos explicaciones: los gestos sirven para comunicarnos o los gestos sirven para representarnos conceptos. Las analizamos enseguida.

Hipótesis comunicativa. Una opción es pensar que los gestos que hacemos con las manos al hablar sirven para comunicarnos mejor. Para que esto sea cierto, deben darse dos condiciones: que gesticulemos sólo cuando estamos explicando algo a alguien y que la persona que recibe esa explicación comprenda mejor nuestro mensaje cuando va con gestos que cuando va sin ellos. 

Respecto a si emitimos gestos sólo cuando estamos hablándole a alguien, la respuesta no es ni sí ni no. Me explico. En un experimento te piden que cuentes una anécdota personal. Y debes hacerlo en dos condiciones: en una, tienes interlocutor; en la otra, estás solo en la sala. El resultado es que gesticulas más cuando tienes interlocutor. En otra versión del experimento, debes hablarle a un interlocutor que tienes enfrente o detrás de un biombo. De nuevo, si lo tienes cara-a-cara, gesticulas más. Por tanto, es verdad que si tenemos que comunicarnos con un interlocutor, hacemos más gestos, lo que puede interpretarse como un esfuerzo por dejarle más claro nuestro mensaje; pero también es cierto que, aunque en menor medida, seguimos gesticulando aún cuando no hay interlocutor o no está a la vista. Es más, dentro de un momento veremos que gesticulamos también cuando no estamos contando algo sino resolviendo problemas. En fin, si no gesticulamos para que lo vea el otro, ¿para quién estamos gesticulando?

Respecto a si una explicación con gestos se entiende mejor que una sin ellos, hay cierta evidencia de que así es, aunque luego vamos a descubrir que hay algunos problemas. En un experimento se les ponen unos pequeños clips de vídeo (donde se ve un coche circulando, un pájaro por el parque, una jugada en un partido de tenis) a los participantes y se les pide luego que describan lo que vieron (sin darles ninguna instrucción particular sobre cómo deben hacerlo). Se les graba en vídeo mientras relatan lo que han visto y esos vídeos se les ponen luego a otros participantes. Hay tres condiciones: ves al relatador y escuchas lo que dice, ves al relatador con la boca tapada y escuchas lo que dice, solamente escuchas lo que dice. Tras ver el vídeo, se les pasan unas preguntas de comprensión a estos participantes. El resultado es que quienes pudieron ver al relatador (con o sin boca) demuestran mejor comprensión que quienes sólo lo pudieron escuchar. Podemos concluir, por tanto, que los gestos ayudaron a la comprensión del mensaje. El problema es que en todas las condiciones se había introducido ruido que disminuía la inteligibilidad del discurso. Así pues, lo que se puede decir, nada más, es que los gestos facilitan la comprensión si -y sólo si- las palabras se escuchan malamente. Pero eso es una situación muy artificial.

En otro experimento se les entrega a los participantes un listado de objetos y tienen que describirlos. O se les entregan dibujos de figuras complejas y tienen que describirlas. Esas descripciones se graban en vídeo. Luego a otros participantes se les pide, en el primer caso, que adivinen el objeto que está describiendo el actor y, en el segundo caso, que reproduzcan la figura que está describiendo el actor. El resultado es que adivinan con más rapidez o más precisión, respectivamente, cuando se ven los gestos que hacía el actor que cuando se ocultan y sólo escuchas sus palabras. Podemos interpretar, de nuevo, que los gestos facilitan la comprensión; pero, nuevamente también, hay truco: en este caso se están describiendo objetos muy concretos que, y ésta es la cosa, se pueden reproducir fielmente con las manos (por ejemplo, puedes representar un destornillador extendiendo el dedo índice y haciéndolo girar sobre una superficie o puedes representar un vaso haciendo un cilindro con los dedos y acercándolo a la boca). O sea, los gestos no apoyan a las palabras, las sustituyen porque funcionan mejor para reflejar formas, y por tanto dan una ventaja a quienes miran las manos sobre quienes escuchan descripciones intrincadas. 

Por último, hay también experimentos parecidos a los anteriores en los que la ventaja de ver gestos ni siquiera se da. Por ejemplo, en un experimento se les presenta una lección de geometría a unos alumnos de primaria. En una condición la maestra produce gestos, que además ha ensayado; en la otra, sólo habla. Luego se les hace un pequeño examen de la lección a los alumnos. No hubo diferencias significativas entre el rendimiento de unos y otros. Otro ejemplo más. Te ponen unos vídeos de otros estudiantes contando una anécdota. Más tarde te ponen sólo fragmentos de vídeos, algunos pertenecen a anécdotas que viste y otros a anécdotas que no te pusieron. Debes reconocer si los fragmentos corresponden a vídeos que viste o no. Los fragmentos han sido editados para contener sólo voz, sólo gestos, voz y gestos. El resultado es que en la condición sólo gestos el rendimiento es peor que en las otras dos, que no difieren entre sí. Es decir, la clave son las palabras: si las puedes oír, reconoces el vídeo; si no, fallas, con independencia de que haya o no gestos. 

Hipótesis representacional. Si los gestos no sirven para que nos entiendan mejor cuando nos explicamos, otra explicación es que sirven para entendernos mejor, para pensar con mayor claridad. Dicho de otro modo, los gestos podrían servir para representarnos mejor objetos e ideas y así poder pensar sobre ellos para resolver tareas intelectuales, como clasificar, comparar o predecir. De ser así, entonces tendríamos que (a) gesticular tanto cuando hablamos a otro como cuando hablamos a solas, (b) gesticular tanto cuando hablamos como cuando resolvemos problemas de razonamiento, (c) gesticular más cuanto más complicado es lo que hablamos o más difícil es el problema de razonamiento y (d) explicarnos peor y rendir peor en las tareas de razonamiento cuando nos prohíben gesticular. Pues bien, las cuatro condiciones se cumplen.

Gesticulamos incluso sin interlocutor a la vista. Esto ya lo vimos antes. En los experimentos en que hablas en una sala habitada o en una sala vacía o hablas a un interlocutor visible o uno escondido tras un biombo se ve que gesticulamos algo más con interlocutor y si lo tenemos enfrente, pero estando a solas gesticulamos también! Estar solo no es impedimento para gesticular. 

Gesticulamos al hablar pero también al resolver tareas intelectuales. En una serie de experimentos te entregan pares de figuras en distintas posiciones. Te piden determinar si la segunda figura es la primera rotada de posición o si, directamente, es una figura diferente. Lo haces en dos condiciones. En una vas explicando tus razonamientos y en la otra, haces la tarea en silencio. El nivel de gesticulación es idéntico en ambas circunstancias. O sea, gesticulamos para hablar pero también para pensar.

Gesticulamos más cuanto más complicado es lo que tenemos que explicar o el problema a resolver. En un experimento te entregan un conjunto de objetos y debes realizar determinadas acciones con ellos (por ejemplo, pasar el líquido de un recipiente alargado a otro recipiente abombado o formar ciertas figuras a partir de bloques de plastilina). Luego te piden que describas los objetos que has empleado o que expliques las acciones que has realizado. Cuando debes hacer lo segundo, más complicado, recurres a la gesticulación sensiblemente más. Y en los experimentos en que debes juzgar si dos figuras son la misma pero en distinta posición o si son figuras diferentes ocurre que cuanto más difíciles son los ejercicios, más gesticulación realizas. Se observa, por tanto, que cuanto más tenemos que darle al coco, más recurrimos a las manos. 

Si no podemos gesticular, nos explicamos y pensamos peor. En versiones distintas de los experimentos anteriores (el experimento de comparar pares de figuras y el experimento de hablar sobre los objetos que has usado y las acciones que has hecho con ellos) se comparan dos condiciones. En una, eres libre de gesticular tanto como quieras mientras resuelves problemas o te explicas; en la otra, te prohíben gesticular (lo consiguen obligándote a sujetar una pelota en cada mano). Pues bien, haces notablemente peor tanto las tareas de razonamiento como las explicaciones en la condición de gesticulación restringida. Dicho en otras palabras, pensamos peor si no podemos usar las manos.

CONCLUSIÓN

Gesticulamos al hablar. Esto ya lo sabíamos. Y, seguramente, imaginábamos que esos gestos nos sirven para hacernos entender, para que quien recibe nuestra explicación se entere mejor de lo que queremos transmitir. De hecho, hay gestos que podemos hacer sin necesidad de palabras, como el "okay" o el "buena suerte". Pero ¿cómo explicar que hagamos gestos incluso sin audiencia y que, cuando la hay, no acabe de pillar lo que hacemos con las manos? Y más inquietante aún, ¿cómo explicar que hagamos gestos también cuando resolvemos tareas de tipo intelectual y que necesitemos más gesticulación cuanto más complicada es la dichosa tarea? La respuesta, que no habríamos anticipado, es que los gestos manuales son la manera como nos representamos algunos objetos e ideas, los movimientos de las manos constituyen nuestro pensamiento! Para poder dar forma a las cosas que tenemos en la cabeza y para poder manipularlas mentalmente, necesitamos darles alguna forma. Una es el lenguaje, con su modalidad figurativa inclusive (como ya aprendimos en este artículo), y otra son las manos. Las manos encarnan ideas, que de otro modo sería imposible concebir y, por consiguiente, de sopesar. De hecho, si nos atan de manos, pensamos y nos expresamos peor! Así pues, la próxima vez que alguien te diga que contar con los dedos para resolver un cálculo es de analfabetos, tú puedes contestarle que el analfabeto es él: no es que no sepas multiplicar, es que estás pensando profundamente! (Si no le queda claro, también puedes extender tu dedo medio y plantárselo en las narices! ;))


Y ahora, sólo te pido una cosita: comparte si te ha gustado. El saber es poder, así que, hagamos a más gente poderosa.

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