Lo usamos sin parar (ahora mismo, sin ir más lejos). Sin él, comunicarnos o informarnos serían tareas imposibles. Me estoy refiriendo al lenguaje en cualquiera de sus formas (oral, escrita, digital), una herramienta crucial de la que, sin embargo, no tenemos idea de cómo funciona. Simplemente, lo damos por hecho. Sólo comenzamos a atisbar su enorme complejidad y su enorme trascendencia cuando sufrimos algún trastorno o dificultad. Pero el lenguaje, ya sea un su forma oral, en la escrita o en la digital, hace posible la práctica totalidad de las actividades que llevamos a cabo diariamente. El lenguaje es mágico! Por eso creo que merece la pena aprender sobre él. No sólo eso: entender cómo funciona nos puede dar claves para usarlo mejor, algo particularmente útil en el caso de la lectura digital, ahora que estamos en plena era de Internet y de bombardeo informativo... Sea como sea, a mí me parece fascinante (no en vano, me dedico profesionalmente a investigarlo y por primera vez en el blog podré contaros un poco). Sólo espero lograr contagiaros algo de esa afición. ;)
Concretamente, hoy daremos respuesta a las siguientes 10 cuestiones. Podéis ir directamente a la que os interese y omitir el resto. No problem.
1, ¿Cuándo usamos el lenguaje?
2, ¿Qué es el lenguaje?
3, ¿Cómo adquirimos el lenguaje?
4, ¿Cómo se organiza el lenguaje?
5, ¿Cómo entendemos el lenguaje?
6, ¿Qué hacemos para comprender un texto?
7, ¿En qué consiste la lectura digital?
8, ¿Cómo saber si una información es fiable?
9, ¿Qué tal se nos dan las tareas de lectura?
10, ¿Qué es (y qué no es) la dislexia?
1, ¿CUÁNDO USAMOS EL LENGUAJE?
Continuamente! Imagina un día cualquiera. Despiertas por la mañana. Das los buenos días a tu pareja. Miras el móvil por si hay algún WhatsApp. Contestas. Luego, mientras preparas un café, vas ojeando la prensa. Entonces te enteras de que vuelve a subir el precio de la luz. Te das una ducha rápida escuchando la radio. Avisan de que la carretera que vas a coger enseguida requiere precaución por un accidente. Lo tendrás en cuenta. De camino al trabajo vas escuchando la entrevista a un experto que da pautas para detectar si tu hijo sufre bullying en el cole. Tomas nota para aplicarlo. Un cartel en el parking te informa de dónde hay plazas libres. Ya en el trabajo, una compañera expone un informe de resultados de la compañía, identificando algunas debilidades. Formáis grupos de discusión para diseñar nuevas estrategias. Pasas unas horas contrastando y desarrollando ideas. En la comida se habla del partido de anoche. La mayoría cree que la selección jugó bien. La jornada prosigue en el parque, jugando al escondite con los niños. Luego, mientras los niños hacen sus deberes, buceas un rato en Internet: estás buscando una compañía eléctrica con la factura más barata. En la cena debatís sobre el plan para el fin de semana. Unos votan por playa; otros preferís montaña. Capítulo de tu serie favorita y a la cama, donde te dormirás leyendo unas páginas de una novela.
No sé si un día cualquiera de tu vida es exactamente así, pero seguro que se parece bastante. La cosa es que todas (absolutamente todas) las actividades que he descrito tienen un denominador común: implican lenguaje en alguna de sus formas, ya sea la oral, la escrita o la digital (puedes volver atrás y comprobarlo :)). Esto significa que el lenguaje es un elemento central en nuestras vidas. Es omnipresente.
Seguramente, justo porque está tan integrado en nuestras vidas, solemos pasarlo por alto. Propongo romper esa tendencia y detenernos un momento a considerarlo.
2, ¿QUÉ ES EL LENGUAJE?
Es un sistema de comunicación, un medio para conectar mentes. El lenguaje tiene, pues, un origen social. Y es que es clave para realizar tareas en grupo, que a su vez son vitales para la supervivencia. Lo explico.
El homo sapiens, como cualquier otra especie, debe realizar un conjunto de tareas para sobrevivir. Son, pues, tareas vitales. Las tareas vitales del ser humano incluyen conseguir alimento, conseguir refugio, cuidar de los niños o defenderse de grupos rivales. Todas esas tareas vitales exigen tres condiciones fundamentales; condiciones que, como descubriremos, son sólo posibles mediante el lenguaje.
Una primera condición es coordinación. Las tareas vitales de los humanos son inmensas y, por tanto, requieren la participación de varias personas actuando de forma coordinada. Piensa en cazar un mamut o construir una cabaña: tú solo no podrías hacerlo pero tampoco en equipo si éste no actúa de manera organizada. Otra condición es conocimiento. Nuestras tareas vitales son complejas y, por tanto, requieren conocimiento especializado. Por ejemplo, conocer las costumbres de los animales, saber usar una lanza, saber cuál es el punto débil de una presa, saber dónde encontrar troncos recios, saber hacer nudos fuertes... Una última condición es implicación. Como son tareas tan colosales, demandan implicación máxima. No puedes enfrentarte a un mamut a medio gas, hay que dar el 100%; tampoco vale construir una barca sin poner suficiente cuidado, pues luego tu vida puede depender de si aguanta una tormenta o acaba rota en mil pedazos al primer embate... Así pues, las tareas vitales del ser humano reúnen siempre tres requisitos: coordinación, conocimientos, implicación. Bien, ocurre que coordinación, conocimientos e implicación, a su vez, requieren lenguaje. Vamos a verlo.
Pongamos que hay que construir una cabaña. Eso pasa por encontrar troncos fuertes, talarlos, recortarlos. Hay que encontrar un sitio despejado y resguardado. Hay que ensamblar las piezas. Hay que seguir un orden para que todo encaje y aguante bien. ¿Cómo hacer todo eso sin que los implicados hablen entre sí? ¿Sin que puedan darse indicaciones del tipo "agarra esto", "sujeta fuerte", "ponlo aquí" o "vamos a la de tres"?
Construir la cabaña pasa también por saber dónde están los árboles que dan troncos más recios o saber que los troncos más fuertes requieren hachas mejor afiladas y hachazos mejor atinados. Aparte, transportar troncos pesados hasta el poblado requiere técnicas especiales, como hacerlos deslizar ladera abajo, por ejemplo. Por supuesto, el diseño de la cabaña debe contemplar principios básicos de arquitectura, sin los cuales quedaría reducida a escombros a la menor inclemencia. Todo esto es conocimiento especializado. ¿Te imaginas tener que aprender tooodo eso de primera mano? ¿No poder beneficiarte de que alguien más sabio te lo enseñe? ¿Sin que te expliquen dónde están los troncos buenos, cómo fabricar un hacha, cuáles son las mejores localizaciones para fijar un asentamiento... ?
Una tarea como levantar una casa es una empresa ingente; tanto, que demanda toda tu energía y tu atención. Y dedicar el 100% de tu energía y tu atención necesita una determinación a prueba de bomba. Motivación, en una palabra. Y un motivo poderosísimo es el sentimiento de grupo, que haya unos ideales y unos valores con los que te identificas, que sientes tuyos. Algo por lo que merece la pena luchar. ¿Cómo construir una identidad grupal sin historias? ¿Cómo transmitir ideales y valores sin moralejas, rituales, canciones, poemas o refranes sobre el bien y el mal?
En fin, el lenguaje proporciona las instrucciones que nos damos para coordinarnos cuando trabajamos en equipo, las explicaciones que el sabio nos da para transmitir el conocimiento acumulado, las historias que nos contamos para conformar y reforzar la identidad del grupo. El lenguaje proporciona, así, los elementos que posibilitan las tareas colectivas sin las que no podríamos medrar. El lenguaje nació para que pudiéramos hacer cosas juntos: tiene origen social.
3, ¿CÓMO ADQUIRIMOS EL LENGUAJE?
La prueba de que el lenguaje es algo crucial sin lo que no habríamos prosperado es que es prácticamente un "instinto". Vaya, que casi casi nacemos con lenguaje. Resulta que el lenguaje, como iremos descubriendo, es de una complejidad tremenda y sin embargo logramos un dominio más que aceptable a los tres años, sin haber recibido instrucción ni haber tenido exposición suficiente. A los tres años el niño medio dice 300-400 palabras, construye oraciones de al menos tres palabras, hace preguntas y habla con bastante fluidez; también comprende lo que le dices, incluyendo órdenes complejas. Sin embargo, el niño logra esto sin que el adulto se haya sentado a explicarle nada; el adulto simplemente actúa como si el niño ya supiera hablar. Por otro lado, el niño de tres años es capaz de utilizar construcciones nuevas, que jamás ha escuchado antes, lo que revela que su habilidad no se basa en la mera imitación.
Conseguir un dominio tan grande de una habilidad tan compleja y lograrlo sin ayuda sugiere que contamos con algún rudimento de lenguaje ya al nacer. Aunque no sabemos hablar al nacer, sí disponemos ya de dos mecanismos básicos que aceleran el aprendizaje. En primer lugar, disponemos de un incentivo natural: el lenguaje nos llama la atención sobre otras cosas. Un bebé con tan sólo unos días de vida orienta su cabecita al altavoz que reproduce sonidos lingüísticos en lugar de otro que reproduce música. Es más, prefiere escuchar su lengua materna en lugar de un idioma extranjero. Y más todavía: prefiere escuchar la voz de su madre más que cualquier otra voz. Si pones toda tu atención sobre algo, es más fácil que vayas aprendiendo sobre ese algo.
En segundo lugar, disponemos también de una capacidad de organización natural: los bebés siguen principios para aprender el lenguaje, no lo hacen al tuntún. Por ejemplo, si un adulto dice una palabra mientras sostiene un objeto o mientras lo mira, el bebé asume sistemáticamente que esa palabra es el nombre del objeto (parece una perogrullada pero esa palabra podría ser cualquier cosa). Además, el bebé asume que el adulto ha empleado una categoría intermedia para nombrarlo. Es decir, si mira a un camión de bomberos de juguete y dice "camión", el bebé ya sabe que la palabra "camión" designa objetos con forma de camión pero no se refiere a todos los medios de transporte (lo que sería una categoría muy amplia) y tampoco se refiere sólo a los camiones de bomberos (lo que sería una categoría muy específica). El adulto no aclara que "camión" sirve para todos los camiones (sean de bomberos, volquetes o tráilers) ni que no sirve para todos los medios de transporte (no incluye coche, autobús o barco) pero, aún así, el niño lo da por sentado. Otra prueba de que el niño opera con reglas son los errores del tipo "yo no cabo en esta silla", "el juguete se ha rompido" o "yo no sabo leer". En realidad, son conjugaciones bien atinadas, pues siguen la pauta de los verbos regulares. El problema es que se trata de verbos irregulares. La cosa es que nadie le ha enseñado a ese niño la estructura de los verbos regulares; el niño la ha deducido él solito y sin ningún esfuerzo. De esta manera, siguiendo reglas, el niño va absorbiendo y generando lenguaje a toda velocidad.
4, ¿CÓMO SE ORGANIZA EL LENGUAJE?
El lenguaje "verbal" utiliza palabras; palabras que se forman a partir de sonidos, que se juntan para formar frases y oraciones, que en conjunto hacen un discurso. El lenguaje verbal es, pues, distinto de otros lenguajes como el de signos (que utiliza gestos manuales), el código morse (que utiliza tonos cortos y largos) o lenguaje de las abejas (que utiliza danzas estereotipadas).
Hemos dicho que que el lenguaje verbal utiliza las palabras como unidad básica. Esas palabras se combinan para formar frases, oraciones y discursos. Bien, las combinaciones siguen ciertas reglas, que se conocen como "gramática". Hay reglas que establecen qué sonidos podemos usar para formar palabras. Esta parte de la gramática es la fonología. En castellano, por ejemplo, tenemos cinco vocales. En alemán, portugués o inglés tienen más.
Por otra parte, hay reglas que establecen qué significados tienen las palabras. Por ejemplo, /casa/ es un edificio para habitar y /cara/ es la parte delantera de la cabeza. Esa rama de la gramática es la léxico-semántica.
Hay reglas que establecen cómo juntar palabras para formar frases y oraciones. Por ejemplo, "las niñas jugaban en el parque ayer". Ahí el sujeto (niñas) es femenino plural, por eso el artículo (las) es también femenino plural y el verbo (jugaban) también va en plural. El tiempo es pasado (ayer) y el verbo así lo debe indicar también. En inglés la cosa es bien distinta. La oración sería "the kids played in the park yesterday" y, si os fijáis, presenta varias diferencias con la versión en castellano. El artículo (the) no tiene género ni número (puedes decir the kid, the kids, the park, the parks, the trees, the bees... ). El verbo no distingue singular o plural ni persona (I play, you play, they play... ). Todo esto tiene que ver con la morfo-sintaxis y, como veis, la del castellano es mucho más enrevesada que la del inglés. Una implicación es que debemos dar gracias porque el inglés sea el idioma universal y no el alemán, por ejemplo, que nos habría exigido aprender todas estas aburridas y locas reglas morfo-sintácticas...
Un último apartado de la gramática es la pragmática y se refiere a la relación entre enunciado y contexto. Por ejemplo, puedo decir "te voy a machacar" en el contexto de una partida de videojuegos o en el contexto de una pelea de bar. En el primer caso, el significado será algo así como "soy tan bueno que te voy a ganar de sobra"; en el segundo, el significado podría ser "te voy a dar con todas mis ganas, a ver si consigo romperte la cara". Mismo enunciado, distinto significado según contexto. Otro ejemplo: "qué calor hace". Eso puedo decirlo en la oficina un día de verano y es una indirecta para el compañero que está junto a la ventana, para que se levante a abrirla y que entre algo de brisa. O puedo decirlo un día de enero a las siete de la mañana, nada más entrar de la calle en un edificio calefactado, queriendo expresar alivio.
Una ventaja del lenguaje verbal sobre otras formas de comunicación es su grado de explicitud. Es cierto que cabe usar expresiones faciales o gestos manuales para comunicarnos. Por ejemplo, puedo dedicarte una sonrisa para decir que algo me gusta. O puedo señalar con el dedo el objeto que quiero que cojas o la dirección que quiero que tomes. Pero esos gestos nunca podrán ser tan específicos como el lenguaje verbal. Un ejemplo: "la seta con sombrero rojo y motas amarillas, con tallo blanco y alto, que tiene un anillo en mitad del tallo, que crece junto a hayas, pinos y abedules, es venenosa".
Una ventaja del lenguaje oral sobre otras formas de comunicación es su portabilidad. Puedes hablar y escuchar mientras usas los ojos o las manos para otra cosa. Sería muy complicado construir una cabaña juntos y, cada dos por tres, tener que dejar lo que estamos haciendo para mirarnos a la cara o las manos y así poder darnos las indicaciones pertinentes.
Y, por fin, una ventaja del lenguaje en su forma escrita y digital es que sus propiedades se multiplican, pues trascienden tiempo y espacio. Así, cabe transmitir el conocimiento acumulado a través de libros o artículos, los cuales puedes leer hoy, mañana, pasado o al siglo que viene, y hacerlo aquí o en la China. Cabe también coordinarse con otros a través de mensajes de WhatsApp o e-mails. La escritura y la conexión a Internet amplifican el poder comunicativo del lenguaje hasta cotas infinitas.
5, ¿CÓMO ENTENDEMOS EL LENGUAJE?
Apelando a la memoria. El lenguaje son instrucciones para ir rescatando ciertos recuerdos de la memoria y así construir escenas en nuestra imaginación. Esto ahora mismo suena extraño pero lo vais a entender.
Tomemos este breve relato como ejemplo para la explicación:
"Había un niño en el parque, montando en su bicicleta nueva. De repente, se puso a llover con mucha fuerza, y el niño tuvo que refugiarse en la caseta de observación de aves."
¿Qué hacemos para entender esto? Como he adelantado, debemos ir recuperando recuerdos de la memoria, siguiendo las pistas que nos da el enunciado. El enunciado habla de un niño. Al escuchar "niño" yo activo la imagen de niño que tengo en mi memoria. Puede ser un niño indeterminado, mi sobrino o mi vecino de abajo. El caso es que tendrá una estatura pequeña, tal como corresponde a los niños; seguramente tendrá el pelo corto, pues es lo más habitual entre los niños de sexo masculino. El enunciado dice también que el niño "montaba en bicicleta". Activaré mi recuerdo de cómo es una bicicleta infantil y de cómo se siente uno al montar en bicicleta, notando la velocidad y la brisa en la cara. Me dicen también que la bicicleta es "nueva". Quizá la imagine entonces muy reluciente y con colores muy vivos. El breve relato prosigue diciendo que "se puso a llover" y además "con fuerza". Recordaré entonces cómo es eso de que te caiga una tromba encima, cuando menos lo esperas: es agua fría, que empapa la ropa y que reduce la visibilidad y aumenta el riesgo de resbalones. Entenderé perfectamente que el niño decida "resguardarse en una caseta". El relato señala, por fin, que se trata de una caseta "para observar aves". Seguramente me la imagine rodeada de marisma y construida en madera, pues así son las que he visto.
Como se ve, comprender el lenguaje consiste en ir rescatando recuerdos de la memoria, según nos va indicando el discurso. Al juntar todos esos recuerdos en la mente, logramos obtener una imagen de la situación que nos han contado. Es como si la escena que nos han contado "cobrara vida" en nuestra imaginación. En resumidas cuentas, podemos decir que comprender el lenguaje es rescatar fragmentos de experiencia para simular en la mente situaciones que nos describen.
Hay múltiples evidencias que apoyan que comprendemos a base de apelar a nuestras experiencias. Un ejemplo es un ingenioso experimento con alumnos de primaria. Se les pidió que leyeran un texto que explicaba con detalle cómo es la vida en una granja, las tareas que el granjero debe realizar cada día. Después de leer, los alumnos debían contestar una serie de preguntas. Antes de la lectura se les había entregado unos playmobil; había un señor y una señora granjeros, aperos de labranza, pacas de heno, un tractor, ganado, etc. Se les dejó jugar unos minutos con los muñecos. La cosa es que a algunos niños se les dejó jugar libremente; a otros se les indicó que representaran varias escenas concretas ("el granjero monta en su caballo", "el granjero apila las pacas", etc.). Esas escenas aparecerían luego en el texto. Bien, pues quienes representaron las escenas con los muñecos comprendieron el texto mucho mejor que quienes simplemente jugaron con esos mismos muñecos. Los primeros comprendieron el texto mejor porque habían experimentado ya las situaciones que describía y, por tanto, podían apelar a esa experiencia para entenderlo a fondo.
Otra evidencia es que cuando escuchamos a alguien hablar sobre acciones o lo leemos ("agarro la pelota") se activan las mismas áreas cerebrales encargadas de producir esas acciones. Es decir, entendemos lo que nos dicen porque lo "realizamos", lo "experimentamos". Por supuesto, esas áreas cerebrales se activan con menor intensidad que si de verdad estuviéramos implicados en la acción; de otro modo no podríamos evitar mover los brazos durante la escucha/lectura, como hacía Don Quijote (aunque quizá a alguno os ha ocurrido alguna vez eso de sobresaltarte cuando lees una escena de acción en una novela o te descubres riendo o con cara triste, según las cosas que le pasan al protagonista... ).
6, ¿QUÉ HACEMOS PARA COMPRENDER UN TEXTO?
Comprendemos textos igual que comprendemos el lenguaje oral, con la salvedad de que el texto exige una labor extra: traducir signos gráficos en palabras. Las palabras escritas son, en realidad, simples garabatos, manchas de tinta en un papel o píxeles en una pantalla. Detrás de esos garabatos hay una palabra escondida. Y, como lectores, debemos conseguir llegar hasta ella.
Hacemos ese proceso de traducción de dos maneras. Cuando nos topamos por primera vez con cierta palabra escrita, tenemos que recomponer cómo suena y hacerlo letra a letra. Supón que encuentras la palabra "electroencefalograma". La habías oído más de una vez pero no te la habías encontrado nunca en un texto. Así pues, debes ir activando los fonemas que corresponden a cada letra: /e/, /l/, /e/, /c/, /t/, etc. Luego los juntas todos para ver cómo suena la palabra completa: /electroencefalograma/. Todo esto ocurre en tu cabeza en fracciones de segundo. Cuando ya la palabra completa resuena en tu cabeza, entonces puedes entender que se trata de "esa prueba médica para observar la actividad del cerebro".
A medida que nos encontramos la misma palabra escrita y la vamos descifrando por el proceso que he explicado, ocurre que vamos memorizando su forma. Vamos memorizando ese garabato concreto, ese patrón de redondeles, palitos, curvas y puntos. Una vez memorizado, entonces podemos reconocer la palabra de un simple golpe de vista.
Sea descifrando cómo suena la palabra a partir de sus letras o sea reconociendo su forma escrita global, la cosa es que tenemos que convertir garabatos en palabras. Hecho eso, ahora sí, podemos comprender un texto igual que entendemos el lenguaje oral.
Una curiosidad respecto de este proceso de traducción es que es más fácil en unos sistemas de escritura que en otros. El castellano, por ejemplo, tiene una ortografía "transparente". Esto significa que hay una relación consistente entre letra y fonema. Una "a" siempre se lee /a/, una "z" siempre es /z/, una "t" siempre es /t/... Pero hay idiomas, como el inglés, que emplean una ortografía "opaca". En inglés, "nature" se lee /néichar/ mientras que "natural" se lee /náchural/. O sea, misma letra ("a"), dos sonidos (/ei/, /a/). Lo mismo pasa con la "t": es /t/ en "gates" pero /sh/ en "nation". Sí, si antes nos alegrábamos de la simpleza de la morfo-sintaxis del inglés, ahora hay que reconocer que su fonología y su ortografía se las traen...
7, ¿EN QUÉ CONSISTE LA LECTURA DIGITAL?
Comprender textos en la web es igual que comprender textos en papel, salvo porque la web reclama dos tareas extra: (a) navegación y (b) evaluación. ¿En qué consiste cada una?
La navegación se refiere a cómo nos movemos por el espacio virtual. Y eso implica usar el botón "atrás" para regresar a la página web anterior, hacer scroll down para ver la parte inferior de la página, hacer clic sobre las palabras en negrita (o hipervínculos) para acceder a páginas enlazadas, usar menús interactivos para acceder a las distintas páginas de un mismo sitio web, usar las cajas de búsqueda, abrir nuevas pestañas en el navegador, etc. En esencia, navegar es usar los botones que aparecen en las páginas web y que son exclusivos del ámbito digital.
En cuanto a la evaluación, la otra tarea exclusiva de lo digital, se trata de saber buscar buenos textos en la web; buenos porque responden a la pregunta que quieres resolver y porque dan información de calidad. Vamos a imaginar que quieres saber si el aceite de palma (del que tanto se ha hablado) es de verdad tan malo para la salud. Escribes "aceite de palma" en la caja de búsqueda de Google y en un instante tienes 27 millones de resultados. La cosa es que no todos servirán para responder a tu pregunta y debes encontrar los que sí. Verás que hay textos sobre los daños al medio ambiente de la producción de aceite de palma, otros que hablan sobre las condiciones de trabajo en las plantaciones, sobre la deforestación y la situación de los orangutanes, sobre multinacionales que ocultan el origen del aceite vegetal de sus productos, sobre corrupción política en Indonesia... Y, sí, algunos que abordan los efectos en la salud del consumo de aceite de palma. Debes entender lo que dice el texto y luego evaluar si es o no relevante , si sirve o no para responder la pregunta que motivó la lectura. Aparte, vas a encontrar textos de toda calaña. Habrá artículos de prensa, artículos de organizaciones como Greenpeace, declaraciones de empresas productoras de aceite de palma, declaraciones de empresas de alimentación, entradas en portales médicos, posts en Facebook, posts en blogs, comentarios en foros... De nuevo, deberás identificar al autor del texto, considerar sus motivaciones y su solvencia, para luego evaluar si es fiable o no.
En suma, comprender textos en la web es, básicamente, igual que comprender textos en papel; la diferencia radica en la navegación y, sobre todo, en la evaluación. Hay tanto material en la web, que debemos saber evaluar si sirve para lo que estamos buscando y si ofrece información de calidad.
Lo cierto es que, siendo estrictos, los textos en papel también plantean la necesidad de evaluar relevancia y fiabilidad. Por ejemplo, El País, El Mundo o ABC no cuentan igual la misma noticia y tú debes averiguar de quién fiarte. La cosa es que dada la cantidad de textos disponibles en la web (millones) y su facilidad de acceso (un simple clic), la tarea de evaluación se vuelvan mucho más crítica en el mundo virtual.
8, ¿CÓMO SABER SI UNA INFORMACIÓN ES FIABLE?
Hemos quedado en que la web contiene millones de sitios y páginas, que a su vez alojan trillones de textos. Es importante saber filtrarlos, como hemos dicho también. Y filtrarlos significa distinguir los que responden a la cuestión que estás buscando de los que no y, mucho más delicado, distinguir los textos de calidad (que dan información completa, clara, fundamentada y veraz) de los que no. ¿Cómo saber si el texto que has encontrado es fiable?
Una primera clave es la URL. La URL es la localización del texto en la web. Y para conocer la URL tenemos que mirar lo que pone justo debajo del título del texto. Lo explico. Al hacer una búsqueda en Google, escribes palabras clave en la caja de búsqueda y obtienes una "página de resultados de búsqueda". En esa página hay muchos resultados, que se muestran de la siguiente forma: título en azul, unas palabrejas en verde justo debajo, las primeras dos líneas del texto en negro más abajo todavía. Las palabrejas en verde son la URL. Y tienen siempre una estructura del tipo "www.blablabla.com" o "www.pimpam.es". Vale, pues una primera cosa que hay que saber es que las terminaciones (.es, .com, .gov, .org, .net y demás) significan algo concreto. El .com significa "commercial" y, por tanto, es un sitio que te quiere vender algo. El .org significa "organization" y, por tanto, se le presuponen intenciones honestas. El .gov o .gob es "government" o "gobierno" y, al igual que antes, no hay por qué sospechar, al menos a priori. El .es significa "España". Cada país tiene si terminación (.us es United States, .uk es United Kingdom, .au es Australia, .ca es Canada, .de es Deutschland, etc. etc.). Estas terminaciones son neutras, no aportan pistas sobre la fiabilidad del texto. Por cierto, aunque las terminaciones se conceden a los países, existe el .eus de Euskadi y el .cat de Catalunya.
Otra clave que debemos considerar para poder valorar la calidad del texto es su autor. Y para examinar esta cuestión debemos buscar el apartado de la página o sitio web donde nos dan los datos pertinentes. Los sitios web suelen traer un apartado llamado "sobre el autor" o "sobre nosotros" o "quiénes somos" o "contacto" o "sobre mí". Búscalo en la parte superior o inferior de la página y accede. Allí verás, si el apartado está bien rellenado, qué formación tiene el autor (y, por consiguiente, si sabe o no de lo que habla) y qué profesión tiene (y, por consiguiente, si quiere venderte algo, si sirve a algún poder o si es independiente). Si algo de eso te da mala espina, pues descarta el texto. Si el apartado "sobre el autor" no existe o no está bien rellenado, desconfía también. Si se trata de un artículo de prensa, lo normal es que el nombre del autor aparezca debajo del título del artículo y que si haces clic, accedes al historial de artículos del autor, lo que también te puede dar una idea de su formación y sus motivos.
Hay un protocolo específico para detectar fake news. Y es muy sencillo. Primer paso, si la noticia parece increíble, probablemente lo sea. Nadie da duros a peseta, esto lo sabemos desde críos. Que un amigo lo haya retuiteado o lo haya posteado en su Facebook no cambia el hecho: si la noticia es muy exagerada o disparatada, probablemente sea falsa. Segundo paso, si la noticia tiene errores de expresión y escritura garrafales, que salen de ojo, es muy posible que lo haya escrito o traducido un robot. Descártalo inmediatamente. Tercer paso, coteja la noticia. Fijaos qué simple: te vas a Google y buscas si más sitios (prensa, revistas de divulgación, revistas especializadas, blogs profesionales y cualquier otro sitio de una mínima calidad) lo han publicado. Si no hay rastro, pues ya lo tienes: una fake news de manual. Hace poco me encontré con una noticia en el muro de varios contactos de Facebook. La noticia alertaba de que estaban poniendo veneno en la campa de Cabo Mayor y habían muerto ya ocho perros. Ocho! Busqué en Google "veneno perros cabo mayor", luego "perros envenenados campa del faro", luego otro par de combinaciones así y... nada de nada. Era una puñetera trola. Pero si no haces este pequeño trabajo de cotejo, te la tragas y encima la difundes provocando que otros muchos se la traguen también y la difundan también...
Otra cosa que hay que saber es que la posición que ocupa un sitio web en la página de resultados de búsqueda no refleja su relevancia ni su calidad. Google se basa en varios parámetros para colocar los resultados en una posición u otra. Uno de esos parámetros es la popularidad. Por supuesto, que un sitio sea muy visitado no lo convierte en fiable. Un dato: el 25% de las búsquedas en Internet son para encontrar porno. Otro de los parámetros es que el dueño del sitio haya pagado para quedar mejor posicionado.
Un último truco para identificar información de calidad en la web: que sepas que Wikipedia está muy bien. Si has hecho alguna búsqueda en Google es casi 100% seguro que te ha salido una entrada de la Wikipedia como resultado. Y encima te ha salido en los primeros puestos de la página de resultados. Entonces estás tentado a entrar pero te preguntas por la calidad de la información. Bien, te voy a explicar por qué Wikipedia es una buena fuente. Primera razón, su motivación es honesta. Wikipedia depende de una fundación, es decir, una organización sin ánimo de lucro que obtiene sus fondos de donaciones (que además deben reflejarse en cuentas transparentes). O sea, no sirve a ningún partido, empresa o poder de ninguna clase. Segunda razón, los redactores deben acreditar su formación y su neutralidad. Tercera razón, todos los artículos y aportaciones son sometidos a revisión por múltiples redactores (que también tienen acreditada su formación y neutralidad). Así pues, todo artículo es resultado de la intervención de muchas personas y, como sabemos, mil ojos ven más que dos. Tercera razón, cuando existe algún problema en el artículo que no se puede resolver fácilmente, la Wikipedia lo hace público. Tienen un código de colores para señalar los artículos que necesitan (a) revisar la redacción, (b) reflejar o actualizar las fuentes de la información o (c) equilibrar mejor los argumentos a favor y en contra de un tema controvertido.
9, ¿QUÉ TAL SE NOS DAN LAS TAREAS DE LECTURA?
Os voy a contar cuatro hallazgos sobre el rendimiento de nuestros alumnos en tareas de lectura. Hay una de cal y otra de arena... bueno, más bien, tres de cal y una de arena. Ahora lo veréis. Antes, os comento que los hallazgos #3 y #4 salen de estudios que yo mismo he realizado. ;)
#1. ¿Cometemos faltas de ortografía? El año pasado se celebraron oposiciones a profesor de secundaria. Sorprendentemente, el 10% de las plazas quedó vacante. Y resulta que buena parte de ese 10% se debió a faltas de ortografía y expresión, en especial en sitios como Madrid, Aragón o Murcia. Hubo muchos problemas con las tildes (como en "por qué"), con separar o juntar palabras (no es igual "así" que "a sí", "entorno" que "en torno"), con los queísmos y dequeísmos ("tengamos en cuenta de que... ") o con emplear lenguaje coloquial ("en plan", "rollo de") o propio de mensajería instantánea ("xq", "tb"). Algunos achacan estas faltas a la influencia de las nuevas tecnologías. Esto no es del todo cierto. Es verdad que si ves constantemente una palabra o expresión mal escrita, puede que termines memorizándola así. Pero lo que de verdad ocurre con las redes sociales es que la gente exhibe sus habilidades de redacción y eso hace parecer que cada vez hay más faltas. Quiero decir, antes de WhatsApp y Facebook yo no había leído nada escrito por mi madre o por el jefe de mi escalera o por un fulano que me va a comprar algo en Wallapop. Esos "malos escritores" estaban ahí antes, la cosa es que eran "invisibles" porque no se comunicaban a través de un medio escrito. Dicho esto, el problema de la mala ortografía y expresión sí es preocupante en el caso de los maestros y profesores, porque deben dar ejemplo.
#2. ¿Tan mal lo hacemos en la prueba PISA? PISA, como sabéis, es una prueba de lectura, matemáticas y ciencias que pasan los alumnos de 15 años de más de 60 países cada tres años. Es la misma prueba para todos, nada más que traducida al idioma oportuno. La prueba de lectura contiene textos realistas de complejidad variable y plantea preguntas de dificultad variable. En concreto, contiene textos como el informe de un organismo oficial, un artículo de revista de divulgación científica, una circular que se difunde en un entorno de trabajo o un artículo de opinión de un periódico. Por eso digo que son textos realistas: tratan de reflejar el abanico de situaciones de lectura que afrontamos en nuestra vida cotidiana. Algunos textos son más largos, incluyen más apartados y pueden llevar, además, gráficas o tablas. Luego, hay preguntas de distinto nivel. Algunas te exigen identificar una información concreta (preguntas del tipo "¿qué es X?"). Otras requieren integrar varias ideas dispersas por el texto. Otras, las más difíciles, te exigen razonar a partir de la información que te da el texto (preguntas del tipo "¿qué pasaría si... ?"). Según las preguntas que los alumnos van acertando, van sumando puntos en una escala 0-1000. Los medios de comunicación sólo nos dicen la puntuación media de España y cómo ha quedado en el ránking de puntuaciones. Pero, ¿eso qué significa realmente? ¿Qué significa que hemos sacado un 542? ¿Qué significa que hemos quedado 20 puestos por debajo de Corea del Sur? Lo que es de verdad informativo e interesante es saber qué porcentaje de alumnos es capaz de resolver los distintos tipos de preguntas en los distintos tipos de textos. No es lo mismo una pregunta de localizar información en un texto sencillo que una de razonar en un texto complejo. Aclarado esto podemos interpretar cabalmente los resultados de PISA lectura. Y lo que pasa es que sólo un porcentaje pequeño de nuestro alumnado es capaz de hacer bien las preguntas de razonar en textos complejos. Los países buenos logran que porcentajes grandes de su alumnado alcancen ese nivel. Ésa es la mala noticia. Pero hay otra muy buena: prácticamente el 100% de nuestro alumnado consigue hacer bien las preguntas de localizar e integrar información con textos medianos! Esto no es moco de pavo. Supone que nuestros jóvenes pueden entrever el meollo de una noticia de prensa o seguir la trama de una novela. No está mal para un país que lleva sólo una generación de educación universal de calidad (muchos de nuestros padres no completaron la primaria).
#3. ¿Somos capaces de distinguir la información relevante? En un experimento con alumnos de tercero de carrera les entregué un texto de 1500 palabras sobre un remoto país insular del Pacífico, que extraje de una revista de divulgación científica (estilo National Geographic). El texto habla sobre varias innovaciones que han realizado los políticos del país y que han supuesto beneficios y problemas. La tarea es que lean el texto para centrarse en los problemas derivados de los cambios recientes en el país. Después de leer les pedí dos cosas: primero tenían que recordar todo lo posible sobre los problemas; luego les daba un listado de afirmaciones sobre el país en cuestión y debían señalar si eran verdaderas o falsas. Las afirmaciones hacían referencia a todos los contenidos del texto: innovaciones, beneficios, problemas. ¿Qué ocurrió? Fueron bien capaces de entender las cosas que contaba el texto (rindieron al 80% en la tarea de verificar las afirmaciones) pero nada más recordaron el 30% de los problemas, es decir, el contenido al que les había solicitado atender especialmente. Esto significa que no fueron capaces de seguir mi instrucción, que perdieron de vista la meta de lectura. La implicación es que están poco preparados para hacer lectura digital: lo hemos dicho, la web proporciona millones de textos en segundos y, si no sabes lo que estás buscando, corres grave riesgo de gastar horas navegando y acabar sin resolver la pregunta que motivó la búsqueda!
#4. ¿Sabemos encontrar información fiable en Internet? En otro experimento con universitarios de segundo de carrera les pedí que investigasen sobre cierta cuestión en la red. Les concedí 30 minutos. Grabé todos sus movimientos en la web durante esos 30 minutos. Yo había preparado antes el entorno web: lo truqué para que contuviese una parte de sitios web fiables (páginas del gobierno, artículos de revistas científicas, etc.) y otra parte equivalente de webs no fiables (foros, cuentas de Facebook, etc.). Al examinar sus patrones de navegación descubrí que no tienen ninguna sensibilidad a la calidad del sitio: entraban indistintamente a sitios claramente malos y a los claramente buenos. Supongo que son "claramente" malos sólo para mí y quienes tenemos un poco de ojo... En otro experimento les pedí algo parecido. También tenían que investigar sobre ciertas cuestiones en la red. Pero esta vez les pedí que elaborasen un pequeño artículo sobre el tema y que indicasen las fuentes de donde habían sacado la información. Redoble de tambor... El 100% de las fuentes era, literalmente, lo primero que sale en Google al buscar sobre el tema. Cogían sistemáticamente los tres primeros resultados, al margen de que fuese la mayor bazofia que puedas encontrar. Había algunas fuentes buenas pero, en todo caso, eran las que figuraban arriba de la página de resultados. ¿Qué cabe interpretar? Que aplican la famosa ley del mínimo esfuerzo, que les vale cualquier cosa con tal de no tener que leer demasiado ni tener que pararse a juzgar la calidad de la fuente y de la información. Pero hay que decir que era un trabajo puntuable, que sumaba puntos para la nota. Vamos, que les convenía esforzarse un poco. Así pues, quizá no es tanto una cuestión de pereza como de sensibilidad a la calidad de la información, tal como sugieren los resultados del otro estudio. A estos universitarios lo mismo les vale Vargas Llosa que Belén Esteban.
10, ¿QUÉ ES (Y QUÉ NO ES) LA DISLEXIA?
Existe un sinfín de trastornos del lenguaje (oral y escrito), según el componente afectado (fonología, léxico, sintaxis... ) y según el origen (daño cerebral, dificultad de aprendizaje, enfermedad congénita... ). Ejemplos son la dislalia (que tiene que ver con la fonología), la disfasia (que es un retraso global en el desarrollo del lenguaje), la disartria (que tiene que ver con la articulación, los movimientos que hacemos para producir todo el rango de sonidos del idioma), la sordera (que si es de nacimiento impide la adquisición del lenguaje oral) o el trastorno pragmático (que es característico del espectro autista y afecta a las habilidades comunicativas: respetar turnos conversacionales; captar indirectas, ironías, chistes o metáforas; usar entonación, volumen y ritmo de forma natural; componer un discurso coherente; etc.). Tocarlos todos sería demasiado técnico y, seguramente, aburrido. Sólo voy a hablaros de la dislexia, por ser el más frecuente (la tienen el 6% de los escolares) y porque aún persisten varios mitos sobre este trastorno.
La dislexia es una dificultad en el aprendizaje de la lectura. Las personas con dislexia tienen dificultades para realizar el proceso de traducción del material escrito que expliqué antes: les cuesta convertir los garabatos del papel o la pantalla en palabras, o sea, les cuesta acceder a las palabras que se esconden tras esas manchas de tinta o píxeles. La dificultad se traduce en que (a) necesitan más tiempo para realizar la operación de conversión (un lector normal lee tres palabras por segundo, lo que al disléxico puede tomarle segundo y medio) y en que (b) cometen más errores (leer /prado/ donde pone "pardo" o /cometa/ donde dice "corneta"). Eso puede parecer poca cosa y, en sí mismo, es ciertamente irrelevante. El verdadero problema es que ese pequeño tiempo extra y esos errores puntuales comprometen la comprensión de textos. Si traducir cada palabra de un texto te cuesta horrores, porque empleas más tiempo y porque te equivocas cada dos por tres, como el texto está hecho de cientos o miles de palabras, esos pequeños problemas locales pasan factura: se van acumulando hasta convertirse en un problema global, que al final no te enteres de lo que cuenta el texto. O sea, te vas atascando con una palabra, con la otra, con la siguiente... y al final ya no sabes qué narices te está contando el texto.
Así pues, no es un problema de inteligencia: el disléxico puede entender la historia que explica el texto si se la cuento de viva voz. Pero, claro, si esa historia se "esconde" bajo un montón de garabatos, el disléxico se topa con un "muro" que le impide acceder a ella. Podría comprenderla pero es que no puede acceder a ella. Hay un efecto "tapón".
La dislexia se explica por una dificultad para asociar sonidos y letras. Yo veo "a", "z" o "t" y sé que suenan /a/, /z/ y /t/. Pero al disléxico le toma más tiempo recordar esos sonidos o recuerda un sonido que no es. Es nada más (y nada menos) un problema para memorizar los fonemas y recuperarlos con rapidez y precisión de la memoria. Como he explicado, ese problema chiquitito se va amplificando porque la operación de recuperar sonidos se repite varias veces por cada palabra y cientos de veces por cada texto.
Ahora podemos desmontar los mitos que existen sobre la dislexia. Uno es que no es cierto que los disléxicos vean las letras o los objetos al revés. No es que vean "b" donde pone "d" y "p" donde pone "q". Es cierto que a veces cometen ese error pero no todos cometen ese error en concreto y los que lo cometen, también cometen otros errores como comerse letras o desordenarlas o confundir letras distintas de "d" y "q". Esto implica también que no tienen problemas para diferenciar izquierda y derecha y que, por tanto, no obtenemos ningún beneficio para sus habilidades de lectura si hacemos ejercicios de psicomotricidad.
Otro mito es que tienen problemas de aprendizaje asociativo, para asociar cosas. El problema real es muy específico: afecta sólo a la asociación entre letras y sonidos. Por tanto, no presentan ninguna dificultad para aprender cualquier cosa fuera del ámbito escrito: jugar al fútbol, tocar la flauta, características de los mamíferos...
CONCLUSIÓN
Hasta aquí el recorrido por el mundo del lenguaje en todas sus formas, oral, escrita y digital. Hemos planteado y contestado 10 preguntas. Espero que os haya interesado al menos una o dos. Y espero que mis respuestas hayan logrado satisfacer esa curiosidad. ;)
Confieso que mi ikigai, mi propósito en la vida, es explicar conceptos retorcidos con palabras sencillas. Siento que es la misión que he venido a hacer a este mundo. Desde luego, a mí me parece divertidísimo. Lo que no sé es si de verdad hace un servicio a los demás, que es el otro elemento que debe reunir un ikigai...
Ahora, a darle a la lengua, al bolígrafo o a la tecla: a usar el lenguaje para comunicarnos e informarnos!
(no olvides compartir si te ha gustado ;))
Concretamente, hoy daremos respuesta a las siguientes 10 cuestiones. Podéis ir directamente a la que os interese y omitir el resto. No problem.
1, ¿Cuándo usamos el lenguaje?
2, ¿Qué es el lenguaje?
3, ¿Cómo adquirimos el lenguaje?
4, ¿Cómo se organiza el lenguaje?
5, ¿Cómo entendemos el lenguaje?
6, ¿Qué hacemos para comprender un texto?
7, ¿En qué consiste la lectura digital?
8, ¿Cómo saber si una información es fiable?
9, ¿Qué tal se nos dan las tareas de lectura?
10, ¿Qué es (y qué no es) la dislexia?
1, ¿CUÁNDO USAMOS EL LENGUAJE?
Continuamente! Imagina un día cualquiera. Despiertas por la mañana. Das los buenos días a tu pareja. Miras el móvil por si hay algún WhatsApp. Contestas. Luego, mientras preparas un café, vas ojeando la prensa. Entonces te enteras de que vuelve a subir el precio de la luz. Te das una ducha rápida escuchando la radio. Avisan de que la carretera que vas a coger enseguida requiere precaución por un accidente. Lo tendrás en cuenta. De camino al trabajo vas escuchando la entrevista a un experto que da pautas para detectar si tu hijo sufre bullying en el cole. Tomas nota para aplicarlo. Un cartel en el parking te informa de dónde hay plazas libres. Ya en el trabajo, una compañera expone un informe de resultados de la compañía, identificando algunas debilidades. Formáis grupos de discusión para diseñar nuevas estrategias. Pasas unas horas contrastando y desarrollando ideas. En la comida se habla del partido de anoche. La mayoría cree que la selección jugó bien. La jornada prosigue en el parque, jugando al escondite con los niños. Luego, mientras los niños hacen sus deberes, buceas un rato en Internet: estás buscando una compañía eléctrica con la factura más barata. En la cena debatís sobre el plan para el fin de semana. Unos votan por playa; otros preferís montaña. Capítulo de tu serie favorita y a la cama, donde te dormirás leyendo unas páginas de una novela.
No sé si un día cualquiera de tu vida es exactamente así, pero seguro que se parece bastante. La cosa es que todas (absolutamente todas) las actividades que he descrito tienen un denominador común: implican lenguaje en alguna de sus formas, ya sea la oral, la escrita o la digital (puedes volver atrás y comprobarlo :)). Esto significa que el lenguaje es un elemento central en nuestras vidas. Es omnipresente.
Seguramente, justo porque está tan integrado en nuestras vidas, solemos pasarlo por alto. Propongo romper esa tendencia y detenernos un momento a considerarlo.
2, ¿QUÉ ES EL LENGUAJE?
Es un sistema de comunicación, un medio para conectar mentes. El lenguaje tiene, pues, un origen social. Y es que es clave para realizar tareas en grupo, que a su vez son vitales para la supervivencia. Lo explico.
El homo sapiens, como cualquier otra especie, debe realizar un conjunto de tareas para sobrevivir. Son, pues, tareas vitales. Las tareas vitales del ser humano incluyen conseguir alimento, conseguir refugio, cuidar de los niños o defenderse de grupos rivales. Todas esas tareas vitales exigen tres condiciones fundamentales; condiciones que, como descubriremos, son sólo posibles mediante el lenguaje.
Una primera condición es coordinación. Las tareas vitales de los humanos son inmensas y, por tanto, requieren la participación de varias personas actuando de forma coordinada. Piensa en cazar un mamut o construir una cabaña: tú solo no podrías hacerlo pero tampoco en equipo si éste no actúa de manera organizada. Otra condición es conocimiento. Nuestras tareas vitales son complejas y, por tanto, requieren conocimiento especializado. Por ejemplo, conocer las costumbres de los animales, saber usar una lanza, saber cuál es el punto débil de una presa, saber dónde encontrar troncos recios, saber hacer nudos fuertes... Una última condición es implicación. Como son tareas tan colosales, demandan implicación máxima. No puedes enfrentarte a un mamut a medio gas, hay que dar el 100%; tampoco vale construir una barca sin poner suficiente cuidado, pues luego tu vida puede depender de si aguanta una tormenta o acaba rota en mil pedazos al primer embate... Así pues, las tareas vitales del ser humano reúnen siempre tres requisitos: coordinación, conocimientos, implicación. Bien, ocurre que coordinación, conocimientos e implicación, a su vez, requieren lenguaje. Vamos a verlo.
Pongamos que hay que construir una cabaña. Eso pasa por encontrar troncos fuertes, talarlos, recortarlos. Hay que encontrar un sitio despejado y resguardado. Hay que ensamblar las piezas. Hay que seguir un orden para que todo encaje y aguante bien. ¿Cómo hacer todo eso sin que los implicados hablen entre sí? ¿Sin que puedan darse indicaciones del tipo "agarra esto", "sujeta fuerte", "ponlo aquí" o "vamos a la de tres"?
Construir la cabaña pasa también por saber dónde están los árboles que dan troncos más recios o saber que los troncos más fuertes requieren hachas mejor afiladas y hachazos mejor atinados. Aparte, transportar troncos pesados hasta el poblado requiere técnicas especiales, como hacerlos deslizar ladera abajo, por ejemplo. Por supuesto, el diseño de la cabaña debe contemplar principios básicos de arquitectura, sin los cuales quedaría reducida a escombros a la menor inclemencia. Todo esto es conocimiento especializado. ¿Te imaginas tener que aprender tooodo eso de primera mano? ¿No poder beneficiarte de que alguien más sabio te lo enseñe? ¿Sin que te expliquen dónde están los troncos buenos, cómo fabricar un hacha, cuáles son las mejores localizaciones para fijar un asentamiento... ?
Una tarea como levantar una casa es una empresa ingente; tanto, que demanda toda tu energía y tu atención. Y dedicar el 100% de tu energía y tu atención necesita una determinación a prueba de bomba. Motivación, en una palabra. Y un motivo poderosísimo es el sentimiento de grupo, que haya unos ideales y unos valores con los que te identificas, que sientes tuyos. Algo por lo que merece la pena luchar. ¿Cómo construir una identidad grupal sin historias? ¿Cómo transmitir ideales y valores sin moralejas, rituales, canciones, poemas o refranes sobre el bien y el mal?
En fin, el lenguaje proporciona las instrucciones que nos damos para coordinarnos cuando trabajamos en equipo, las explicaciones que el sabio nos da para transmitir el conocimiento acumulado, las historias que nos contamos para conformar y reforzar la identidad del grupo. El lenguaje proporciona, así, los elementos que posibilitan las tareas colectivas sin las que no podríamos medrar. El lenguaje nació para que pudiéramos hacer cosas juntos: tiene origen social.
3, ¿CÓMO ADQUIRIMOS EL LENGUAJE?
La prueba de que el lenguaje es algo crucial sin lo que no habríamos prosperado es que es prácticamente un "instinto". Vaya, que casi casi nacemos con lenguaje. Resulta que el lenguaje, como iremos descubriendo, es de una complejidad tremenda y sin embargo logramos un dominio más que aceptable a los tres años, sin haber recibido instrucción ni haber tenido exposición suficiente. A los tres años el niño medio dice 300-400 palabras, construye oraciones de al menos tres palabras, hace preguntas y habla con bastante fluidez; también comprende lo que le dices, incluyendo órdenes complejas. Sin embargo, el niño logra esto sin que el adulto se haya sentado a explicarle nada; el adulto simplemente actúa como si el niño ya supiera hablar. Por otro lado, el niño de tres años es capaz de utilizar construcciones nuevas, que jamás ha escuchado antes, lo que revela que su habilidad no se basa en la mera imitación.
Conseguir un dominio tan grande de una habilidad tan compleja y lograrlo sin ayuda sugiere que contamos con algún rudimento de lenguaje ya al nacer. Aunque no sabemos hablar al nacer, sí disponemos ya de dos mecanismos básicos que aceleran el aprendizaje. En primer lugar, disponemos de un incentivo natural: el lenguaje nos llama la atención sobre otras cosas. Un bebé con tan sólo unos días de vida orienta su cabecita al altavoz que reproduce sonidos lingüísticos en lugar de otro que reproduce música. Es más, prefiere escuchar su lengua materna en lugar de un idioma extranjero. Y más todavía: prefiere escuchar la voz de su madre más que cualquier otra voz. Si pones toda tu atención sobre algo, es más fácil que vayas aprendiendo sobre ese algo.
En segundo lugar, disponemos también de una capacidad de organización natural: los bebés siguen principios para aprender el lenguaje, no lo hacen al tuntún. Por ejemplo, si un adulto dice una palabra mientras sostiene un objeto o mientras lo mira, el bebé asume sistemáticamente que esa palabra es el nombre del objeto (parece una perogrullada pero esa palabra podría ser cualquier cosa). Además, el bebé asume que el adulto ha empleado una categoría intermedia para nombrarlo. Es decir, si mira a un camión de bomberos de juguete y dice "camión", el bebé ya sabe que la palabra "camión" designa objetos con forma de camión pero no se refiere a todos los medios de transporte (lo que sería una categoría muy amplia) y tampoco se refiere sólo a los camiones de bomberos (lo que sería una categoría muy específica). El adulto no aclara que "camión" sirve para todos los camiones (sean de bomberos, volquetes o tráilers) ni que no sirve para todos los medios de transporte (no incluye coche, autobús o barco) pero, aún así, el niño lo da por sentado. Otra prueba de que el niño opera con reglas son los errores del tipo "yo no cabo en esta silla", "el juguete se ha rompido" o "yo no sabo leer". En realidad, son conjugaciones bien atinadas, pues siguen la pauta de los verbos regulares. El problema es que se trata de verbos irregulares. La cosa es que nadie le ha enseñado a ese niño la estructura de los verbos regulares; el niño la ha deducido él solito y sin ningún esfuerzo. De esta manera, siguiendo reglas, el niño va absorbiendo y generando lenguaje a toda velocidad.
4, ¿CÓMO SE ORGANIZA EL LENGUAJE?
El lenguaje "verbal" utiliza palabras; palabras que se forman a partir de sonidos, que se juntan para formar frases y oraciones, que en conjunto hacen un discurso. El lenguaje verbal es, pues, distinto de otros lenguajes como el de signos (que utiliza gestos manuales), el código morse (que utiliza tonos cortos y largos) o lenguaje de las abejas (que utiliza danzas estereotipadas).
Hemos dicho que que el lenguaje verbal utiliza las palabras como unidad básica. Esas palabras se combinan para formar frases, oraciones y discursos. Bien, las combinaciones siguen ciertas reglas, que se conocen como "gramática". Hay reglas que establecen qué sonidos podemos usar para formar palabras. Esta parte de la gramática es la fonología. En castellano, por ejemplo, tenemos cinco vocales. En alemán, portugués o inglés tienen más.
Por otra parte, hay reglas que establecen qué significados tienen las palabras. Por ejemplo, /casa/ es un edificio para habitar y /cara/ es la parte delantera de la cabeza. Esa rama de la gramática es la léxico-semántica.
Hay reglas que establecen cómo juntar palabras para formar frases y oraciones. Por ejemplo, "las niñas jugaban en el parque ayer". Ahí el sujeto (niñas) es femenino plural, por eso el artículo (las) es también femenino plural y el verbo (jugaban) también va en plural. El tiempo es pasado (ayer) y el verbo así lo debe indicar también. En inglés la cosa es bien distinta. La oración sería "the kids played in the park yesterday" y, si os fijáis, presenta varias diferencias con la versión en castellano. El artículo (the) no tiene género ni número (puedes decir the kid, the kids, the park, the parks, the trees, the bees... ). El verbo no distingue singular o plural ni persona (I play, you play, they play... ). Todo esto tiene que ver con la morfo-sintaxis y, como veis, la del castellano es mucho más enrevesada que la del inglés. Una implicación es que debemos dar gracias porque el inglés sea el idioma universal y no el alemán, por ejemplo, que nos habría exigido aprender todas estas aburridas y locas reglas morfo-sintácticas...
Un último apartado de la gramática es la pragmática y se refiere a la relación entre enunciado y contexto. Por ejemplo, puedo decir "te voy a machacar" en el contexto de una partida de videojuegos o en el contexto de una pelea de bar. En el primer caso, el significado será algo así como "soy tan bueno que te voy a ganar de sobra"; en el segundo, el significado podría ser "te voy a dar con todas mis ganas, a ver si consigo romperte la cara". Mismo enunciado, distinto significado según contexto. Otro ejemplo: "qué calor hace". Eso puedo decirlo en la oficina un día de verano y es una indirecta para el compañero que está junto a la ventana, para que se levante a abrirla y que entre algo de brisa. O puedo decirlo un día de enero a las siete de la mañana, nada más entrar de la calle en un edificio calefactado, queriendo expresar alivio.
Una ventaja del lenguaje verbal sobre otras formas de comunicación es su grado de explicitud. Es cierto que cabe usar expresiones faciales o gestos manuales para comunicarnos. Por ejemplo, puedo dedicarte una sonrisa para decir que algo me gusta. O puedo señalar con el dedo el objeto que quiero que cojas o la dirección que quiero que tomes. Pero esos gestos nunca podrán ser tan específicos como el lenguaje verbal. Un ejemplo: "la seta con sombrero rojo y motas amarillas, con tallo blanco y alto, que tiene un anillo en mitad del tallo, que crece junto a hayas, pinos y abedules, es venenosa".
Una ventaja del lenguaje oral sobre otras formas de comunicación es su portabilidad. Puedes hablar y escuchar mientras usas los ojos o las manos para otra cosa. Sería muy complicado construir una cabaña juntos y, cada dos por tres, tener que dejar lo que estamos haciendo para mirarnos a la cara o las manos y así poder darnos las indicaciones pertinentes.
Y, por fin, una ventaja del lenguaje en su forma escrita y digital es que sus propiedades se multiplican, pues trascienden tiempo y espacio. Así, cabe transmitir el conocimiento acumulado a través de libros o artículos, los cuales puedes leer hoy, mañana, pasado o al siglo que viene, y hacerlo aquí o en la China. Cabe también coordinarse con otros a través de mensajes de WhatsApp o e-mails. La escritura y la conexión a Internet amplifican el poder comunicativo del lenguaje hasta cotas infinitas.
5, ¿CÓMO ENTENDEMOS EL LENGUAJE?
Apelando a la memoria. El lenguaje son instrucciones para ir rescatando ciertos recuerdos de la memoria y así construir escenas en nuestra imaginación. Esto ahora mismo suena extraño pero lo vais a entender.
Tomemos este breve relato como ejemplo para la explicación:
"Había un niño en el parque, montando en su bicicleta nueva. De repente, se puso a llover con mucha fuerza, y el niño tuvo que refugiarse en la caseta de observación de aves."
¿Qué hacemos para entender esto? Como he adelantado, debemos ir recuperando recuerdos de la memoria, siguiendo las pistas que nos da el enunciado. El enunciado habla de un niño. Al escuchar "niño" yo activo la imagen de niño que tengo en mi memoria. Puede ser un niño indeterminado, mi sobrino o mi vecino de abajo. El caso es que tendrá una estatura pequeña, tal como corresponde a los niños; seguramente tendrá el pelo corto, pues es lo más habitual entre los niños de sexo masculino. El enunciado dice también que el niño "montaba en bicicleta". Activaré mi recuerdo de cómo es una bicicleta infantil y de cómo se siente uno al montar en bicicleta, notando la velocidad y la brisa en la cara. Me dicen también que la bicicleta es "nueva". Quizá la imagine entonces muy reluciente y con colores muy vivos. El breve relato prosigue diciendo que "se puso a llover" y además "con fuerza". Recordaré entonces cómo es eso de que te caiga una tromba encima, cuando menos lo esperas: es agua fría, que empapa la ropa y que reduce la visibilidad y aumenta el riesgo de resbalones. Entenderé perfectamente que el niño decida "resguardarse en una caseta". El relato señala, por fin, que se trata de una caseta "para observar aves". Seguramente me la imagine rodeada de marisma y construida en madera, pues así son las que he visto.
Como se ve, comprender el lenguaje consiste en ir rescatando recuerdos de la memoria, según nos va indicando el discurso. Al juntar todos esos recuerdos en la mente, logramos obtener una imagen de la situación que nos han contado. Es como si la escena que nos han contado "cobrara vida" en nuestra imaginación. En resumidas cuentas, podemos decir que comprender el lenguaje es rescatar fragmentos de experiencia para simular en la mente situaciones que nos describen.
Hay múltiples evidencias que apoyan que comprendemos a base de apelar a nuestras experiencias. Un ejemplo es un ingenioso experimento con alumnos de primaria. Se les pidió que leyeran un texto que explicaba con detalle cómo es la vida en una granja, las tareas que el granjero debe realizar cada día. Después de leer, los alumnos debían contestar una serie de preguntas. Antes de la lectura se les había entregado unos playmobil; había un señor y una señora granjeros, aperos de labranza, pacas de heno, un tractor, ganado, etc. Se les dejó jugar unos minutos con los muñecos. La cosa es que a algunos niños se les dejó jugar libremente; a otros se les indicó que representaran varias escenas concretas ("el granjero monta en su caballo", "el granjero apila las pacas", etc.). Esas escenas aparecerían luego en el texto. Bien, pues quienes representaron las escenas con los muñecos comprendieron el texto mucho mejor que quienes simplemente jugaron con esos mismos muñecos. Los primeros comprendieron el texto mejor porque habían experimentado ya las situaciones que describía y, por tanto, podían apelar a esa experiencia para entenderlo a fondo.
Otra evidencia es que cuando escuchamos a alguien hablar sobre acciones o lo leemos ("agarro la pelota") se activan las mismas áreas cerebrales encargadas de producir esas acciones. Es decir, entendemos lo que nos dicen porque lo "realizamos", lo "experimentamos". Por supuesto, esas áreas cerebrales se activan con menor intensidad que si de verdad estuviéramos implicados en la acción; de otro modo no podríamos evitar mover los brazos durante la escucha/lectura, como hacía Don Quijote (aunque quizá a alguno os ha ocurrido alguna vez eso de sobresaltarte cuando lees una escena de acción en una novela o te descubres riendo o con cara triste, según las cosas que le pasan al protagonista... ).
6, ¿QUÉ HACEMOS PARA COMPRENDER UN TEXTO?
Comprendemos textos igual que comprendemos el lenguaje oral, con la salvedad de que el texto exige una labor extra: traducir signos gráficos en palabras. Las palabras escritas son, en realidad, simples garabatos, manchas de tinta en un papel o píxeles en una pantalla. Detrás de esos garabatos hay una palabra escondida. Y, como lectores, debemos conseguir llegar hasta ella.
Hacemos ese proceso de traducción de dos maneras. Cuando nos topamos por primera vez con cierta palabra escrita, tenemos que recomponer cómo suena y hacerlo letra a letra. Supón que encuentras la palabra "electroencefalograma". La habías oído más de una vez pero no te la habías encontrado nunca en un texto. Así pues, debes ir activando los fonemas que corresponden a cada letra: /e/, /l/, /e/, /c/, /t/, etc. Luego los juntas todos para ver cómo suena la palabra completa: /electroencefalograma/. Todo esto ocurre en tu cabeza en fracciones de segundo. Cuando ya la palabra completa resuena en tu cabeza, entonces puedes entender que se trata de "esa prueba médica para observar la actividad del cerebro".
A medida que nos encontramos la misma palabra escrita y la vamos descifrando por el proceso que he explicado, ocurre que vamos memorizando su forma. Vamos memorizando ese garabato concreto, ese patrón de redondeles, palitos, curvas y puntos. Una vez memorizado, entonces podemos reconocer la palabra de un simple golpe de vista.
Sea descifrando cómo suena la palabra a partir de sus letras o sea reconociendo su forma escrita global, la cosa es que tenemos que convertir garabatos en palabras. Hecho eso, ahora sí, podemos comprender un texto igual que entendemos el lenguaje oral.
Una curiosidad respecto de este proceso de traducción es que es más fácil en unos sistemas de escritura que en otros. El castellano, por ejemplo, tiene una ortografía "transparente". Esto significa que hay una relación consistente entre letra y fonema. Una "a" siempre se lee /a/, una "z" siempre es /z/, una "t" siempre es /t/... Pero hay idiomas, como el inglés, que emplean una ortografía "opaca". En inglés, "nature" se lee /néichar/ mientras que "natural" se lee /náchural/. O sea, misma letra ("a"), dos sonidos (/ei/, /a/). Lo mismo pasa con la "t": es /t/ en "gates" pero /sh/ en "nation". Sí, si antes nos alegrábamos de la simpleza de la morfo-sintaxis del inglés, ahora hay que reconocer que su fonología y su ortografía se las traen...
7, ¿EN QUÉ CONSISTE LA LECTURA DIGITAL?
Comprender textos en la web es igual que comprender textos en papel, salvo porque la web reclama dos tareas extra: (a) navegación y (b) evaluación. ¿En qué consiste cada una?
La navegación se refiere a cómo nos movemos por el espacio virtual. Y eso implica usar el botón "atrás" para regresar a la página web anterior, hacer scroll down para ver la parte inferior de la página, hacer clic sobre las palabras en negrita (o hipervínculos) para acceder a páginas enlazadas, usar menús interactivos para acceder a las distintas páginas de un mismo sitio web, usar las cajas de búsqueda, abrir nuevas pestañas en el navegador, etc. En esencia, navegar es usar los botones que aparecen en las páginas web y que son exclusivos del ámbito digital.
En cuanto a la evaluación, la otra tarea exclusiva de lo digital, se trata de saber buscar buenos textos en la web; buenos porque responden a la pregunta que quieres resolver y porque dan información de calidad. Vamos a imaginar que quieres saber si el aceite de palma (del que tanto se ha hablado) es de verdad tan malo para la salud. Escribes "aceite de palma" en la caja de búsqueda de Google y en un instante tienes 27 millones de resultados. La cosa es que no todos servirán para responder a tu pregunta y debes encontrar los que sí. Verás que hay textos sobre los daños al medio ambiente de la producción de aceite de palma, otros que hablan sobre las condiciones de trabajo en las plantaciones, sobre la deforestación y la situación de los orangutanes, sobre multinacionales que ocultan el origen del aceite vegetal de sus productos, sobre corrupción política en Indonesia... Y, sí, algunos que abordan los efectos en la salud del consumo de aceite de palma. Debes entender lo que dice el texto y luego evaluar si es o no relevante , si sirve o no para responder la pregunta que motivó la lectura. Aparte, vas a encontrar textos de toda calaña. Habrá artículos de prensa, artículos de organizaciones como Greenpeace, declaraciones de empresas productoras de aceite de palma, declaraciones de empresas de alimentación, entradas en portales médicos, posts en Facebook, posts en blogs, comentarios en foros... De nuevo, deberás identificar al autor del texto, considerar sus motivaciones y su solvencia, para luego evaluar si es fiable o no.
En suma, comprender textos en la web es, básicamente, igual que comprender textos en papel; la diferencia radica en la navegación y, sobre todo, en la evaluación. Hay tanto material en la web, que debemos saber evaluar si sirve para lo que estamos buscando y si ofrece información de calidad.
Lo cierto es que, siendo estrictos, los textos en papel también plantean la necesidad de evaluar relevancia y fiabilidad. Por ejemplo, El País, El Mundo o ABC no cuentan igual la misma noticia y tú debes averiguar de quién fiarte. La cosa es que dada la cantidad de textos disponibles en la web (millones) y su facilidad de acceso (un simple clic), la tarea de evaluación se vuelvan mucho más crítica en el mundo virtual.
8, ¿CÓMO SABER SI UNA INFORMACIÓN ES FIABLE?
Hemos quedado en que la web contiene millones de sitios y páginas, que a su vez alojan trillones de textos. Es importante saber filtrarlos, como hemos dicho también. Y filtrarlos significa distinguir los que responden a la cuestión que estás buscando de los que no y, mucho más delicado, distinguir los textos de calidad (que dan información completa, clara, fundamentada y veraz) de los que no. ¿Cómo saber si el texto que has encontrado es fiable?
Una primera clave es la URL. La URL es la localización del texto en la web. Y para conocer la URL tenemos que mirar lo que pone justo debajo del título del texto. Lo explico. Al hacer una búsqueda en Google, escribes palabras clave en la caja de búsqueda y obtienes una "página de resultados de búsqueda". En esa página hay muchos resultados, que se muestran de la siguiente forma: título en azul, unas palabrejas en verde justo debajo, las primeras dos líneas del texto en negro más abajo todavía. Las palabrejas en verde son la URL. Y tienen siempre una estructura del tipo "www.blablabla.com" o "www.pimpam.es". Vale, pues una primera cosa que hay que saber es que las terminaciones (.es, .com, .gov, .org, .net y demás) significan algo concreto. El .com significa "commercial" y, por tanto, es un sitio que te quiere vender algo. El .org significa "organization" y, por tanto, se le presuponen intenciones honestas. El .gov o .gob es "government" o "gobierno" y, al igual que antes, no hay por qué sospechar, al menos a priori. El .es significa "España". Cada país tiene si terminación (.us es United States, .uk es United Kingdom, .au es Australia, .ca es Canada, .de es Deutschland, etc. etc.). Estas terminaciones son neutras, no aportan pistas sobre la fiabilidad del texto. Por cierto, aunque las terminaciones se conceden a los países, existe el .eus de Euskadi y el .cat de Catalunya.
Otra clave que debemos considerar para poder valorar la calidad del texto es su autor. Y para examinar esta cuestión debemos buscar el apartado de la página o sitio web donde nos dan los datos pertinentes. Los sitios web suelen traer un apartado llamado "sobre el autor" o "sobre nosotros" o "quiénes somos" o "contacto" o "sobre mí". Búscalo en la parte superior o inferior de la página y accede. Allí verás, si el apartado está bien rellenado, qué formación tiene el autor (y, por consiguiente, si sabe o no de lo que habla) y qué profesión tiene (y, por consiguiente, si quiere venderte algo, si sirve a algún poder o si es independiente). Si algo de eso te da mala espina, pues descarta el texto. Si el apartado "sobre el autor" no existe o no está bien rellenado, desconfía también. Si se trata de un artículo de prensa, lo normal es que el nombre del autor aparezca debajo del título del artículo y que si haces clic, accedes al historial de artículos del autor, lo que también te puede dar una idea de su formación y sus motivos.
Hay un protocolo específico para detectar fake news. Y es muy sencillo. Primer paso, si la noticia parece increíble, probablemente lo sea. Nadie da duros a peseta, esto lo sabemos desde críos. Que un amigo lo haya retuiteado o lo haya posteado en su Facebook no cambia el hecho: si la noticia es muy exagerada o disparatada, probablemente sea falsa. Segundo paso, si la noticia tiene errores de expresión y escritura garrafales, que salen de ojo, es muy posible que lo haya escrito o traducido un robot. Descártalo inmediatamente. Tercer paso, coteja la noticia. Fijaos qué simple: te vas a Google y buscas si más sitios (prensa, revistas de divulgación, revistas especializadas, blogs profesionales y cualquier otro sitio de una mínima calidad) lo han publicado. Si no hay rastro, pues ya lo tienes: una fake news de manual. Hace poco me encontré con una noticia en el muro de varios contactos de Facebook. La noticia alertaba de que estaban poniendo veneno en la campa de Cabo Mayor y habían muerto ya ocho perros. Ocho! Busqué en Google "veneno perros cabo mayor", luego "perros envenenados campa del faro", luego otro par de combinaciones así y... nada de nada. Era una puñetera trola. Pero si no haces este pequeño trabajo de cotejo, te la tragas y encima la difundes provocando que otros muchos se la traguen también y la difundan también...
Otra cosa que hay que saber es que la posición que ocupa un sitio web en la página de resultados de búsqueda no refleja su relevancia ni su calidad. Google se basa en varios parámetros para colocar los resultados en una posición u otra. Uno de esos parámetros es la popularidad. Por supuesto, que un sitio sea muy visitado no lo convierte en fiable. Un dato: el 25% de las búsquedas en Internet son para encontrar porno. Otro de los parámetros es que el dueño del sitio haya pagado para quedar mejor posicionado.
Un último truco para identificar información de calidad en la web: que sepas que Wikipedia está muy bien. Si has hecho alguna búsqueda en Google es casi 100% seguro que te ha salido una entrada de la Wikipedia como resultado. Y encima te ha salido en los primeros puestos de la página de resultados. Entonces estás tentado a entrar pero te preguntas por la calidad de la información. Bien, te voy a explicar por qué Wikipedia es una buena fuente. Primera razón, su motivación es honesta. Wikipedia depende de una fundación, es decir, una organización sin ánimo de lucro que obtiene sus fondos de donaciones (que además deben reflejarse en cuentas transparentes). O sea, no sirve a ningún partido, empresa o poder de ninguna clase. Segunda razón, los redactores deben acreditar su formación y su neutralidad. Tercera razón, todos los artículos y aportaciones son sometidos a revisión por múltiples redactores (que también tienen acreditada su formación y neutralidad). Así pues, todo artículo es resultado de la intervención de muchas personas y, como sabemos, mil ojos ven más que dos. Tercera razón, cuando existe algún problema en el artículo que no se puede resolver fácilmente, la Wikipedia lo hace público. Tienen un código de colores para señalar los artículos que necesitan (a) revisar la redacción, (b) reflejar o actualizar las fuentes de la información o (c) equilibrar mejor los argumentos a favor y en contra de un tema controvertido.
9, ¿QUÉ TAL SE NOS DAN LAS TAREAS DE LECTURA?
Os voy a contar cuatro hallazgos sobre el rendimiento de nuestros alumnos en tareas de lectura. Hay una de cal y otra de arena... bueno, más bien, tres de cal y una de arena. Ahora lo veréis. Antes, os comento que los hallazgos #3 y #4 salen de estudios que yo mismo he realizado. ;)
#1. ¿Cometemos faltas de ortografía? El año pasado se celebraron oposiciones a profesor de secundaria. Sorprendentemente, el 10% de las plazas quedó vacante. Y resulta que buena parte de ese 10% se debió a faltas de ortografía y expresión, en especial en sitios como Madrid, Aragón o Murcia. Hubo muchos problemas con las tildes (como en "por qué"), con separar o juntar palabras (no es igual "así" que "a sí", "entorno" que "en torno"), con los queísmos y dequeísmos ("tengamos en cuenta de que... ") o con emplear lenguaje coloquial ("en plan", "rollo de") o propio de mensajería instantánea ("xq", "tb"). Algunos achacan estas faltas a la influencia de las nuevas tecnologías. Esto no es del todo cierto. Es verdad que si ves constantemente una palabra o expresión mal escrita, puede que termines memorizándola así. Pero lo que de verdad ocurre con las redes sociales es que la gente exhibe sus habilidades de redacción y eso hace parecer que cada vez hay más faltas. Quiero decir, antes de WhatsApp y Facebook yo no había leído nada escrito por mi madre o por el jefe de mi escalera o por un fulano que me va a comprar algo en Wallapop. Esos "malos escritores" estaban ahí antes, la cosa es que eran "invisibles" porque no se comunicaban a través de un medio escrito. Dicho esto, el problema de la mala ortografía y expresión sí es preocupante en el caso de los maestros y profesores, porque deben dar ejemplo.
#2. ¿Tan mal lo hacemos en la prueba PISA? PISA, como sabéis, es una prueba de lectura, matemáticas y ciencias que pasan los alumnos de 15 años de más de 60 países cada tres años. Es la misma prueba para todos, nada más que traducida al idioma oportuno. La prueba de lectura contiene textos realistas de complejidad variable y plantea preguntas de dificultad variable. En concreto, contiene textos como el informe de un organismo oficial, un artículo de revista de divulgación científica, una circular que se difunde en un entorno de trabajo o un artículo de opinión de un periódico. Por eso digo que son textos realistas: tratan de reflejar el abanico de situaciones de lectura que afrontamos en nuestra vida cotidiana. Algunos textos son más largos, incluyen más apartados y pueden llevar, además, gráficas o tablas. Luego, hay preguntas de distinto nivel. Algunas te exigen identificar una información concreta (preguntas del tipo "¿qué es X?"). Otras requieren integrar varias ideas dispersas por el texto. Otras, las más difíciles, te exigen razonar a partir de la información que te da el texto (preguntas del tipo "¿qué pasaría si... ?"). Según las preguntas que los alumnos van acertando, van sumando puntos en una escala 0-1000. Los medios de comunicación sólo nos dicen la puntuación media de España y cómo ha quedado en el ránking de puntuaciones. Pero, ¿eso qué significa realmente? ¿Qué significa que hemos sacado un 542? ¿Qué significa que hemos quedado 20 puestos por debajo de Corea del Sur? Lo que es de verdad informativo e interesante es saber qué porcentaje de alumnos es capaz de resolver los distintos tipos de preguntas en los distintos tipos de textos. No es lo mismo una pregunta de localizar información en un texto sencillo que una de razonar en un texto complejo. Aclarado esto podemos interpretar cabalmente los resultados de PISA lectura. Y lo que pasa es que sólo un porcentaje pequeño de nuestro alumnado es capaz de hacer bien las preguntas de razonar en textos complejos. Los países buenos logran que porcentajes grandes de su alumnado alcancen ese nivel. Ésa es la mala noticia. Pero hay otra muy buena: prácticamente el 100% de nuestro alumnado consigue hacer bien las preguntas de localizar e integrar información con textos medianos! Esto no es moco de pavo. Supone que nuestros jóvenes pueden entrever el meollo de una noticia de prensa o seguir la trama de una novela. No está mal para un país que lleva sólo una generación de educación universal de calidad (muchos de nuestros padres no completaron la primaria).
#3. ¿Somos capaces de distinguir la información relevante? En un experimento con alumnos de tercero de carrera les entregué un texto de 1500 palabras sobre un remoto país insular del Pacífico, que extraje de una revista de divulgación científica (estilo National Geographic). El texto habla sobre varias innovaciones que han realizado los políticos del país y que han supuesto beneficios y problemas. La tarea es que lean el texto para centrarse en los problemas derivados de los cambios recientes en el país. Después de leer les pedí dos cosas: primero tenían que recordar todo lo posible sobre los problemas; luego les daba un listado de afirmaciones sobre el país en cuestión y debían señalar si eran verdaderas o falsas. Las afirmaciones hacían referencia a todos los contenidos del texto: innovaciones, beneficios, problemas. ¿Qué ocurrió? Fueron bien capaces de entender las cosas que contaba el texto (rindieron al 80% en la tarea de verificar las afirmaciones) pero nada más recordaron el 30% de los problemas, es decir, el contenido al que les había solicitado atender especialmente. Esto significa que no fueron capaces de seguir mi instrucción, que perdieron de vista la meta de lectura. La implicación es que están poco preparados para hacer lectura digital: lo hemos dicho, la web proporciona millones de textos en segundos y, si no sabes lo que estás buscando, corres grave riesgo de gastar horas navegando y acabar sin resolver la pregunta que motivó la búsqueda!
#4. ¿Sabemos encontrar información fiable en Internet? En otro experimento con universitarios de segundo de carrera les pedí que investigasen sobre cierta cuestión en la red. Les concedí 30 minutos. Grabé todos sus movimientos en la web durante esos 30 minutos. Yo había preparado antes el entorno web: lo truqué para que contuviese una parte de sitios web fiables (páginas del gobierno, artículos de revistas científicas, etc.) y otra parte equivalente de webs no fiables (foros, cuentas de Facebook, etc.). Al examinar sus patrones de navegación descubrí que no tienen ninguna sensibilidad a la calidad del sitio: entraban indistintamente a sitios claramente malos y a los claramente buenos. Supongo que son "claramente" malos sólo para mí y quienes tenemos un poco de ojo... En otro experimento les pedí algo parecido. También tenían que investigar sobre ciertas cuestiones en la red. Pero esta vez les pedí que elaborasen un pequeño artículo sobre el tema y que indicasen las fuentes de donde habían sacado la información. Redoble de tambor... El 100% de las fuentes era, literalmente, lo primero que sale en Google al buscar sobre el tema. Cogían sistemáticamente los tres primeros resultados, al margen de que fuese la mayor bazofia que puedas encontrar. Había algunas fuentes buenas pero, en todo caso, eran las que figuraban arriba de la página de resultados. ¿Qué cabe interpretar? Que aplican la famosa ley del mínimo esfuerzo, que les vale cualquier cosa con tal de no tener que leer demasiado ni tener que pararse a juzgar la calidad de la fuente y de la información. Pero hay que decir que era un trabajo puntuable, que sumaba puntos para la nota. Vamos, que les convenía esforzarse un poco. Así pues, quizá no es tanto una cuestión de pereza como de sensibilidad a la calidad de la información, tal como sugieren los resultados del otro estudio. A estos universitarios lo mismo les vale Vargas Llosa que Belén Esteban.
10, ¿QUÉ ES (Y QUÉ NO ES) LA DISLEXIA?
Existe un sinfín de trastornos del lenguaje (oral y escrito), según el componente afectado (fonología, léxico, sintaxis... ) y según el origen (daño cerebral, dificultad de aprendizaje, enfermedad congénita... ). Ejemplos son la dislalia (que tiene que ver con la fonología), la disfasia (que es un retraso global en el desarrollo del lenguaje), la disartria (que tiene que ver con la articulación, los movimientos que hacemos para producir todo el rango de sonidos del idioma), la sordera (que si es de nacimiento impide la adquisición del lenguaje oral) o el trastorno pragmático (que es característico del espectro autista y afecta a las habilidades comunicativas: respetar turnos conversacionales; captar indirectas, ironías, chistes o metáforas; usar entonación, volumen y ritmo de forma natural; componer un discurso coherente; etc.). Tocarlos todos sería demasiado técnico y, seguramente, aburrido. Sólo voy a hablaros de la dislexia, por ser el más frecuente (la tienen el 6% de los escolares) y porque aún persisten varios mitos sobre este trastorno.
La dislexia es una dificultad en el aprendizaje de la lectura. Las personas con dislexia tienen dificultades para realizar el proceso de traducción del material escrito que expliqué antes: les cuesta convertir los garabatos del papel o la pantalla en palabras, o sea, les cuesta acceder a las palabras que se esconden tras esas manchas de tinta o píxeles. La dificultad se traduce en que (a) necesitan más tiempo para realizar la operación de conversión (un lector normal lee tres palabras por segundo, lo que al disléxico puede tomarle segundo y medio) y en que (b) cometen más errores (leer /prado/ donde pone "pardo" o /cometa/ donde dice "corneta"). Eso puede parecer poca cosa y, en sí mismo, es ciertamente irrelevante. El verdadero problema es que ese pequeño tiempo extra y esos errores puntuales comprometen la comprensión de textos. Si traducir cada palabra de un texto te cuesta horrores, porque empleas más tiempo y porque te equivocas cada dos por tres, como el texto está hecho de cientos o miles de palabras, esos pequeños problemas locales pasan factura: se van acumulando hasta convertirse en un problema global, que al final no te enteres de lo que cuenta el texto. O sea, te vas atascando con una palabra, con la otra, con la siguiente... y al final ya no sabes qué narices te está contando el texto.
Así pues, no es un problema de inteligencia: el disléxico puede entender la historia que explica el texto si se la cuento de viva voz. Pero, claro, si esa historia se "esconde" bajo un montón de garabatos, el disléxico se topa con un "muro" que le impide acceder a ella. Podría comprenderla pero es que no puede acceder a ella. Hay un efecto "tapón".
La dislexia se explica por una dificultad para asociar sonidos y letras. Yo veo "a", "z" o "t" y sé que suenan /a/, /z/ y /t/. Pero al disléxico le toma más tiempo recordar esos sonidos o recuerda un sonido que no es. Es nada más (y nada menos) un problema para memorizar los fonemas y recuperarlos con rapidez y precisión de la memoria. Como he explicado, ese problema chiquitito se va amplificando porque la operación de recuperar sonidos se repite varias veces por cada palabra y cientos de veces por cada texto.
Ahora podemos desmontar los mitos que existen sobre la dislexia. Uno es que no es cierto que los disléxicos vean las letras o los objetos al revés. No es que vean "b" donde pone "d" y "p" donde pone "q". Es cierto que a veces cometen ese error pero no todos cometen ese error en concreto y los que lo cometen, también cometen otros errores como comerse letras o desordenarlas o confundir letras distintas de "d" y "q". Esto implica también que no tienen problemas para diferenciar izquierda y derecha y que, por tanto, no obtenemos ningún beneficio para sus habilidades de lectura si hacemos ejercicios de psicomotricidad.
Otro mito es que tienen problemas de aprendizaje asociativo, para asociar cosas. El problema real es muy específico: afecta sólo a la asociación entre letras y sonidos. Por tanto, no presentan ninguna dificultad para aprender cualquier cosa fuera del ámbito escrito: jugar al fútbol, tocar la flauta, características de los mamíferos...
CONCLUSIÓN
Hasta aquí el recorrido por el mundo del lenguaje en todas sus formas, oral, escrita y digital. Hemos planteado y contestado 10 preguntas. Espero que os haya interesado al menos una o dos. Y espero que mis respuestas hayan logrado satisfacer esa curiosidad. ;)
Confieso que mi ikigai, mi propósito en la vida, es explicar conceptos retorcidos con palabras sencillas. Siento que es la misión que he venido a hacer a este mundo. Desde luego, a mí me parece divertidísimo. Lo que no sé es si de verdad hace un servicio a los demás, que es el otro elemento que debe reunir un ikigai...
Ahora, a darle a la lengua, al bolígrafo o a la tecla: a usar el lenguaje para comunicarnos e informarnos!
(no olvides compartir si te ha gustado ;))

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