En otro artículo mencioné que cierta parte de nuestro cerebro necesita 18 años para desarrollarse plenamente. Y no es casualidad que así sea, puesto que en esa región cerebral que tenemos bajo la frente reside la capacidad humana más sofisticada, una capacidad muy rara en el reino animal. Se trata del razonamiento. Y con razonamiento me refiero a la capacidad para ponerte una meta, planear los pasos que serán necesarios para conseguirla, evaluar los resultados que vas alcanzando, controlar tus emociones, perseverar... Es nuestra cualidad más elevada y motivo de orgullo sapiens.
Hay otra parte en nuestro cerebro con una función mucho menos refinada. De hecho, esta región está ya bastante desarrollada al nacer y, además, la compartimos con el resto de mamíferos. Por eso se la considera el "cerebro animal". En este área, que está en el mismo corazón del cerebro, residen las emociones y es el sistema que controla nuestra conducta cuando la parte racional no está trabajando. O sea, el cerebro animal es nuestro piloto automático: si no hacemos nada por evitarlo, nuestro lado más salvaje es quien maneja nuestras decisiones y nuestros actos. Y ¿en qué sentido nos dirige el cerebro animal? Pues aquí no hay sorpresas: nuestra parte emocional quiere alimento, comodidad, sexo, protección, novedades, aprobación social... y lo quiere ya! Vamos, es lo que comúnmente llamamos "nuestras bajas pasiones".
El jinete y el elefante
La racional y la emocional no son facetas independientes; están en permanente interacción. La parte emocional quiere comerse el bote entero de Haagen-Dazs pero la parte racional sabe que lo cobrarán tus michelines; la parte racional quiere estudiar una hora todos los días para aprender inglés pero la parte emocional prefiere poner una serie de Netflix; la parte emocional te dice que otra caña más te va a sentar genial mientras que tu parte racional está convencida de que después de nueve cervezas no vas a conducir muy fino; la parte racional te dice que debes concentrarte en el trabajo para terminar el informe a tiempo pero la parte emocional no puede resistir mirar la notificación que acaba de saltar en Facebook; la parte racional se ha propuesto levantarse 15 minutos antes para ir caminando al trabajo pero la parte emocional es la que pulsa el botón de snooze para dormir esos minutos extra...
Es habitual utilizar la analogía del jinete y el elefante para referirse a esta interacción. El jinete es el cerebro racional; el elefante es, claro está, el cerebro animal. El elefante es muy fuerte y puede avanzar muy rápido: es como una apisonadora. Pero no tiene rumbo. El jinete es, pues, quien debe controlar esa fuerza arrolladora y llevarla por el camino recto para alcanzar el destino. Pero ni de lejos tiene la fuerza del elefante. Tampoco tiene su velocidad. Y éste es el meollo de la cuestión: en general, gana el elefante. Por eso tomamos malas decisiones y pagamos las consecuencias (engordamos, fumamos, vemos demasiada televisión, rendimos poco en el trabajo, etc.). Lo bueno es que hay algunos trucos para favorecer al jinete y mantener al elefante a raya. De esto os voy a hablar hoy en primer lugar y, luego, de lo que dicen los estudios sobre la relación jinete-elefante. Al final sacaremos una moraleja de todo esto.
Medidas para ayudar al jinete
Hemos dicho que el elefante, nuestra parte más impulsiva, es como una apisonadora. Pero hay cosas que podemos hacer para obrar de forma sensata.
Un truco muy sencillo para favorecer al jinete es crear un espacio de tiempo entre deseo y acción. Supón que, de repente, te apetece comerte unas natillas. Okay, no pasa nada: simplemente espera dos minutos (puedes contar ovejitas mientras tanto). Si pasados esos dos minutos sigues queriendo natillas, pues adelante: cómetelas. Pero es muy posible que fuera más un capricho que una verdadera necesidad y esos simples 120 segundos pueden conseguir que cambies de idea. Lo mismo se puede aplicar a las compras online. Supón que has visto unas zapatillas muy chulas en Amazon, que están a buen precio. Bien, si de verdad las quieres, no hay problema en comprarlas mañana. Guarda la página en favoritos y vuelve 24 horas después: las zapatillas no se van a marchar pero si tu motivación fuera simplemente un antojo, esas 24 horas podrían disiparlo.
Otra medida más, muy ligada al truco anterior: no trates de reprimir las tentaciones, cuanto más resistes, más persisten! Sólo debemos observar la tentación y aceptarla como algo natural, sin culparte por ello. Y es que observarla sin complejos no significa llevarla a cabo; sólo está en tu cabeza. Aceptar nuestras debilidades permite ganar control sobre ellas porque ya no se perciben como una rebelión de nuestra faceta más vergonzante o como un fracaso. El fracaso es sucumbir a la tentación, no tenerla.
Otro truco: no agotes al jinete antes de tomar una decisión importante. Ocurre que el jinete tiene fondo. Si lo sometes a demasiado trabajo durante el día se va consumiendo hasta quedar anulado. Un ejemplo son las navidades. En esos días tienes que tomar muchas decisiones, sobrecargando al jinete: han venido unos amigos a la ciudad y debo decidir cuándo y cómo quedar para verlos, tengo que comprar regalos y debo decidir qué hacer con los niños para entretenerlos mientras hago las compras, en la tienda debo decidir qué juguetes y regalos son más adecuados, he recibido muchos mensajes de felicitación y debo decidir si contestar lo mismo a todos, debo decidir si quedo con los compañeros del curro, debo decidir qué ponerme para la cena... Total, que cuando llega por fin la cena ya no puedes pedirle al jinete que mida bien lo que come y lo que bebe. Por tanto, no es sólo que en las cenas de navidad haya cosas deliciosas que nos incitan a consumir de más; es que cuando llegamos allí ya no queremos pensar qué es lo más conveniente! El resultado es que te cebas a comer y a beber y la resaca dura hasta el 01 de enero. Obama entendía muy bien este problema. Por eso en su armario tenía decenas de pantalones, camisas y chaquetas iguales: de esa forma no tenía que decidir qué ponerse y guardaba energías al jinete para después tomar buenas decisiones en materias más importantes que el vestido.
Otra cosa de perogrullo que podemos hacer pero que se nos olvida siempre: establece objetivos claros. Cuanto más definido está el objetivo, más fácil es cumplirlo. O sea, no vale decir "voy a aprender a tocar el piano", "voy a aprender inglés" o "voy a ponerme en forma". Es mucho más efectivo plantearse objetivos concretos. Por ejemplo, "voy a sacarme el B1 de inglés en un año" o "quiero correr la próxima san silvestre por debajo de los 35 minutos". Sólo cabe evaluar los progresos si sabes exactamente hacia adónde te diriges.
Otro truco relacionado con el anterior es simplificar los pasos necesarios para alcanzar el objetivo. Por ejemplo, puedes proponerte dedicar nada más 10 minutos al día al inglés. Sólo eso. Pero con constancia esos 10 minutos van sumando: en un año habrías dedicado 60 horas, que es lo que dura una asignatura en la universidad. Otro ejemplo: proponte salir a correr nada más una vuelta al parque más cercano a tu casa, y hazlo caminando antes de iniciar el trote. Si tienes que coger el coche para ir a un parque grande y una vez allí correr 10 km, el elefante tiene todas las de ganar; si el objetivo es modesto es más fácil que salgas y, una vez en marcha, es más fácil que decidas correr más.
El truco anterior se parece mucho a la conocida como "técnica de la gallina". Resulta que las gallinas, que tienen una memoria nula, son sin embargo capaces de perseverar para incubar el huevo durante 21 días. Si una gallina que tiene una inteligencia diminuta comparada con la tuya puede mantener un hábito durante tres semanas, tú también puedes! La cosa es decidir qué hábito quieres desarrollar y practicarlo durante 21 días. Si logras mantenerlo, lo habrás asimilado y será difícil romperlo. Retomando un ejemplo anterior, quieres aprender inglés y vas a estudiar 10 minutos al día. Si logras hacerlo durante 21 días, ya no tendrás nunca más pereza o problemas para hacerlo.
Una técnica muy útil para tareas especialmente duras: divide la tarea en trozos y date un premio al terminar cada trozo. Imagina que toca limpieza general en casa; puedes dividir la tarea en habitaciones y darte un descanso al acabar cada una, por ejemplo, viendo un vídeo divertido en YouTube. O imagina que quieres hacer una ruta de montaña para llegar a una cima importante. Puedes proponerte nada más llegar a una repisa que estás viendo; cuando la alcances, descansa un instante y toma una foto. Luego puedes proponerte nada más llegar al collado que hay al final de la canal; una vez allí, descansito y foto. El siguiente paso será llegar a la base de la cima. Y así sucesivamente. Esto equivale al famoso "partido a partido" de Simeone...
Una última técnica que yo utilizo mucho: envuelve la tarea en una historia. Por ejemplo, yo saco a pasear a mis perros todos los días tres veces al día y durante un buen rato cada vez. Tanto paseo puede volverse repetitivo y poco estimulante. Por eso yo me invento historias. Así, por ejemplo, hago una lista de las playas más largas de Cantabria y me propongo pasearlas todas, recorriendo una cada sábado. Primero tocará Valdearenas en Liencres, luego Somo-Loredo, luego Trengandín en Noja, luego La Salvé en Laredo... De esta manera hay una especie de "tour playero" que yo debo ir completando por etapas. Otra cosa que hago es establecer un punto de "meta" en el paseo, de manera que debo llegar hasta allí y luego regresar. Y ese punto suele ser un accidente geográfico o construcción destacada como un mirador o un acantilado. Entonces no es un paseo neutro, anodino; no, tenemos una "misión", que es llegar al punto X y regresar. Otro ejemplo. Yo nunca uso ascensores, escaleras mecánicas, rampas mecánicas, funiculares ni otras ayudas de movilidad semejantes. En su lugar, me tomo cualquier pequeño desplazamiento como una oportunidad para practicar actividad física. O sea, se trata de convertir el mundo en un gimnasio. De hecho, al volver a casa del trabajo suelo tomar un recorrido que no es ni el más corto ni el más fácil; tiene escaleras y rampas que subir pero dibuja un recorrido divertido, como si fuera una pequeña carrera de obstáculos. O si tengo que hacer un recado en el centro de la ciudad, me propongo cruzar una calle donde acaban de poner un mural o una plaza nueva. De ese modo, no simplemente tengo que ir al sitio X sino que voy a dar un paseo para ver una novedad en la ciudad. En fin, la idea es rodear la tarea de una historia, ponerle un poco de épica al asunto.
Medidas para engañar al elefante
Si trabajar a favor del jinete no te convence, hay otra estrategia: engañar al elefante. Las trucos que podemos aplicar para engañar al elefante son súper simples y sin embargo pocas veces los empleamos. Los trucos consisten básicamente en ponerle todas las trabas posibles al elefante. Los repasamos.
Primero, quita de la vista las tentaciones. Si en la cocina tienes un tarro de cristal con galletas, es fácil que cojas una cada vez que pasas por ahí y te lo encuentras. Guarda las galletas en el armario. Si en el supermercado pasas por el pasillo de la bollería, es fácil que cojas algún producto. No cruces ese maldito pasillo. Si tienes la televisión ocupando un lugar destacado del salón, es raro que hagas cosas en el salón que no sean ver la puñetera televisión. Mejor pon la televisión en un lugar secundario.
Segundo y muy relacionado con el anterior, saca las tentaciones del alcance de tu mano. Quizá tu televisión sigue en el centro del salón pero si guardas el mando en el cajón del armario, pues ya tienes que levantarte a buscarlo y al elefante le gusta la comodidad, como sabemos. Guarda la cajetilla de tabaco en un armario alto, que te exija coger una silla para alcanzarlo; y guarda el mechero en el buzón del portal. Si quieres fumarte un cigarro tendrás que currártelo!
Tercero y conectado con lo anterior, pon las cosas que quieres hacer a la vista. Deja el libro de inglés en el lugar que antes ocupaba la televisión. Pon un cuenco con fruta donde antes estaba el tarro de las galletas. Ve al mercado y no al supermercado; si sólo ves fruta, verdura, carne, pescado, huevos, frutos secos, pues eso es lo que vas a comprar.
Cuarto, pon las cosas que quieres hacer al alcance de la mano. Compra verdura cortada y lavada. Deja las zapatillas y la ropa de deporte al pie de la cama. Pon una bicicleta estática en el salón. Cuanto más fácil lo pongas, menos trabajo tiene que hacer el jinete, que ya sabes que tiene recursos limitados.
Por último, júntate con personas a las que quieras parecerte. Un grupo de jubilados que pasea por la playa todas las mañanas, una cuadrilla que juega al fútbol dos veces por semana al salir del trabajo, gente que no fuma, un club de lectura que comenta un libro nuevo cada semana... El grupo tira de ti cuando tus fuerzas flaquean.
Evidencias curiosas
Como venimos viendo, el elefante, la parte emocional de nuestro cerebro, tiene mucha fuerza. Tanta, que lo más fácil es que se imponga sobre nuestra parte racional. Hemos visto también que hay formas de ayudar a la razón y de engañar a nuestras bajas pasiones. Hay un montón de evidencias curiosas de esta relación jinete-elefante.
Efecto Netflix. Al principio en Netflix debías pulsar un botón para ver un nuevo capítulo al terminar el primero. Ahora por defecto salta un capítulo nuevo al terminar el primero y debes pulsar el botón para bloquear la reproducción de más capítulos. No sé si sabéis que Netflix cobra por cada capítulo que ves. Pues bien, desde que han configurado la reproducción de vídeo automática sus ventas han subido de manera estratosférica!
Donación de órganos. Un efecto muy similar al anterior. A los pacientes del hospital moribundos se les entrega una hoja para que indiquen si quieren o no donar sus órganos. Resulta que en algunos países la casilla que debes marcar es para donar (o sea, si no marcas nada, no donas) mientras que en otros países marcas para decir que no quieres donar (si no marcas nada, donas). Pues agarraos: las tasas de donación son cercanas al 100% en los segundos (los que tienen que hacer algo para no donar) y muy superiores a las tasas de los primeros, que rondan el 25%. Y eso en países con culturas idénticas: Alemania dona el 12% y Austria dona el 99%.
Recipientes pequeños. Está bien documentado que si te sirves comida en platos pequeños, comes menos. Y lo mismo con bolsas de distintos tamaños: si compras una bolsa de pipas de 200 gramos, comerás 200 gramos; si compras la de 100, comerás 100 y quedarás saciado. Los vasos estrechos también reducen el consumo respecto a los anchos: al verlos tan altos creemos que hay más.
Consumo responsable. En un hotel había un cartel en el baño que decía "si quieres ayudar a ahorrar agua, lava las toallas sólo cuando estén sucias de verdad" pero la mayoría de los clientes seguían entregándolas para que fueran lavadas. Se les ocurrió poner otro cartel: "en este hotel nuestros clientes están concienciados con el medio ambiente y reutilizan sus toallas". Entonces los clientes comenzaron a esperar para lavar las toallas: no querían ser los únicos cabrones que contravienen la costumbre del hotel.
Cerebro adolescente. La parte frontal del cerebro, dijimos al comienzo, requiere hasta 18 años para su total desarrollo. Y la parte frontal del cerebro es donde está el jinete. Una implicación es que no podemos esperar mucha moderación, mesura, sensatez de los niños y adolescentes: no pueden ser moderados porque carecen del órgano encargado de ello! En los adolescentes se junta además otra circunstancia y es que mientras su cerebro racional está aún cocinándose, su cerebro emocional experimenta un boost en la pubertad. Dicho de otro modo: cuentan con un elefante 100% operativo y un jinete todavía en ciernes! Es la receta perfecta para el desastre. Lo que cabe esperar, que es lo que sucede de hecho, es que los adolescentes lleven a cabo conductas temerarias de toda clase. Paradójicamente, una de esas conductas es el consumo de alcohol, que interfiere en el desarrollo del lóbulo frontal...
Discurso político. Dos estudios recientes examinaron montones de discursos y declaraciones políticas de las últimas décadas. Analizaron a políticos de distintos países, como Zapatero, Rajoy, Obama, Trump, Cameron o Le Pen. Un estudio consideró el lenguaje: el vocabulario y la construcción de las frases y oraciones. Otro consideró el contenido: el tipo de mensajes y argumentos. Los dos estudios concluyen de la misma manera: la calidad del discurso político va en declive! El lenguaje es cada vez más simplón, más parecido a una ristra de eslóganes (¿os acordáis del "hacer grande América otra vez" o del mismo "este Gobierno es el Titanic, un barco que se hunde mientras la orquesta sigue tocando"?). Se trata de que calen en la gente, que sean fáciles de asimilar y repetir como loros. Además, el contenido cada vez es más pobre: no hay argumentos sino drama. Se trata de apelar a la emoción: fomentar el miedo ("los del coletas van a meternos un inmigrante en cada casa"), crear identidad nacional ("los catalanes somos trabajadores y los andaluces unos vagos"), crear enemigos ("Europa nos roba")...
Estrategias de venta. Creo que a estas alturas es sabido por todos que el márketing se aprovecha de nuestra faceta animal y se enfoca directamente sobre nuestro elefante, no sobre nuestro jinete. Una táctica es poner los productos caros del supermercado en las baldas centrales, que quedan a la altura de los ojos. Otra táctica al comprar online es que un mensaje en color rojo te avise de que quedan "sólo 2 unidades". Otra más es cubrir la fila de espera para llegar a cajas con estanterías con productos de menos de 10 euros. También interesa que en los centros comerciales no haya ventanas al exterior que muestren el atardecer y marquen así el paso del tiempo. Hay músicas que incitan a pasear más por la tienda, que son útiles para vender productos de cierto valor, como electrodomésticos. Y hay otras músicas poco agradables, que invitan a hacer las compras rápido, muy útiles en tiendas de ropa populares (tipo Bershka) donde quieres que cada día entren cientos y cientos de compradores. Facebook, Google y otras tecnológicas tienen también un montón de tretas para forzarte a navegar sin rumbo durante horas (recuerda, viven de la información que proporcionan tus movimientos, así que les interesa que no pares de moverte). Facebook te informa en tiempo real de todas las acciones que tienen lugar en tu cuenta y en la de tus contactos. También te sugiere noticias o publicaciones que te pueden interesar, según tu historial. Por supuesto, toda la publicidad que aparece durante tus navegaciones en la red es específica, se dirige exactamente a ti, según tu historial.
Moraleja
Los sapiens, arrogantes, nos consideramos el top de la evolución, un organismo refinadísimo, a años luz de cualquier otro bicho viviente. Y es cierto que tenemos una inteligencia única, que permite las creaciones más alucinantes y elevadas. Pero (y aquí viene la moraleja) es algo que utilizamos sólo el 5% del tiempo; para el 95% restante nos ponemos en manos de nuestro querido elefante, algo que saben aprovechar muy bien las empresas y los políticos...
Ya lo dijo con mucho acierto Robe Iniesta: "somos unos animales".
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)
Hay otra parte en nuestro cerebro con una función mucho menos refinada. De hecho, esta región está ya bastante desarrollada al nacer y, además, la compartimos con el resto de mamíferos. Por eso se la considera el "cerebro animal". En este área, que está en el mismo corazón del cerebro, residen las emociones y es el sistema que controla nuestra conducta cuando la parte racional no está trabajando. O sea, el cerebro animal es nuestro piloto automático: si no hacemos nada por evitarlo, nuestro lado más salvaje es quien maneja nuestras decisiones y nuestros actos. Y ¿en qué sentido nos dirige el cerebro animal? Pues aquí no hay sorpresas: nuestra parte emocional quiere alimento, comodidad, sexo, protección, novedades, aprobación social... y lo quiere ya! Vamos, es lo que comúnmente llamamos "nuestras bajas pasiones".
El jinete y el elefante
La racional y la emocional no son facetas independientes; están en permanente interacción. La parte emocional quiere comerse el bote entero de Haagen-Dazs pero la parte racional sabe que lo cobrarán tus michelines; la parte racional quiere estudiar una hora todos los días para aprender inglés pero la parte emocional prefiere poner una serie de Netflix; la parte emocional te dice que otra caña más te va a sentar genial mientras que tu parte racional está convencida de que después de nueve cervezas no vas a conducir muy fino; la parte racional te dice que debes concentrarte en el trabajo para terminar el informe a tiempo pero la parte emocional no puede resistir mirar la notificación que acaba de saltar en Facebook; la parte racional se ha propuesto levantarse 15 minutos antes para ir caminando al trabajo pero la parte emocional es la que pulsa el botón de snooze para dormir esos minutos extra...
Es habitual utilizar la analogía del jinete y el elefante para referirse a esta interacción. El jinete es el cerebro racional; el elefante es, claro está, el cerebro animal. El elefante es muy fuerte y puede avanzar muy rápido: es como una apisonadora. Pero no tiene rumbo. El jinete es, pues, quien debe controlar esa fuerza arrolladora y llevarla por el camino recto para alcanzar el destino. Pero ni de lejos tiene la fuerza del elefante. Tampoco tiene su velocidad. Y éste es el meollo de la cuestión: en general, gana el elefante. Por eso tomamos malas decisiones y pagamos las consecuencias (engordamos, fumamos, vemos demasiada televisión, rendimos poco en el trabajo, etc.). Lo bueno es que hay algunos trucos para favorecer al jinete y mantener al elefante a raya. De esto os voy a hablar hoy en primer lugar y, luego, de lo que dicen los estudios sobre la relación jinete-elefante. Al final sacaremos una moraleja de todo esto.
Medidas para ayudar al jinete
Hemos dicho que el elefante, nuestra parte más impulsiva, es como una apisonadora. Pero hay cosas que podemos hacer para obrar de forma sensata.
Un truco muy sencillo para favorecer al jinete es crear un espacio de tiempo entre deseo y acción. Supón que, de repente, te apetece comerte unas natillas. Okay, no pasa nada: simplemente espera dos minutos (puedes contar ovejitas mientras tanto). Si pasados esos dos minutos sigues queriendo natillas, pues adelante: cómetelas. Pero es muy posible que fuera más un capricho que una verdadera necesidad y esos simples 120 segundos pueden conseguir que cambies de idea. Lo mismo se puede aplicar a las compras online. Supón que has visto unas zapatillas muy chulas en Amazon, que están a buen precio. Bien, si de verdad las quieres, no hay problema en comprarlas mañana. Guarda la página en favoritos y vuelve 24 horas después: las zapatillas no se van a marchar pero si tu motivación fuera simplemente un antojo, esas 24 horas podrían disiparlo.
Otra medida más, muy ligada al truco anterior: no trates de reprimir las tentaciones, cuanto más resistes, más persisten! Sólo debemos observar la tentación y aceptarla como algo natural, sin culparte por ello. Y es que observarla sin complejos no significa llevarla a cabo; sólo está en tu cabeza. Aceptar nuestras debilidades permite ganar control sobre ellas porque ya no se perciben como una rebelión de nuestra faceta más vergonzante o como un fracaso. El fracaso es sucumbir a la tentación, no tenerla.
Otro truco: no agotes al jinete antes de tomar una decisión importante. Ocurre que el jinete tiene fondo. Si lo sometes a demasiado trabajo durante el día se va consumiendo hasta quedar anulado. Un ejemplo son las navidades. En esos días tienes que tomar muchas decisiones, sobrecargando al jinete: han venido unos amigos a la ciudad y debo decidir cuándo y cómo quedar para verlos, tengo que comprar regalos y debo decidir qué hacer con los niños para entretenerlos mientras hago las compras, en la tienda debo decidir qué juguetes y regalos son más adecuados, he recibido muchos mensajes de felicitación y debo decidir si contestar lo mismo a todos, debo decidir si quedo con los compañeros del curro, debo decidir qué ponerme para la cena... Total, que cuando llega por fin la cena ya no puedes pedirle al jinete que mida bien lo que come y lo que bebe. Por tanto, no es sólo que en las cenas de navidad haya cosas deliciosas que nos incitan a consumir de más; es que cuando llegamos allí ya no queremos pensar qué es lo más conveniente! El resultado es que te cebas a comer y a beber y la resaca dura hasta el 01 de enero. Obama entendía muy bien este problema. Por eso en su armario tenía decenas de pantalones, camisas y chaquetas iguales: de esa forma no tenía que decidir qué ponerse y guardaba energías al jinete para después tomar buenas decisiones en materias más importantes que el vestido.
Otra cosa de perogrullo que podemos hacer pero que se nos olvida siempre: establece objetivos claros. Cuanto más definido está el objetivo, más fácil es cumplirlo. O sea, no vale decir "voy a aprender a tocar el piano", "voy a aprender inglés" o "voy a ponerme en forma". Es mucho más efectivo plantearse objetivos concretos. Por ejemplo, "voy a sacarme el B1 de inglés en un año" o "quiero correr la próxima san silvestre por debajo de los 35 minutos". Sólo cabe evaluar los progresos si sabes exactamente hacia adónde te diriges.
Otro truco relacionado con el anterior es simplificar los pasos necesarios para alcanzar el objetivo. Por ejemplo, puedes proponerte dedicar nada más 10 minutos al día al inglés. Sólo eso. Pero con constancia esos 10 minutos van sumando: en un año habrías dedicado 60 horas, que es lo que dura una asignatura en la universidad. Otro ejemplo: proponte salir a correr nada más una vuelta al parque más cercano a tu casa, y hazlo caminando antes de iniciar el trote. Si tienes que coger el coche para ir a un parque grande y una vez allí correr 10 km, el elefante tiene todas las de ganar; si el objetivo es modesto es más fácil que salgas y, una vez en marcha, es más fácil que decidas correr más.
El truco anterior se parece mucho a la conocida como "técnica de la gallina". Resulta que las gallinas, que tienen una memoria nula, son sin embargo capaces de perseverar para incubar el huevo durante 21 días. Si una gallina que tiene una inteligencia diminuta comparada con la tuya puede mantener un hábito durante tres semanas, tú también puedes! La cosa es decidir qué hábito quieres desarrollar y practicarlo durante 21 días. Si logras mantenerlo, lo habrás asimilado y será difícil romperlo. Retomando un ejemplo anterior, quieres aprender inglés y vas a estudiar 10 minutos al día. Si logras hacerlo durante 21 días, ya no tendrás nunca más pereza o problemas para hacerlo.
Una técnica muy útil para tareas especialmente duras: divide la tarea en trozos y date un premio al terminar cada trozo. Imagina que toca limpieza general en casa; puedes dividir la tarea en habitaciones y darte un descanso al acabar cada una, por ejemplo, viendo un vídeo divertido en YouTube. O imagina que quieres hacer una ruta de montaña para llegar a una cima importante. Puedes proponerte nada más llegar a una repisa que estás viendo; cuando la alcances, descansa un instante y toma una foto. Luego puedes proponerte nada más llegar al collado que hay al final de la canal; una vez allí, descansito y foto. El siguiente paso será llegar a la base de la cima. Y así sucesivamente. Esto equivale al famoso "partido a partido" de Simeone...
Una última técnica que yo utilizo mucho: envuelve la tarea en una historia. Por ejemplo, yo saco a pasear a mis perros todos los días tres veces al día y durante un buen rato cada vez. Tanto paseo puede volverse repetitivo y poco estimulante. Por eso yo me invento historias. Así, por ejemplo, hago una lista de las playas más largas de Cantabria y me propongo pasearlas todas, recorriendo una cada sábado. Primero tocará Valdearenas en Liencres, luego Somo-Loredo, luego Trengandín en Noja, luego La Salvé en Laredo... De esta manera hay una especie de "tour playero" que yo debo ir completando por etapas. Otra cosa que hago es establecer un punto de "meta" en el paseo, de manera que debo llegar hasta allí y luego regresar. Y ese punto suele ser un accidente geográfico o construcción destacada como un mirador o un acantilado. Entonces no es un paseo neutro, anodino; no, tenemos una "misión", que es llegar al punto X y regresar. Otro ejemplo. Yo nunca uso ascensores, escaleras mecánicas, rampas mecánicas, funiculares ni otras ayudas de movilidad semejantes. En su lugar, me tomo cualquier pequeño desplazamiento como una oportunidad para practicar actividad física. O sea, se trata de convertir el mundo en un gimnasio. De hecho, al volver a casa del trabajo suelo tomar un recorrido que no es ni el más corto ni el más fácil; tiene escaleras y rampas que subir pero dibuja un recorrido divertido, como si fuera una pequeña carrera de obstáculos. O si tengo que hacer un recado en el centro de la ciudad, me propongo cruzar una calle donde acaban de poner un mural o una plaza nueva. De ese modo, no simplemente tengo que ir al sitio X sino que voy a dar un paseo para ver una novedad en la ciudad. En fin, la idea es rodear la tarea de una historia, ponerle un poco de épica al asunto.
Medidas para engañar al elefante
Si trabajar a favor del jinete no te convence, hay otra estrategia: engañar al elefante. Las trucos que podemos aplicar para engañar al elefante son súper simples y sin embargo pocas veces los empleamos. Los trucos consisten básicamente en ponerle todas las trabas posibles al elefante. Los repasamos.
Primero, quita de la vista las tentaciones. Si en la cocina tienes un tarro de cristal con galletas, es fácil que cojas una cada vez que pasas por ahí y te lo encuentras. Guarda las galletas en el armario. Si en el supermercado pasas por el pasillo de la bollería, es fácil que cojas algún producto. No cruces ese maldito pasillo. Si tienes la televisión ocupando un lugar destacado del salón, es raro que hagas cosas en el salón que no sean ver la puñetera televisión. Mejor pon la televisión en un lugar secundario.
Segundo y muy relacionado con el anterior, saca las tentaciones del alcance de tu mano. Quizá tu televisión sigue en el centro del salón pero si guardas el mando en el cajón del armario, pues ya tienes que levantarte a buscarlo y al elefante le gusta la comodidad, como sabemos. Guarda la cajetilla de tabaco en un armario alto, que te exija coger una silla para alcanzarlo; y guarda el mechero en el buzón del portal. Si quieres fumarte un cigarro tendrás que currártelo!
Tercero y conectado con lo anterior, pon las cosas que quieres hacer a la vista. Deja el libro de inglés en el lugar que antes ocupaba la televisión. Pon un cuenco con fruta donde antes estaba el tarro de las galletas. Ve al mercado y no al supermercado; si sólo ves fruta, verdura, carne, pescado, huevos, frutos secos, pues eso es lo que vas a comprar.
Cuarto, pon las cosas que quieres hacer al alcance de la mano. Compra verdura cortada y lavada. Deja las zapatillas y la ropa de deporte al pie de la cama. Pon una bicicleta estática en el salón. Cuanto más fácil lo pongas, menos trabajo tiene que hacer el jinete, que ya sabes que tiene recursos limitados.
Por último, júntate con personas a las que quieras parecerte. Un grupo de jubilados que pasea por la playa todas las mañanas, una cuadrilla que juega al fútbol dos veces por semana al salir del trabajo, gente que no fuma, un club de lectura que comenta un libro nuevo cada semana... El grupo tira de ti cuando tus fuerzas flaquean.
Evidencias curiosas
Como venimos viendo, el elefante, la parte emocional de nuestro cerebro, tiene mucha fuerza. Tanta, que lo más fácil es que se imponga sobre nuestra parte racional. Hemos visto también que hay formas de ayudar a la razón y de engañar a nuestras bajas pasiones. Hay un montón de evidencias curiosas de esta relación jinete-elefante.
Efecto Netflix. Al principio en Netflix debías pulsar un botón para ver un nuevo capítulo al terminar el primero. Ahora por defecto salta un capítulo nuevo al terminar el primero y debes pulsar el botón para bloquear la reproducción de más capítulos. No sé si sabéis que Netflix cobra por cada capítulo que ves. Pues bien, desde que han configurado la reproducción de vídeo automática sus ventas han subido de manera estratosférica!
Donación de órganos. Un efecto muy similar al anterior. A los pacientes del hospital moribundos se les entrega una hoja para que indiquen si quieren o no donar sus órganos. Resulta que en algunos países la casilla que debes marcar es para donar (o sea, si no marcas nada, no donas) mientras que en otros países marcas para decir que no quieres donar (si no marcas nada, donas). Pues agarraos: las tasas de donación son cercanas al 100% en los segundos (los que tienen que hacer algo para no donar) y muy superiores a las tasas de los primeros, que rondan el 25%. Y eso en países con culturas idénticas: Alemania dona el 12% y Austria dona el 99%.
Recipientes pequeños. Está bien documentado que si te sirves comida en platos pequeños, comes menos. Y lo mismo con bolsas de distintos tamaños: si compras una bolsa de pipas de 200 gramos, comerás 200 gramos; si compras la de 100, comerás 100 y quedarás saciado. Los vasos estrechos también reducen el consumo respecto a los anchos: al verlos tan altos creemos que hay más.
Consumo responsable. En un hotel había un cartel en el baño que decía "si quieres ayudar a ahorrar agua, lava las toallas sólo cuando estén sucias de verdad" pero la mayoría de los clientes seguían entregándolas para que fueran lavadas. Se les ocurrió poner otro cartel: "en este hotel nuestros clientes están concienciados con el medio ambiente y reutilizan sus toallas". Entonces los clientes comenzaron a esperar para lavar las toallas: no querían ser los únicos cabrones que contravienen la costumbre del hotel.
Cerebro adolescente. La parte frontal del cerebro, dijimos al comienzo, requiere hasta 18 años para su total desarrollo. Y la parte frontal del cerebro es donde está el jinete. Una implicación es que no podemos esperar mucha moderación, mesura, sensatez de los niños y adolescentes: no pueden ser moderados porque carecen del órgano encargado de ello! En los adolescentes se junta además otra circunstancia y es que mientras su cerebro racional está aún cocinándose, su cerebro emocional experimenta un boost en la pubertad. Dicho de otro modo: cuentan con un elefante 100% operativo y un jinete todavía en ciernes! Es la receta perfecta para el desastre. Lo que cabe esperar, que es lo que sucede de hecho, es que los adolescentes lleven a cabo conductas temerarias de toda clase. Paradójicamente, una de esas conductas es el consumo de alcohol, que interfiere en el desarrollo del lóbulo frontal...
Discurso político. Dos estudios recientes examinaron montones de discursos y declaraciones políticas de las últimas décadas. Analizaron a políticos de distintos países, como Zapatero, Rajoy, Obama, Trump, Cameron o Le Pen. Un estudio consideró el lenguaje: el vocabulario y la construcción de las frases y oraciones. Otro consideró el contenido: el tipo de mensajes y argumentos. Los dos estudios concluyen de la misma manera: la calidad del discurso político va en declive! El lenguaje es cada vez más simplón, más parecido a una ristra de eslóganes (¿os acordáis del "hacer grande América otra vez" o del mismo "este Gobierno es el Titanic, un barco que se hunde mientras la orquesta sigue tocando"?). Se trata de que calen en la gente, que sean fáciles de asimilar y repetir como loros. Además, el contenido cada vez es más pobre: no hay argumentos sino drama. Se trata de apelar a la emoción: fomentar el miedo ("los del coletas van a meternos un inmigrante en cada casa"), crear identidad nacional ("los catalanes somos trabajadores y los andaluces unos vagos"), crear enemigos ("Europa nos roba")...
Estrategias de venta. Creo que a estas alturas es sabido por todos que el márketing se aprovecha de nuestra faceta animal y se enfoca directamente sobre nuestro elefante, no sobre nuestro jinete. Una táctica es poner los productos caros del supermercado en las baldas centrales, que quedan a la altura de los ojos. Otra táctica al comprar online es que un mensaje en color rojo te avise de que quedan "sólo 2 unidades". Otra más es cubrir la fila de espera para llegar a cajas con estanterías con productos de menos de 10 euros. También interesa que en los centros comerciales no haya ventanas al exterior que muestren el atardecer y marquen así el paso del tiempo. Hay músicas que incitan a pasear más por la tienda, que son útiles para vender productos de cierto valor, como electrodomésticos. Y hay otras músicas poco agradables, que invitan a hacer las compras rápido, muy útiles en tiendas de ropa populares (tipo Bershka) donde quieres que cada día entren cientos y cientos de compradores. Facebook, Google y otras tecnológicas tienen también un montón de tretas para forzarte a navegar sin rumbo durante horas (recuerda, viven de la información que proporcionan tus movimientos, así que les interesa que no pares de moverte). Facebook te informa en tiempo real de todas las acciones que tienen lugar en tu cuenta y en la de tus contactos. También te sugiere noticias o publicaciones que te pueden interesar, según tu historial. Por supuesto, toda la publicidad que aparece durante tus navegaciones en la red es específica, se dirige exactamente a ti, según tu historial.
Moraleja
Los sapiens, arrogantes, nos consideramos el top de la evolución, un organismo refinadísimo, a años luz de cualquier otro bicho viviente. Y es cierto que tenemos una inteligencia única, que permite las creaciones más alucinantes y elevadas. Pero (y aquí viene la moraleja) es algo que utilizamos sólo el 5% del tiempo; para el 95% restante nos ponemos en manos de nuestro querido elefante, algo que saben aprovechar muy bien las empresas y los políticos...
Ya lo dijo con mucho acierto Robe Iniesta: "somos unos animales".
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)

Enhorabuena por este gran artículo. Ojalá hubiera más gente que le dedicará tiempo a reflexionar de esta manera. Sigue así e iluminamos con tu sabiduría y conocimiento! Gracias!
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