Seguro que os enterasteis hace unos días de la noticia de una mujer japonesa que ha sido galardonada con el récord Guinness como la persona más anciana del mundo. Se llama Kane Tanaka, tiene 116 años, tuvo cinco hijos, dice que el momento más feliz es “ahora”, se levanta todos los días a las 6AM, practica caligrafía y matemáticas, y le encanta jugar a las damas.
Quizá también sabéis que Japón tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo y la más alta si nos ceñimos al archipiélago de Okinawa, un conjunto de pequeñas islas al sur del país donde la gente mantiene el modo de vida tradicional. Concretamente, Okinawa concentra el mayor número de centenarios del mundo. De ahí que este archipiélago haya atraído a científicos de todo el planeta, que han realizado numerosos estudios para descifrar los secretos del fenómeno Okinawa.
Uno podría pensar que el secreto está en una genética privilegiada, que esta gente está hecha de otra pasta. Pero no: cuando a principios del siglo pasado un grupo de habitantes de Okinawa tuvo que mudarse a Brasil para trabajar en plantaciones de caucho, su esperanza de vida cayó, igualándose a la de los brasileños.
Si no son sus genes, la clave ha de estar en su estilo de vida. Y ¿cuál es su estilo de vida? Pues lo repasamos enseguida.
En Okinawa los ancianos se levantan temprano y llevan una vida activa. Muchos de ellos se hacen cargo del huerto, del que extraen la mayor parte de los alimentos que consumen. Otros van a pescar. Cuidan del jardín. Las mujeres se reúnen para hacer bashofu, un tejido típico. Salen a pasear por el vecindario para charlar con sus vecinos. Y todos sus desplazamientos los hacen a pie o en bicicleta.
En la cultura japonesa es importante el concepto ikigai, que se refiere a tener un propósito en la vida, algo que te hace levantarte de la cama por las mañanas. El ikigai es algo que te gusta hacer, que se te da bien hacer y que aporta algo a los demás. Y otro concepto igual de importante es el yuimaru o círculo de relaciones. Las de Okinawa son comunidades unidas, donde se cuidan unos a otros, incluyendo lo emocional pero también lo financiero.
A la hora de comer, mantienen ciertas pautas en su dieta. Para empezar, su alimentación se basa en gran medida en vegetales, como zanahorias, pimientos, lechugas, que complementan con arroz y con raciones de pescados de aguas frías, como salmón o atún, varias veces a la semana. La cúrcuma es su especia favorita. Y para beber: té verde. La costumbre es comer despacio, degustando cada bocado, para dar tiempo al cuerpo a detectar la sensación de saciedad. Aparte, se respeta el hara hachi bu, un principio que dice comas hasta estar lleno al 80% no más.
Los pueblos de Okinawa están repletos de naturaleza. Dos tercios de la superficie son bosque y al ser islas, están rodeados de mar. Los japoneses promueven el shinrin yoku, que es un paseo por la naturaleza, dejando que entre por los cinco sentidos: poner atención al olor de las flores, el ruido del viento en las ramas de los árboles, la gama de colores de las hojas. Literalmente, darse un baño de bosque. De hecho, el sintoísmo (la religión predominante en Japón) es la veneración de los kami, los espíritus de la naturaleza.
La meditación y la práctica de actividades delicadas, que requieren atención plena, como el shodó (que consiste en escribir caracteres kanji con un pincel), el ikebana (que consiste en confeccionar ramos de flores) o el origami (que consiste en hacer figuras de papel) son también muy populares en la cultura japonesa. Todas ellas sirven para reducir la ansiedad y concentrarse en el ahora.
Entonces, el secreto de los centenarios de Okinawa ¿es que mantienen una actividad física regular, que tienen un ikigai o misión en la vida, que tienen lazos estrechos con su comunidad, que viven rodeados de naturaleza, que comen muchos vegetales y pescado azul y nunca en exceso o que se mantienen alejados del estrés? Pues, seguramente, la clave es la combinación de todas esas cosas. De hecho, los otras comunidades del mundo que ostentan récords de longevidad, como la isla de Icaria en Grecia, la de Villagrande en Cerdeña o el pueblo de Loma Linda en California, observan hábitos similares a los de Okinawa.
En fin, si quieres dar más años a tu vida o, cuando menos, dar más vida a tus años haz como Kane Tanaka: encuentra tu ikigai, busca tu tribu, no te agobies por el pasado ni el futuro y no compres comida que venga en cajas de colores.
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)
Quizá también sabéis que Japón tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo y la más alta si nos ceñimos al archipiélago de Okinawa, un conjunto de pequeñas islas al sur del país donde la gente mantiene el modo de vida tradicional. Concretamente, Okinawa concentra el mayor número de centenarios del mundo. De ahí que este archipiélago haya atraído a científicos de todo el planeta, que han realizado numerosos estudios para descifrar los secretos del fenómeno Okinawa.
Uno podría pensar que el secreto está en una genética privilegiada, que esta gente está hecha de otra pasta. Pero no: cuando a principios del siglo pasado un grupo de habitantes de Okinawa tuvo que mudarse a Brasil para trabajar en plantaciones de caucho, su esperanza de vida cayó, igualándose a la de los brasileños.
Si no son sus genes, la clave ha de estar en su estilo de vida. Y ¿cuál es su estilo de vida? Pues lo repasamos enseguida.
En Okinawa los ancianos se levantan temprano y llevan una vida activa. Muchos de ellos se hacen cargo del huerto, del que extraen la mayor parte de los alimentos que consumen. Otros van a pescar. Cuidan del jardín. Las mujeres se reúnen para hacer bashofu, un tejido típico. Salen a pasear por el vecindario para charlar con sus vecinos. Y todos sus desplazamientos los hacen a pie o en bicicleta.
En la cultura japonesa es importante el concepto ikigai, que se refiere a tener un propósito en la vida, algo que te hace levantarte de la cama por las mañanas. El ikigai es algo que te gusta hacer, que se te da bien hacer y que aporta algo a los demás. Y otro concepto igual de importante es el yuimaru o círculo de relaciones. Las de Okinawa son comunidades unidas, donde se cuidan unos a otros, incluyendo lo emocional pero también lo financiero.
A la hora de comer, mantienen ciertas pautas en su dieta. Para empezar, su alimentación se basa en gran medida en vegetales, como zanahorias, pimientos, lechugas, que complementan con arroz y con raciones de pescados de aguas frías, como salmón o atún, varias veces a la semana. La cúrcuma es su especia favorita. Y para beber: té verde. La costumbre es comer despacio, degustando cada bocado, para dar tiempo al cuerpo a detectar la sensación de saciedad. Aparte, se respeta el hara hachi bu, un principio que dice comas hasta estar lleno al 80% no más.
Los pueblos de Okinawa están repletos de naturaleza. Dos tercios de la superficie son bosque y al ser islas, están rodeados de mar. Los japoneses promueven el shinrin yoku, que es un paseo por la naturaleza, dejando que entre por los cinco sentidos: poner atención al olor de las flores, el ruido del viento en las ramas de los árboles, la gama de colores de las hojas. Literalmente, darse un baño de bosque. De hecho, el sintoísmo (la religión predominante en Japón) es la veneración de los kami, los espíritus de la naturaleza.
La meditación y la práctica de actividades delicadas, que requieren atención plena, como el shodó (que consiste en escribir caracteres kanji con un pincel), el ikebana (que consiste en confeccionar ramos de flores) o el origami (que consiste en hacer figuras de papel) son también muy populares en la cultura japonesa. Todas ellas sirven para reducir la ansiedad y concentrarse en el ahora.
Entonces, el secreto de los centenarios de Okinawa ¿es que mantienen una actividad física regular, que tienen un ikigai o misión en la vida, que tienen lazos estrechos con su comunidad, que viven rodeados de naturaleza, que comen muchos vegetales y pescado azul y nunca en exceso o que se mantienen alejados del estrés? Pues, seguramente, la clave es la combinación de todas esas cosas. De hecho, los otras comunidades del mundo que ostentan récords de longevidad, como la isla de Icaria en Grecia, la de Villagrande en Cerdeña o el pueblo de Loma Linda en California, observan hábitos similares a los de Okinawa.
En fin, si quieres dar más años a tu vida o, cuando menos, dar más vida a tus años haz como Kane Tanaka: encuentra tu ikigai, busca tu tribu, no te agobies por el pasado ni el futuro y no compres comida que venga en cajas de colores.
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)

Cuánto tenemos que aprender de estas culturas. El día a día nos arrastra hacia todo lo contrario. Gracias por todas estas aportaciones!
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