Ahora que está cerca el verano nos acordamos del sol. Queremos que haga calorcito para ir en camiseta y chanclas todo el día, queremos un sol radiante para conseguir ese bronceado que a todos nos sienta tan bien, queremos que no llueva para así poder hacer actividad al aire libre. Pero el sol es mucho más que eso. El sol, como veremos hoy, es determinante en el clima y, por extensión, en la vida en la tierra, incluyendo la de los seres humanos. El sol hace posible la vida en el planeta tal como la conocemos, ha levantado y derrotado imperios y es fuente de salud y de enfermedad. El sol, pues, no es sólo el centro del sistema planetario al que da nombre (el "sistema solar"); es el centro de todo! Lo vemos.
Sol y clima
Estaciones. Solemos decir que el sol "sale" por el este y "se va" por el oeste. Y es cierto que al sol "lo vemos" en el este por la mañana y al oeste por la tarde. Pero, en realidad y como todos sabemos, el sol ni "sale" ni "se va" porque no se mueve. Los que nos movemos somos nosotros: la tierra está en constante movimiento. Gira sin parar sobre su eje, en ciclos que le toman 24 horas; y está también girando alrededor del sol, un periplo que tarda en completar 365 días. Estos movimientos, no hace falta recordarlo, dan lugar a los días y a los años, respectivamente. La cuestión es que sin el sol no existirían ni unos ni otros.
Del sol dependen los días y las noches. Como la tierra está girando sobre sí misma todo el rato, cualquier punto concreto del globo está a veces "mirando de frente" al sol y a veces "le está dando el cogote". Cuando lo mira de frente, es de día en ese punto del globo; cuando lo tiene en el cogote, es de noche para esa región.
Del sol dependen también las estaciones del año. Como hemos señalado ya, la tierra va dando vueltas alrededor del sol; vueltas que requieren 365 días para completarse. Una cuestión relevante (y de una importancia crucial desconocida que luego descubriremos) es que el eje de la tierra está torcido. Es como si la tierra no supiese "andar erguida". Esta inclinación provoca que, en ese periplo de 365 días, el hemisferio norte de la tierra a veces "mira más de cerca al sol", como si quisiera darle un beso; y otras veces "lo mira más de lejos", como si quisiera "hacerle la cobra". Cuando está más cerca, la tierra recibe más incidencia del sol; cuando queda lejos, menos incidencia solar. Esta dinámica es el origen de las estaciones, del calorcito del verano y el frío característico del invierno. También explica por qué el ecuador, que es la franja al medio de la tierra ("su cintura"), no tiene estaciones; son "la cabeza" (hemisferio norte) y "los pies" (hemisferio sur) del globo los que se acercan o alejan del sol, pero "la cintura" (el ecuador) queda siempre a la misma distancia del astro rey. Y otra implicación: la inclinación del eje terrestre explica también por qué cuando en España es verano, en Chile es invierno: España, ubicado en "la cabeza" del planeta, "le está queriendo dar un beso" al sol mientras "los pies" (donde Chile está ubicado) quedan retrasados y, de igual modo, cuando España "le hace la cobra al sol", Chile queda adelantado, más cerquita del sol. Curiosidad derivada de todo esto: los chilenos toman las uvas de fin de año en la playa! (esto es verídico).
En fin, mirar al sol o darle el cogote marca el ciclo día/noche y mirarlo desde más cerca o más lejos marca la sucesión de veranos e inviernos. En ambos casos, el sol es el elemento crucial.
Efecto Milancovic. No sólo van sucediéndose las estaciones, esto es, que a lo largo de un año haya etapas de más calor y otras de más frío. Además, se van sucediendo veranos más o menos cálidos e inviernos más o menos fríos. ¿De qué depende? De varios factores pero el principal es la órbita que la tierra describe al girar alrededor del sol, que resulta que no para de cambiar!
Ya hemos entendido que la tierra está siempre dando vueltas alrededor del sol y que lo hace "mirándolo" de cerca a veces y de más lejos otras veces. Bien, pues ese "cerca" puede ser un "algo cerca" o un "súper cerca"; y ese "lejos" puede ser un "algo lejos" o un "súper lejos". Esto ocurre por las variaciones en la trayectoria de la tierra y en los grados de inclinación de su eje. Lo explico.
Cuando gira alrededor del sol, la tierra no hace círculos perfectos, más bien sigue una trayectoria con forma de huevo; unas veces más ahuevada, otras veces menos. Una trayectoria ahuevada muy apuntada hace que la tierra pueda pasar aún más cerca del sol. Una trayectoria más abierta, más redondeada, impide que la tierra llegue a acercarse mucho.
Luego están los grados de inclinación del eje. La inclinación del eje terrestre es de 23 grados. Vale, pero ésa es su inclinación hoy; no siempre es la misma. Con el tiempo esa inclinación se va haciendo más pronunciada (hasta los 24 grados) o más pequeña (hasta los 21 grados). Decíamos que la inclinación provoca que la tierra a veces "le esté queriendo dar un beso" al sol y a veces "le esté haciendo la cobra". De acuerdo, pues debido a las variaciones en los grados de inclinación, el beso podrá ser "un morreo" o "un pico" y algo parecido pasa con la cobra.
Esas pequeñas variaciones en la trayectoria y en los grados de inclinación cambian radicalmente la incidencia del sol en la tierra y, en consecuencia, el clima terrestre. De hecho y como ya adelanté, estas fluctuaciones son el factor principal de cambio climático. A lo largo de la historia se han producido muchos cambios climáticos, con variaciones en la temperatura mucho más grandes que las del cambio climático actual (que no llegan a los dos grados centígrados). El último cambio, por ejemplo, originó la glaciación Wurm, que comenzó hace unos 100 mil años y terminó hace 10 mil; y que convirtió todo el norte de Europa y de América en un gigantesco bloque de hielo de hasta 3000 metros de altura.
Una cosa interesante es que las fluctuaciones en la trayectoria y los grados de inclinación de la tierra se producen a un ritmo regular, en ciclos que duran decenas de miles de años. Por supuesto, esto no es para nada obvio, de ahí que se haya bautizado como efecto Milancovic, en reconocimiento al físico serbio que tuvo que dedicar 30 años de su vida para descubrirlo. Una nominación merecida.
El cambio climático. Ha habido, pues, múltiples cambios climáticos en la historia de nuestro planeta. Pero actualmente estamos asistiendo a uno muy especial. Es especial porque nunca había habido un cambio tan brusco, tan rápido; y porque nunca antes había resultado de la acción de una especie animal. Sí, amigos, tenemos el "honor" de ser el único animal capaz de alterar el clima del planeta entero a través de nuestra actividad.
¿Por qué el actual cambio climático se le atribuye al ser humano? Pues porque ese brusco incremento en la temperatura global coincide exactamente con el desarrollo de la revolución industrial. Breve recordatorio: a finales del siglo XVIII inventamos la máquina de vapor y lo que hasta entonces había sido una labor manual (la agricultura, el transporte de mercancías, etc.) pasó a ser realizado por máquinas; máquinas alimentadas con carbón, primero, y petróleo, después.
Quemar carbón y petróleo permite liberar la energía que tienen "dormida" en su interior; energía que transformamos en el movimiento de coches y aviones o la actividad de las fábricas. Pero esta utilidad tiene su contrapartida: la combustión de carbón y petróleo emite gases nocivos a la atmósfera. Son nocivos por varias razones. Una, que es la que interesa hoy, es que acentúan el efecto invernadero, por el cual los rayos solares que inciden sobre la tierra y rebotan, vuelven a rebotar contra la capa de gases invernadero y reinciden sobre la tierra sucesivamente. Y a más incidencia, más calor en todo el planeta. Este efecto invernadero acentuado ocasiona el llamado "calentamiento global".
Otro efecto nocivo en el que hoy no nos detendremos es el impacto en la salud de las personas. La estadística de problemas respiratorios e incluso cáncer en megaciudades (lugares donde hay tráfico rodado y actividad industrial a niveles colosales) está disparada. Hay ejemplos de esto en India, China o Brasil o incluso en Europa (donde se empiezan a aplicar medidas como la de cobrar la entrada en coche al centro de la ciudad o prohibirla directamente si no se cuenta con una certificación de cero emisiones).
A estos dos problemas, calentamiento y polución del aire, habría que sumar el derivado de la utilización del plástico (que se fabrica a partir de petróleo, por si no lo sabíais). Resulta que existe un "séptimo continente" que es una balsa de plásticos que deambula por los océanos y que es mucho mayor que la Península Ibérica! Sí, sí: increíble pero cierto... Una parte de esos plásticos termina alojándose en los tejidos de los peces; peces que luego nosotros nos comemos...
Pero estábamos hablando del actual cambio climático. Ya sabemos que los gases invernadero contribuyen al calentamiento global, pues los rayos de sol quedan "atrapados" dentro de una especie de bolsa que rodea la tierra. Pero el problema en realidad no es el calentamiento global; el problema son las consecuencias que se derivan de dicho calentamiento y que constituyen el "cambio climático" propiamente dicho.
Un efecto invernadero exagerado, sabemos ya, produce un calentamiento global. Más calor provoca, a su vez, toda una retahíla de cosas. Una que a todos nos viene enseguida a la cabeza es el deshielo: los casquetes polares se están derritiendo. En efecto, esto es un hecho ya irrebatible. Ese hielo derretido, por su parte, aumenta la cantidad de agua de mares y océanos. En consecuencia, las marejadas son más poderosas. Otra consecuencia es que hay menos reflexión solar: los mantos de hielo blanco reflejan la luz del sol (igual que las casitas encaladas de los pueblos de Andalucía) y con menos hielo, menos reflejo y más incidencia solar. El calentamiento provoca también que las aguas superficiales de mares y océanos estén más calientes. Y aguas cálidas son precisamente el ingrediente básico de las tormentas tropicales y huracanes. Por último, más calor produce más evaporación y, por tanto, más vapor de agua. El vapor de agua es la materia prima de las precipitaciones; luego más precipitación. Para rematar, el vapor de agua es en realidad el gas de efecto invernadero más importante (muy por encima del CO2); así pues, más efecto invernadero también.
El resultado es que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más extremos. Según los registros de lluvias torrenciales, tormentas o sequías de las últimas décadas parece que no son más frecuentes que en el pasado pero sí mucho más intensas y devastadoras. Encima, estas catástrofes, cada vez más fuertes, se ceban por desgracia con las poblaciones más desfavorecidas. Me refiero a países insulares del Pacífico o el Caribe o países de la costa o del cuerno africanos. De hecho, el problema ha dado origen a una nueva figura, la del "refugiado ambiental": gente que huye de su tierra porque las inclemencias del tiempo hacen insostenible la vida. Esto también da lugar a conflictos que cada vez sufriremos más...
Un problema añadido es que el calentamiento global es un proceso que se retroalimenta: su propia dinámica lo perpetúa. El calor produce más vapor de agua, que produce más efecto invernadero, que derrite más hielo, que refleja menos sol, que produce más calor, que calienta más el agua, que produce más vapor, que...
Y no he mencionado la deforestación. Las plantas absorben CO2, pues la necesitan para fabricar su alimento. Pero si nos cargamos el Amazonas porque talamos sus árboles y porque construimos gasoductos arrasando con todo; o si esquilmamos los bosques africanos por una mala agricultura (la intensiva) y una mala ganadería (la intensiva, también) y por una industria maderera y petrolera sin escrúpulos, pues nos estamos quedando sin pulmones. Hay más CO2 pero menos capacidad de absorberlo. Y más CO2 es más invernadero y más calor y más deshielo y más vapor y más...
Sol y vida
Cadena trófica. Como seguro recordaréis de la escuela, las plantas no buscan su alimento sino que se lo fabrican ellas mismas. Lo hacen por medio de la fotosíntesis. Si nos fijamos bien, la palabra tiene dos partes: "foto", que tiene que ver con la luz, y "síntesis", que significa crear una cosa a partir de la combinación de otras varias cosas sueltas. Así pues, las plantas utilizan la luz y otras cosas para crear una cosa nueva, que es su alimento. Uno de los ingredientes que necesitan las plantas para vivir es, pues, la luz; una luz que proviene del sol. En consecuencia, el sol da vida a las plantas. Curiosamente, otro de los ingredientes que utilizan las plantas en la fabricación de su alimento es el CO2, como ya hemos dicho; de modo que el CO2 no es un gas intrínsecamente malo sino su exceso, resultado de la actividad industrial.
El sol da vida a las plantas y las plantas dan vida a los herbívoros, pues aquéllas son el alimento de éstos. Los herbívoros, a su vez, constituyen el alimento de depredadores, carroñeros y oportunistas: los carnívoros. Y los excrementos y los cadáveres de herbívoros y carnívoros nutren el suelo, del que las plantas extraen compuestos también necesarios para su fotosíntesis. Recapitulando: el sol proporciona luz a las plantas para que fabriquen su alimento, las plantas son el alimento de los herbívoros, los herbívoros son el alimento de los carnívoros, los desechos de herbívoros y carnívoros nutren el suelo del que se sirven las plantas... Por algo se llama "cadena" trófica o alimentaria: es un ciclo sin fin.
Y no he dicho que el conjunto de las plantas incluye no sólo a las terrestres sino también a las algas y el fitoplancton del mar; donde también hay herbívoros (como la tortuga verde o el pez loro) y carnívoros (como la orca o el atún). Y éstos son animales, claro está, que también expulsan excrementos y también mueren y son luego descompuestos por bacterias y hongos...
En fin, el sol es la chispa que enciende la cadena trófica a la que está sujeta todo el reino vegetal y animal e incluso bacterias y hongos. Por lo tanto, se puede pensar sin exagerar que el sol es el origen de la vida.
Una curiosidad más antes de continuar. Las plantas y animales muertos constituyen la materia orgánica de la que luego saldrán el carbón, el petróleo y el gas. No en vano los tres se conocen como combustibles "fósiles", porque en el fondo son justamente eso: "fósiles" o restos de vegetales y animales. No deja de resultar irónico que las sustancias con cuya combustión estamos perjudicando a plantas, animales y al planeta entero estén hechas de materia orgánica...
Salud. Hay múltiples evidencias de que exponernos a la luz del sol es beneficioso. Para empezar, nos sentimos bien al aire libre y, especialmente, cuando el sol brilla; cuando la luz solar escasea, en cambio, entramos en lo que se conoce como "depresión estacional" (no, no eres el único que en otoño e invierno está algo más apagado... ). Y es que la luz intensa aumenta la producción de serotonina, que es justo lo que falta cuando estás en depresión. De hecho, las terapias lumínicas (exponerte a lámparas de 10 mil lux) han demostrado eficacia contra dicho trastorno. Y no sólo eso: la radiación ultravioleta aumenta la producción de endorfinas (ya sabéis, las drogas naturales que nosotros mismos segregamos).
Algo bueno debe de tener la luz solar si la naturaleza puso ahí esos mecanismos de refuerzo. Uno de los beneficios del sol más importantes es su contribución a la síntesis de vitamina D. Sintetizar, lo dijimos antes, es crear algo a partir de varios ingredientes. Pues bien, para crear vitamina D uno de los ingredientes es el sol. Sin sol, por tanto, no podemos producir esta vitamina. Una dieta rica en pescados grasos y lácteos (fuentes de vitamina D) puede compensar una baja exposición al sol, y es precisamente lo que hace la gente en los países nórdicos; pero no puede ni de lejos igualar la contribución del sol a la síntesis de vitamina D, que es del 90%. Pero ¿para qué sirve esta vitamina? Su función principal es la de fijar el calcio en los huesos; por mucho calcio que tomes, sin vitamina D lo desecharás. Y hay más: participa en la fabricación de fagocitos, que son uno de los tres grandes actores del sistema inmune (los otros son los leucocitos y los linfocitos). O sea, la vitamina D es clave para huesos y articulaciones y para nuestro sistema inmune, que a su vez es responsable de nuestra salud general.
Y hay más vías. La luz natural aumenta la concentración en sangre de óxido nítrico, lo que baja la presión arterial. Al mismo tiempo, el óxido nítrico facilita la llegada de oxígeno a los músculos. Por ambas razones, el óxido nítrico (y, por ende, el sol) está asociado a una mejor salud cardiovascular (recuerda que el corazón es un músculo y necesita oxígeno como el que más; aparte, a menor presión arterial, menor sobreesfuerzo tendrá que hacer... ). Por último, el óxido nítrico participa también en la neuroplasticidad: la creación de nuevas conexiones y redes neuronales. No es de extrañar, entonces, que los escolares rindan mejor en aulas con ventanales más grandes o que se produzcan menos errores médicos en hospitales con luces intensas (que sepáis que ambos fenómenos están avalados por estudios).
Tras este repaso cabe entender que la falta de luz intensa y, en particular, la del sol es fuente de enfermedad. Hay todo un sinfín de enfermedades asociadas a baja exposición solar, como depresión, problemas cardiovasculares, trastornos autoinmunes o demencia; incluso la miopía (algo de lo que hablamos ya, a propósito de la "generación indoor").
Ritmo circadiano. El ritmo circadiano está muy ligado a la exposición a la luz solar, y es también una fuente importante de salud y enfermedad; tan importante que merece un apartado específico. Cada día nuestro cuerpo debe realizar múltiples funciones: debes tener actividad para "ganarte el pan", debes hacer la digestión, debes descansar, etc. El cuerpo produce las hormonas, neurotransmisores y enzimas oportunos para llevar a cabo esas funciones. Estas sustancias son, así, las señales que el organismo envía a partes concretas del cuerpo para inicien determinadas actividades o los medios para realizarlas. Y el organismo sabe cuándo activar cada una de las funciones. ¿Cómo? A través de una serie de estímulos del entorno, del cual la luz es el más importante. De esta manera, el cuerpo "sabe" que es de día y manda hacer actividades diurnas, y "sabe" que es de noche y manda hacer actividades nocturnas. A este ciclo se le llama ritmo circadiano.
Si no tomas suficiente luz durante el día y/o recibes demasiada luz por la noche, tu organismo se confunde y entra en "cronodisrupción": no podrá realizar sus funciones bien. Esto, a su vez, genera toda una cascada de problemas. El más evidente es el trastorno del sueño, que a su vez va a provocar problemas y enfermedad de toda clase. Si duermes mal, te levantas fatigado, irascible, con menor capacidad de rendimiento cognitivo, con más apetito. Si duermes mal sistemáticamente (noche sí, noche también), es fácil que acabes enfermando. Una de las enfermedades más asociada al mal sueño es la enfermedad neurodegenerativa. ¿Por qué? El cerebro se limpia durante la noche de los residuos que genera la actividad diurna. Si se van acumulando acaban dañando la "piel" de las neuronas, dificultando la transmisión de las señales nerviosas. También está asociado a obesidad porque incrementa el apetito, porque nos hace desear alimentos poco saludables (los muy calóricos y muy palatables, como los que combinan harina refinada, grasa trans y azúcar, que por otra parte son el 80% de lo que hay en las estanterías del súper) y porque además te sientan peor, pues el mal sueño afecta también a la sensibilidad a la insulina (que es un proceso por el que tu cuerpo "decide" como administrar el exceso de calorías, si para alimentar al músculo o para engordar los michelines). Una última enfermedad asociada a la falta de sueño es el cáncer, porque durante el sueño también se recupera el sistema inmune, que es el que nos defiende de cualquier agresión (como de células malignas) y que queda debilitado si no se le deja "descansar".
La falta o exceso de luz no son los únicos cronodisruptores. Si poco antes de ir a dormir haces ejercicio intenso, tomas estimulantes, haces una cena copiosa o tienes ansiedad, el sueño se verá afectado.
Cáncer. Las autoridades y los medios nos han metido el miedo en el cuerpo en relación con el sol. Nos han dicho que provoca cáncer de piel. No obstante, esto no parece tener mucho sentido dados los beneficios del sol y dados los mecanismos de nuestro organismo que nos motivan a buscar sol. Si nuestro cuerpo quiere sol y necesita sol, ¿cómo es posible que a la vez sea algo terrible que debamos evitar a toda costa? Si es tan malo, ¿cómo sobrevivió el homo sapiens antes de que existieran protectores solares y sombrillas y viseras? Sin extenderme mucho, voy a tratar de arrojar algo de luz (nunca mejor dicho ;)) sobre el asunto.
Los datos son que más exposición solar está asociada a menos cáncer, que el melanoma es más común entre personas que trabajan en lugares cerrados, que el melanoma aparece en zonas que están protegidas del sol (como la axila), que tomar el sol mejora la supervivencia al melanoma. ¿Cómo puede ser? Una explicación la avanzamos más arriba: necesitamos sol para sintetizar vitamina D que tiene un papel clave en nuestro sistema inmune, que a su vez combate las células malignas del cáncer.
Por otro lado, de los distintos rayos ultravioleta que existen, los UVA y los UVB, necesitamos en mayor medida los segundos, que son los que participan en la producción de vitamina D. Y éstos son precisamente los menos disponibles. Depende de la latitud pero, en general, están disponibles sólo en las horas centrales del día (justo cuando nos dicen que más riesgo hay).
Por último, hay que decir que el melanoma está vinculado también a las quemaduras. Parece que tomar sol hasta achicharrarse es malo de verdad. Y más si eres de piel pálida.
Entonces, ¿cómo exactamente debemos tomar el sol? Pues todo el que puedas, especialmente si es en las horas de más radiación UVB, pero sin quemarte. O sea, no tiene sentido pasar 358 días en la oficina para luego empacharte a sol 7 días de agosto en Canarias. Así es como estás jugando con fuego. Hay que tomar sol durante todo el año, generar así un pequeño bronceado protector, y seguir haciendo igual en verano. La clave es no quemarse, para lo que hay que preparar la piel durante el año y no forzar la máquina en verano.
Respecto a los protectores solares, hay varios problemas. Uno es que bloquean los UVB pero no los UVA. De esa forma, cuando te pones crema, tomas más sol pensando que no vas a tener problema pero te estás exponiendo igual (porque los UVA siguen pasando) y encima sin ningún beneficio (porque los UVB están bloqueados). Otro problema añadido es que, según un estudio publicado hace unos días nada más, los protectores en crema, loción o espray contienen tóxicos con capacidad para penetrar en nuestro organismo por encima de los niveles autorizados. Tal cual: se les hicieron análisis de sangre a participantes que se habían aplicado los productos y se encontraron concentraciones de ingredientes nocivos por encima de lo que las autoridades consideran seguro. Esos ingredientes son cancerígenos. En el estudio salió peor parada la loción, siendo la crema lo menos malo y el espray en medio. No hay estudios a largo plazo para saber si esas concentraciones acaban produciendo enfermedad pero lo que es seguro es que los protectores contienen tóxicos, que llegan a nuestra sangre y lo hacen por encima de los niveles autorizados.
Economía. Los elementos necesarios para construir un imperio son el control sobre el alimento y control sobre el agua. Ésas son las claves del éxito. Para poder disponer de artesanos y obreros que construyan templos o soldados que vayan a la guerra a conquistar o defender tierras, debes darles alimento. Si puedes garantizar esto, entonces puedes construir una gran civilización. De hecho, así es como se desarrollaron imperios como el egipcio o el romano. La civilización egipcia se construyó a la orilla del Nilo, pues proporcionaba agua suficiente como para cosechar cereal en cantidad. La agricultura nació en el Mediterráneo, por ser una zona especialmente fértil. Y las matemáticas nacieron allí también, precisamente para poder llevar la contabilidad asociada a los cultivos (semillas, áreas, tiempos, riego, etc.). La caída de la civilización egipcia coincide exactamente con un periodo de sequía brutal, según los registros fósiles.
Sol y religión
El dios sol. Hasta aquí hemos visto que el sol determina el clima y el clima marca el éxito o fracaso de las cosechas, que son nuestro sustento. El sol, por tanto, es como un dios: obra el milagro de transformar semillas en alimento y además estamos sometidos a su voluntad. Resulta fácil entender entonces que muchas religiones lo hayan convertido en dios. Un ejemplo es el antiguo Egipto, del que sabemos mucho gracias al análisis de sus jeroglíficos. Su dios era Horus, que significa "sol" o "luz". Se representa como un hombre con cabeza de águila y un sol radiante encima. El enemigo de Horus era Set, que encarnaba la "oscuridad" o la "noche". Según esta religión, cada mañana Horus vencía a Set y lo enviaba al mundo subterráneo. Por las tardes, la lucha se resolvía a favor de Set. Y así día tras día se libraba una batalla entre la luz (el bien) y la oscuridad (el mal).
El estudio de los jeroglíficos ha permitido realizar un retrato muy completo de Horus. Y éste es el resultado: Horus nació un 25 de diciembre, nació de una virgen, en su nacimiento había una estrella en el este, tres reyes acudieron a adorar entonces al nuevo salvador, a los 12 años Horus era ya un maestro, fue bautizado a los 30 años y después comenzó su ministerio, lo hizo acompañado de 12 discípulos, realizó milagros, fue traicionado y luego crucificado, estuvo enterrado tres días y después resucitó. Os suena, ¿verdad? Enseguida discutimos esta cuestión.
Dios como alegoría del sol. Para otras religiones mono y politeístas sus dioses no son elementos de la naturaleza (como el sol o la noche) sino figuras antropomórficas. Ejemplos son Krishna, el dios indio que defiende la rectitud, protege a los virtuosos y censura los vicios; Dioniso, dios griego del cultivo del vino y de la fertilidad; Mitra, el dios persa guardián del ganado, las cosechas y las aguas; Jesús, el dios cristiano considerado maestro, cordero de dios, luz del mundo, rey de los judíos, etc. etc. Curiosamente, todos ellos comparten varias características; características, además, que recuerdan al comportamiento del sol, como luego descubriremos. Las características comunes son: todos nacen de una virgen, lo hacen el 25 de diciembre, tienen 12 discípulos, estuvieron muertos por tres días, resucitaron, obran milagros.
¿Qué tienen de especial estas características? Como adelanté, tienen que ver con el comportamiento del sol y los astros. El solsticio de verano es el día del año más largo y con la noche más corta. A partir de ese día, los días van haciéndose un poco más cortos, cediendo terreno a la noche. Al llegar al 22 de diciembre el sol lo vemos en su punto más bajo, y además lo vemos debajo de una constelación llamada la cruz (pues las estrellas que lo componen describen esa forma). En ese punto está hasta el 25 de diciembre en que lo vemos ya un grado más al norte. Desde ese momento, la dinámica se invierte y los días vuelven a ser cada vez más largos. Así, tenemos a un sol, clave para las cosechas, que se va debilitando durante el otoño y acaba por "morir" el 22 de diciembre bajo una cruz. Pero tres días después, el 25 de diciembre, "resucita": comienza a ganarle terreno a la noche otra vez. Por otra parte, la noche del 24 de diciembre ocurre que la estrella más brillante en el cielo es Sirius, que queda precisamente al este. Y esa noche se alinea con las tres estrellas más brillantes del cinturón de Orión, las llamadas "los tres reyes". La línea que trazan las cuatro apunta al lugar por donde veremos al sol el día 25. Tampoco es casualidad que el niño dios nazca de una virgen pues "virgen" es lo que significa Virgo, la constelación que en el zodiaco se representa como una mujer que sostiene una espiga de trigo y que corresponde a los meses de agosto y septiembre, que es cuando se hace la cosecha. Sin fantasear demasiado es fácil ver la asociación: dios nace tras un periodo de oscuridad y frío crecientes, en que no se pudo cosechar y pasamos hambre, y nace para iniciar una nueva etapa de buen tiempo, cosechas y prosperidad.
Lo que estoy intentando decir (y que muchos estudiosos sostienen) es que la religión es una alegoría, es una representación de fenómenos importantes de la naturaleza en forma de historieta. Tiene mucho sentido: se trata de hacer comprensible y memorable un conocimiento que es de gran valor. Es como inventar una canción, un jingle publicitario, una rima para recordar principios de la sabiduría popular y hacerlos llegar a todas las capas de la sociedad. Si presentas explicaciones astronómicas puras y duras mucha gente no lo entenderá o le será difícil recordarlo. Pero con una historieta o una canción lo ves bien claro y se queda en la memoria a fuego. Por tanto, Jesucristo posiblemente no sea otra cosa que un personaje inventado para encarnar los ciclos del sol, que es un conocimiento crucial para las cosechas y, a la postre, para nuestra supervivencia.
Y un último apunte que os va a dejar todo locos. Como sabemos ya, la inclinación del eje terrestre no siempre es igual, va experimentando fluctuaciones por el efecto Milancovic. Y esas fluctuaciones alteran el clima. Una manera de observar esas fluctuaciones en los grados de inclinación del eje es ver con qué constelación coincide en el cielo el sol de la mañana del equinoccio de primavera. Cada 2150 años cambia la constelación con la que el sol coincide. Esos 2150 años se denominan "era" desde antiguo. Y para pasar por las 12 constelaciones han de transcurrir 25765 años. Ahora estamos en "la era de piscis", antes estuvimos en "la era de capricornio" y la que vendrá (esto lo verán nuestros bisnietos) será "la era de acuario". Todo esto es lo que observó Milancovic atendiendo a un montón de parámetros físicos pero que las culturas antiguas, sorprendentemente, habían logrado deducir nada más de lo que veían en el cielo. En todo caso, es conocimiento muy preciado porque marca el clima y el éxito/fracaso de las cosechas de las que dependemos. Vale, pues es una increíble casualidad (o no) que en la biblia se hable también de "la era de piscis" y que haya muchas referencias a los peces. Por poner un ejemplo, Jesús eligió a pescadores como sus discípulos. Y uno de sus milagros más celebrados fue la multiplicación de los panes y los peces. En un pasaje del antiguo testamento Moisés entra en cólera por ver a la gente adorando un "becerro de oro", una vaca. Pues bien, la vaca es la "era de tauro" (tauro significa "toro") que la gente debe abandonar para abrazar la "era de capricornio" (significa "cabra"), representada por Moisés. Todavía hoy los judíos (que creen en el antiguo testamento pero no en el nuevo y, por tanto, no en Jesús) soplan el cuerno de cabra en sus celebraciones. En definitiva, que hay más coincidencias que hacen pensar que las religiones, cristiana inclusive, son metáforas del movimiento de los astros; y estos movimientos se conocen desde mucho antes que Milancovic...
Resumen
El sol marca el paso de las estaciones y determina el clima. El clima es fundamental en la agricultura, que a su vez es el sustento de las civilizaciones humanas. El sol es la chispa de la vida: interviene en la fotosíntesis de plantas y algas, que son la base de la cadena alimentaria en la que participan animales herbívoros y carnívoros, que a su vez son la materia prima de los combustibles fósiles, que son piezas clave en nuestras economías actuales. El sol es un placer para nuestro cuerpo, que premia el "baño de sol" con serotonina y endorfinas; y lo hace para sintetizar vitamina D, que juega un papel prominente en el sistema inmune, para producir óxido nítrico, que afecta directamente a la salud cardiovascular, y para regular nuestro reloj circadiano, que orquesta las funciones vitales. Poco cuesta entender que un astro de tal importancia haya sido convertido en dios por muchas religiones y en alegoría por otras. El sol está en el centro del sistema solar y en el meollo de todas las cosas de este mundo. El sol, astro rey, es el centro de todo.
Y ahora os invitaría a salir afuera a tomar el sol. Pero resulta que en el norte tenemos encima una inoportuna borrasca de tres pares de narices! Bueno, espero al menos que la lectura de este artículo os haga más amena la estancia en casa... ;)
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El cambio climático. Ha habido, pues, múltiples cambios climáticos en la historia de nuestro planeta. Pero actualmente estamos asistiendo a uno muy especial. Es especial porque nunca había habido un cambio tan brusco, tan rápido; y porque nunca antes había resultado de la acción de una especie animal. Sí, amigos, tenemos el "honor" de ser el único animal capaz de alterar el clima del planeta entero a través de nuestra actividad.
¿Por qué el actual cambio climático se le atribuye al ser humano? Pues porque ese brusco incremento en la temperatura global coincide exactamente con el desarrollo de la revolución industrial. Breve recordatorio: a finales del siglo XVIII inventamos la máquina de vapor y lo que hasta entonces había sido una labor manual (la agricultura, el transporte de mercancías, etc.) pasó a ser realizado por máquinas; máquinas alimentadas con carbón, primero, y petróleo, después.
Quemar carbón y petróleo permite liberar la energía que tienen "dormida" en su interior; energía que transformamos en el movimiento de coches y aviones o la actividad de las fábricas. Pero esta utilidad tiene su contrapartida: la combustión de carbón y petróleo emite gases nocivos a la atmósfera. Son nocivos por varias razones. Una, que es la que interesa hoy, es que acentúan el efecto invernadero, por el cual los rayos solares que inciden sobre la tierra y rebotan, vuelven a rebotar contra la capa de gases invernadero y reinciden sobre la tierra sucesivamente. Y a más incidencia, más calor en todo el planeta. Este efecto invernadero acentuado ocasiona el llamado "calentamiento global".
Otro efecto nocivo en el que hoy no nos detendremos es el impacto en la salud de las personas. La estadística de problemas respiratorios e incluso cáncer en megaciudades (lugares donde hay tráfico rodado y actividad industrial a niveles colosales) está disparada. Hay ejemplos de esto en India, China o Brasil o incluso en Europa (donde se empiezan a aplicar medidas como la de cobrar la entrada en coche al centro de la ciudad o prohibirla directamente si no se cuenta con una certificación de cero emisiones).
A estos dos problemas, calentamiento y polución del aire, habría que sumar el derivado de la utilización del plástico (que se fabrica a partir de petróleo, por si no lo sabíais). Resulta que existe un "séptimo continente" que es una balsa de plásticos que deambula por los océanos y que es mucho mayor que la Península Ibérica! Sí, sí: increíble pero cierto... Una parte de esos plásticos termina alojándose en los tejidos de los peces; peces que luego nosotros nos comemos...
Pero estábamos hablando del actual cambio climático. Ya sabemos que los gases invernadero contribuyen al calentamiento global, pues los rayos de sol quedan "atrapados" dentro de una especie de bolsa que rodea la tierra. Pero el problema en realidad no es el calentamiento global; el problema son las consecuencias que se derivan de dicho calentamiento y que constituyen el "cambio climático" propiamente dicho.
Un efecto invernadero exagerado, sabemos ya, produce un calentamiento global. Más calor provoca, a su vez, toda una retahíla de cosas. Una que a todos nos viene enseguida a la cabeza es el deshielo: los casquetes polares se están derritiendo. En efecto, esto es un hecho ya irrebatible. Ese hielo derretido, por su parte, aumenta la cantidad de agua de mares y océanos. En consecuencia, las marejadas son más poderosas. Otra consecuencia es que hay menos reflexión solar: los mantos de hielo blanco reflejan la luz del sol (igual que las casitas encaladas de los pueblos de Andalucía) y con menos hielo, menos reflejo y más incidencia solar. El calentamiento provoca también que las aguas superficiales de mares y océanos estén más calientes. Y aguas cálidas son precisamente el ingrediente básico de las tormentas tropicales y huracanes. Por último, más calor produce más evaporación y, por tanto, más vapor de agua. El vapor de agua es la materia prima de las precipitaciones; luego más precipitación. Para rematar, el vapor de agua es en realidad el gas de efecto invernadero más importante (muy por encima del CO2); así pues, más efecto invernadero también.
El resultado es que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más extremos. Según los registros de lluvias torrenciales, tormentas o sequías de las últimas décadas parece que no son más frecuentes que en el pasado pero sí mucho más intensas y devastadoras. Encima, estas catástrofes, cada vez más fuertes, se ceban por desgracia con las poblaciones más desfavorecidas. Me refiero a países insulares del Pacífico o el Caribe o países de la costa o del cuerno africanos. De hecho, el problema ha dado origen a una nueva figura, la del "refugiado ambiental": gente que huye de su tierra porque las inclemencias del tiempo hacen insostenible la vida. Esto también da lugar a conflictos que cada vez sufriremos más...
Un problema añadido es que el calentamiento global es un proceso que se retroalimenta: su propia dinámica lo perpetúa. El calor produce más vapor de agua, que produce más efecto invernadero, que derrite más hielo, que refleja menos sol, que produce más calor, que calienta más el agua, que produce más vapor, que...
Y no he mencionado la deforestación. Las plantas absorben CO2, pues la necesitan para fabricar su alimento. Pero si nos cargamos el Amazonas porque talamos sus árboles y porque construimos gasoductos arrasando con todo; o si esquilmamos los bosques africanos por una mala agricultura (la intensiva) y una mala ganadería (la intensiva, también) y por una industria maderera y petrolera sin escrúpulos, pues nos estamos quedando sin pulmones. Hay más CO2 pero menos capacidad de absorberlo. Y más CO2 es más invernadero y más calor y más deshielo y más vapor y más...
Sol y vida
Cadena trófica. Como seguro recordaréis de la escuela, las plantas no buscan su alimento sino que se lo fabrican ellas mismas. Lo hacen por medio de la fotosíntesis. Si nos fijamos bien, la palabra tiene dos partes: "foto", que tiene que ver con la luz, y "síntesis", que significa crear una cosa a partir de la combinación de otras varias cosas sueltas. Así pues, las plantas utilizan la luz y otras cosas para crear una cosa nueva, que es su alimento. Uno de los ingredientes que necesitan las plantas para vivir es, pues, la luz; una luz que proviene del sol. En consecuencia, el sol da vida a las plantas. Curiosamente, otro de los ingredientes que utilizan las plantas en la fabricación de su alimento es el CO2, como ya hemos dicho; de modo que el CO2 no es un gas intrínsecamente malo sino su exceso, resultado de la actividad industrial.
El sol da vida a las plantas y las plantas dan vida a los herbívoros, pues aquéllas son el alimento de éstos. Los herbívoros, a su vez, constituyen el alimento de depredadores, carroñeros y oportunistas: los carnívoros. Y los excrementos y los cadáveres de herbívoros y carnívoros nutren el suelo, del que las plantas extraen compuestos también necesarios para su fotosíntesis. Recapitulando: el sol proporciona luz a las plantas para que fabriquen su alimento, las plantas son el alimento de los herbívoros, los herbívoros son el alimento de los carnívoros, los desechos de herbívoros y carnívoros nutren el suelo del que se sirven las plantas... Por algo se llama "cadena" trófica o alimentaria: es un ciclo sin fin.
Y no he dicho que el conjunto de las plantas incluye no sólo a las terrestres sino también a las algas y el fitoplancton del mar; donde también hay herbívoros (como la tortuga verde o el pez loro) y carnívoros (como la orca o el atún). Y éstos son animales, claro está, que también expulsan excrementos y también mueren y son luego descompuestos por bacterias y hongos...
En fin, el sol es la chispa que enciende la cadena trófica a la que está sujeta todo el reino vegetal y animal e incluso bacterias y hongos. Por lo tanto, se puede pensar sin exagerar que el sol es el origen de la vida.
Una curiosidad más antes de continuar. Las plantas y animales muertos constituyen la materia orgánica de la que luego saldrán el carbón, el petróleo y el gas. No en vano los tres se conocen como combustibles "fósiles", porque en el fondo son justamente eso: "fósiles" o restos de vegetales y animales. No deja de resultar irónico que las sustancias con cuya combustión estamos perjudicando a plantas, animales y al planeta entero estén hechas de materia orgánica...
Salud. Hay múltiples evidencias de que exponernos a la luz del sol es beneficioso. Para empezar, nos sentimos bien al aire libre y, especialmente, cuando el sol brilla; cuando la luz solar escasea, en cambio, entramos en lo que se conoce como "depresión estacional" (no, no eres el único que en otoño e invierno está algo más apagado... ). Y es que la luz intensa aumenta la producción de serotonina, que es justo lo que falta cuando estás en depresión. De hecho, las terapias lumínicas (exponerte a lámparas de 10 mil lux) han demostrado eficacia contra dicho trastorno. Y no sólo eso: la radiación ultravioleta aumenta la producción de endorfinas (ya sabéis, las drogas naturales que nosotros mismos segregamos).
Algo bueno debe de tener la luz solar si la naturaleza puso ahí esos mecanismos de refuerzo. Uno de los beneficios del sol más importantes es su contribución a la síntesis de vitamina D. Sintetizar, lo dijimos antes, es crear algo a partir de varios ingredientes. Pues bien, para crear vitamina D uno de los ingredientes es el sol. Sin sol, por tanto, no podemos producir esta vitamina. Una dieta rica en pescados grasos y lácteos (fuentes de vitamina D) puede compensar una baja exposición al sol, y es precisamente lo que hace la gente en los países nórdicos; pero no puede ni de lejos igualar la contribución del sol a la síntesis de vitamina D, que es del 90%. Pero ¿para qué sirve esta vitamina? Su función principal es la de fijar el calcio en los huesos; por mucho calcio que tomes, sin vitamina D lo desecharás. Y hay más: participa en la fabricación de fagocitos, que son uno de los tres grandes actores del sistema inmune (los otros son los leucocitos y los linfocitos). O sea, la vitamina D es clave para huesos y articulaciones y para nuestro sistema inmune, que a su vez es responsable de nuestra salud general.
Y hay más vías. La luz natural aumenta la concentración en sangre de óxido nítrico, lo que baja la presión arterial. Al mismo tiempo, el óxido nítrico facilita la llegada de oxígeno a los músculos. Por ambas razones, el óxido nítrico (y, por ende, el sol) está asociado a una mejor salud cardiovascular (recuerda que el corazón es un músculo y necesita oxígeno como el que más; aparte, a menor presión arterial, menor sobreesfuerzo tendrá que hacer... ). Por último, el óxido nítrico participa también en la neuroplasticidad: la creación de nuevas conexiones y redes neuronales. No es de extrañar, entonces, que los escolares rindan mejor en aulas con ventanales más grandes o que se produzcan menos errores médicos en hospitales con luces intensas (que sepáis que ambos fenómenos están avalados por estudios).
Tras este repaso cabe entender que la falta de luz intensa y, en particular, la del sol es fuente de enfermedad. Hay todo un sinfín de enfermedades asociadas a baja exposición solar, como depresión, problemas cardiovasculares, trastornos autoinmunes o demencia; incluso la miopía (algo de lo que hablamos ya, a propósito de la "generación indoor").
Ritmo circadiano. El ritmo circadiano está muy ligado a la exposición a la luz solar, y es también una fuente importante de salud y enfermedad; tan importante que merece un apartado específico. Cada día nuestro cuerpo debe realizar múltiples funciones: debes tener actividad para "ganarte el pan", debes hacer la digestión, debes descansar, etc. El cuerpo produce las hormonas, neurotransmisores y enzimas oportunos para llevar a cabo esas funciones. Estas sustancias son, así, las señales que el organismo envía a partes concretas del cuerpo para inicien determinadas actividades o los medios para realizarlas. Y el organismo sabe cuándo activar cada una de las funciones. ¿Cómo? A través de una serie de estímulos del entorno, del cual la luz es el más importante. De esta manera, el cuerpo "sabe" que es de día y manda hacer actividades diurnas, y "sabe" que es de noche y manda hacer actividades nocturnas. A este ciclo se le llama ritmo circadiano.
Si no tomas suficiente luz durante el día y/o recibes demasiada luz por la noche, tu organismo se confunde y entra en "cronodisrupción": no podrá realizar sus funciones bien. Esto, a su vez, genera toda una cascada de problemas. El más evidente es el trastorno del sueño, que a su vez va a provocar problemas y enfermedad de toda clase. Si duermes mal, te levantas fatigado, irascible, con menor capacidad de rendimiento cognitivo, con más apetito. Si duermes mal sistemáticamente (noche sí, noche también), es fácil que acabes enfermando. Una de las enfermedades más asociada al mal sueño es la enfermedad neurodegenerativa. ¿Por qué? El cerebro se limpia durante la noche de los residuos que genera la actividad diurna. Si se van acumulando acaban dañando la "piel" de las neuronas, dificultando la transmisión de las señales nerviosas. También está asociado a obesidad porque incrementa el apetito, porque nos hace desear alimentos poco saludables (los muy calóricos y muy palatables, como los que combinan harina refinada, grasa trans y azúcar, que por otra parte son el 80% de lo que hay en las estanterías del súper) y porque además te sientan peor, pues el mal sueño afecta también a la sensibilidad a la insulina (que es un proceso por el que tu cuerpo "decide" como administrar el exceso de calorías, si para alimentar al músculo o para engordar los michelines). Una última enfermedad asociada a la falta de sueño es el cáncer, porque durante el sueño también se recupera el sistema inmune, que es el que nos defiende de cualquier agresión (como de células malignas) y que queda debilitado si no se le deja "descansar".
La falta o exceso de luz no son los únicos cronodisruptores. Si poco antes de ir a dormir haces ejercicio intenso, tomas estimulantes, haces una cena copiosa o tienes ansiedad, el sueño se verá afectado.
Cáncer. Las autoridades y los medios nos han metido el miedo en el cuerpo en relación con el sol. Nos han dicho que provoca cáncer de piel. No obstante, esto no parece tener mucho sentido dados los beneficios del sol y dados los mecanismos de nuestro organismo que nos motivan a buscar sol. Si nuestro cuerpo quiere sol y necesita sol, ¿cómo es posible que a la vez sea algo terrible que debamos evitar a toda costa? Si es tan malo, ¿cómo sobrevivió el homo sapiens antes de que existieran protectores solares y sombrillas y viseras? Sin extenderme mucho, voy a tratar de arrojar algo de luz (nunca mejor dicho ;)) sobre el asunto.
Los datos son que más exposición solar está asociada a menos cáncer, que el melanoma es más común entre personas que trabajan en lugares cerrados, que el melanoma aparece en zonas que están protegidas del sol (como la axila), que tomar el sol mejora la supervivencia al melanoma. ¿Cómo puede ser? Una explicación la avanzamos más arriba: necesitamos sol para sintetizar vitamina D que tiene un papel clave en nuestro sistema inmune, que a su vez combate las células malignas del cáncer.
Por otro lado, de los distintos rayos ultravioleta que existen, los UVA y los UVB, necesitamos en mayor medida los segundos, que son los que participan en la producción de vitamina D. Y éstos son precisamente los menos disponibles. Depende de la latitud pero, en general, están disponibles sólo en las horas centrales del día (justo cuando nos dicen que más riesgo hay).
Por último, hay que decir que el melanoma está vinculado también a las quemaduras. Parece que tomar sol hasta achicharrarse es malo de verdad. Y más si eres de piel pálida.
Entonces, ¿cómo exactamente debemos tomar el sol? Pues todo el que puedas, especialmente si es en las horas de más radiación UVB, pero sin quemarte. O sea, no tiene sentido pasar 358 días en la oficina para luego empacharte a sol 7 días de agosto en Canarias. Así es como estás jugando con fuego. Hay que tomar sol durante todo el año, generar así un pequeño bronceado protector, y seguir haciendo igual en verano. La clave es no quemarse, para lo que hay que preparar la piel durante el año y no forzar la máquina en verano.
Respecto a los protectores solares, hay varios problemas. Uno es que bloquean los UVB pero no los UVA. De esa forma, cuando te pones crema, tomas más sol pensando que no vas a tener problema pero te estás exponiendo igual (porque los UVA siguen pasando) y encima sin ningún beneficio (porque los UVB están bloqueados). Otro problema añadido es que, según un estudio publicado hace unos días nada más, los protectores en crema, loción o espray contienen tóxicos con capacidad para penetrar en nuestro organismo por encima de los niveles autorizados. Tal cual: se les hicieron análisis de sangre a participantes que se habían aplicado los productos y se encontraron concentraciones de ingredientes nocivos por encima de lo que las autoridades consideran seguro. Esos ingredientes son cancerígenos. En el estudio salió peor parada la loción, siendo la crema lo menos malo y el espray en medio. No hay estudios a largo plazo para saber si esas concentraciones acaban produciendo enfermedad pero lo que es seguro es que los protectores contienen tóxicos, que llegan a nuestra sangre y lo hacen por encima de los niveles autorizados.
Economía. Los elementos necesarios para construir un imperio son el control sobre el alimento y control sobre el agua. Ésas son las claves del éxito. Para poder disponer de artesanos y obreros que construyan templos o soldados que vayan a la guerra a conquistar o defender tierras, debes darles alimento. Si puedes garantizar esto, entonces puedes construir una gran civilización. De hecho, así es como se desarrollaron imperios como el egipcio o el romano. La civilización egipcia se construyó a la orilla del Nilo, pues proporcionaba agua suficiente como para cosechar cereal en cantidad. La agricultura nació en el Mediterráneo, por ser una zona especialmente fértil. Y las matemáticas nacieron allí también, precisamente para poder llevar la contabilidad asociada a los cultivos (semillas, áreas, tiempos, riego, etc.). La caída de la civilización egipcia coincide exactamente con un periodo de sequía brutal, según los registros fósiles.
Sol y religión
El dios sol. Hasta aquí hemos visto que el sol determina el clima y el clima marca el éxito o fracaso de las cosechas, que son nuestro sustento. El sol, por tanto, es como un dios: obra el milagro de transformar semillas en alimento y además estamos sometidos a su voluntad. Resulta fácil entender entonces que muchas religiones lo hayan convertido en dios. Un ejemplo es el antiguo Egipto, del que sabemos mucho gracias al análisis de sus jeroglíficos. Su dios era Horus, que significa "sol" o "luz". Se representa como un hombre con cabeza de águila y un sol radiante encima. El enemigo de Horus era Set, que encarnaba la "oscuridad" o la "noche". Según esta religión, cada mañana Horus vencía a Set y lo enviaba al mundo subterráneo. Por las tardes, la lucha se resolvía a favor de Set. Y así día tras día se libraba una batalla entre la luz (el bien) y la oscuridad (el mal).
El estudio de los jeroglíficos ha permitido realizar un retrato muy completo de Horus. Y éste es el resultado: Horus nació un 25 de diciembre, nació de una virgen, en su nacimiento había una estrella en el este, tres reyes acudieron a adorar entonces al nuevo salvador, a los 12 años Horus era ya un maestro, fue bautizado a los 30 años y después comenzó su ministerio, lo hizo acompañado de 12 discípulos, realizó milagros, fue traicionado y luego crucificado, estuvo enterrado tres días y después resucitó. Os suena, ¿verdad? Enseguida discutimos esta cuestión.
Dios como alegoría del sol. Para otras religiones mono y politeístas sus dioses no son elementos de la naturaleza (como el sol o la noche) sino figuras antropomórficas. Ejemplos son Krishna, el dios indio que defiende la rectitud, protege a los virtuosos y censura los vicios; Dioniso, dios griego del cultivo del vino y de la fertilidad; Mitra, el dios persa guardián del ganado, las cosechas y las aguas; Jesús, el dios cristiano considerado maestro, cordero de dios, luz del mundo, rey de los judíos, etc. etc. Curiosamente, todos ellos comparten varias características; características, además, que recuerdan al comportamiento del sol, como luego descubriremos. Las características comunes son: todos nacen de una virgen, lo hacen el 25 de diciembre, tienen 12 discípulos, estuvieron muertos por tres días, resucitaron, obran milagros.
¿Qué tienen de especial estas características? Como adelanté, tienen que ver con el comportamiento del sol y los astros. El solsticio de verano es el día del año más largo y con la noche más corta. A partir de ese día, los días van haciéndose un poco más cortos, cediendo terreno a la noche. Al llegar al 22 de diciembre el sol lo vemos en su punto más bajo, y además lo vemos debajo de una constelación llamada la cruz (pues las estrellas que lo componen describen esa forma). En ese punto está hasta el 25 de diciembre en que lo vemos ya un grado más al norte. Desde ese momento, la dinámica se invierte y los días vuelven a ser cada vez más largos. Así, tenemos a un sol, clave para las cosechas, que se va debilitando durante el otoño y acaba por "morir" el 22 de diciembre bajo una cruz. Pero tres días después, el 25 de diciembre, "resucita": comienza a ganarle terreno a la noche otra vez. Por otra parte, la noche del 24 de diciembre ocurre que la estrella más brillante en el cielo es Sirius, que queda precisamente al este. Y esa noche se alinea con las tres estrellas más brillantes del cinturón de Orión, las llamadas "los tres reyes". La línea que trazan las cuatro apunta al lugar por donde veremos al sol el día 25. Tampoco es casualidad que el niño dios nazca de una virgen pues "virgen" es lo que significa Virgo, la constelación que en el zodiaco se representa como una mujer que sostiene una espiga de trigo y que corresponde a los meses de agosto y septiembre, que es cuando se hace la cosecha. Sin fantasear demasiado es fácil ver la asociación: dios nace tras un periodo de oscuridad y frío crecientes, en que no se pudo cosechar y pasamos hambre, y nace para iniciar una nueva etapa de buen tiempo, cosechas y prosperidad.
Lo que estoy intentando decir (y que muchos estudiosos sostienen) es que la religión es una alegoría, es una representación de fenómenos importantes de la naturaleza en forma de historieta. Tiene mucho sentido: se trata de hacer comprensible y memorable un conocimiento que es de gran valor. Es como inventar una canción, un jingle publicitario, una rima para recordar principios de la sabiduría popular y hacerlos llegar a todas las capas de la sociedad. Si presentas explicaciones astronómicas puras y duras mucha gente no lo entenderá o le será difícil recordarlo. Pero con una historieta o una canción lo ves bien claro y se queda en la memoria a fuego. Por tanto, Jesucristo posiblemente no sea otra cosa que un personaje inventado para encarnar los ciclos del sol, que es un conocimiento crucial para las cosechas y, a la postre, para nuestra supervivencia.
Y un último apunte que os va a dejar todo locos. Como sabemos ya, la inclinación del eje terrestre no siempre es igual, va experimentando fluctuaciones por el efecto Milancovic. Y esas fluctuaciones alteran el clima. Una manera de observar esas fluctuaciones en los grados de inclinación del eje es ver con qué constelación coincide en el cielo el sol de la mañana del equinoccio de primavera. Cada 2150 años cambia la constelación con la que el sol coincide. Esos 2150 años se denominan "era" desde antiguo. Y para pasar por las 12 constelaciones han de transcurrir 25765 años. Ahora estamos en "la era de piscis", antes estuvimos en "la era de capricornio" y la que vendrá (esto lo verán nuestros bisnietos) será "la era de acuario". Todo esto es lo que observó Milancovic atendiendo a un montón de parámetros físicos pero que las culturas antiguas, sorprendentemente, habían logrado deducir nada más de lo que veían en el cielo. En todo caso, es conocimiento muy preciado porque marca el clima y el éxito/fracaso de las cosechas de las que dependemos. Vale, pues es una increíble casualidad (o no) que en la biblia se hable también de "la era de piscis" y que haya muchas referencias a los peces. Por poner un ejemplo, Jesús eligió a pescadores como sus discípulos. Y uno de sus milagros más celebrados fue la multiplicación de los panes y los peces. En un pasaje del antiguo testamento Moisés entra en cólera por ver a la gente adorando un "becerro de oro", una vaca. Pues bien, la vaca es la "era de tauro" (tauro significa "toro") que la gente debe abandonar para abrazar la "era de capricornio" (significa "cabra"), representada por Moisés. Todavía hoy los judíos (que creen en el antiguo testamento pero no en el nuevo y, por tanto, no en Jesús) soplan el cuerno de cabra en sus celebraciones. En definitiva, que hay más coincidencias que hacen pensar que las religiones, cristiana inclusive, son metáforas del movimiento de los astros; y estos movimientos se conocen desde mucho antes que Milancovic...
Resumen
El sol marca el paso de las estaciones y determina el clima. El clima es fundamental en la agricultura, que a su vez es el sustento de las civilizaciones humanas. El sol es la chispa de la vida: interviene en la fotosíntesis de plantas y algas, que son la base de la cadena alimentaria en la que participan animales herbívoros y carnívoros, que a su vez son la materia prima de los combustibles fósiles, que son piezas clave en nuestras economías actuales. El sol es un placer para nuestro cuerpo, que premia el "baño de sol" con serotonina y endorfinas; y lo hace para sintetizar vitamina D, que juega un papel prominente en el sistema inmune, para producir óxido nítrico, que afecta directamente a la salud cardiovascular, y para regular nuestro reloj circadiano, que orquesta las funciones vitales. Poco cuesta entender que un astro de tal importancia haya sido convertido en dios por muchas religiones y en alegoría por otras. El sol está en el centro del sistema solar y en el meollo de todas las cosas de este mundo. El sol, astro rey, es el centro de todo.
Y ahora os invitaría a salir afuera a tomar el sol. Pero resulta que en el norte tenemos encima una inoportuna borrasca de tres pares de narices! Bueno, espero al menos que la lectura de este artículo os haga más amena la estancia en casa... ;)
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado.

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