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PARA PARTIRSE...

Doctor, ¿cómo está mi marido?
Señora, lo hemos perdido...
No diga tonterías, si le veo los pies por debajo de la sábana.

¿Qué es la risa? ¿Por qué nos reímos? ¿Qué cosas nos hacen gracia? ¿Puede la risa ser una medicina? Lo cierto es que nos reímos a diario y lo hacemos desde que estábamos en la cuna. Y sin embargo, sabemos cero patatero sobre la risa. Seguramente se debe a que parece poco serio investigar sobre ella. Piénsalo: "la ciencia de la risa", eso ya resulta chistoso en sí mismo! Pero la risa no es cosa de broma: es un fenómeno fascinante, que entre otras cuestiones, juega un papel crucial en nuestras relaciones sociales. Por fortuna, la ciencia ya no tiene remilgos en estudiarla. De hecho, la investigación en este campo ha experimentado una verdadera explosión y no para de crecer. Hoy nos haremos eco de los hallazgos más actuales de esta línea de trabajo. Hoy, todo sobre la risa. :)

Concretamente, abordaremos estas cuestiones. (1) ¿Qué es la risa? Resulta que nos reímos siete veces por cada 10 minutos de conversación pero, si nos lo piden, tenemos dificultades para explicar cabalmente qué narices es reírse. En este punto pondremos solución a este problema: vamos a aprender qué es exactamente reírse, qué es lo que pasa en nuestro cuerpo y nuestro cerebro cuando nos partimos la caja. (2) ¿Qué hace que una cosa resulte graciosa? Aquí conoceremos el secreto del humor, el denominador común que todas las coñas tienen, según los estudios. (3) ¿Por qué nos reímos? Todos los grupos humanos reímos y lo hacemos de la misma manera (ja-ja-ja, ji-ji-ji). Incluso hay otros mamíferos que ríen. ¿Para qué podría servir troncharse a mandíbula batiente? En este apartado indagamos sobre la cuestión para descubrir que la risa no es ningún chiste sino un pegamento social formidable. (4) ¿La risa tiene valor terapéutico? Aquí aprenderemos qué es verdad y qué no sobre el poder de la risa. Preparaos para mondaros, partiros y asombraros. ;)

1, ¿QUÉ ES LA RISA?

La risa es una expresión emocional, una reacción global del cuerpo en respuesta a un estímulo gracioso (una situación, una broma, un chiste), acompañada de una vocalización característica (ja-ja-ja, jo-jo-jo, ji-ji-ji) y de un sentimiento de diversión. Eso, nada más y nada menos, es reírse. 

Los efectos fisiológicos tienen lugar en dos fases. En un primer momento, músculos de cara, pecho y abdomen se contraen y relajan. En los primeros diez segundos de risa, hasta 15 músculos faciales se ponen a trabajar. La frecuencia cardíaca sube. La respiración se vuelve irregular, elevando los niveles normales de oxígeno. Sólo 20 segundos de risa doblan el ritmo cardíaco para los siguientes tres minutos. 

Estos efectos, en realidad, constituyen una respuesta de lucha/huida, una respuesta de estrés. Pero hay una fase posterior, unos 20 minutos después de las carcajadas, en que la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea y la tensión muscular descienden a niveles inferiores a los que tienes normalmente. O sea, aunque hay un pico de estrés al inicio, la risa tiene globalmente un efecto relajante que puede prolongarse hasta 45 minutos tras haberse tronchado de la risa.

En términos neurológicos, los efectos de la risa también se organizan en dos fases. La risa activa múltiples áreas cerebrales, incluyendo el lóbulo temporal (que procesa el lenguaje), las áreas motoras (que coordinan la contracción y relajación muscular) y el lóbulo frontal (que identifica la fuente de la risa, si te ríes por un chiste, un suceso divertido o unas cosquillas). En un primer momento, suben los niveles de cortisol y adrenalina (hormonas que nos preparan para actuar, para luchar o huir) y se liberan también endorfinas, que reducen el dolor y proporcionan sensación de euforia (son las drogas naturales del cuerpo).

En una fase posterior, los niveles de cortisol descienden. En un estudio con ancianos, se les hizo leer prensa un rato o ver vídeos cómicos para luego realizar una prueba de memoria. Se les tomaron muestras de saliva también. Se vio que quienes habían visto comedia rendían mejor en la prueba y tenían niveles inferiores de cortisol en saliva que quienes leyeron. Otros estudios similares han identificado niveles más altos de leucocitos y linfocitos en quienes han visto vídeos de humor. Leucocitos y linfocitos, como sabéis, son los "soldados" de nuestro sistema inmune, luego la risa tiene impacto positivo en nuestra salud.

En resumen, reírnos es, primero, una sacudida que menea decenas de músculos de cara y cuerpo y montones de áreas del cerebro, que va acompañada de la vocalización característica "ja-ja-ja", y que nos proporciona un chute de adrenalina y endorfinas, dándonos sensación de subidón; pero al final acaba proporcionándonos 45 minutos de relajación absoluta y un refuerzo a nuestro sistema inmune. Sí, amigos: la risa es cosa seria. 

2, ¿QUÉ COSAS NOS HACEN REÍR?

Nos reímos de situaciones, de bromas, de chistes, monólogos y comedias, sí. Pero ¿qué tienen de particular? Los científicos se han exprimido las neuronas para averiguar dónde está la gracia, qué es lo que nos hace reír. Y han identificado un elemento básico: transgresión benigna. Lo vemos.

Una teoría sostiene que nos reímos de las transgresiones benignas, esto es, de las cosas que transgreden lo que creemos que es el funcionamiento normal del mundo pero lo hacen de una manera que no resulta amenazante. Ejemplos:

A las 9 te pito y bajas.
¿Te has comprado un coche?
No, un pito.

Describa al hombre que le intentó asesinar mientras dormía.
Torpe.

¿Tu padre es el calvo de la moto?
Sí.
¿Sabes que eso se hereda?
Claro, a ver si palma ya y dejo de ir andando al instituto.

En los tres casos se crea una expectativa (te pitan cuando te van a recoger en coche, se hacen descripciones físicas de un agresor, heredas la calvicie de tu padre) que luego se viola (te pitan con un pito, describen las habilidades del agresor, heredas la moto de tu padre). Y en todos los casos la ruptura con la norma no es demasiado fuerte, algo que podría resultar desagradable, ofensivo. Por ejemplo, puedes reírte de la muerte pero no si es la de un niño. 

La transgresión benigna también explica el efecto de los juegos de palabras. Ejemplos:

Hola, venía a hacerme el seguro.
Pase.
Pues claro que paso: soy el puto amo!

¿Se quedará a dormir?
Sí.
Entonces debe saber que la casa está encantada.
Ah, pues dígale que a mí también me hace mucha ilusión quedarme.

Todo eran risas hasta que nos dimos cuenta de que el tartamudo quería "jamón".

Me he pasado con la sal.
Pues pídele disculpas.

Me gustaría tener hijos algún día. Máximo una semana.

Necesitamos sangre.
Yo soy 0 positivo.
Pues muy mal, aquí se viene a animar.

¿Qué tal tu padre?
Se debate entre la vida y la muerte.
Que no sea tonto: que elija vida.

Niños, no juguéis con fuego. 
Y Fuego se quedó sin amigos...

Joder con los mosquitos!
Ponte repelente.
Madre mía, qué ingente cantidad de dípteros nematóceros.

Todos son juegos de palabras y, por tanto, contienen una transgresión: se toma la acepción inadecuada de una palabra polisémica. Por ejemplo, "repelente" es una sustancia que se usa para alejar a ciertos animales, como mosquitos; pero también es una persona que resulta desagradable por prepotente. En el chiste se aplica la segunda acepción, que no es adecuada en el contexto en cuestión. "Seguro" es tanto un producto que uno puede contratar (la garantía para un objeto en caso de daño) como una actitud (tener confianza en uno mismo). En el chiste se confunden ambas acepciones entre sí para crear la transgresión.

Por último, otra ventaja de esta noción de transgresión benigna es que permite explicar la capacidad del humor para lidiar con las situaciones traumáticas o el estrés. El humor es capaz de lograr este efecto transformando violaciones reales del funcionamiento normal del mundo en violaciones benignas. Por ejemplo, un moribundo puede bromear diciendo "por fin me libraré de que me interrumpan la siesta llamando para tratar de colocarme otra tarifa móvil". Groucho Marx quiso que en su epitafio pusiera: "disculpe que no me levante". O esta anécdota que cuenta un conocido psiquiatra:

Mamá, cuando mueras, ¿quieres que te enterremos o que te incineremos?
Luis, dame una sorpresa.

3, ¿POR QUÉ REÍMOS?

Al final de este apartado habremos entendido que (a) la risa cumple una función de cohesión social y que (b) es tan importante que ha quedado fijada en nuestra biología. Reírse es fundamental y lo llevamos en el equipamiento de serie. Toma ya. 

3.1. La risa es un pegamento social

Somos seres sociales. Esto ya lo sabemos bien porque ha aparecido en numerosos artículos. Nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir. Necesitamos agruparnos. Y para formar grupos hacen falta lazos emocionales, el pegamento que nos mantiene unidos. ¿Cómo se crean esos lazos? Pues mediante un mecanismo que los antropólogos llaman "acicalamiento" y que usamos todos los primates. 

Los otros primates, como los chimpancés, también se acicalan. En su caso, acicalarse consiste en que uno permanece quieto, sentado cómodamente, mientras el otro retira pelos y pieles muertas, suciedad y parásitos. El que es acicalado experimenta una liberación de endorfinas, se siente de maravilla. Y esa sensación lo vincula al acicalador. Entre los primates, pues, el acicalamiento no es un pasatiempo con el que rellenar las horas muertas; es una práctica crucial para construir y consolidar vínculos, que son la base del grupo, fuera del cual ningún individuo podría medrar. 

Pero esa forma de acicalamiento es muy poco eficiente. De hecho, los grupos primates no pasan nunca de 50 y los humanos formamos grupos de 150 amigos. Y 150 no es un número arbitrario: el análisis de las telecomunicaciones de las personas (a través de Facebook y de llamadas telefónicas) y de las comunidades cazadoras-recolectoras de hoy revela que es una cantidad regular, que tendemos a formar algún tipo de vínculo con hasta 150 de nuestros congéneres. Por supuesto, esos 150 se ordenan en capas y el vínculo es mayor con las personas de tu círculo más inmediato. El caso es que, sin dificultad, logramos conectar de algún modo con 150 amigos, cifra que triplica los apenas 50 de chimpancés, gorilas y orangutanes. Para alcanzar tales cotas, los humanos necesitamos un mecanismo más potente y más barato que pasar horas desparasitando al compañero. Ese mecanismo es la risa. Con la risa puedes contactar con muchas personas a la vez, no sólo con el sujeto al que le estás retirando las pieles muertas. Aparte, con la risa, emisor y receptor del cachondeo segregan endorfinas, mientras que en el acicalamiento animal sólo el desparasitado las libera. Para rematar, la liberación de endorfinas en emisor y receptor se sincroniza. O sea, no sólo entran en subidón, es que viven exactamente el mismo. Eso tiene un efecto cohesivo tremendo. 

Para ser justos, hay que decir que cantar y bailar juntos tiene el mismo efecto: sincroniza la experiencia de las dos partes y, por tanto, sirve también como pegamento social de gran potencia (algo que ya estudiamos en su momento). Una buena prueba del efecto cohesivo de risa y música es el resultado de un estudio sobre clubes de aficionados. El estudio siguió la historia de un montón de personas que se apuntaban por primera vez a grupos de distintos hobbies, como manualidades, pintura o decoración, que son actividades individuales, o canto, danza o risa, que son actividades que exigen compenetración. Los apuntados a estos últimos reportaban sentimientos de comunidad significativamente más altos. 

Muchas otras pruebas avalan la función social de la risa. En un estudio se pidió a los participantes que llevasen un "diario de risa". Es decir, se les solicitaba que anotasen en un cuaderno todas las veces que se reían, aclarando también el motivo de la risa y la situación en que se encontraban. Así, se ha podido comprobar que hay una proporción 30:1 entre reírse con otras personas o hacerlo a solas. Vaya, que rara vez nos reímos nosotros solos, simplemente pensando en chorradas; mayoritariamente, necesitamos que haya al menos otra persona (aunque esté en la televisión) compartiendo el cachondeo. 

En otro estudio se grabaron horas de conversaciones naturales entre los alumnos de cierta universidad. En esas conversaciones se identificaron 1200 episodios de risa. Y se examinó el motivo de esas risas. En una mayoría aplastante de las veces, la risa respondía a situaciones o bromas espontáneas, no a chistes o juegos de palabras prefabricados. Dicho de otro modo, la risa nace de la situación que estás viviendo con tus interlocutores, de compartir, y no tanto de la comedia propiamente dicha.

Hay evidencias de que la risa tiene un papel clave en las relaciones de pareja. En un estudio se junta a pares de individuos (un chico y una chica) y se los pone a conversar un rato. Se graba y se analiza la conversación. Se observa que las chicas ríen más (un 125% más que ellos), mientras que ellos son más bromistas, son preferentemente quienes hacen la gracia que motiva la risa. 

Otro estudio con método parecido. Juntas un chico y una chica que no se conocen y los pones a conversar un rato. Al terminar, les pides que juzguen cuán atractivo les ha parecido el compañero. Al analizar los datos, se observa que cuanto más se ríe una mujer durante la conversación, más atractivo encuentra a su compañero después. Y cuanto más se ríe la chica, más atractiva la encuentran ellos. En fin, la clave para gustarse es que la chica se ría. Un respaldo a esta conclusión procede de otro estudio, en que se analizaron miles de anuncios de contactos. Ellas mencionan sistemáticamente que buscan alguien que las haga reír; ellos, alguien que se ría. Y para rematar, en las encuestas, las parejas que reportan mayor calidad en su relación son también las que más ríen.

En conclusión, necesitamos un pegamento con el que vincularnos para formar grupos en los que prosperar como especie; pero desparasitarnos, como hacen otros primates, resulta poco eficiente. La risa se revela como un pegamento social formidable: dispara endorfinas y proporciona placer de una sola vez a todos los implicados en el cachondeo, que además tienen una experiencia idéntica de diversión y entonces se sienten en perfecta comunión. De hecho, nos reímos 30 veces más con otros que a solas, y los graciosos y las risueñas nos resultan más atractivos, circunstancias ambas que enfatizan a las claras la naturaleza social de la risa.

3.2. La risa está inscrita en nuestra biología

Por el apartado anterior sabemos que la risa juega un rol crucial: fomenta la cohesión social. Y por artículos anteriores, sabemos que las habilidades y rasgos que cumplen una función crítica para la supervivencia, quedan codificados en nuestra biología. Son tan críticos, pues, que no se pueden dejar en manos del aprendizaje; hay que fijarlos en la herencia, hacerlos formar parte del equipamiento de serie. ¿La risa está en nuestro equipamiento de serie? ¿Hemos nacido para el humor? Voy a argumentar que sí.

Para empezar, la risa es universal: aparece en todos los grupos humanos y con la misma forma, vocalizaciones tipo ja-ja-ja o jo-jo-jo. Hay emociones como el orgullo, la venganza o la admiración que también se dan en todas las culturas. Sin embargo, su manifestación varía de cultura a cultura. Un par de ejemplos. Los Himba de Namibia dicen ay-ay-ay para demostrar celebración y los búlgaros mueven la cabeza de arriba abajo para decir que no. Ahora, la risa es un lenguaje universal. Puedes plantarte en medio de Namibia, de Siberia o de Papúa Nueva Guinea, ponerte a reír y todos reirán contigo; y viceversa. 

Por otro lado, la risa no se aprende, nacemos sabiendo reír. Los bebés (los ciegos también!) sonríen espontáneamente desde el nacimiento. Y a los tres meses ya se ríen abiertamente como respuesta a juguetes que hacen ruidos extraños o juegos del tipo cu-cu-trás (una prueba fehaciente aquí). Por cierto, no es casual que a los bebés les hagan gracia los ruidos sorpresivos o los juegos donde algo desaparece y aparece repentinamente: de nuevo, se trata de romper el estado normal de las cosas, como aprendimos de la teoría de la transgresión benigna.

Más argumentos: la risa tiene circuitos específicos en el cerebro. En el humor verbal (chiste, monólogo) interviene el lenguaje y, por consiguiente, las áreas cerebrales del lenguaje. Pero el humor es mucho más que un chiste; nos reímos, por ejemplo, también con una escena cómica o con las cosquillas. De hecho, un ictus te puede dejar sin habla y, sin embargo, seguirás riendo y llorando. 

Esos circuitos encargados en la generación de la risa son también los responsables de detectar risa. Y esto explica por qué la risa es contagiosa. Está documentado un suceso que parece increíble. En 1962 en una escuela de Tanzania un buen día un par de alumnas se pusieron a reír y no podían parar. Fue lo que comúnmente llamamos "un ataque de risa". Pues bien, al día siguiente volvieron a la escuela y el ataque comenzó otra vez y entonces se propagó por todo el aula, primero, y por toda la escuela, después. Y se mantuvo durante días y días, forzando el cierre temporal de la escuela. La "epidemia de risa" se expandió por todo África central, llegando a afectar a más de mil personas, según los registros. También son muy conocidas las "risas enlatadas" de la televisión; son artificiales, sí, pero funcionan. Todo ello demuestra lo enraizada que está la risa en nuestro cerebro: es controlada por circuitos especializados nada más que en eso, en descoyuntarte la mandíbula y hacerte saltar las lágrimas y darte dolor de barriga. 

Es curioso que los humanos no somos únicos en esto de partirnos la caja. Otros animales se ríen también (por si tenéis alguna duda: mirad a este bebé gorila meándose de la risa). Pero, atención, los animales que se ríen son también los que juegan durante toda su vida. Risa y juego, pues, podrían estar conectados. No es descabellado. Entre otras cosas, el juego sirve para pacificar, para quitar hierro a las cosas, para hacer cosas prohibidas o delicadas pero sin desatar conflicto. Te pego un guantazo, te tiro al suelo, hago alarde de mi superioridad y no hay conflicto porque "hey, estamos jugando". La risa y el juego podrían ser resultado de una selección de la afabilidad (especulamos con estas ideas cuando hablamos de los perros): sólo los individuos más tolerantes, menos agresivos, se reproducen, dando lugar a versiones más amistosas de la especie. Y esa presión por la afabilidad incorpora otros cambios, pues los rasgos físicos y psicológicos van en paquetes controlados por los mismos genes (como aprendimos por los experimentos con los zorros de Siberia). En fin, los más afables, menos huraños y agresivos, tienen ventaja reproductiva; la afabilidad prospera y, como va combinada con otros rasgos, cosas como el juego y la risa prosperan también. El resultado son especies animales, como el humano o el gorila, que se ríen y juegan a lo largo de toda su vida. 

3.3. Resumen: nacidos para troncharnos

Sonreímos desde recién nacidos y nos reímos a carcajadas a la tierna edad de tres meses. Nadie nos lo enseña. Y si un daño cerebral nos quita el habla, la risa sigue intacta. Esto revela que tenemos circuitos neuronales específicos que controlan la risa. No en vano, la risa aparece en todos los grupos humanos y, importante, bajo el mismo formato: ja-ja-ja. Si es parte de nuestra biología, será entonces que cumple una función vital. En efecto: la risa fomenta la cohesión social y lo hace creando colocones sincronizados de endorfinas en quienes participan en el cachondeo, lo que les brinda un sentimiento de comunión fuerte e instantáneo. De hecho, el humor es clave para formar y mantener parejas y la risa rara vez aparece estando a solas. 

4, ¿ES LA RISA UNA MEDICINA?

Todos hemos oído eso de que reírse mucho te hace vivir más años. Y tiene mucho sentido pues, pasada la fase de euforia inicial, la risa nos sume en un estado de relajación, la presión sanguínea baja y proliferan leucocitos y linfocitos, claves para el sistema inmune. De hecho, los estudios reflejan cierta asociación entre risa y longevidad. Lo que pasa es que es difícil disociar la risa de (a) contacto social (pues, como hemos dicho, nos reímos estando con otros) o de (b) optimismo (se ríen más quienes tienen más sentido del humor, pero eso es también capacidad para enfrentar los problemas con serenidad, tesón y esperanza).

Ahora bien, su capacidad para aliviar el dolor es indiscutible. Por ejemplo, en un estudio en pacientes que habían sufrido una cirugía se vio que a quienes se les ponía una comedia pedían menos analgésicos que a quienes se les ponía un drama. En otro estudio se sometió a los participantes a una situación incómoda (apretarles muy fuerte la mano con una pinza) y quienes habían visto una comedia o quienes habían practicado relajación toleraban luego mejor ese disconfort que quienes habían visto una historia neutra. En otro estudio te ponen el vídeo de una catástrofe muy grave y luego te piden que cuentes lo que has visto en distintas claves; si lo cuentas en clave de humor, reportas haberlo hecho con menos tensión y disgusto. Por último, un hallazgo muy loco pero extensamente documentado: si haces cosquillas a las ratas de laboratorio, luego toleran mejor situaciones de estrés, demuestran menos ansiedad cuando las coges y se muestran más juguetonas. 

En fin, la risa en sí misma quizá no te hace vivir más pero, desde luego, sienta estupendamente y alivia el dolor y la tensión hasta en las ratas! Y como la risa se produce mayoritariamente en compañía y el contacto social es el factor más decisivo en tu salud y tu longevidad, harás muy bien en estar de cachondeo con los amigos. 

CONCLUSIÓN

Nunca imaginaste que se podía considerar el humor de una forma tan seria y, mucho menos, que ello no le haría perder ni una pizca de su gracia. Pero ahora ya lo sabes: reírse no sólo sienta de maravilla, porque combina megasubidón inicial con profundo relax posterior; es además un mecanismo básico para crear vínculos entre nosotros, porque las endorfinas que segregamos sincronizadamente nos sumen en un auténtico colocón social. Qué cosa tan bonita: reírnos juntos para querernos más!

Y estaba pensando... Aparte de haceros reflexionar sobre las cosas, yo siempre intento sacaros una sonrisa; si lo he conseguido, ¿entonces es que ya nos queremos mogollón y reina el amor entre nosotros? Bueno, os riáis o no conmigo, yo ya os quiero por tener la paciencia de entrar cada viernes en esta cabeza loca mía, que es un torbellino de ideas. ;)



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