El perro es un animal único. Puede pareceros una afirmación excesiva y poco objetiva, viniendo de un amante declarado de los perros... Pero no: el perro es un animal único de verdad, y hoy voy a demostrar por qué, atendiendo a la ciencia más reciente. Comprenderemos que el perro es único porque (a) fue moldeado por nosotros, a través de un proceso de domesticación, (b) para aprovechar sus extraordinarias capacidades a nuestro favor y (c) el resultado es la especie con mayor inteligencia social del reino animal después del ser humano y por encima del chimpancé, nuestro pariente más cercano. Gracias a sus increíbles habilidades comunicativas, el perro sabe lo que queremos y nos lo brinda encantado. Y ¿cuáles son esos servicios que nos brinda tan alegremente? Pues tareas que, incluso hoy, en la era del Internet, los algoritmos, los robots, el bluetooth y los drones, nada ni nadie más puede realizar tan bien: detectar explosivos, localizar desaparecidos, rescatar accidentados, predecir ataques de epilepsia e hiperglucemias, detectar cáncer, proteger nuestros rebaños, cazar liebres, guiar a personas ciegas, acompañar a ancianos... y, por supuesto, darnos amistad incondicional y contagiarnos de su entusiasmo incombustible! No en vano, hay 500 millones de perros en el mundo, hay uno en uno de cada diez hogares españoles, existen más de 300 razas reconocidas y nos acompañan desde hace más de 20 mil años, antes incluso que la agricultura y la ganadería y mucho antes del comercio y la industria. Y hasta hay toda una colección de estatuas en homenaje a los perros por todo el globo, incluyendo la de Hachiko en la estación Shibuya de Tokio, la de Puppy a la puerta del Guggenheim de Bilbao o la del perro de aguas en Santoña, Cantabria. Quizás no eres perruno en absoluto; no hay problema: te aseguro que al final de la lectura, este bicho peludo, de orejas grandes y de hocico apuntado, te va a parecer fascinante. Ésta es la maravillosa historia del perro.
En concreto, hoy vamos a responder a las siguientes cuatro cuestiones. Primero, ¿cuáles son las capacidades extraordinarias del perro? Aquí expondremos someramente las que todos (perrunos y no perrunos) conocemos, como su gran vitalidad o su excelente olfato. Segundo, ¿qué capacidad excepcional posee y que está en la cima del mundo animal sólo por debajo del ser humano? Aquí hablaremos de algo menos obvio pero que quienes tenemos perro sabemos muy bien, y que además la ciencia más puntera está confirmando: los perros son capaces de leer nuestra mente. Tercero, ¿qué tareas sólo el perro puede realizar gracias a esas capacidades extraordinarias? Aquí haremos una recopilación exhaustiva y actualizada de las tareas que ni la máquina más sofisticada puede llevar a cabo aparte del perro. Por último, ¿cuál es el origen de la inteligencia social del perro? Aquí plantearemos tres posibles explicaciones de la magnífica habilidad comunicativa del perro y las discutiremos para acabar descartando dos (herencia lobera y aculturación) y quedándonos con una: la hipótesis de la domesticación.
1, ¿CUÁLES SON LAS EXTRAORDINARIAS CAPACIDADES DEL PERRO?
El canis lupus familiaris, más conocido como perro, tiene múltiples capacidades, que además ha desarrollado hasta niveles de récord. Es rápido, resistente, ágil, potente y fuerte; y, por supuesto, tiene un olfato sublime. Hagamos un repaso somero por todas ellas.
Es rápido. El top cinco de los animales terrestres más rápidos lo componen (1) los felinos, como el guepardo, (2) los antílopes, como la gacela, (3) el caballo, (4) la liebre y (5) los cánidos, como el coyote, la hiena o, en un lugar destacado, el galgo. Cualquier perro puede alcanzar los 40 ó 50 km/h. No está nada mal: adelantarían a un repartidor en scooter. Pero el galgo, atención, llega a los 72 km/h, superando incluso al caballo. Tienes un avión a reacción en tu salón!
Es resistente. La carrera Iditarod cruza Alaska de cabo a rabo. Recorre más de 1500 kilómetros de sur a norte, conectando las ciudades de Anchorage y Nome y rememorando así el camino que un equipo de mushers hizo en 1925 para llevar un antídoto que lograría salvar a los niños de Nome de morir de difteria. Los competidores de la carrera Iditarod realizan el recorrido en trineos tirados por 16 perros huskies y otras razas nórdicas. Los perros corren más de 100 kilómetros al día durante dos semanas sin interrupción y manteniendo velocidades de unos 20 km/h. Lo hacen enfrentando ventiscas, frío, nieve y terreno irregular y resbaladizo. Y no sólo conservan el aliento, también la sonrisa!
Es ágil. Si alguna vez has visto una prueba de agility, habrás podido constatar la versatilidad del perro. Suben rampas inclinadas, caminan sobre listones estrechos, atraviesan tuberías, cruzan hileras de estacas en eslalon y saltan a través de aros. Lo hacen a la velocidad del rayo, con la precisión de un reloj suizo y con la elegancia de una bailarina. Y siempre quieren más! También sé de una mestiza de beagle en Santander que escala alambradas... Y fantaseando un poco, creo que si le pones un gato o cualquier alimaña delante, mi pastora belga malinois escalaría el Everest con la soltura de un tigre de las nieves (a mi mestizo de labrador seguramente habría que ponerle, por lo menos, una buena ristra de salchichas para lograr un resultado mucho más modesto... ).
Es potente. Consideremos la prueba de salto vertical. Existen competiciones con perros de presa (que son perros muy musculosos) en las que se les plantean varias pruebas. En una de ellas se coloca un objeto en lo alto de un muro para que el perro lo alcance. Se les permite tomar una carrerilla de apenas un par de metros. A la de tres, esprintan hasta la base del muro y pegan un bote tremendo para trincar el objeto. Alcanzan alturas superiores a los cuatro metros! Son auténticos muelles.
Es fuerte. En esas mismas competiciones con perros de presa hay una prueba de arrastre. Se le coloca al perro un arnés enganchado a un coche. El amo se coloca frente al perro, a unos metros de distancia. Entonces, simplemente, lo llama para que acuda. El perro tira y tira con ganas y así logra arrastrar los más de 1000 kilos que pesa el susodicho trasto! Lo divertido del asunto es que la única (pero poderosa) motivación del perro es reencontrarse con su amo; llevar encima una carga de una tonelada parece no importarle mucho...
Su olfato es sublime, como es bien sabido. Aunque lo cierto es que no es el animal con la nariz más potente; ese puesto lo ostenta el elefante africano. En todo caso, el perro está en el top diez, junto con los elefantes, los ratones o los caballos, según un estudio que contabilizó los receptores olfativos de decenas de especies animales. Sea como sea, la capacidad olfativa del perro le permite hacer cosas tan alucinantes como las que os voy a contar. Al equipo nacional de rescate del Reino Unido se le ocurrió un experimento: hundir una caja con carne podrida en medio de un lago. El lago mide un kilómetro de largo y medio de ancho. El perro sube a una balsa que va peinando la superficie del lago. En determinado punto, el perro se pone a ladrar excitado. Los técnicos observan entonces el GPS para comprobar si ha acertado. Y sí: ha detectado la caja de carne podrida bajo una capa de 10 metros de agua y barro!
Y existe una hipótesis que establece que los perros miden el tiempo que pasamos fuera según el declive de nuestro olor. ¿Qué? Veamos. Todos tenemos un olor particular e impregnamos con dicho olor las cosas con las que entramos en contacto. Tras el contacto, nuestro "aroma personal" se va desvaneciendo poco a poco hasta desaparecer. Todos los que tenemos perro hemos observado que 15 minutos antes de que llegue un compañero a casa tras su jornada laboral, el perro ya "sabe" que dicho compañero está por llegar. El perro se muestra algo excitado, se acerca a la puerta, se queda sentado en el recibidor y cosas así. La cuestión es cómo el perro nota que la persona está por llegar. Una hipótesis es que perciben cómo el olor de la persona se va desvaneciendo de la casa y, alcanzado cierto punto de decaimiento, sienten que ha llegado el momento de que ese olor "se renueve" con la presencia de la persona. Vaya, que cuando la casa ya no huele a ti, te esperan impacientemente. Una prueba a favor de la hipótesis es que si renuevas tu olor en la casa unos minutos antes de llegar (por ejemplo, una persona deposita prendas recién usadas por ti en varios puntos de la casa una hora antes de tu llegada), el perro ya no se inquieta ni se acerca a la puerta ni nada de lo que suele hacer en vísperas de tu regreso.
Olfato, velocidad, resistencia, agilidad, fuerza... son todas ellas cualidades magníficas, pero lo más extraordinario, porque no tiene parangón en el mundo animal, es la inteligencia social del perro. A esto dedicamos el siguiente apartado.
2, ¿SABE EL PERRO LEER NUESTRA MENTE?
Las anteriores son capacidades que todo el mundo, sea o no aficionado a los perretes, puede reconocer, especialmente el olfato. Sin embargo, el perro tiene algo que es menos evidente y que solamente quienes conviven con uno han podido advertir: el perro parece saber lo que queremos y lo que necesitamos, el perro parece leer nuestra mente. Bien, pues no sólo "lo parece" sino que es así, tal como está poniendo de manifiesto la ciencia más avanzada. Vamos a verlo.
2.1. El perro deduce estados mentales a partir de gestos
Para empezar, el perro sabe entender nuestra comunicación no-verbal: saben lo que tenemos en la cabeza a partir de nuestros gestos. Un test muy sencillo. Escondes comida en un contenedor opaco e inodoro y lo colocas junto a otros tantos de aspecto idéntico. Así, encontrar el contenedor con premio es una cuestión de mero azar, puesto que se ha bloqueado toda clave sensorial que permita localizarlo. Bien, ahora señala el contenedor bueno con el dedo: el perro elegirá ése sistemáticamente (o sea, lo hará por encima de lo esperable por azar). Y puedes repetir la prueba señalando con la cabeza o con la mirada: el resultado es idéntico. Así pues, el perro se sirve de nuestros gestos de señalamiento (con el dedo, la cabeza o la mirada) para resolver la tarea. Dicho de otro modo, el perro sabe interpretar nuestras señales. Hay que tener en cuenta que un chimpancé falla miserablemente en esta misma prueba: nuestras señales no significan nada para él y entonces busca aleatoriamente.
En otro experimento el investigador lanza la pelota al perro e, inmediatamente después, se gira dándole la espalda. Bien, el perro gira hasta mirarle de frente y, entonces sí, devolverle la pelota. El perro siempre buscará tu cara para entregarte la pelota: sabe que necesitas verla con tus ojos para poder recogerla y tirarla otra vez.
Un experimento parecido: llenas un cuenco con comida y le haces saber al perro que está prohibido comer de ahí. Si ve que estás vigilando, se inhibe de comer; si miras a otro lado, aprovecha para trincar lo que pueda. La clave está en tu mirada. Pero, cuidado, esto no es algo menor, pues revela que los perros comprenden principios mentales básicos: saben que no puedes detectar el hurto (ni recoger una pelota) si no lo ves con tus ojos. Una vez más, hay que decir que los chimpancés actúan de manera distinta en la misma situación: comen les mires o no.
Los experimentos muestran que los perros pueden distinguir expresiones faciales de alegría y de tristeza. En una primera fase se entrena al perro para que las distinga en su adiestrador. El adiestrador pone cara alegre y cuando el perro emite cierta respuesta (por ejemplo, se sienta), le da una chuche. Luego pone cara triste y cuando el perro emite otra respuesta (por ejemplo, se tumba), le da una chuche. Repite el ejercicio hasta que la respuesta del perro es consistente. Pasamos a la fase de prueba: se le muestran al perro imágenes de caras de personas desconocidas expresando alegría o tristeza. El perro responde bien, se sienta en las alegres y se tumba en las tristes, lo que significa que ha aprendido los rasgos esenciales de la expresión emocional, no la cara particular que pone su adiestrador. Otra vez más hay que insistir en que esto es muy sofisticado: los rasgos que denotan emociones específicas son muy sutiles y varían bastante de persona a persona.
La ciencia confirma también la creencia popular de que los perros "huelen tu miedo". ¿Quién no ha presenciado esa escena en la que una persona con fobia a los perros ve cómo un can se le acerca y un tercero le aconseja entonces que "no muestre su miedo porque así es como le morderán"? En un estudio se hizo una encuesta a gran escala, entrevistando a casi 700 personas. La entrevista incluía dos partes: por un lado, había que indicar si alguna vez habías sido mordido por un perro; por otro lado, había que rellenar un test sobre tu personalidad. Se encontró una asociación entre rasgos de ansiedad y ataques perrunos.
2.2. Busca específicamente nuestra cara y nuestra mirada
Así que el perro lee nuestras señales. Para eso, claro está, antes necesita verlas. ¿En qué pistas se basan para leernos? En estudios con eye-tracker, que es un aparato que registra los movimientos oculares, se ha descubierto cómo los perros examinan nuestros rostros. Miran sistemáticamente al lado derecho de la cara, pues es el lado más informativo, en el que se reflejan mejor nuestras expresiones faciales. Los humanos lo hacemos exactamente igual cuando tenemos una cara delante.
En este sentido, otro interesante hallazgo es que los perros prefieren comer de tu mano cuando muestras tu cara y ojos más que si llevas la cabeza cubierta por un pasamontañas. Como habréis anticipado, al chimpancé le importa un bledo que le des la comida a cara descubierta, con una careta de carnaval o vestido de faralaes, siempre y cuando obtengan comida.
2.3. Se ayuda de nosotros para resolver situaciones nuevas
Por otro lado, los estudios muestran también que los perros se apoyan en nosotros para interpretar o resolver situaciones nuevas. En un experimento ingenioso se prepara la situación para que te encuentres con un extraño mientras paseas al perro; el extraño interactúa un momento contigo y la interacción puede acabar bien en disputa o bien en paz. Luego el extraño intenta darle una chuche al perro. Vale, pues si el extraño se portó mal contigo, no la aceptarán, mientas que si el extraño fue amable, tomarán la chuche encantados. Así que, usan tu comportamiento con el extraño como referencia para saber si la persona es o no de fiar.
En otro experimento se coloca comida dentro de una caja transparente. En una primera ronda, se prepara el tinglado para que tirando de una cuerda, el perro pueda acceder a la comida. En una segunda ronda, la cuerda es más corta y resulta imposible sacar la comida. Al menor indicio de bloqueo, el perro busca inmediatamente al humano para obtener ayuda. El chimpancé, en cambio, se queda enredado intentando buscar la solución por cualquier otro medio.
Yo mismo tengo una experiencia parecida. A ver si os pasa también. Vamos caminando por una zona despejada; el monte, por ejemplo. Los perros van sin correa y, por tanto, tienen libertad de movimiento. En cierto momento, llegamos a un cruce de caminos, un punto en el que cabe tirar para acá, para allá o para más allá. Si algún perro iba adelantado y llega al cruce antes que yo, espera sistemáticamente a que yo llegue y espera buscando mi mirada. Cuando mi mirada y mi posición corporal le sugieren, por fin, el camino que quiero seguir, es entonces cuando continúa caminando. Pero nunca antes.
Los perros nos usan también de plataforma en situaciones sociales nuevas. En el experimento se expone al perro a un desconocido mientras el amo permanece en la escena también. Si el encuentro con el extraño se produce en un entorno familiar, en la casa donde vive el perro, éste no tendrá reservas en acercarse al extraño y examinarlo. Si el encuentro con el extraño se produce en un entorno extraño también, el perro permanece junto a su amo. O sea, en situaciones de seguridad, el perro explora libremente; en situaciones ambiguas, prefiere refugiarse en nosotros.
2.4. Los perros se leen entre ellos también
Hemos visto un buen montón de pruebas de que el perro sabe entender lo que pensamos y sentimos los humanos pero ¿saben leerse también entre ellos? Contesto de dos maneras, primero remitiendo a mi experiencia observando sus juegos y, después, acudiendo una vez más a la ciencia.
Mis perros (os aclaro: una malinois, de 25 kilos y energía para parar un tren, y un mestizo de labrador, de 40 kilos y apetito para comerse el menú de todo un regimiento de una tacada) tienen muchos juegos, cuatro de los cuales son dignos de analizar. Uno es aprovechar donde hay arbustos o columnas, esconderse y esperar a que llegue el otro para entonces sorprenderle, salir pitando y que te persiga. Otro es encontrar algún objeto atractivo, como una pelota de tenis extraviada o un balón de fútbol pinchado y abandonado, y entonces cogerlo y hacer muchos aspavientos, tratando de llamar la atención del otro para que te persiga intentando robártelo. Otro más es la lucha. Se trata de usar todos tus recursos (amenazas, mordiscos, patadas y empujones) para intentar tumbar al otro mientras intentas que el otro no te tumbe a ti. El último es el tira y afloja. Se trata de encontrar un objeto que haga las veces de cuerda, como una camiseta vieja hecha jirones, un calcetín o un trozo de manguera, y entonces tirar de un extremo para llevarte el objeto entero y evitar que el otro, que tira del extremo opuesto, se lo lleve él. Pues bien, todos ellos revelan empatía, es decir, comprensión de la mente del compañero.
En el juego del escondite, el perro escondido sabe que el otro no se espera el susto, porque no puede verlo detrás del arbusto o la columna. O sea, el escondido adopta la perspectiva del otro para predecir que se llevará una sorpresa y que la excitación resultante será motivo suficiente para iniciar el pilla-pilla posterior, tan divertido.
En el juego de tentar al otro con el objeto atractivo se evidencia empatía también. El perro que menea el objeto, tratando de llamar la atención del otro, intuye que el objeto en cuestión va a ser atractivo para el otro. Y cabe pensar que es así porque sólo ciertos objetos especiales suscitan este comportamiento, no vale cualquier mierda. De algún modo, los perros manejan un concepto de lo que puede ser un "objeto llamativo" en el mundo perruno.
En el juego de lucha hay un sentido de la dignidad. ¿En qué me baso para afirmar esto? Pues en dos cosas. Mi perra tiene más nervio que el perro, tiene una fuerza comparable a la del perro pero más velocidad y destreza. Eso hace que sea la ganadora la mayoría de las veces, la que logra derribar al otro. Sólo algunas veces élla es la que acaba con los morros en el suelo y, cuando pasa esto, se revuelve con toda su rabia para recomponerse enseguida. Es como si no soportara perder porque es una humillación para una perra de su nivel. Por otra parte, aunque el perro suele perder, no acepta cualquier derrota. Si la perra ha sido particularmente violenta o, digamos, lo ha derribado a traición, entonces es él el que se revuelve. De nuevo, es como si se sintiera indignado y quisiera reclamar un mínimo respeto.
En el juego del tira y afloja se da esa misma dinámica. También aquí perder es una especie de humillación. Y no se acepta bien la derrota si no "se han cumplido las reglas del juego". Es como si tuviesen un código tácito de conducta.
Eso eran mis especulaciones sobre la empatía entre perros. Pero ¿lo respalda la ciencia? Parece que sí. En un experimento se coloca a dos perros en jaulas contiguas. En ambas jaulas hay un comedero. En una sola de las jaulas hay una palanca. Resulta que si el perro que se encuentra en esta jaula pulsa la palanca, proporciona comida al compañero. Cuando demuestra esa "generosidad", el perro alimentador recibe un premio también. Ahora bien, ¿sigue obsequiando al otro si él no recibe recompensa ya? Pues aquí está lo interesante: si el otro perro es desconocido, no le proporciona comida si él no va a ser recompensado por ese gesto; pero si el otro perro es compañero de juegos, está encantado de alimentarlo aún cuando él no va a recibir nada.
2.5. Expresan lo que quieren asegurándose de que lo captamos
Hemos recogido toda una retahíla de habilidades comunicativas del perro, pero todas tenían que ver con comprender la mente del otro. Y ¿qué hay de expresar lo que tienen en su cabeza? Pues en esto también son unos campeones. La investigación ha identificado hasta 19 conductas no-verbales para expresar deseos y estados de ánimo. Una de estas conductas es hacer unos ladridos pequeñitos mientras "dan golpes" con una de las patas delanteras. Significa "dame de comer". Es como los niños que golpean la mesa con cuchillo y tenedor diciendo "queremos comer, queremos comer". Otra es dar brincos enérgicos hasta poner su cara a la altura de la tuya y repetirlo en bucle. Significa "quiero jugar". Y ¿qué me decís de cuando se colocan junto a la ventana o la puerta y mueven el rabo? Es un "sácame a pasear" clarísimo.
La clave de estas conductas comunicativas es que en todas hay cruce de miradas. Me explico. Todas las conductas tienen un mismo fin: "haz algo por mí"; es lo que se llama función imperativa, que difiere de la declarativa, cuyo fin es compartir una impresión o un pensamiento (por ejemplo, "mira cómo mola esto" o "me gusta"). Por supuesto, la función declarativa es más sofisticada y sólo la alcanzan los humanos a partir de los 12 meses (mientras que la imperativa aparece ya a los 9). En todo caso, la comunicación requiere que el emisor se asegure de que el receptor está atendiendo, algo que el primero logra mirando al segundo a la cara. Si quiero que hagas algo por mí y te lo hago saber a través de gestos pero no compruebo que me estás atendiendo, entonces te uso como un instrumento. Pero si sí te miro para asegurar que me atiendes, entonces te estoy atribuyendo una "mente", pues entiendo que si no me ves pedirte lo que te pido, no me lo podrás dar. Vale, pues los niños con trastorno de espectro autista o los chimpancés piden pero sin comprobar que atiendes; te usan como instrumento. Los perros, y aquí viene la cosa, sí comprueban, lo que implica una verdadera comunicación.
Otro descubrimiento, que es consistente con lo que acabamos de explicar, es que el repertorio de expresiones faciales de los perros es mayor cuando les miramos. En un experimento se registró la frecuencia y la amplitud de movimientos faciales de los perros en dos circunstancias, cuando los miramos directamente y cuando no. Así comprobaron que nuestros perretes "hacen más monerías" cuando saben que les prestamos atención.
Como habréis anticipado, los perros también emiten ladridos específicos para expresar distintas emociones. Un estudio identificó seis tipos de ladridos, según su intensidad (más o menos volumen), frecuencia (más o menos rápidos) y tono (más o menos agudo), que expresan cosas como amenaza, ansiedad o juego. Es interesante porque entre ellos no necesitan emplear ladridos para entenderse: los lobos no ladran. Por tanto, deben de haberlo desarrollado para "hablarnos". El mismo estudio encontró que los humanos reconocemos los diferentes ladridos con bastante precisión.
2.6. Su cerebro social funciona como el nuestro
Recapitulando, hemos aprendido que los perros saben leer nuestra mente, que siguen nuestras señales para encontrar comida, que reconocen expresiones faciales de alegría y tristeza o que entienden que sólo puedes ver si miras el objeto en cuestión con tus propios ojos; hemos aprendido que para captar esos gestos y acceder a lo que pensamos han de fijarse específicamente en determinadas claves, como la parte derecha de nuestra cara, y por eso prefieren al humano que va a cara descubierta que al que se esconde tras un pasamontañas; hemos visto también que se basan en nuestro criterio para resolver situaciones nuevas, como decidir cómo tratar a un personaje extraño o alcanzar una comida cuyo mecanismo de acceso ha dejado de funcionar; hemos aprendido que los compañeros de juegos empatizan y se cuidan mutuamente; hemos aprendido, por fin, que los perros también comunican sus deseos a través de la función imperativa. Y todo procede de estudios donde se analiza el comportamiento del perro en situaciones preparadas. La cuestión ahora, para rizar aún más el rizo, es si el estudio del cerebro canino lo corrobora. Vamos a descubrir que así es.
Un par de laboratorios en el mundo han tenido la paciencia suficiente como para entrenar a perros para tolerar un escáner en una máquina de fMRI. fMRI son las siglas en inglés de "imagen funcional por resonancia magnética". No sé si alguno os habéis hecho una resonancia. Ocurre que (1) hay que subir unas escaleras para entrar en el tubo, (2) permanecer allí que es un sitio frío y oscuro, (3) aguantar sin moverse todo el rato que dura el escáner y (4) soportar sin sobresalto los ruidos atronadores que hace la puñetera máquina (y que parecen más una sala de tortura que de diagnóstico... ). Hay que entrenar al perro para que realice los pasos (1), (2), (3) y (4). Hecho eso, ahora sí, cabe tumbar al perro en el tubo y observar la actividad de su cerebro mientras se le expone a distintos estímulos.
¿Qué sabemos gracias a los estudios con fMRI? Cuando le haces el gesto de premio, se activa el núcleo accumbens del perro, que es el área cerebral de la recompensa, donde además abunda la dopamina, la hormona del placer. El núcleo accumbens funciona del mismo modo en los humanos (se activa también cuando te toca la lotería, cuando ganas un partido, cuando consigues un logro que te habías propuesto o cuando te metes un chute de cocaína... ). Si le acercas al perro una prenda con el olor de su amo, el mismo área se ilumina de nuevo: reencontrarse con nosotros es como una sobredosis de azúcar! Y se ilumina también cuando emitimos palabras de elogio, no importa cuáles, pero que tengan una entonación de celebración ("braaavo", "¡ésta es mi chica!"). Por otro lado, las palabras conocidas para el perro ("eso es", "muy bien") activan su lóbulo temporal izquierdo, que es también nuestro área del lenguaje, y las neutras ("todavía", "sin embargo") no tienen tal efecto; lo que revela que "comprenden" las palabras y no sólo el tono de voz. En fin, la actividad de su cerebro refleja que nos aman y que interpretan símbolos; y funciona de manera comparable al nuestro.
Otros estudios de neurociencia han evaluado el papel de la oxitocina, la hormona del amor, en esta habilidad comunicativa tan desarrollada de los perros. Se ha encontrado lo siguiente. Las concentraciones de oxitocina del perro aumentan sensiblemente cuando ven a su amo. Aparte, a mayor oxitocina, más miradas le dirigen al amo y más quieren estar junto a él. Pero es que además, el nivel de oxitocina del amo aumenta también al ver a su perro, dirigiéndole también más miradas y deseando más estar con él. Como era de esperar, se ha visto también una correlación entre los niveles de oxitocina de perro y amo. En fin, que vernos y tocarnos dispara nuestras respectivas concentraciones de oxitocina, que además estimulan la liberación de más oxitocina en el otro, que nos empuja a mirarnos y tocarnos más, lo que libera más oxitocina aún... Es el círculo virtuoso del amor: cuanto más te quiero, más te quiero!
2.8. Inteligencia social, mucha; manipulativa, menos
A tenor de todo lo anterior, el perro no sólo tiene capacidades asombrosas, como su velocidad, su agilidad o su gran olfato, tiene habilidades comunicativas excepcionales. De hecho, estas habilidades son sólo comparables a las del ser humano, pues el chimpancé, que es nuestro pariente más próximo, falla estrepitosamente en las mismas tareas comunicativas. Entonces, uno podría pensar que el perro es más inteligente que el chimpancé. Pero no: son inteligencias distintas. La inteligencia social es donde brillan nuestros amigos canes, pero en materia de razonamiento físico son mucho peores que los chimpancés.
En una prueba se expone al animal a un objeto en movimiento, pero su trayectoria está oculta y debe deducirla. Hay varios contenedores, todos ellos cubiertos con un panel opaco. Hay un experimentador que va caminando de contenedor en contenedor con un juguete y depositándolo en los distintos contenedores. En determinados momentos, se retiran los paneles y el perro debe dirigirse al contenedor correcto. El chimpancé deduce sin problema en dónde aparecerá el juguete; el perro es incapaz. En otro experimento hay dispuestas varias cuerdas alrededor de una jaula con premio dentro. Hay que tirar de una en concreto, evitando tocar las demás; de otro modo, es imposible levantar la jaula y acceder al premio. El chimpancé tarda un segundo en desentrañar la movida; el perro tira indiscriminadamente de las cuerdas, bloqueando el mecanismo y quedándose, muy a su pesar, a dos velas.
En fin, perros y chimpancés son ambos muy inteligentes, sí. Pero los chimpancés despuntan en lo que conocemos como inteligencia manipulativa, que tiene que ver con el mundo de los objetos, con usar ciertos objetos como herramientas para alcanzar otros objetos y con modificar los objetos para que sean mejores herramientas; mientras que los perros barren a todos los demás animales en el terreno de la inteligencia social, que tiene que ver con saber interpretar las conductas del otro para deducir lo que está pensando o sintiendo. En esto, tal como vengo insistiendo y estamos pudiendo comprobar, los perros son únicos.
3, ¿QUÉ TAREAS NADA MÁS EL PERRO PUEDE HACER?
Si he contado bien, a día de hoy hay 23 tareas que el perro hace maravillosamente; tanto, que ni la máquina más sofisticada las puede realizar con tanta eficacia y eficiencia. Esto es particularmente llamativo en los tiempos que corren, en que cada vez más robots y algoritmos realizan tareas de forma autónoma; tareas que van desde cosas sencillas, como registrar tu historial de búsqueda en Internet para mostrarte anuncios personalizados, hasta conducir un camión, repartir paquetería o cosechar un campo de varias hectáreas. Aparte, me atrevo a afirmar que las tareas caninas que vamos a ver enseguida seguirán siendo caninas por mucho tiempo... Como se dice en el ámbito de la ingeniería, "si algo funciona, no lo cambies".
Antes de comenzar el recorrido por esas 23 tareas que confiamos en exclusiva a los perros, hay que aclarar una cosa fundamental. Las tareas aprovechan las magníficas cualidades caninas, como el olfato, la agilidad o el poder de su mordida; pero ninguna tarea sería posible sin la inteligencia social del perro. A la postre, el elefante tiene mejor olfato que el can, el gato tiene más agilidad y el cocodrilo tiene la mordida más brutal, pero no puedes usar esos talentos a tu favor... los animales no cooperarían! La calve de las tareas que confiamos a los perros es, pues, que los perros ponen a nuestro servicio sus cualidades. Sean las más excelentes o no, el caso es que nos las brindan. Así pues, aunque ahora vamos a ver para qué pueden servir el olfato, la agilidad o la fuerza del perro, ninguna de esas cualidades sería "aprovechable" sin su colaboración; de manera que la inteligencia social del perro está también en la base de todo lo que sigue.
3.1. Tareas del campo
Un conjunto de tareas que los canes realizan a las mil maravillas tiene que ver con el campo. Dentro de esta categoría está el pastoreo. En Gales e Inglaterra se sigue utilizando el border collie (que se llama "border" precisamente por provenir de la "frontera" entre las dos naciones) para juntar a las ovejas que pastan libres en las laderas de los montes y conducirlas ordenadamente hasta otra zona de pastos. Es un verdadero espectáculo, como una coreografía que cada bailarín interpreta a la perfección.
Otra tarea de campo es la protección. Igual que se hizo siempre, en Castilla y León y otras regiones de España se emplean mastines para proteger a las ovejas de los lobos. Los mastines no son sólo grandes e imponentes, aparte tienen una tenacidad a prueba de bomba. De hecho, luchan hasta la muerte si hace falta para proteger al rebaño. También es un espectáculo verlos actuar: comienzan con ladridos de advertencia, luego se van a acercando al intruso y, por lo general, la advertencia resulta suficiente. Lo hacen parsimoniosamente pero con aplomo. Más de una vez yo he tenido que darme la vuelta en el monte, para evitar que la amenaza de los mastines fuese a mayores... Igual que el mastín y el perro de montaña del Pirineo en España, en Rumanía usan el pastor de los Cárpatos, en Turquía el Kangal, en Mongolia el bankhar, también está el dogo del Tíbet y así un largo etcétera.
Cazar y cobrar son otras dos tareas de campo. Hay perros, como el galgo, diseñados para cazar liebres. En esta familia están también el saluki, el lebrel afgano o el whippet. También es una delicia contemplarlos correr a la velocidad de un misil. Si lo haces a cámara lenta, puedes reparar en que levantan los cuatro pies del suelo dos veces por cada zancada. Junto con los guepardos, son el único animal que hace esto. Si has visto un galgo, también te habrá llamado la atención el contraste entre sus miembros, que son delgadísimos, y su caja torácica, que es muy voluminosa. Esa caja aloja unos pulmones grandes, necesarios para suministrar oxígeno a los músculos que trabajan a máxima intensidad durante la carrera. Otros perros, más corpulentos y con mandíbula poderosa, fueron diseñados para cazar animales grandes, como jabalíes. Un buen ejemplo es el dogo argentino. Y otros más, pequeños en este caso, fueron diseñados para cazar alimañas colándose por los lugares más recónditos. Tenían que ser perros muy vivaces y ágiles, para aguantar la persecución a una rata, lo suficientemente grandes y fuertes, para lograr reducir a su presa, pero lo suficientemente pequeños como para salir de madrigueras girándose sobre sí mismos. El mejor ejemplo de este grupo es el jack russell terrier.
Hay perros que participan en la caza pero con otros roles: el de rastrear la presa y el de cobrarla. Rastrear significa buscar las huellas que el animal fue dejando y que sólo la nariz y la agilidad del perro pueden seguir campo a través. Se piensa que las orejotas del bloodhound sirven para retener las partículas de olor junto a su nariz y que así las huela mejor. Una vez localizada la presa, será el turno del cazador. Cobrar sigue el sentido inverso: primero, el cazador dispara a la presa y, luego, manda al perro a buscarla. El perro debe sujetarla en la boca suavemente para no destrozarla. Y alcanzarla muchas veces implica salvar ríos y marismas. Ésa es la razón de que a los labradores les guste tanto el agua...
Una tarea de campo muy preciada es la localización de trufas. Se pagan miles de euros por un perro trufero. De nuevo, es importante que al localizarla, el perro no la destruya o se la coma. Y eso requiere un largo entrenamiento, que no todos superan y que explica el precio de estos perros en el mercado.
Por último, una tarea de campo muy común es la guarda. Es muy habitual que en las fincas y en las casas haya un perro guardián. A través de un ladrido firme avisa de si hay intrusos y también los disuade. El problema es cuando sacamos esta función de su ambiente natural: el resultado es el perro del quinto piso, que ladra sin parar día y noche para la desesperación de los vecinos... (de hecho, ésa es la razón de que yo no viva en un bajo con jardín: los vecinos acabarían por hacerme mobbing, hartos ya de los ladridos de mi perro de 40 kilos, que es un animal tan reactivo, que se asusta hasta de su sombra; y no es coña).
3.2. Tareas para los servicios y fuerzas especiales
Otro conjunto de tareas tiene que ver con servicios y fuerzas especiales. Y aquí entra la detección de explosivos y de drogas, la localización de personas tras catástrofes como derrumbes o atentados, el rescate en el mar, la defensa personal, rastrear criminales y rastrear personas desaparecidas. Una curiosidad: seguro que has visto muchas veces el término "K9" para referirse a los perros policías o impreso en correas, arneses y juguetes para perros y no sabes que significa... "canino". En inglés K9 se lee /kei/ y /náin/, que junto suena /kéinain/, igual que "canine" ("canino").
Una aplicación que nunca habríais imaginado se está implementando en la reserva Masái Mara de Kenia. La reserva alberga toda clase de vida salvaje, desde búfalos o gacelas hasta jirafas y rinocerontes. Todos son víctimas de los furtivos, que venden las piezas a coleccionistas sin escrúpulos. En China se pagan millonadas por el marfil del cuerno de rinoceronte (60 mil euros el kilo, para ser exactos), al que se atribuyen propiedades milagrosas. Un nuevo programa de la reserva se basa en el uso combinado de tres tipos de perros: unos detectan armas y marfil a la entrada y salida del parque, otros siguen el rastro que dejan los furtivos y otros más terminan la faena, reduciendo a los cacos. Otra vez más, no hay máquina que pueda detectar marfil, seguir el rastro de una persona durante días y kilómetros o atraparla y reducirla con eficacia total.
3.3. Tareas en el ámbito sanitario
Otro grupo de tareas caninas tiene que ver con la sanidad. Aquí entran tareas más conocidas, como la visita a niños hospitalizados, el acompañamiento a ancianos y la guía a personas ciegas, y otras muy novedosas, que merece la pena considerar un momento. Estoy seguro de que alguna os va a sorprender.
Cada vez más se usan perros para detectar problemas médicos. Uno es la hiperglucemia. Los diabéticos no segregan insulina, la hormona encargada de trasladar el exceso de glucosa del torrente sanguíneo a músculos e hígado. Si la glucosa no se retira, resulta tóxica. Pues bien, ya hay personas a las que se les entregan perros entrenados para detectar el exceso de glucosa en sangre y dar la alarma.
Los perros también detectan la inminencia de un ataque epiléptico de su amo. En un experimento se sometió a los perros a varias muestras de sudor de sus amos, una tomada en un momento de calor sofocante, otra durante una sesión de ejercicio y otra durante un ataque. Los perros distinguieron con precisión el sudor correspondiente al ataque. Aún se desconocen las moléculas concretas que lo identifican; el caso es que los perros las captan.
Respecto al cáncer, había experiencias puntuales de perros que habían mostrado un comportamiento singular ante la presencia de tumores en sus amos, que éstos desconocían y que lograron identificar gracias a las señales del perro. Ahora mismo hay múltiples programas de entrenamiento en marcha para refinar este "sexto sentido". Uno de los programas se lleva a cabo aquí mismo, en el Hospital de Valdecilla de Santander, a cargo de la asociación BioDogtor. Al final del adiestramiento los perros harán diagnóstico precoz de cáncer de colon y de pulmón con un índice de acierto del 80%. Nada mal para un bicho que no vale, ni de lejos, los 1,2 millones de euros de una máquina PET de tomografía. El cáncer tiene un metabolismo especial, sólo puede funcionar por vía fermentativa, no oxidativa, y eso crea una huella olorosa específica que nuestros amigos peludos perciben.
Otros usos innovadores de los canes son defensa de mujeres víctimas de maltrato, terapia para estrés postraumático y terapia en centros penitenciarios. A las mujeres víctimas de maltrato se les entrega un perro entrenado para aplacar al agresor a la orden. De ese modo, si el malnacido incumple la orden de alejamiento y se le ocurre acosar a la mujer, ésta no tiene más que lanzar la consigna y, en el acto, el perro se abalanza sobre el agresor y lo inmoviliza, dando tiempo a la mujer de avisar a las autoridades. El perro lleva un bozal especial para poder aplicar fuerza sin llegar a morder (una pena: estoy convencido de que mi malinois haría una gran labor trincando a esos cobardes de los c****es... ).
En algunos centros penitenciarios se está permitiendo a los internos cuidar de perros. Esto sirve para dos cosas: por un lado, reduce la ansiedad y el mal rollo, lo que a su vez reduce el riesgo de conflicto entre los internos; por otro lado, les da una responsabilidad, lo que ayuda a estructurar el tiempo y a ganar en autoestima.
Por fin, otro uso novedoso es la ayuda a personas con estrés postraumático. En este caso, se trata de ayudar a la persona a salir a la calle, en primer lugar, y, más adelante, a enfrentar las situaciones que generan miedo. El perro ha de salir sí o sí al menos un par de veces, de modo que te toca salir al exterior te guste o no. Y a la hora de encarar la situación ansiogénica, ayuda mucho ver que tu compañero de cuatro patas la afronta sin miedo.
3.4. Recapitulación
Lo dije al principio de este apartado: son 23 tareas las que ni el dron ni la tablet ni el GPS más potentes pueden realizar al nivel del perro y con la misma parsimonia. ¿Lo comprobamos? 1, pastoreo, 2, protección de rebaños, 3, cazar, 4, rastrear presas, 5, cobrar la presa, 6, encontrar trufas, 7, guarda, 8, detección de explosivos, 9, detección de drogas, 10, localización de personas en catástrofes, 11, rescate en el agua, 12, defensa personal, 13, rastrear criminales, 14, rastrear personas desaparecidas, 15, visita a hospitalizados, 16, acompañamiento a ancianos, 17, guía a personas ciegas, 18, detección precoz de cáncer, 19, prevención de crisis epilépticas, 20, detección de hiperglucemias, 21, protección a mujeres víctimas de maltrato, 22, terapia en centros penitenciarios, 23, ayuda en estrés postraumático. Son 23, nada más y nada menos. Y es posible que me esté dejando alguna en el tintero, como puede ser el tirar de trineos. Y, por supuesto, cualquiera de las tareas la hacen con un añadido de regalo: la amistad impagable que te proporcionan, ;). En realidad, ésa es la tarea más importante de todas: darnos compañía, afecto y alegría sin condiciones. Y pidiendo muy poquito a cambio...
Hay que insistir antes de cerrar este apartado en que todas y cada una de las tareas que hemos visto, que implican talentos como el olfato, la agilidad o la fuerza, serían impracticables sin la colaboración del perro. Por tanto, la capacidad canina más fundamental es, otra vez, la de entender lo que queremos y la de querer complacernos. No hay duda: es, por encima de todo, el amigo más fiel.
4, ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE SU EXCEPCIONAL INTELIGENCIA SOCIAL?
En un apartado anterior hemos aprendido sobre la inteligencia social del perro: (a) leen nuestros comportamientos para deducir lo que pensamos y sentimos, (b) lo hacen como ningún otro animal aparte del hombre, por inteligente que sea, puede hacer y (c) sin disponer de una inteligencia manipulativa especialmente grande. En resumen, los perros son especialistas en comunicarse con el ser humano. La cuestión ahora es cómo han desarrollado esa especialización. Responder a esta cuestión nos ayudará también a entender nuestra propia naturaleza, pues también somos seres súpersociales.
4.1. Herencia lobera
Una primera posible explicación para las habilidades comunicativas del perro es su origen lobero. Los lobos son cazadores sociales, es decir, cazan en grupo. Y esa forma de caza requiere muchísima coordinación. Primero hay que localizar a las presas, que pueden ser, por ejemplo, ciervos. Identifican el olor y siguen su rastro. El rastreo es más efectivo si el grupo se divide. Rastrean con el viento en contra; así el olor de la presa les llega y el suyo no puede ser detectado. Con la manada de ciervos a la vista, los lobos más ligeros y rápidos, hembras por lo general, son los que corretean alrededor de los ciervos. De esa manera causan confusión y provocan que la manada de ciervos se separe. Con los ciervos separados es fácil identificar al más débil, una tarea que suele recaer en el lobo alfa. Los lobos lentos pero más fuertes serán los que le den caza y muerte. Rastrear, acechar, perseguir y cazar son tareas colectivas que reclaman organización, de ahí que los lobos tengan grandes capacidades sociales. Como el perro proviene del lobo, una posible explicación para la enorme habilidad comunicativa del perro es que lo hereda de su antepasado el lobo.
Sin embargo, los lobos son incapaces de resolver la prueba de los contenedores, que vimos arriba. Os recuerdo: hay contenedores opacos e inodoros, escondes comida en uno sin que el animal lo vea y luego señalas el contenedor bueno. Los perros siguen nuestras señales, ya sea a través del dedo, los ojos o la cabeza. Los lobos hacen caso omiso a la señal, es invisible para ellos. Y esto ocurre tanto en lobos salvajes como en lobos criados con humanos desde el nacimiento y conviviendo con el humano 24 horas al día. Los lobos tampoco buscan ayuda en el humano. En otro experimento que ya vimos se coloca comida en una caja y una cuerda permite alcanzar la comida; luego se truca el mecanismo para que quede bloqueado el acceso a la comida. El perro, ante la mínima constatación de que la cosa falla, busca al humano para que lo resuelva. El chimpancé se ofusca, tratando de arreglarlo él solo por todos los medios. El lobo hace igual que el chimpancé.
En conclusión, el perro procede del lobo, que es un animal muy social y, por tanto, cabe pensar que la inteligencia social del perro es una herencia lobera. No obstante, el lobo (incluso el criado en un entorno humano) no demuestra saber leer nuestros gestos ni entiende que podemos proporcionarles ayuda cuando están en apuros.
4.2. Aculturación
Otra posible explicación a por qué el perro tiene una habilidad comunicativa tan grande es que la aprenden viviendo con nosotros. A base de observar cómo nos comportamos y de registrar el efecto que tienen determinadas acciones suyas en nosotros, van configurando un repertorio de conductas sociales. En fin, que aprenden por imitación y por asociación a interpretar nuestras señales y a expresar lo que quieren. Esto tiene bastante sentido pero hay dos problemas. En primer lugar, los cachorros que no han tenido contacto con humanos y apenas tienen experiencia en el mundo resuelven los tests tan bien como los perros normales. En la prueba de los contenedores, los cachorros crecidos sin contacto humano siguen nuestra señal. En la prueba del mecanismo que falla, los cachorros buscan nuestra ayuda. Por otro lado, los lobos, que tienen una muy buena inteligencia general (o sea, gran capacidad de aprendizaje) fallan en los mismos tests incluso si han convivido con humanos desde su nacimiento. Recapitulando, los perros que no han podido aprenderlo lo demuestran y los lobos que han tenido ocasión de aprenderlo, no. Conclusión lógica: no es una cuestión de aprendizaje.
4.3. Domesticación
Si no lo han aprendido y no forma parte de la biología de los cánidos, ¿de dónde viene la inteligencia social de los perros? En esencia, es fruto de nuestra intervención: fuimos seleccionando y cruzando a los especímenes lobos más comunicativos para dar origen a una especie nueva y única, que es el perro. Este proceso se llama domesticación y tuvo lugar en varias fases.
Fase 1: selección natural. Hubo una fase previa de selección natural. Todo animal salvaje desconfía del ser humano. Y hace bien, porque somos potenciales depredadores. Desconfiar se traduce en huir o, llegado el caso, luchar. EL humano, pues, provoca miedo o agresión en los animales salvajes. Miedo y agresividad impiden que haya contacto, y mucho menos convivencia, entre lobos y humanos. Por narices, tuvo que ocurrir que algunos lobos tuvieran un temperamento algo distinto. En toda población de seres vivos (sean animales, plantas, bacterias u hongos) hay variabilidad. Es decir, no todos los ejemplares son iguales. En el caso del lobo, los hay más o menos corpulentos, de pelaje más o menos oscuro, de pelaje más o menos denso, de colmillos más o menos largos... y, lo crucial aquí, más o menos afable o más o menos desconfiado. Algunos especímenes son, por naturaleza, algo más reservados y más proclives al miedo o la agresión, y otros son más desprendidos, están más abiertos a explorar, son más amigables. Algunos de éstos son los que se acercaron al humano por primera vez (algo que ocurrió hace unos 20 mil años). Y al acercarse descubrieron que en torno a los asentamientos había desperdicios. Y descubrieron que esos desperdicios les daban de comer sin necesidad de llevar a cabo el arduo proceso de caza (que implica rastrear, acechar, perseguir y atacar, tal como vimos antes). Esos lobos afables, gracias a su apertura a la exploración, adoptaron un nuevo modo de vida: dejaron de ser cazadores para vivir como oportunistas en la periferia de los poblados humanos. Así iniciaron una relación que aún perdura en nuestros días.
Una implicación es que esos primeros lobos "vecinos" nuestros tuvieron que ser algo más enclenques que el promedio de sus hermanos. ¿Por qué? Porque de otro modo no podrían haber prosperado con una dieta tan pobre en calorías como es la basada en desperdicios. No es igual comerte medio bisonte, con toda su proteína de calidad y su grasa saludable, que aguantar con la pizca de carne, piel o cartílago que puedas entresacar de un hueso y el poco tuétano que puedas sacar de su interior. Lo primero es un festín; lo segundo, un piscolabis.
Otra implicación es que quizás los perros son una suerte de lobos inmaduros. La desconfianza, el sistema miedo/agresión, no aparece tras nacer, lo hace durante la infancia del animal. El animal nace afable y se vuelve desconfiado. Una posibilidad es que esos lobos amigables lo fueran porque, de algún modo, su maduración habría quedado interrumpida o no se habría completado. De ser así, el perro actual es una suerte de lobo bebé y lo es durante toda su vida. Esto explicaría por qué los perretes son tan juguetones durante todo su ciclo vital. Pero esta posibilidad es sólo especulación, que conste.
Fase 2: favorecer la afabilidad. El origen de todo, como acabamos de ver, fue casual: unos especímenes de lobo con poco miedo y agresividad probaron a acercarse a nosotros y, de chiripa, descubrieron que era muy cómodo vivir viendo llegar la comida a tu boca en lugar de tener que mover el culo para conseguirla. Nuestro papel en esa fase fue pasivo: fue el lobo el que movió ficha, fue él quien se acercó a nosotros. Una vez ya estuvo asentado en la periferia de nuestros poblados es cuando nosotros tomamos un papel activo. Comenzamos a aplicar un proceso de selección artificial.
En algún momento, alguno de los humanos cuyos entornos habían sido colonizados por lobos afables, reparó en el hecho: "hey, mirad qué bichos tan simpáticos hay donde tiramos los desperdicios". Seguramente, por nuestra sociabilidad exacerbada, quisimos adoptarlos como mascotas. Vamos, que no sólo no teníamos problema en que merodeasen los asentamientos y aprovechasen nuestros desperdicios, es que además nos parecía divertido. Lo que hicimos entonces fue seleccionar a los más afables entre los afables. De entre los lobos instalados en la periferia de los poblados, los habría muy afables (simpáticos, súper confiados) y menos afables (afable aún pero algo arisco). Los humanos espantaríamos a los ariscos, que no nos harían tanta gracia. A los simpáticos los dejaríamos estar. De ese modo, estaríamos propiciando la reproducción de los más afables e impidiendo la de los menos (que estarían condenados a regresar a la vida salvaje). Si cruzas una mamá simpática con un papá simpático, la descendencia será simpática sí o sí. Si repites el proceso varias veces, al final obtienes especímenes tan simpáticos, que ya constituyen una especie diferente a la original (que era un lobo desconfiado que huye o lucha, recordemos).
Un apoyo muy sólido a esta hipótesis es el experimento de los zorros de Siberia. En los años 50 un investigador ruso llevó a cabo un sencillo experimento con resultados asombrosos. Tenía una granja donde criaba zorros. La mayoría no aceptaba comida de la mano del hombre: unos pocos se alejaban y se refugiaban en el fondo de su chenil, muchos más se lanzaban con furia contra la verja intentando morder al humano. Había algunos, sin embargo, que aceptaban la comida sin problema. El investigador decidió cruzarlos entre sí. Es decir, seleccionó la afabilidad. Unas pocas generaciones después los zorros eran todos amigables y mucho más que los iniciales.
Hubo otro resultado inesperado y alucinante. El investigador había seleccionado únicamente la afabilidad. Ése era el único criterio para coger o dejar a los zorros. Pero tras varias generaciones los zorros habían cambiado en otros aspectos distintos de su afabilidad. Los zorros domesticados emitían un sonido (una especie de ladrido) que ninguno de los silvestres hacía, presentaban también manchas blancas que tampoco se observan en los silvestres, su talla era menor y meneaban sus colas al ver un humano. Este resultado revolucionó el campo de la biología: ahora sabemos que los rasgos van en "paquetes", de manera que seleccionando uno sólo, te llevas todos los demás de rebote. Esto demuestra que la evolución de las especies puede producirse de forma muy rápida, porque aunque las circunstancias favorezcan un único rasgo, los otros rasgos "asociados" prosperarán también, generando transformaciones gigantes en pocas generaciones y dando lugar a especies completamente originales.
Este mecanismo explica también las diferencias anatómicas que existen entre lobo y perro, sea de la raza que sea. Los perros, por lo general, tienen orejas blandas (en lugar de erguidas), cola enroscada (en lugar de lisa), manchas (en lugar de pelaje liso) y un tamaño menor a los 40-50 kilos que pesa como mínimo un lobo. De hecho, estos cambios se observan en todos los animales domésticos, incluyendo vacas (pensad en las clásicas manchas de la vaca suiza), cerdos (fijaos en su rabo enroscado) u ovejas (fijaos en sus orejas caídas, que quedan a media altura en lugar de erguidas).
Una curiosidad es que los gatos domésticos en realidad nunca fueron domesticados! Mantienen su naturaleza salvaje tanto en términos físicos como psíquicos. La prueba es que su aspecto es idéntico al de un gato montés o cualquier gran felino (orejas erguidas, manchas atigradas, cola lisa... ) y que, si le das ocasión (por ejemplo, si lo tienes suelto en una casa de campo), exhibe comportamientos instintivos como la lucha por las hembras o el apareamiento. No hizo falta domesticarlo. Él hacía su vida (cazar ratones) y nosotros la nuestra (cosechar y almacenar alimento en la despensa) y, sencillamente, la relación interesaba a ambos (él consigue comida, tú tienes la despensa protegida). Pero no hubo que seleccionar a los más afables porque no trabajábamos juntos y no era necesaria la coordinación. Así pues, somos vecinos, no compañeros.
Fase 3: favorecer el rendimiento. Hubo una fase posterior también de selección artificial. Pero esta vez no priorizábamos la afabilidad sino el rendimiento. Entonces interesaba el perro rápido para cazar, el perro fuerte para proteger, el perro sensitivo para rastrear, la agilidad y la intuición para manejar un rebaño de ovejas... El humano se dio cuenta de que podía aprovechar las cualidades del perro a su favor.
Parece ser que uno de las primeras razas fue el saluki, que es de la familia del galgo. Hay indicios de que apareció en antiguo Egipto y se le crió para cazar liebres. Así pues, uno de los primeros criterios de selección fue la velocidad.
Nuestros antepasados buscaban rendimiento, que el perro haga tal cosa con total eficacia. Simple y llanamente. El aspecto físico del perro les importaba un comino. Pero, como ya sabemos por los experimentos de Siberia, aunque selecciones un rasgo concreto, otros tantos vienen en el paquete. Seleccionar velocidad, por ejemplo, trajo consigo otros rasgos que caracterizan a la familia del saluki y el galgo. Algunos los mencionamos más arriba: miembros delgados y pulmones grandes; pero también un sentido de la vista muy desarrollado (porque el galgo persigue a la liebre cuando se topa con ella, no la rastrea antes) o unas almohadillas de los pies grandes (para absorber el impacto de las tremendas zancadas que pega).
De esta manera se fueron creando las primeras razas "base". Como digo, los humanos buscaban rendimiento y así seleccionaban a los más rápidos o los más fuertes o con más olfato, nada más; pero eso iba provocando paquetes de cambios que configuraban especímenes muy diferentes entre sí.
Fase 4: la locura de los estándares de raza. La época victoriana es un capítulo de la historia del Reino Unido que coincide con el auge del imperio británico y la revolución industrial. De mediados a finales del siglo XIX, para entendernos. Fue una época enormemente próspera en el Reino Unido. Las colonias proporcionaban materias primas y mano de obra barata y en la metrópoli florecía el comercio y el ocio nacía. Había un sentido de clase muy fuerte. Había muchas formas de demostrar estatus. Una de ellas, las mascotas. Era un símbolo de estatus el tener una vaca bien gorda y hermosa, un gato persa perfectamente acicalado o, por supuesto, un perro de raza. Las razas de perro, tal como las conocemos hoy, provienen en buena parte de esta época.
De hecho, entonces nacieron también los "estándares de raza", que son los criterios para determinar si un ejemplar es o no de la raza equis y si, además, es un buen representante de dicha raza. Estos estándares perduran aún hoy. También se originaron los concursos de belleza, en donde se valora el cumplimiento de esos estándares. Pero todo este asunto de los estándares está plagado de problemas.
El problema principal es que los estándares se refieren en un 90% a rasgos estéticos, no de comportamiento. Son cosas completamente irrelevantes, como la distancia de los ojos a la trufa, la caída de la cola o la cantidad de pelo en la barbilla.
Otro problema es que, aunque son criterios estéticos, es una estética muy discutible. ¿De verdad a alguien le parece bonito el morro de un bulldog francés o del carlino?
Un problema más grave es que esos rasgos "bonitos" muchas veces son insanos. Por ejemplo, los perros de morro achatado suelen tener problemas respiratorios por la forma de su hocico, que altera la forma natural de las vías de entrada de aire. Las arrugas del sharpei acumulan suciedad y piel muerta y si no se lavan (lo que requiere levantar cuidadosamente los pliegues uno a uno y retirar la basurilla), producen infecciones.
Por último, las malas prácticas de cría resultan en deriva genética. Si cruzas familiares entre sí, las generaciones posteriores desarrollan discapacidades. Es un mecanismo de la biología para favorecer la diversidad y asegurar la supervivencia de las especies. Un mal criador de perros cruza al abuelo con su nieta o, peor aún, a hermanos entre sí. La consecuencia son taras genéticas como las patas de rana de los pastores animales o la displasia de cadera de los labradores. Si priorizas el estándar sobre la salud, tal como hacen los malos criadores, no tendrás escrúpulo alguno en aplicar estas formas de cría y acabarás provocando deriva genética. Por algo el incesto es un tabú en todas las culturas...
CONCLUSIONES
El perro es un caso único en todo el reino animal. Es verdad que hay animales muy inteligentes, como el chimpancé, pero no tienen las habilidades comunicativas del perro. Es cierto que el perro no es el único animal doméstico, también están la vaca, el cerdo o la oveja; pero en éstos buscamos que dieran mucha leche, mucha carne o mucha lana, y no que cooperasen con nosotros. Gracias al proceso de domesticación que aplicamos sobre el perro (y gracias también a esos primeros lobos afables que "decidieron" establecerse en la periferia de nuestros poblados) hemos dado origen al compañero ideal. Los perros entienden nuestros gestos, nos miran a la cara, hacen gestos para pedirnos cosas cuando saben que los estamos mirando, se ayudan de nosotros para resolver situaciones nuevas, entienden nuestro tono de voz y sienten placer (porque se activa su núcleo accumbens y se dispara su dopamina y su oxitocina) al percibir nuestro olor y al estar con nosotros. Además, tienen una vitalidad de campeonato y nos la entregan sin condiciones, sea lunes o sábado, te haya ido bien o mal en el trabajo, llueva o salga el sol. El perro es nuestro amigo más fiel.
Si tienes perro, ya habrías sentido que sabe leer en tu mente. Bien, ahora puedes decir que la ciencia lo respalda: tu perro te entiende de verdad. Si no tienes perro o incluso si no sientes atracción por ellos, debes reconocer que es una historia fascinante, pues no hay otra domesticación igual, una que haya buscado crear compañeros, no meros suministradores de leche, carne o lana, y que haya resultado en un animal tan increíblemente empático. Si a eso le añades las magníficas capacidades que tiene y las tareas que puede realizar, imposibles para un robot o un algoritmo, ya tienes el animal excepcional que el perro es. Son argumentos de peso, así que es una cuestión objetiva, tal como anuncié, y no un simple arrebato de un loco perruno...
Creo que sólo resta decir "guau" (en los dos sentidos ;)).
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En concreto, hoy vamos a responder a las siguientes cuatro cuestiones. Primero, ¿cuáles son las capacidades extraordinarias del perro? Aquí expondremos someramente las que todos (perrunos y no perrunos) conocemos, como su gran vitalidad o su excelente olfato. Segundo, ¿qué capacidad excepcional posee y que está en la cima del mundo animal sólo por debajo del ser humano? Aquí hablaremos de algo menos obvio pero que quienes tenemos perro sabemos muy bien, y que además la ciencia más puntera está confirmando: los perros son capaces de leer nuestra mente. Tercero, ¿qué tareas sólo el perro puede realizar gracias a esas capacidades extraordinarias? Aquí haremos una recopilación exhaustiva y actualizada de las tareas que ni la máquina más sofisticada puede llevar a cabo aparte del perro. Por último, ¿cuál es el origen de la inteligencia social del perro? Aquí plantearemos tres posibles explicaciones de la magnífica habilidad comunicativa del perro y las discutiremos para acabar descartando dos (herencia lobera y aculturación) y quedándonos con una: la hipótesis de la domesticación.
1, ¿CUÁLES SON LAS EXTRAORDINARIAS CAPACIDADES DEL PERRO?
El canis lupus familiaris, más conocido como perro, tiene múltiples capacidades, que además ha desarrollado hasta niveles de récord. Es rápido, resistente, ágil, potente y fuerte; y, por supuesto, tiene un olfato sublime. Hagamos un repaso somero por todas ellas.
Es rápido. El top cinco de los animales terrestres más rápidos lo componen (1) los felinos, como el guepardo, (2) los antílopes, como la gacela, (3) el caballo, (4) la liebre y (5) los cánidos, como el coyote, la hiena o, en un lugar destacado, el galgo. Cualquier perro puede alcanzar los 40 ó 50 km/h. No está nada mal: adelantarían a un repartidor en scooter. Pero el galgo, atención, llega a los 72 km/h, superando incluso al caballo. Tienes un avión a reacción en tu salón!
Es resistente. La carrera Iditarod cruza Alaska de cabo a rabo. Recorre más de 1500 kilómetros de sur a norte, conectando las ciudades de Anchorage y Nome y rememorando así el camino que un equipo de mushers hizo en 1925 para llevar un antídoto que lograría salvar a los niños de Nome de morir de difteria. Los competidores de la carrera Iditarod realizan el recorrido en trineos tirados por 16 perros huskies y otras razas nórdicas. Los perros corren más de 100 kilómetros al día durante dos semanas sin interrupción y manteniendo velocidades de unos 20 km/h. Lo hacen enfrentando ventiscas, frío, nieve y terreno irregular y resbaladizo. Y no sólo conservan el aliento, también la sonrisa!
Es ágil. Si alguna vez has visto una prueba de agility, habrás podido constatar la versatilidad del perro. Suben rampas inclinadas, caminan sobre listones estrechos, atraviesan tuberías, cruzan hileras de estacas en eslalon y saltan a través de aros. Lo hacen a la velocidad del rayo, con la precisión de un reloj suizo y con la elegancia de una bailarina. Y siempre quieren más! También sé de una mestiza de beagle en Santander que escala alambradas... Y fantaseando un poco, creo que si le pones un gato o cualquier alimaña delante, mi pastora belga malinois escalaría el Everest con la soltura de un tigre de las nieves (a mi mestizo de labrador seguramente habría que ponerle, por lo menos, una buena ristra de salchichas para lograr un resultado mucho más modesto... ).
Es potente. Consideremos la prueba de salto vertical. Existen competiciones con perros de presa (que son perros muy musculosos) en las que se les plantean varias pruebas. En una de ellas se coloca un objeto en lo alto de un muro para que el perro lo alcance. Se les permite tomar una carrerilla de apenas un par de metros. A la de tres, esprintan hasta la base del muro y pegan un bote tremendo para trincar el objeto. Alcanzan alturas superiores a los cuatro metros! Son auténticos muelles.
Es fuerte. En esas mismas competiciones con perros de presa hay una prueba de arrastre. Se le coloca al perro un arnés enganchado a un coche. El amo se coloca frente al perro, a unos metros de distancia. Entonces, simplemente, lo llama para que acuda. El perro tira y tira con ganas y así logra arrastrar los más de 1000 kilos que pesa el susodicho trasto! Lo divertido del asunto es que la única (pero poderosa) motivación del perro es reencontrarse con su amo; llevar encima una carga de una tonelada parece no importarle mucho...
Su olfato es sublime, como es bien sabido. Aunque lo cierto es que no es el animal con la nariz más potente; ese puesto lo ostenta el elefante africano. En todo caso, el perro está en el top diez, junto con los elefantes, los ratones o los caballos, según un estudio que contabilizó los receptores olfativos de decenas de especies animales. Sea como sea, la capacidad olfativa del perro le permite hacer cosas tan alucinantes como las que os voy a contar. Al equipo nacional de rescate del Reino Unido se le ocurrió un experimento: hundir una caja con carne podrida en medio de un lago. El lago mide un kilómetro de largo y medio de ancho. El perro sube a una balsa que va peinando la superficie del lago. En determinado punto, el perro se pone a ladrar excitado. Los técnicos observan entonces el GPS para comprobar si ha acertado. Y sí: ha detectado la caja de carne podrida bajo una capa de 10 metros de agua y barro!
Y existe una hipótesis que establece que los perros miden el tiempo que pasamos fuera según el declive de nuestro olor. ¿Qué? Veamos. Todos tenemos un olor particular e impregnamos con dicho olor las cosas con las que entramos en contacto. Tras el contacto, nuestro "aroma personal" se va desvaneciendo poco a poco hasta desaparecer. Todos los que tenemos perro hemos observado que 15 minutos antes de que llegue un compañero a casa tras su jornada laboral, el perro ya "sabe" que dicho compañero está por llegar. El perro se muestra algo excitado, se acerca a la puerta, se queda sentado en el recibidor y cosas así. La cuestión es cómo el perro nota que la persona está por llegar. Una hipótesis es que perciben cómo el olor de la persona se va desvaneciendo de la casa y, alcanzado cierto punto de decaimiento, sienten que ha llegado el momento de que ese olor "se renueve" con la presencia de la persona. Vaya, que cuando la casa ya no huele a ti, te esperan impacientemente. Una prueba a favor de la hipótesis es que si renuevas tu olor en la casa unos minutos antes de llegar (por ejemplo, una persona deposita prendas recién usadas por ti en varios puntos de la casa una hora antes de tu llegada), el perro ya no se inquieta ni se acerca a la puerta ni nada de lo que suele hacer en vísperas de tu regreso.
Olfato, velocidad, resistencia, agilidad, fuerza... son todas ellas cualidades magníficas, pero lo más extraordinario, porque no tiene parangón en el mundo animal, es la inteligencia social del perro. A esto dedicamos el siguiente apartado.
2, ¿SABE EL PERRO LEER NUESTRA MENTE?
Las anteriores son capacidades que todo el mundo, sea o no aficionado a los perretes, puede reconocer, especialmente el olfato. Sin embargo, el perro tiene algo que es menos evidente y que solamente quienes conviven con uno han podido advertir: el perro parece saber lo que queremos y lo que necesitamos, el perro parece leer nuestra mente. Bien, pues no sólo "lo parece" sino que es así, tal como está poniendo de manifiesto la ciencia más avanzada. Vamos a verlo.
2.1. El perro deduce estados mentales a partir de gestos
Para empezar, el perro sabe entender nuestra comunicación no-verbal: saben lo que tenemos en la cabeza a partir de nuestros gestos. Un test muy sencillo. Escondes comida en un contenedor opaco e inodoro y lo colocas junto a otros tantos de aspecto idéntico. Así, encontrar el contenedor con premio es una cuestión de mero azar, puesto que se ha bloqueado toda clave sensorial que permita localizarlo. Bien, ahora señala el contenedor bueno con el dedo: el perro elegirá ése sistemáticamente (o sea, lo hará por encima de lo esperable por azar). Y puedes repetir la prueba señalando con la cabeza o con la mirada: el resultado es idéntico. Así pues, el perro se sirve de nuestros gestos de señalamiento (con el dedo, la cabeza o la mirada) para resolver la tarea. Dicho de otro modo, el perro sabe interpretar nuestras señales. Hay que tener en cuenta que un chimpancé falla miserablemente en esta misma prueba: nuestras señales no significan nada para él y entonces busca aleatoriamente.
En otro experimento el investigador lanza la pelota al perro e, inmediatamente después, se gira dándole la espalda. Bien, el perro gira hasta mirarle de frente y, entonces sí, devolverle la pelota. El perro siempre buscará tu cara para entregarte la pelota: sabe que necesitas verla con tus ojos para poder recogerla y tirarla otra vez.
Un experimento parecido: llenas un cuenco con comida y le haces saber al perro que está prohibido comer de ahí. Si ve que estás vigilando, se inhibe de comer; si miras a otro lado, aprovecha para trincar lo que pueda. La clave está en tu mirada. Pero, cuidado, esto no es algo menor, pues revela que los perros comprenden principios mentales básicos: saben que no puedes detectar el hurto (ni recoger una pelota) si no lo ves con tus ojos. Una vez más, hay que decir que los chimpancés actúan de manera distinta en la misma situación: comen les mires o no.
Los experimentos muestran que los perros pueden distinguir expresiones faciales de alegría y de tristeza. En una primera fase se entrena al perro para que las distinga en su adiestrador. El adiestrador pone cara alegre y cuando el perro emite cierta respuesta (por ejemplo, se sienta), le da una chuche. Luego pone cara triste y cuando el perro emite otra respuesta (por ejemplo, se tumba), le da una chuche. Repite el ejercicio hasta que la respuesta del perro es consistente. Pasamos a la fase de prueba: se le muestran al perro imágenes de caras de personas desconocidas expresando alegría o tristeza. El perro responde bien, se sienta en las alegres y se tumba en las tristes, lo que significa que ha aprendido los rasgos esenciales de la expresión emocional, no la cara particular que pone su adiestrador. Otra vez más hay que insistir en que esto es muy sofisticado: los rasgos que denotan emociones específicas son muy sutiles y varían bastante de persona a persona.
La ciencia confirma también la creencia popular de que los perros "huelen tu miedo". ¿Quién no ha presenciado esa escena en la que una persona con fobia a los perros ve cómo un can se le acerca y un tercero le aconseja entonces que "no muestre su miedo porque así es como le morderán"? En un estudio se hizo una encuesta a gran escala, entrevistando a casi 700 personas. La entrevista incluía dos partes: por un lado, había que indicar si alguna vez habías sido mordido por un perro; por otro lado, había que rellenar un test sobre tu personalidad. Se encontró una asociación entre rasgos de ansiedad y ataques perrunos.
Así que el perro lee nuestras señales. Para eso, claro está, antes necesita verlas. ¿En qué pistas se basan para leernos? En estudios con eye-tracker, que es un aparato que registra los movimientos oculares, se ha descubierto cómo los perros examinan nuestros rostros. Miran sistemáticamente al lado derecho de la cara, pues es el lado más informativo, en el que se reflejan mejor nuestras expresiones faciales. Los humanos lo hacemos exactamente igual cuando tenemos una cara delante.
En este sentido, otro interesante hallazgo es que los perros prefieren comer de tu mano cuando muestras tu cara y ojos más que si llevas la cabeza cubierta por un pasamontañas. Como habréis anticipado, al chimpancé le importa un bledo que le des la comida a cara descubierta, con una careta de carnaval o vestido de faralaes, siempre y cuando obtengan comida.
2.3. Se ayuda de nosotros para resolver situaciones nuevas
Por otro lado, los estudios muestran también que los perros se apoyan en nosotros para interpretar o resolver situaciones nuevas. En un experimento ingenioso se prepara la situación para que te encuentres con un extraño mientras paseas al perro; el extraño interactúa un momento contigo y la interacción puede acabar bien en disputa o bien en paz. Luego el extraño intenta darle una chuche al perro. Vale, pues si el extraño se portó mal contigo, no la aceptarán, mientas que si el extraño fue amable, tomarán la chuche encantados. Así que, usan tu comportamiento con el extraño como referencia para saber si la persona es o no de fiar.
En otro experimento se coloca comida dentro de una caja transparente. En una primera ronda, se prepara el tinglado para que tirando de una cuerda, el perro pueda acceder a la comida. En una segunda ronda, la cuerda es más corta y resulta imposible sacar la comida. Al menor indicio de bloqueo, el perro busca inmediatamente al humano para obtener ayuda. El chimpancé, en cambio, se queda enredado intentando buscar la solución por cualquier otro medio.
Yo mismo tengo una experiencia parecida. A ver si os pasa también. Vamos caminando por una zona despejada; el monte, por ejemplo. Los perros van sin correa y, por tanto, tienen libertad de movimiento. En cierto momento, llegamos a un cruce de caminos, un punto en el que cabe tirar para acá, para allá o para más allá. Si algún perro iba adelantado y llega al cruce antes que yo, espera sistemáticamente a que yo llegue y espera buscando mi mirada. Cuando mi mirada y mi posición corporal le sugieren, por fin, el camino que quiero seguir, es entonces cuando continúa caminando. Pero nunca antes.
Los perros nos usan también de plataforma en situaciones sociales nuevas. En el experimento se expone al perro a un desconocido mientras el amo permanece en la escena también. Si el encuentro con el extraño se produce en un entorno familiar, en la casa donde vive el perro, éste no tendrá reservas en acercarse al extraño y examinarlo. Si el encuentro con el extraño se produce en un entorno extraño también, el perro permanece junto a su amo. O sea, en situaciones de seguridad, el perro explora libremente; en situaciones ambiguas, prefiere refugiarse en nosotros.
2.4. Los perros se leen entre ellos también
Hemos visto un buen montón de pruebas de que el perro sabe entender lo que pensamos y sentimos los humanos pero ¿saben leerse también entre ellos? Contesto de dos maneras, primero remitiendo a mi experiencia observando sus juegos y, después, acudiendo una vez más a la ciencia.
Mis perros (os aclaro: una malinois, de 25 kilos y energía para parar un tren, y un mestizo de labrador, de 40 kilos y apetito para comerse el menú de todo un regimiento de una tacada) tienen muchos juegos, cuatro de los cuales son dignos de analizar. Uno es aprovechar donde hay arbustos o columnas, esconderse y esperar a que llegue el otro para entonces sorprenderle, salir pitando y que te persiga. Otro es encontrar algún objeto atractivo, como una pelota de tenis extraviada o un balón de fútbol pinchado y abandonado, y entonces cogerlo y hacer muchos aspavientos, tratando de llamar la atención del otro para que te persiga intentando robártelo. Otro más es la lucha. Se trata de usar todos tus recursos (amenazas, mordiscos, patadas y empujones) para intentar tumbar al otro mientras intentas que el otro no te tumbe a ti. El último es el tira y afloja. Se trata de encontrar un objeto que haga las veces de cuerda, como una camiseta vieja hecha jirones, un calcetín o un trozo de manguera, y entonces tirar de un extremo para llevarte el objeto entero y evitar que el otro, que tira del extremo opuesto, se lo lleve él. Pues bien, todos ellos revelan empatía, es decir, comprensión de la mente del compañero.
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| Él, con 40 kg de peso, y élla, con 25 kg. Ahora, a ver quién de los dos se lleva el palito... |
En el juego del escondite, el perro escondido sabe que el otro no se espera el susto, porque no puede verlo detrás del arbusto o la columna. O sea, el escondido adopta la perspectiva del otro para predecir que se llevará una sorpresa y que la excitación resultante será motivo suficiente para iniciar el pilla-pilla posterior, tan divertido.
En el juego de tentar al otro con el objeto atractivo se evidencia empatía también. El perro que menea el objeto, tratando de llamar la atención del otro, intuye que el objeto en cuestión va a ser atractivo para el otro. Y cabe pensar que es así porque sólo ciertos objetos especiales suscitan este comportamiento, no vale cualquier mierda. De algún modo, los perros manejan un concepto de lo que puede ser un "objeto llamativo" en el mundo perruno.
En el juego de lucha hay un sentido de la dignidad. ¿En qué me baso para afirmar esto? Pues en dos cosas. Mi perra tiene más nervio que el perro, tiene una fuerza comparable a la del perro pero más velocidad y destreza. Eso hace que sea la ganadora la mayoría de las veces, la que logra derribar al otro. Sólo algunas veces élla es la que acaba con los morros en el suelo y, cuando pasa esto, se revuelve con toda su rabia para recomponerse enseguida. Es como si no soportara perder porque es una humillación para una perra de su nivel. Por otra parte, aunque el perro suele perder, no acepta cualquier derrota. Si la perra ha sido particularmente violenta o, digamos, lo ha derribado a traición, entonces es él el que se revuelve. De nuevo, es como si se sintiera indignado y quisiera reclamar un mínimo respeto.
En el juego del tira y afloja se da esa misma dinámica. También aquí perder es una especie de humillación. Y no se acepta bien la derrota si no "se han cumplido las reglas del juego". Es como si tuviesen un código tácito de conducta.
Eso eran mis especulaciones sobre la empatía entre perros. Pero ¿lo respalda la ciencia? Parece que sí. En un experimento se coloca a dos perros en jaulas contiguas. En ambas jaulas hay un comedero. En una sola de las jaulas hay una palanca. Resulta que si el perro que se encuentra en esta jaula pulsa la palanca, proporciona comida al compañero. Cuando demuestra esa "generosidad", el perro alimentador recibe un premio también. Ahora bien, ¿sigue obsequiando al otro si él no recibe recompensa ya? Pues aquí está lo interesante: si el otro perro es desconocido, no le proporciona comida si él no va a ser recompensado por ese gesto; pero si el otro perro es compañero de juegos, está encantado de alimentarlo aún cuando él no va a recibir nada.
2.5. Expresan lo que quieren asegurándose de que lo captamos
Hemos recogido toda una retahíla de habilidades comunicativas del perro, pero todas tenían que ver con comprender la mente del otro. Y ¿qué hay de expresar lo que tienen en su cabeza? Pues en esto también son unos campeones. La investigación ha identificado hasta 19 conductas no-verbales para expresar deseos y estados de ánimo. Una de estas conductas es hacer unos ladridos pequeñitos mientras "dan golpes" con una de las patas delanteras. Significa "dame de comer". Es como los niños que golpean la mesa con cuchillo y tenedor diciendo "queremos comer, queremos comer". Otra es dar brincos enérgicos hasta poner su cara a la altura de la tuya y repetirlo en bucle. Significa "quiero jugar". Y ¿qué me decís de cuando se colocan junto a la ventana o la puerta y mueven el rabo? Es un "sácame a pasear" clarísimo.
La clave de estas conductas comunicativas es que en todas hay cruce de miradas. Me explico. Todas las conductas tienen un mismo fin: "haz algo por mí"; es lo que se llama función imperativa, que difiere de la declarativa, cuyo fin es compartir una impresión o un pensamiento (por ejemplo, "mira cómo mola esto" o "me gusta"). Por supuesto, la función declarativa es más sofisticada y sólo la alcanzan los humanos a partir de los 12 meses (mientras que la imperativa aparece ya a los 9). En todo caso, la comunicación requiere que el emisor se asegure de que el receptor está atendiendo, algo que el primero logra mirando al segundo a la cara. Si quiero que hagas algo por mí y te lo hago saber a través de gestos pero no compruebo que me estás atendiendo, entonces te uso como un instrumento. Pero si sí te miro para asegurar que me atiendes, entonces te estoy atribuyendo una "mente", pues entiendo que si no me ves pedirte lo que te pido, no me lo podrás dar. Vale, pues los niños con trastorno de espectro autista o los chimpancés piden pero sin comprobar que atiendes; te usan como instrumento. Los perros, y aquí viene la cosa, sí comprueban, lo que implica una verdadera comunicación.
Otro descubrimiento, que es consistente con lo que acabamos de explicar, es que el repertorio de expresiones faciales de los perros es mayor cuando les miramos. En un experimento se registró la frecuencia y la amplitud de movimientos faciales de los perros en dos circunstancias, cuando los miramos directamente y cuando no. Así comprobaron que nuestros perretes "hacen más monerías" cuando saben que les prestamos atención.
Como habréis anticipado, los perros también emiten ladridos específicos para expresar distintas emociones. Un estudio identificó seis tipos de ladridos, según su intensidad (más o menos volumen), frecuencia (más o menos rápidos) y tono (más o menos agudo), que expresan cosas como amenaza, ansiedad o juego. Es interesante porque entre ellos no necesitan emplear ladridos para entenderse: los lobos no ladran. Por tanto, deben de haberlo desarrollado para "hablarnos". El mismo estudio encontró que los humanos reconocemos los diferentes ladridos con bastante precisión.
2.6. Su cerebro social funciona como el nuestro
Recapitulando, hemos aprendido que los perros saben leer nuestra mente, que siguen nuestras señales para encontrar comida, que reconocen expresiones faciales de alegría y tristeza o que entienden que sólo puedes ver si miras el objeto en cuestión con tus propios ojos; hemos aprendido que para captar esos gestos y acceder a lo que pensamos han de fijarse específicamente en determinadas claves, como la parte derecha de nuestra cara, y por eso prefieren al humano que va a cara descubierta que al que se esconde tras un pasamontañas; hemos visto también que se basan en nuestro criterio para resolver situaciones nuevas, como decidir cómo tratar a un personaje extraño o alcanzar una comida cuyo mecanismo de acceso ha dejado de funcionar; hemos aprendido que los compañeros de juegos empatizan y se cuidan mutuamente; hemos aprendido, por fin, que los perros también comunican sus deseos a través de la función imperativa. Y todo procede de estudios donde se analiza el comportamiento del perro en situaciones preparadas. La cuestión ahora, para rizar aún más el rizo, es si el estudio del cerebro canino lo corrobora. Vamos a descubrir que así es.
Un par de laboratorios en el mundo han tenido la paciencia suficiente como para entrenar a perros para tolerar un escáner en una máquina de fMRI. fMRI son las siglas en inglés de "imagen funcional por resonancia magnética". No sé si alguno os habéis hecho una resonancia. Ocurre que (1) hay que subir unas escaleras para entrar en el tubo, (2) permanecer allí que es un sitio frío y oscuro, (3) aguantar sin moverse todo el rato que dura el escáner y (4) soportar sin sobresalto los ruidos atronadores que hace la puñetera máquina (y que parecen más una sala de tortura que de diagnóstico... ). Hay que entrenar al perro para que realice los pasos (1), (2), (3) y (4). Hecho eso, ahora sí, cabe tumbar al perro en el tubo y observar la actividad de su cerebro mientras se le expone a distintos estímulos.
¿Qué sabemos gracias a los estudios con fMRI? Cuando le haces el gesto de premio, se activa el núcleo accumbens del perro, que es el área cerebral de la recompensa, donde además abunda la dopamina, la hormona del placer. El núcleo accumbens funciona del mismo modo en los humanos (se activa también cuando te toca la lotería, cuando ganas un partido, cuando consigues un logro que te habías propuesto o cuando te metes un chute de cocaína... ). Si le acercas al perro una prenda con el olor de su amo, el mismo área se ilumina de nuevo: reencontrarse con nosotros es como una sobredosis de azúcar! Y se ilumina también cuando emitimos palabras de elogio, no importa cuáles, pero que tengan una entonación de celebración ("braaavo", "¡ésta es mi chica!"). Por otro lado, las palabras conocidas para el perro ("eso es", "muy bien") activan su lóbulo temporal izquierdo, que es también nuestro área del lenguaje, y las neutras ("todavía", "sin embargo") no tienen tal efecto; lo que revela que "comprenden" las palabras y no sólo el tono de voz. En fin, la actividad de su cerebro refleja que nos aman y que interpretan símbolos; y funciona de manera comparable al nuestro.
Otros estudios de neurociencia han evaluado el papel de la oxitocina, la hormona del amor, en esta habilidad comunicativa tan desarrollada de los perros. Se ha encontrado lo siguiente. Las concentraciones de oxitocina del perro aumentan sensiblemente cuando ven a su amo. Aparte, a mayor oxitocina, más miradas le dirigen al amo y más quieren estar junto a él. Pero es que además, el nivel de oxitocina del amo aumenta también al ver a su perro, dirigiéndole también más miradas y deseando más estar con él. Como era de esperar, se ha visto también una correlación entre los niveles de oxitocina de perro y amo. En fin, que vernos y tocarnos dispara nuestras respectivas concentraciones de oxitocina, que además estimulan la liberación de más oxitocina en el otro, que nos empuja a mirarnos y tocarnos más, lo que libera más oxitocina aún... Es el círculo virtuoso del amor: cuanto más te quiero, más te quiero!
2.8. Inteligencia social, mucha; manipulativa, menos
A tenor de todo lo anterior, el perro no sólo tiene capacidades asombrosas, como su velocidad, su agilidad o su gran olfato, tiene habilidades comunicativas excepcionales. De hecho, estas habilidades son sólo comparables a las del ser humano, pues el chimpancé, que es nuestro pariente más próximo, falla estrepitosamente en las mismas tareas comunicativas. Entonces, uno podría pensar que el perro es más inteligente que el chimpancé. Pero no: son inteligencias distintas. La inteligencia social es donde brillan nuestros amigos canes, pero en materia de razonamiento físico son mucho peores que los chimpancés.
En una prueba se expone al animal a un objeto en movimiento, pero su trayectoria está oculta y debe deducirla. Hay varios contenedores, todos ellos cubiertos con un panel opaco. Hay un experimentador que va caminando de contenedor en contenedor con un juguete y depositándolo en los distintos contenedores. En determinados momentos, se retiran los paneles y el perro debe dirigirse al contenedor correcto. El chimpancé deduce sin problema en dónde aparecerá el juguete; el perro es incapaz. En otro experimento hay dispuestas varias cuerdas alrededor de una jaula con premio dentro. Hay que tirar de una en concreto, evitando tocar las demás; de otro modo, es imposible levantar la jaula y acceder al premio. El chimpancé tarda un segundo en desentrañar la movida; el perro tira indiscriminadamente de las cuerdas, bloqueando el mecanismo y quedándose, muy a su pesar, a dos velas.
En fin, perros y chimpancés son ambos muy inteligentes, sí. Pero los chimpancés despuntan en lo que conocemos como inteligencia manipulativa, que tiene que ver con el mundo de los objetos, con usar ciertos objetos como herramientas para alcanzar otros objetos y con modificar los objetos para que sean mejores herramientas; mientras que los perros barren a todos los demás animales en el terreno de la inteligencia social, que tiene que ver con saber interpretar las conductas del otro para deducir lo que está pensando o sintiendo. En esto, tal como vengo insistiendo y estamos pudiendo comprobar, los perros son únicos.
3, ¿QUÉ TAREAS NADA MÁS EL PERRO PUEDE HACER?
Si he contado bien, a día de hoy hay 23 tareas que el perro hace maravillosamente; tanto, que ni la máquina más sofisticada las puede realizar con tanta eficacia y eficiencia. Esto es particularmente llamativo en los tiempos que corren, en que cada vez más robots y algoritmos realizan tareas de forma autónoma; tareas que van desde cosas sencillas, como registrar tu historial de búsqueda en Internet para mostrarte anuncios personalizados, hasta conducir un camión, repartir paquetería o cosechar un campo de varias hectáreas. Aparte, me atrevo a afirmar que las tareas caninas que vamos a ver enseguida seguirán siendo caninas por mucho tiempo... Como se dice en el ámbito de la ingeniería, "si algo funciona, no lo cambies".
Antes de comenzar el recorrido por esas 23 tareas que confiamos en exclusiva a los perros, hay que aclarar una cosa fundamental. Las tareas aprovechan las magníficas cualidades caninas, como el olfato, la agilidad o el poder de su mordida; pero ninguna tarea sería posible sin la inteligencia social del perro. A la postre, el elefante tiene mejor olfato que el can, el gato tiene más agilidad y el cocodrilo tiene la mordida más brutal, pero no puedes usar esos talentos a tu favor... los animales no cooperarían! La calve de las tareas que confiamos a los perros es, pues, que los perros ponen a nuestro servicio sus cualidades. Sean las más excelentes o no, el caso es que nos las brindan. Así pues, aunque ahora vamos a ver para qué pueden servir el olfato, la agilidad o la fuerza del perro, ninguna de esas cualidades sería "aprovechable" sin su colaboración; de manera que la inteligencia social del perro está también en la base de todo lo que sigue.
3.1. Tareas del campo
Un conjunto de tareas que los canes realizan a las mil maravillas tiene que ver con el campo. Dentro de esta categoría está el pastoreo. En Gales e Inglaterra se sigue utilizando el border collie (que se llama "border" precisamente por provenir de la "frontera" entre las dos naciones) para juntar a las ovejas que pastan libres en las laderas de los montes y conducirlas ordenadamente hasta otra zona de pastos. Es un verdadero espectáculo, como una coreografía que cada bailarín interpreta a la perfección.
Otra tarea de campo es la protección. Igual que se hizo siempre, en Castilla y León y otras regiones de España se emplean mastines para proteger a las ovejas de los lobos. Los mastines no son sólo grandes e imponentes, aparte tienen una tenacidad a prueba de bomba. De hecho, luchan hasta la muerte si hace falta para proteger al rebaño. También es un espectáculo verlos actuar: comienzan con ladridos de advertencia, luego se van a acercando al intruso y, por lo general, la advertencia resulta suficiente. Lo hacen parsimoniosamente pero con aplomo. Más de una vez yo he tenido que darme la vuelta en el monte, para evitar que la amenaza de los mastines fuese a mayores... Igual que el mastín y el perro de montaña del Pirineo en España, en Rumanía usan el pastor de los Cárpatos, en Turquía el Kangal, en Mongolia el bankhar, también está el dogo del Tíbet y así un largo etcétera.
Cazar y cobrar son otras dos tareas de campo. Hay perros, como el galgo, diseñados para cazar liebres. En esta familia están también el saluki, el lebrel afgano o el whippet. También es una delicia contemplarlos correr a la velocidad de un misil. Si lo haces a cámara lenta, puedes reparar en que levantan los cuatro pies del suelo dos veces por cada zancada. Junto con los guepardos, son el único animal que hace esto. Si has visto un galgo, también te habrá llamado la atención el contraste entre sus miembros, que son delgadísimos, y su caja torácica, que es muy voluminosa. Esa caja aloja unos pulmones grandes, necesarios para suministrar oxígeno a los músculos que trabajan a máxima intensidad durante la carrera. Otros perros, más corpulentos y con mandíbula poderosa, fueron diseñados para cazar animales grandes, como jabalíes. Un buen ejemplo es el dogo argentino. Y otros más, pequeños en este caso, fueron diseñados para cazar alimañas colándose por los lugares más recónditos. Tenían que ser perros muy vivaces y ágiles, para aguantar la persecución a una rata, lo suficientemente grandes y fuertes, para lograr reducir a su presa, pero lo suficientemente pequeños como para salir de madrigueras girándose sobre sí mismos. El mejor ejemplo de este grupo es el jack russell terrier.
Hay perros que participan en la caza pero con otros roles: el de rastrear la presa y el de cobrarla. Rastrear significa buscar las huellas que el animal fue dejando y que sólo la nariz y la agilidad del perro pueden seguir campo a través. Se piensa que las orejotas del bloodhound sirven para retener las partículas de olor junto a su nariz y que así las huela mejor. Una vez localizada la presa, será el turno del cazador. Cobrar sigue el sentido inverso: primero, el cazador dispara a la presa y, luego, manda al perro a buscarla. El perro debe sujetarla en la boca suavemente para no destrozarla. Y alcanzarla muchas veces implica salvar ríos y marismas. Ésa es la razón de que a los labradores les guste tanto el agua...
Una tarea de campo muy preciada es la localización de trufas. Se pagan miles de euros por un perro trufero. De nuevo, es importante que al localizarla, el perro no la destruya o se la coma. Y eso requiere un largo entrenamiento, que no todos superan y que explica el precio de estos perros en el mercado.
Por último, una tarea de campo muy común es la guarda. Es muy habitual que en las fincas y en las casas haya un perro guardián. A través de un ladrido firme avisa de si hay intrusos y también los disuade. El problema es cuando sacamos esta función de su ambiente natural: el resultado es el perro del quinto piso, que ladra sin parar día y noche para la desesperación de los vecinos... (de hecho, ésa es la razón de que yo no viva en un bajo con jardín: los vecinos acabarían por hacerme mobbing, hartos ya de los ladridos de mi perro de 40 kilos, que es un animal tan reactivo, que se asusta hasta de su sombra; y no es coña).
3.2. Tareas para los servicios y fuerzas especiales
Otro conjunto de tareas tiene que ver con servicios y fuerzas especiales. Y aquí entra la detección de explosivos y de drogas, la localización de personas tras catástrofes como derrumbes o atentados, el rescate en el mar, la defensa personal, rastrear criminales y rastrear personas desaparecidas. Una curiosidad: seguro que has visto muchas veces el término "K9" para referirse a los perros policías o impreso en correas, arneses y juguetes para perros y no sabes que significa... "canino". En inglés K9 se lee /kei/ y /náin/, que junto suena /kéinain/, igual que "canine" ("canino").
Una aplicación que nunca habríais imaginado se está implementando en la reserva Masái Mara de Kenia. La reserva alberga toda clase de vida salvaje, desde búfalos o gacelas hasta jirafas y rinocerontes. Todos son víctimas de los furtivos, que venden las piezas a coleccionistas sin escrúpulos. En China se pagan millonadas por el marfil del cuerno de rinoceronte (60 mil euros el kilo, para ser exactos), al que se atribuyen propiedades milagrosas. Un nuevo programa de la reserva se basa en el uso combinado de tres tipos de perros: unos detectan armas y marfil a la entrada y salida del parque, otros siguen el rastro que dejan los furtivos y otros más terminan la faena, reduciendo a los cacos. Otra vez más, no hay máquina que pueda detectar marfil, seguir el rastro de una persona durante días y kilómetros o atraparla y reducirla con eficacia total.
3.3. Tareas en el ámbito sanitario
Otro grupo de tareas caninas tiene que ver con la sanidad. Aquí entran tareas más conocidas, como la visita a niños hospitalizados, el acompañamiento a ancianos y la guía a personas ciegas, y otras muy novedosas, que merece la pena considerar un momento. Estoy seguro de que alguna os va a sorprender.
Cada vez más se usan perros para detectar problemas médicos. Uno es la hiperglucemia. Los diabéticos no segregan insulina, la hormona encargada de trasladar el exceso de glucosa del torrente sanguíneo a músculos e hígado. Si la glucosa no se retira, resulta tóxica. Pues bien, ya hay personas a las que se les entregan perros entrenados para detectar el exceso de glucosa en sangre y dar la alarma.
Los perros también detectan la inminencia de un ataque epiléptico de su amo. En un experimento se sometió a los perros a varias muestras de sudor de sus amos, una tomada en un momento de calor sofocante, otra durante una sesión de ejercicio y otra durante un ataque. Los perros distinguieron con precisión el sudor correspondiente al ataque. Aún se desconocen las moléculas concretas que lo identifican; el caso es que los perros las captan.
Respecto al cáncer, había experiencias puntuales de perros que habían mostrado un comportamiento singular ante la presencia de tumores en sus amos, que éstos desconocían y que lograron identificar gracias a las señales del perro. Ahora mismo hay múltiples programas de entrenamiento en marcha para refinar este "sexto sentido". Uno de los programas se lleva a cabo aquí mismo, en el Hospital de Valdecilla de Santander, a cargo de la asociación BioDogtor. Al final del adiestramiento los perros harán diagnóstico precoz de cáncer de colon y de pulmón con un índice de acierto del 80%. Nada mal para un bicho que no vale, ni de lejos, los 1,2 millones de euros de una máquina PET de tomografía. El cáncer tiene un metabolismo especial, sólo puede funcionar por vía fermentativa, no oxidativa, y eso crea una huella olorosa específica que nuestros amigos peludos perciben.
Otros usos innovadores de los canes son defensa de mujeres víctimas de maltrato, terapia para estrés postraumático y terapia en centros penitenciarios. A las mujeres víctimas de maltrato se les entrega un perro entrenado para aplacar al agresor a la orden. De ese modo, si el malnacido incumple la orden de alejamiento y se le ocurre acosar a la mujer, ésta no tiene más que lanzar la consigna y, en el acto, el perro se abalanza sobre el agresor y lo inmoviliza, dando tiempo a la mujer de avisar a las autoridades. El perro lleva un bozal especial para poder aplicar fuerza sin llegar a morder (una pena: estoy convencido de que mi malinois haría una gran labor trincando a esos cobardes de los c****es... ).
En algunos centros penitenciarios se está permitiendo a los internos cuidar de perros. Esto sirve para dos cosas: por un lado, reduce la ansiedad y el mal rollo, lo que a su vez reduce el riesgo de conflicto entre los internos; por otro lado, les da una responsabilidad, lo que ayuda a estructurar el tiempo y a ganar en autoestima.
Por fin, otro uso novedoso es la ayuda a personas con estrés postraumático. En este caso, se trata de ayudar a la persona a salir a la calle, en primer lugar, y, más adelante, a enfrentar las situaciones que generan miedo. El perro ha de salir sí o sí al menos un par de veces, de modo que te toca salir al exterior te guste o no. Y a la hora de encarar la situación ansiogénica, ayuda mucho ver que tu compañero de cuatro patas la afronta sin miedo.
3.4. Recapitulación
Lo dije al principio de este apartado: son 23 tareas las que ni el dron ni la tablet ni el GPS más potentes pueden realizar al nivel del perro y con la misma parsimonia. ¿Lo comprobamos? 1, pastoreo, 2, protección de rebaños, 3, cazar, 4, rastrear presas, 5, cobrar la presa, 6, encontrar trufas, 7, guarda, 8, detección de explosivos, 9, detección de drogas, 10, localización de personas en catástrofes, 11, rescate en el agua, 12, defensa personal, 13, rastrear criminales, 14, rastrear personas desaparecidas, 15, visita a hospitalizados, 16, acompañamiento a ancianos, 17, guía a personas ciegas, 18, detección precoz de cáncer, 19, prevención de crisis epilépticas, 20, detección de hiperglucemias, 21, protección a mujeres víctimas de maltrato, 22, terapia en centros penitenciarios, 23, ayuda en estrés postraumático. Son 23, nada más y nada menos. Y es posible que me esté dejando alguna en el tintero, como puede ser el tirar de trineos. Y, por supuesto, cualquiera de las tareas la hacen con un añadido de regalo: la amistad impagable que te proporcionan, ;). En realidad, ésa es la tarea más importante de todas: darnos compañía, afecto y alegría sin condiciones. Y pidiendo muy poquito a cambio...
Hay que insistir antes de cerrar este apartado en que todas y cada una de las tareas que hemos visto, que implican talentos como el olfato, la agilidad o la fuerza, serían impracticables sin la colaboración del perro. Por tanto, la capacidad canina más fundamental es, otra vez, la de entender lo que queremos y la de querer complacernos. No hay duda: es, por encima de todo, el amigo más fiel.
4, ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE SU EXCEPCIONAL INTELIGENCIA SOCIAL?
En un apartado anterior hemos aprendido sobre la inteligencia social del perro: (a) leen nuestros comportamientos para deducir lo que pensamos y sentimos, (b) lo hacen como ningún otro animal aparte del hombre, por inteligente que sea, puede hacer y (c) sin disponer de una inteligencia manipulativa especialmente grande. En resumen, los perros son especialistas en comunicarse con el ser humano. La cuestión ahora es cómo han desarrollado esa especialización. Responder a esta cuestión nos ayudará también a entender nuestra propia naturaleza, pues también somos seres súpersociales.
4.1. Herencia lobera
Una primera posible explicación para las habilidades comunicativas del perro es su origen lobero. Los lobos son cazadores sociales, es decir, cazan en grupo. Y esa forma de caza requiere muchísima coordinación. Primero hay que localizar a las presas, que pueden ser, por ejemplo, ciervos. Identifican el olor y siguen su rastro. El rastreo es más efectivo si el grupo se divide. Rastrean con el viento en contra; así el olor de la presa les llega y el suyo no puede ser detectado. Con la manada de ciervos a la vista, los lobos más ligeros y rápidos, hembras por lo general, son los que corretean alrededor de los ciervos. De esa manera causan confusión y provocan que la manada de ciervos se separe. Con los ciervos separados es fácil identificar al más débil, una tarea que suele recaer en el lobo alfa. Los lobos lentos pero más fuertes serán los que le den caza y muerte. Rastrear, acechar, perseguir y cazar son tareas colectivas que reclaman organización, de ahí que los lobos tengan grandes capacidades sociales. Como el perro proviene del lobo, una posible explicación para la enorme habilidad comunicativa del perro es que lo hereda de su antepasado el lobo.
Sin embargo, los lobos son incapaces de resolver la prueba de los contenedores, que vimos arriba. Os recuerdo: hay contenedores opacos e inodoros, escondes comida en uno sin que el animal lo vea y luego señalas el contenedor bueno. Los perros siguen nuestras señales, ya sea a través del dedo, los ojos o la cabeza. Los lobos hacen caso omiso a la señal, es invisible para ellos. Y esto ocurre tanto en lobos salvajes como en lobos criados con humanos desde el nacimiento y conviviendo con el humano 24 horas al día. Los lobos tampoco buscan ayuda en el humano. En otro experimento que ya vimos se coloca comida en una caja y una cuerda permite alcanzar la comida; luego se truca el mecanismo para que quede bloqueado el acceso a la comida. El perro, ante la mínima constatación de que la cosa falla, busca al humano para que lo resuelva. El chimpancé se ofusca, tratando de arreglarlo él solo por todos los medios. El lobo hace igual que el chimpancé.
En conclusión, el perro procede del lobo, que es un animal muy social y, por tanto, cabe pensar que la inteligencia social del perro es una herencia lobera. No obstante, el lobo (incluso el criado en un entorno humano) no demuestra saber leer nuestros gestos ni entiende que podemos proporcionarles ayuda cuando están en apuros.
4.2. Aculturación
Otra posible explicación a por qué el perro tiene una habilidad comunicativa tan grande es que la aprenden viviendo con nosotros. A base de observar cómo nos comportamos y de registrar el efecto que tienen determinadas acciones suyas en nosotros, van configurando un repertorio de conductas sociales. En fin, que aprenden por imitación y por asociación a interpretar nuestras señales y a expresar lo que quieren. Esto tiene bastante sentido pero hay dos problemas. En primer lugar, los cachorros que no han tenido contacto con humanos y apenas tienen experiencia en el mundo resuelven los tests tan bien como los perros normales. En la prueba de los contenedores, los cachorros crecidos sin contacto humano siguen nuestra señal. En la prueba del mecanismo que falla, los cachorros buscan nuestra ayuda. Por otro lado, los lobos, que tienen una muy buena inteligencia general (o sea, gran capacidad de aprendizaje) fallan en los mismos tests incluso si han convivido con humanos desde su nacimiento. Recapitulando, los perros que no han podido aprenderlo lo demuestran y los lobos que han tenido ocasión de aprenderlo, no. Conclusión lógica: no es una cuestión de aprendizaje.
4.3. Domesticación
Si no lo han aprendido y no forma parte de la biología de los cánidos, ¿de dónde viene la inteligencia social de los perros? En esencia, es fruto de nuestra intervención: fuimos seleccionando y cruzando a los especímenes lobos más comunicativos para dar origen a una especie nueva y única, que es el perro. Este proceso se llama domesticación y tuvo lugar en varias fases.
Fase 1: selección natural. Hubo una fase previa de selección natural. Todo animal salvaje desconfía del ser humano. Y hace bien, porque somos potenciales depredadores. Desconfiar se traduce en huir o, llegado el caso, luchar. EL humano, pues, provoca miedo o agresión en los animales salvajes. Miedo y agresividad impiden que haya contacto, y mucho menos convivencia, entre lobos y humanos. Por narices, tuvo que ocurrir que algunos lobos tuvieran un temperamento algo distinto. En toda población de seres vivos (sean animales, plantas, bacterias u hongos) hay variabilidad. Es decir, no todos los ejemplares son iguales. En el caso del lobo, los hay más o menos corpulentos, de pelaje más o menos oscuro, de pelaje más o menos denso, de colmillos más o menos largos... y, lo crucial aquí, más o menos afable o más o menos desconfiado. Algunos especímenes son, por naturaleza, algo más reservados y más proclives al miedo o la agresión, y otros son más desprendidos, están más abiertos a explorar, son más amigables. Algunos de éstos son los que se acercaron al humano por primera vez (algo que ocurrió hace unos 20 mil años). Y al acercarse descubrieron que en torno a los asentamientos había desperdicios. Y descubrieron que esos desperdicios les daban de comer sin necesidad de llevar a cabo el arduo proceso de caza (que implica rastrear, acechar, perseguir y atacar, tal como vimos antes). Esos lobos afables, gracias a su apertura a la exploración, adoptaron un nuevo modo de vida: dejaron de ser cazadores para vivir como oportunistas en la periferia de los poblados humanos. Así iniciaron una relación que aún perdura en nuestros días.
Una implicación es que esos primeros lobos "vecinos" nuestros tuvieron que ser algo más enclenques que el promedio de sus hermanos. ¿Por qué? Porque de otro modo no podrían haber prosperado con una dieta tan pobre en calorías como es la basada en desperdicios. No es igual comerte medio bisonte, con toda su proteína de calidad y su grasa saludable, que aguantar con la pizca de carne, piel o cartílago que puedas entresacar de un hueso y el poco tuétano que puedas sacar de su interior. Lo primero es un festín; lo segundo, un piscolabis.
Otra implicación es que quizás los perros son una suerte de lobos inmaduros. La desconfianza, el sistema miedo/agresión, no aparece tras nacer, lo hace durante la infancia del animal. El animal nace afable y se vuelve desconfiado. Una posibilidad es que esos lobos amigables lo fueran porque, de algún modo, su maduración habría quedado interrumpida o no se habría completado. De ser así, el perro actual es una suerte de lobo bebé y lo es durante toda su vida. Esto explicaría por qué los perretes son tan juguetones durante todo su ciclo vital. Pero esta posibilidad es sólo especulación, que conste.
Fase 2: favorecer la afabilidad. El origen de todo, como acabamos de ver, fue casual: unos especímenes de lobo con poco miedo y agresividad probaron a acercarse a nosotros y, de chiripa, descubrieron que era muy cómodo vivir viendo llegar la comida a tu boca en lugar de tener que mover el culo para conseguirla. Nuestro papel en esa fase fue pasivo: fue el lobo el que movió ficha, fue él quien se acercó a nosotros. Una vez ya estuvo asentado en la periferia de nuestros poblados es cuando nosotros tomamos un papel activo. Comenzamos a aplicar un proceso de selección artificial.
En algún momento, alguno de los humanos cuyos entornos habían sido colonizados por lobos afables, reparó en el hecho: "hey, mirad qué bichos tan simpáticos hay donde tiramos los desperdicios". Seguramente, por nuestra sociabilidad exacerbada, quisimos adoptarlos como mascotas. Vamos, que no sólo no teníamos problema en que merodeasen los asentamientos y aprovechasen nuestros desperdicios, es que además nos parecía divertido. Lo que hicimos entonces fue seleccionar a los más afables entre los afables. De entre los lobos instalados en la periferia de los poblados, los habría muy afables (simpáticos, súper confiados) y menos afables (afable aún pero algo arisco). Los humanos espantaríamos a los ariscos, que no nos harían tanta gracia. A los simpáticos los dejaríamos estar. De ese modo, estaríamos propiciando la reproducción de los más afables e impidiendo la de los menos (que estarían condenados a regresar a la vida salvaje). Si cruzas una mamá simpática con un papá simpático, la descendencia será simpática sí o sí. Si repites el proceso varias veces, al final obtienes especímenes tan simpáticos, que ya constituyen una especie diferente a la original (que era un lobo desconfiado que huye o lucha, recordemos).
Un apoyo muy sólido a esta hipótesis es el experimento de los zorros de Siberia. En los años 50 un investigador ruso llevó a cabo un sencillo experimento con resultados asombrosos. Tenía una granja donde criaba zorros. La mayoría no aceptaba comida de la mano del hombre: unos pocos se alejaban y se refugiaban en el fondo de su chenil, muchos más se lanzaban con furia contra la verja intentando morder al humano. Había algunos, sin embargo, que aceptaban la comida sin problema. El investigador decidió cruzarlos entre sí. Es decir, seleccionó la afabilidad. Unas pocas generaciones después los zorros eran todos amigables y mucho más que los iniciales.
Hubo otro resultado inesperado y alucinante. El investigador había seleccionado únicamente la afabilidad. Ése era el único criterio para coger o dejar a los zorros. Pero tras varias generaciones los zorros habían cambiado en otros aspectos distintos de su afabilidad. Los zorros domesticados emitían un sonido (una especie de ladrido) que ninguno de los silvestres hacía, presentaban también manchas blancas que tampoco se observan en los silvestres, su talla era menor y meneaban sus colas al ver un humano. Este resultado revolucionó el campo de la biología: ahora sabemos que los rasgos van en "paquetes", de manera que seleccionando uno sólo, te llevas todos los demás de rebote. Esto demuestra que la evolución de las especies puede producirse de forma muy rápida, porque aunque las circunstancias favorezcan un único rasgo, los otros rasgos "asociados" prosperarán también, generando transformaciones gigantes en pocas generaciones y dando lugar a especies completamente originales.
Este mecanismo explica también las diferencias anatómicas que existen entre lobo y perro, sea de la raza que sea. Los perros, por lo general, tienen orejas blandas (en lugar de erguidas), cola enroscada (en lugar de lisa), manchas (en lugar de pelaje liso) y un tamaño menor a los 40-50 kilos que pesa como mínimo un lobo. De hecho, estos cambios se observan en todos los animales domésticos, incluyendo vacas (pensad en las clásicas manchas de la vaca suiza), cerdos (fijaos en su rabo enroscado) u ovejas (fijaos en sus orejas caídas, que quedan a media altura en lugar de erguidas).
Una curiosidad es que los gatos domésticos en realidad nunca fueron domesticados! Mantienen su naturaleza salvaje tanto en términos físicos como psíquicos. La prueba es que su aspecto es idéntico al de un gato montés o cualquier gran felino (orejas erguidas, manchas atigradas, cola lisa... ) y que, si le das ocasión (por ejemplo, si lo tienes suelto en una casa de campo), exhibe comportamientos instintivos como la lucha por las hembras o el apareamiento. No hizo falta domesticarlo. Él hacía su vida (cazar ratones) y nosotros la nuestra (cosechar y almacenar alimento en la despensa) y, sencillamente, la relación interesaba a ambos (él consigue comida, tú tienes la despensa protegida). Pero no hubo que seleccionar a los más afables porque no trabajábamos juntos y no era necesaria la coordinación. Así pues, somos vecinos, no compañeros.
Fase 3: favorecer el rendimiento. Hubo una fase posterior también de selección artificial. Pero esta vez no priorizábamos la afabilidad sino el rendimiento. Entonces interesaba el perro rápido para cazar, el perro fuerte para proteger, el perro sensitivo para rastrear, la agilidad y la intuición para manejar un rebaño de ovejas... El humano se dio cuenta de que podía aprovechar las cualidades del perro a su favor.
Parece ser que uno de las primeras razas fue el saluki, que es de la familia del galgo. Hay indicios de que apareció en antiguo Egipto y se le crió para cazar liebres. Así pues, uno de los primeros criterios de selección fue la velocidad.
Nuestros antepasados buscaban rendimiento, que el perro haga tal cosa con total eficacia. Simple y llanamente. El aspecto físico del perro les importaba un comino. Pero, como ya sabemos por los experimentos de Siberia, aunque selecciones un rasgo concreto, otros tantos vienen en el paquete. Seleccionar velocidad, por ejemplo, trajo consigo otros rasgos que caracterizan a la familia del saluki y el galgo. Algunos los mencionamos más arriba: miembros delgados y pulmones grandes; pero también un sentido de la vista muy desarrollado (porque el galgo persigue a la liebre cuando se topa con ella, no la rastrea antes) o unas almohadillas de los pies grandes (para absorber el impacto de las tremendas zancadas que pega).
De esta manera se fueron creando las primeras razas "base". Como digo, los humanos buscaban rendimiento y así seleccionaban a los más rápidos o los más fuertes o con más olfato, nada más; pero eso iba provocando paquetes de cambios que configuraban especímenes muy diferentes entre sí.
Fase 4: la locura de los estándares de raza. La época victoriana es un capítulo de la historia del Reino Unido que coincide con el auge del imperio británico y la revolución industrial. De mediados a finales del siglo XIX, para entendernos. Fue una época enormemente próspera en el Reino Unido. Las colonias proporcionaban materias primas y mano de obra barata y en la metrópoli florecía el comercio y el ocio nacía. Había un sentido de clase muy fuerte. Había muchas formas de demostrar estatus. Una de ellas, las mascotas. Era un símbolo de estatus el tener una vaca bien gorda y hermosa, un gato persa perfectamente acicalado o, por supuesto, un perro de raza. Las razas de perro, tal como las conocemos hoy, provienen en buena parte de esta época.
De hecho, entonces nacieron también los "estándares de raza", que son los criterios para determinar si un ejemplar es o no de la raza equis y si, además, es un buen representante de dicha raza. Estos estándares perduran aún hoy. También se originaron los concursos de belleza, en donde se valora el cumplimiento de esos estándares. Pero todo este asunto de los estándares está plagado de problemas.
El problema principal es que los estándares se refieren en un 90% a rasgos estéticos, no de comportamiento. Son cosas completamente irrelevantes, como la distancia de los ojos a la trufa, la caída de la cola o la cantidad de pelo en la barbilla.
Otro problema es que, aunque son criterios estéticos, es una estética muy discutible. ¿De verdad a alguien le parece bonito el morro de un bulldog francés o del carlino?
Un problema más grave es que esos rasgos "bonitos" muchas veces son insanos. Por ejemplo, los perros de morro achatado suelen tener problemas respiratorios por la forma de su hocico, que altera la forma natural de las vías de entrada de aire. Las arrugas del sharpei acumulan suciedad y piel muerta y si no se lavan (lo que requiere levantar cuidadosamente los pliegues uno a uno y retirar la basurilla), producen infecciones.
Por último, las malas prácticas de cría resultan en deriva genética. Si cruzas familiares entre sí, las generaciones posteriores desarrollan discapacidades. Es un mecanismo de la biología para favorecer la diversidad y asegurar la supervivencia de las especies. Un mal criador de perros cruza al abuelo con su nieta o, peor aún, a hermanos entre sí. La consecuencia son taras genéticas como las patas de rana de los pastores animales o la displasia de cadera de los labradores. Si priorizas el estándar sobre la salud, tal como hacen los malos criadores, no tendrás escrúpulo alguno en aplicar estas formas de cría y acabarás provocando deriva genética. Por algo el incesto es un tabú en todas las culturas...
CONCLUSIONES
El perro es un caso único en todo el reino animal. Es verdad que hay animales muy inteligentes, como el chimpancé, pero no tienen las habilidades comunicativas del perro. Es cierto que el perro no es el único animal doméstico, también están la vaca, el cerdo o la oveja; pero en éstos buscamos que dieran mucha leche, mucha carne o mucha lana, y no que cooperasen con nosotros. Gracias al proceso de domesticación que aplicamos sobre el perro (y gracias también a esos primeros lobos afables que "decidieron" establecerse en la periferia de nuestros poblados) hemos dado origen al compañero ideal. Los perros entienden nuestros gestos, nos miran a la cara, hacen gestos para pedirnos cosas cuando saben que los estamos mirando, se ayudan de nosotros para resolver situaciones nuevas, entienden nuestro tono de voz y sienten placer (porque se activa su núcleo accumbens y se dispara su dopamina y su oxitocina) al percibir nuestro olor y al estar con nosotros. Además, tienen una vitalidad de campeonato y nos la entregan sin condiciones, sea lunes o sábado, te haya ido bien o mal en el trabajo, llueva o salga el sol. El perro es nuestro amigo más fiel.
Si tienes perro, ya habrías sentido que sabe leer en tu mente. Bien, ahora puedes decir que la ciencia lo respalda: tu perro te entiende de verdad. Si no tienes perro o incluso si no sientes atracción por ellos, debes reconocer que es una historia fascinante, pues no hay otra domesticación igual, una que haya buscado crear compañeros, no meros suministradores de leche, carne o lana, y que haya resultado en un animal tan increíblemente empático. Si a eso le añades las magníficas capacidades que tiene y las tareas que puede realizar, imposibles para un robot o un algoritmo, ya tienes el animal excepcional que el perro es. Son argumentos de peso, así que es una cuestión objetiva, tal como anuncié, y no un simple arrebato de un loco perruno...
Creo que sólo resta decir "guau" (en los dos sentidos ;)).
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