En otro artículo aprendimos que los humanos tenemos dos facetas, una racional, que nos da la capacidad de hacer las obras más brillantes y colosales; y otra emocional, un piloto automático que busca la satisfacción de las más bajas pasiones y que no tiene paciencia alguna. Hoy vamos a ahondar en la faceta racional, vamos a ver en qué consiste la inteligencia humana. Vamos a descubrir que esa inteligencia tiene también dos ramas y que no todos estamos igualmente dotados para cada una de ellas: unos son buenos en una forma de inteligencia, otros lo son más en la otra. Es decir, existen distintos perfiles que además tienen base biológica y esto, según cierta teoría, podría ser la explicación a varias de las diferencias entre hombres y mujeres y al autismo. Aún a riesgo de resultar polémico, creo que el artículo promete...
¿Qué nos hace tan especiales a los homo sapiens?
Para entender mejor la naturaleza humana, os propongo antes dedicar un momento a analizar el caso de dos animales fascinantes. Se trata del oso polar y del guepardo.
Oso polar. El oso polar es el carnívoro terrestre más grande del mundo: puede alcanzar hasta 700 kg. Y su diseño es de lo más ingenioso. Veamos algunos datos. Su pelaje es traslúcido para dejar pasar la luz solar y que así le toque la piel. Bajo ese pelaje su piel es negra, aunque no lo parezca, y lo es para absorber más calor del sol y calentar mejor su cuerpo. La piel, además, está recubierta de una capa de grasa de 10 cm de grosor, que le permite mantener el calor corporal incluso sumergido en las gélidas aguas del polo. Hay que decir también que es un excelente nadador: su cabeza es afilada y su cuello flexible para ganar en aerodinámica y para salir a respirar cómodamente; sus pies son palmeados para propulsarse en el agua. Por último, su corpulencia le proporciona la fuerza necesaria para cazar focas, que son su alimento principal. Fascinante, ¿no os parece?
Guepardo. El guepardo no se queda atrás en lo que a datos de impresión se refiere. Es el animal terrestre más rápido del mundo: alcanza velocidades superiores a 100 km/h y pasa de 0 a 100 en tres segundos. Cuenta para ello con una espina dorsal excepcionalmente flexible, que le permite doblarse y estirarse y así alzar las cuatro patas dos veces en cada zancada. En realidad, toda su morfología está al servicio de la velocidad. Su cabeza es apuntada para una mayor aerodinámica, sus orificios nasales son anchos para captar más aire y su caja torácica extra-grande aloja unos pulmones y un corazón enormes, capaces de bombear el oxígeno y la sangre suficientes para que sus músculos trabajen a ritmos de vértigo. Incluso tiene uñas que no se retraen y una cola más larga que su propio cuerpo, aspectos que hacen posible mantener la tracción y la estabilidad durante la carrera. Más todavía: las líneas negras que salen de sus ojos le protegen de los destellos del sol para no perder de vista a su presa. De nuevo, un animal para flipar.
Vulnerabilidad. Pero hay un problema: un pequeño cambio en sus circunstancias y estos animales se ven críticamente amenazados. De hecho, como en el polo cada vez hay menos hielo y se mantiene entero durante menos tiempo, el oso polar es una especie en peligro (los osos usan el hielo como plataforma desde la que buscar focas y saltar cuando localizan a una) y como en la sabana africana hay cada vez menos gacelas debido a la caza, la ganadería y el avance de la urbanización, el guepardo también ha visto descender su población sensiblemente (las gacelas son su principal alimento). O sea, osos y guepardos son "máquinas perfectas" que, sin embargo, quedan indefensas ante mínimos cambios en sus condiciones.
Plasticidad ecológica. Pero hay una especie capaz de salir airosa en cualquier circunstancia que se le presente, algo único en todo el reino animal. Sí, como habréis adivinado, esa especie es la humana. El homo sapiens tiene la mayor "plasticidad ecológica" de la Tierra, puesto que hemos logrado ocupar y prosperar en todos los hábitats, ya sea bosque, pradera, desierto, jungla, altiplano, litoral, estepa, alta montaña, hielo. Repito: somos la única especie capaz de tal plasticidad.
La pregunta ahora es ¿qué narices nos diferencia del resto de especies para ostentar tamaño récord? ¿Qué nos hace tan estupendos si no tenemos ni la fuerza del oso ni su capacidad para resistir el frío ni la velocidad del guepardo ni su agilidad y precisión? Muy sencillo: tenemos una inteligencia superior. Esa inteligencia, a su vez, hizo posibles dos cosas: (1) el desarrollo de la tecnología y (2) la colaboración. La tecnología es el diseño y la fabricación de herramientas; herramientas como flechas y arcos con los que cazar con la rapidez del guepardo, cuchillos con los que obtener pieles que nos dan la resistencia al frío del oso o canoas para navegar sobre aguas gélidas. La colaboración, por su parte, se refiere a la coordinación entre individuos para llevar a cabo tareas colectivas; tareas que no serían posibles de realizar individualmente, como cazar, recolectar, construir refugios, repeler ataques de grupos enemigos o cuidar de niños y ancianos. La inteligencia nos dio, pues, la (1) capacidad de desarrollar tecnología y (2) la capacidad de colaboración, necesarias ambas para sobrevivir bajo cualquier circunstancia, para prosperar en los lugares más variopintos y hostiles.
Se desprende de lo anterior que nuestra inteligencia en realidad no es unitaria sino que engloba dos ramas o componentes. Hay una inteligencia implicada en el diseño y fabricación de herramientas y otra que posibilita la colaboración entre personas. Vamos a llamarlas "inteligencia manipulativa" e "inteligencia social", respectivamente.
Inteligencia manipulativa. Podemos definirla como el (a) interés por y (b) la capacidad para aprender sobre el mundo de los objetos. Resulta que para cargar un tronco o una presa sobre los hombros es mejor apoyarlos por el centro, de manera que el peso se reparta equitativamente; para que un puente soporte el peso de una persona debe emplear un tronco de suficiente tamaño y consistencia; para que un objeto ruede ladera abajo debe ser lo más redondo posible; para que un objeto llegue más lejos puedo emplear un propulsor, como una honda; si quiero perforar necesito un pincho, si quiero cortar necesito una cuchilla; si quiero cargar necesito una embarcación ancha, si quiero velocidad necesito una barca estrecha; etc. Todo esto es conocimiento tecnológico y para desarrollarlo es precisa una capacidad específica, una capacidad que en primer lugar (a) dirija tu atención sobre estas cuestiones, que dediques tiempo a observarlas; y que además (b) te permita extraer regularidades o principios a partir de la experimentación y la observación. En eso consiste la inteligencia manipulativa, imprescindible para construir herramientas con las que suplir nuestras "incapacidades" y llegar a ser rápidos cual guepardo o fuertes como oso polar.
Inteligencia social. Podemos definirla como (a) el interés por y (b) la capacidad para aprender sobre el mundo de las personas. Resulta que la alegría se expresa a través de la sonrisa, que boca y ojos muy abiertos denotan sorpresa, que un ceño fruncido es signo de enfado; que recibir un halago o un premio es motivo de alegría, que un ruido inesperado causa sorpresa, que un insulto provoca enfado; que si el otro está abatido, puedes apaciguarlo con palabras de esperanza; que si el otro necesita impulso, puedes darle palabras de aliento; que si das escucha, comprensión, aliento, construyes vínculos con el otro, porque confía en ti y porque cuidar de otro nos hace quererlo más; que puedes administrar la información que le das al otro para producir creencias falsas y controlar su comportamiento a tu favor; que el otro puede detectar tu engaño si tu voz titubea o si tus gestos no son los habituales... Para desarrollar una psicología como ésta (y, cuidado, que no es un conocimiento explícito y sistemático sino una intuición) necesitamos (a) prestar atención a estos fenómenos y (b) ser capaces de extraer regularidades o principios de la experiencia. Así funciona la inteligencia social, y es básica en las relaciones sociales, que a su vez son imprescindibles para llevar a cabo tareas colaborativas vitales como cazar y recolectar, construir refugios o cuidar de niños y ancianos.
El cerebro extremadamente masculino
Ya sabemos que el arma secreta del homo sapiens, el que le ha permitido prosperar en todos los hábitats del planeta bajo las condiciones más inhóspitas, es la inteligencia. Sabemos además que esa inteligencia tiene dos ramas, la manipulativa y la social. Pues bien, no todos estamos igualmente dotados para cada una.
El ingeniero. Piensa en ese amigo tuyo que está siempre pendiente de las innovaciones tecnológicas, del último iPhone extraplano y súper potente, de la cámara de no sé cuántos megapíxeles, de una banda ancha que transmite datos a la velocidad del rayo, del coche que trae cámara de visión trasera y que aparca él solo, de una aplicación que te permite encender la lavadora y la calefacción desde el móvil según te diriges a casa. Es ese amigo al que recurres cuando te ha entrado un virus en el ordenador, cuando tienes móvil nuevo y no te aclaras con el sistema operativo, cuando necesitas instalar no sé qué aplicación, cuando quieres cambiar de tarifa de internet en casa. Es ese tipo que sabe exactamente cómo colocar las maletas para que entren todas en el maletero del coche y además no queden huecos y así se sujeten unas contra otras. Es quien sabe exactamente cómo mover el sofá nuevo por la escalera para meterlo en casa. Es el primero en coger el manual de instrucciones para montar un mueble de Ikea y, antes de haber terminado de mirarlo, ya sabe exactamente la secuencia a seguir para armarlo. Es ese que al terminar la cena y recibir la cuenta, sabe en un instante cuánto ha de poner cada uno, aún cuando no todos tomaron vino ni todos tomaron postre; y el tipo sabe en el acto la cantidad justa que debe abonar cada comensal! Es el que ve un cartel de 20% de descuento y enseguida sabe cómo queda el precio final. Bien, una persona así tiene una inteligencia manipulativa muy desarrollada. Y es quien tiende a optar por disciplinas como las matemáticas, la física, la construcción civil o la informática. Es tu amigo "el ingeniero".
La psicóloga. Por otro lado está esa amiga a la que acudes cuando necesitas consejo. A veces debes tomar una decisión sobre tu futuro profesional, sobre tu salud o tus relaciones. Sabes que ella es quien mejor te va a escuchar, a entender y a orientar. Esa amiga está siempre pendiente de su gente, siempre te saluda con un "¿cómo estás?" sincero. Y sabe intuir cuándo hay alguien en apuros y qué tipo de apoyo necesita. Sabe interpretar gestos sutiles de otros mejor que nadie. Sabe leer entre líneas en un mensaje de WhatsApp, sabe identificar las motivaciones detrás de cierto post en Instagram, sabe por qué Fulanito ha bloqueado a Menganita en su Facebook. Es la persona en quien confías cuando ha habido un conflicto y necesitas que alguien medie o interceda en la cuestión. Esta amiga, además, tiene pasión por los niños y por las mascotas y, encima, sabe llevarlos de maravilla. Es la que se entera de todo en las series de televisión: sabe ver intenciones ocultas, predecir reacciones, considerar a la vez todas las conexiones entre los personajes. Es la que puede mantener una conversación contigo y a la vez no perder hilo de otras dos que mantienen otros clientes de la cafetería. Es la que sabe poner cara de póker, la que sabe contener sus emociones u ocultar sus sentimientos si la situación lo requiere. Tiene decenas de amistades y puede mantener y conjugarlas todas sin problema. Vale, pues esta persona tiene una súper inteligencia social. Con ese bagaje, claro está, lo natural es que opte por disciplinas como la literatura, la comunicación, el márketing, la educación, la mediación, el coaching. Es tu amiga "la psicóloga".
Mujeres, hombres y viceversa. Como acabamos de ver, algunas personas tienen más inteligencia manipulativa que el resto y otras destacan por su gran inteligencia social. Pues bien, ocurre que en promedio los hombres tienen más inteligencia manipulativa que las mujeres y las mujeres en promedio tienen más inteligencia social que los hombres. ¿Significa esto que no puede existir la ingeniera ni el psicólogo? Para nada: son sólo tendencias; es más fácil (más probable, si hablamos en términos técnicos) que un hombre sea mejor en inteligencia manipulativa y es más fácil (más probable) que una mujer sea mejor en tareas de inteligencia social. Que sea más probable no significa que lo contrario sea imposible. La cosa, como digo, es que por lo general los hombres destacan en tareas de matemáticas, física o ingeniería mientras que las mujeres despuntan en las de lengua, comunicación o mediación. De ahí que yo haya hablado antes de "el" ingeniero y "la" psicóloga.
Este supuesto, que los hombres son típicamente mejores ingenieros que las mujeres y las mujeres son típicamente mejores psicólogas que los hombres, no es especulación. Está basado en evidencias. Una muy a mano: los resultados en las pruebas diagnósticas que se aplican en la escuela. Tanto las evaluaciones que se les hacen a los alumnos en Primaria (la Prueba de Diagnóstico o los programas PIRLS y TIMSS) como las de Secundaria (programa PISA) arrojan sistemáticamente el mismo resultado: los chicos son mejores que las chicas en mates, las chicas son mejores que los chicos en lengua. Y cuando digo "sistemático" me refiero a que ocurre así (a) edición tras edición y (b) en todas las autonomías o países donde se realiza la evaluación. Y como ésta hay múltiples evidencias en el mismo sentido (exponerlo aquí sería demasiado prolijo pero creedme, las hay en abundancia).
Por supuesto, este patrón no implica que debamos vetar a los chicos de ámbitos relacionados con la psicología ni a las chicas de ámbitos relacionados con la ingeniería. Jamás! Y la razón es doble. Por un lado, ya dijimos que "promedio" no significa "conjunto": o sea, que también es posible (aunque menos probable) que un chico o una chica muestren el perfil opuesto a la norma. Por otro lado, y esto es muy importante, hay mil maneras de ser un/a buen/a físico, astrónomo, psicólogo, maestro, dramaturgo, monitor de ocio, director de márketing, periodista, político. Cada quien tendrá fortalezas y debilidades en cualquiera de esos puestos. Y la clave será saber explotar las fortalezas, con independencia de tus dotes de partida.
Explicación. Ahora que sabemos que los hombres despuntan en ingeniería y las mujeres en psicología, tal como revelan montones de evidencias, cabe preguntarse por qué. Una explicación posible es el reparto de tareas que se aplicó durante los 200 mil años del paleolítico y que presentan hoy el puñado de tribus cazadoras-recolectoras que aún existen: los hombres salen a cazar mientras las mujeres recolectan vegetales y cuidan de niños y ancianos. En el mundo de los hombres era más ventajoso ser agudo en materia de herramientas y de tácticas de caza. En el mundo de las mujeres era crucial saber interpretar las necesidades de los bebés y otras personas que requieren cuidados.
Otro factor de enorme importancia que no podemos ignorar es la influencia de las expectativas y de los modelos del entorno. Es cierto que el entorno espera y muestra a chicos que desempeñan determinados roles y a chicas que desempeñan determinados roles, lo que va moldeando el desarrollo de niños y niñas y acaba confirmando los estereotipos... Dedicaré un artículo a esta cuestión tan trascendental que ahora no cabe desarrollar en su justa medida. ;)
Autismo. Una cosa que todavía no hemos tocado es que no sólo es que los chicos despunten en materia manipulativa y las chicas en materia social, es que despuntar en un ámbito suele implicar ser más débil en el otro. Dicho de otra forma, las dos inteligencias suelen ser incompatibles: si tienes mucho de una seguramente tendrás poco de la otra y viceversa. De nuevo, ser excelente en ambas facetas no es imposible pero sí menos probable. Lo común es que pongamos la mayoría de los huevos en una de las cestas: buena ingeniería combinará con pobre psicología, buena psicología estará ligado a una escasa ingeniería.
De este modo, los perfiles prototípicos son: mucha ingeniería con poca psicología, mucha psicología con poca ingeniería. Para entendernos, los prototipos son Sheldon Cooper y Penny de Big Bang Theory. Sheldon no sabe hacer manualidades y las relaciones sociales se le dan fatal; tampoco sabe mentir ni captar el sarcasmo. Pero es un físico teórico de reconocido nivel. Penny no entiende ni jota de ciencia o tecnología pero sabe aconsejar, convencer, seducir, engañar y es la líder de su pandilla y nunca le han faltado amistades. En fin, el chico prototípico tiene mucha inteligencia manipulativa y poca inteligencia social; la chica prototípica presenta el patrón inverso.
La "teoría del cerebro extremadamente masculino" sostiene que las personas con autismo tienen un patrón como el de Sheldon pero de una manera extrema. Es decir, tienen una buena inteligencia manipulativa pero una escasísima o nula inteligencia social. Y ello al margen de que sean chicos o chicas.
La consecuencia es que las personas con autismo tienen especial afición por los medios de transporte, las fichas técnicas, los resultados deportivos, la meteorología, la música, las fechas, las montañas rusas... Y además pueden (no siempre ocurre) llegar a desarrollar su habilidad en estas materias a niveles prodigiosos. Esta afición (o incluso obsesión) va acompañada de una dificultad para entablar conversación, para participar en bromas o juegos, para construir y mantener relaciones o para tener pareja. Grosso modo, la persona con autismo es como Sheldon.
Estudios. Es una teoría discutible (y discutida, de hecho) pero lo cierto es que está respaldada por bastantes evidencias. Una muy básica: hay tres chicos con autismo por cada chica con autismo. En la jerga se dice que la ratio chico-chica en autismo es 3:1. Otra evidencia más y, en este caso, fascinante: si les administramos oxitocina (repaso rápido: la hormona de las relaciones) a las personas con autismo se desenvuelven mejor en juegos interactivos como el póker; saben interpretar y anticipar mejor las reacciones de los otros participantes. Más evidencias: si analizamos los rasgos autistas de la población a través de entrevistas, vemos que los que se dedican a profesiones de ciencia y tecnología puntúan más alto; y ocurre lo contrario si aplicamos tareas de inteligencia social. Otro apoyo menos obvio: si analizamos las familias de las personas con autismo es muy frecuente (mucho más que entre la población sin autismo) comprobar que sus padres se dedican preferentemente a profesiones del ámbito de la ciencia y la tecnología. Más retorcido: hay incluso evidencias de que las personas con autismo recibieron más testosterona durante la gestación. Y una mayor testosterona, a su vez, está asociada a menor contacto ocular o a mejor rendimiento en pruebas de aptitud espacial.
Conclusiones
La intención era, como siempre, ofrecer "alimento para el pensamiento", compartir temas que me parecen fascinantes. Pero no hay ninguna intención de sembrar polémica ni tampoco de hacer afirmaciones categóricas. Hemos visto que hay dos formas de inteligencia y que, en promedio (sólo en promedio), los chicos son buenos en la manipulativa y malos en la social y las chicas son buenas en social y malas en manipulativa. Esto no significa que no pueda ocurrir lo contrario ni mucho menos que un chico no pueda ser un muy buen maestro, dramaturgo o coach ni que una chica pueda ser buenísima astrofísica, ingeniera o piloto de transbordador espacial. Es más, a mí me parece que puede ser incluso bonito reconocer las fortalezas de cada cual y, sobre todo, saber sacarles partido y saber conjugarlas. Respecto al autismo, es un tema mucho más complicado de lo que he planteado aquí. No cabe duda. Entre otras cosas, la teoría del cerebro extremadamente masculino es sólo una del abanico disponible. Una crítica que suele hacérsele es que sólo se aplica a los autistas de alto funcionamiento, los que tienen cierto nivel intelectual, pero que no es válida para los que tienen además discapacidad intelectual (que son 2/3 del total de personas con trastorno de espectro autista). Pero tiene también bastante respaldo empírico (que hemos repasado de forma somera nada más) que no podemos obviar. Hala, a darle al coco!
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)
¿Qué nos hace tan especiales a los homo sapiens?
Para entender mejor la naturaleza humana, os propongo antes dedicar un momento a analizar el caso de dos animales fascinantes. Se trata del oso polar y del guepardo.
Oso polar. El oso polar es el carnívoro terrestre más grande del mundo: puede alcanzar hasta 700 kg. Y su diseño es de lo más ingenioso. Veamos algunos datos. Su pelaje es traslúcido para dejar pasar la luz solar y que así le toque la piel. Bajo ese pelaje su piel es negra, aunque no lo parezca, y lo es para absorber más calor del sol y calentar mejor su cuerpo. La piel, además, está recubierta de una capa de grasa de 10 cm de grosor, que le permite mantener el calor corporal incluso sumergido en las gélidas aguas del polo. Hay que decir también que es un excelente nadador: su cabeza es afilada y su cuello flexible para ganar en aerodinámica y para salir a respirar cómodamente; sus pies son palmeados para propulsarse en el agua. Por último, su corpulencia le proporciona la fuerza necesaria para cazar focas, que son su alimento principal. Fascinante, ¿no os parece?
Guepardo. El guepardo no se queda atrás en lo que a datos de impresión se refiere. Es el animal terrestre más rápido del mundo: alcanza velocidades superiores a 100 km/h y pasa de 0 a 100 en tres segundos. Cuenta para ello con una espina dorsal excepcionalmente flexible, que le permite doblarse y estirarse y así alzar las cuatro patas dos veces en cada zancada. En realidad, toda su morfología está al servicio de la velocidad. Su cabeza es apuntada para una mayor aerodinámica, sus orificios nasales son anchos para captar más aire y su caja torácica extra-grande aloja unos pulmones y un corazón enormes, capaces de bombear el oxígeno y la sangre suficientes para que sus músculos trabajen a ritmos de vértigo. Incluso tiene uñas que no se retraen y una cola más larga que su propio cuerpo, aspectos que hacen posible mantener la tracción y la estabilidad durante la carrera. Más todavía: las líneas negras que salen de sus ojos le protegen de los destellos del sol para no perder de vista a su presa. De nuevo, un animal para flipar.
Vulnerabilidad. Pero hay un problema: un pequeño cambio en sus circunstancias y estos animales se ven críticamente amenazados. De hecho, como en el polo cada vez hay menos hielo y se mantiene entero durante menos tiempo, el oso polar es una especie en peligro (los osos usan el hielo como plataforma desde la que buscar focas y saltar cuando localizan a una) y como en la sabana africana hay cada vez menos gacelas debido a la caza, la ganadería y el avance de la urbanización, el guepardo también ha visto descender su población sensiblemente (las gacelas son su principal alimento). O sea, osos y guepardos son "máquinas perfectas" que, sin embargo, quedan indefensas ante mínimos cambios en sus condiciones.
Plasticidad ecológica. Pero hay una especie capaz de salir airosa en cualquier circunstancia que se le presente, algo único en todo el reino animal. Sí, como habréis adivinado, esa especie es la humana. El homo sapiens tiene la mayor "plasticidad ecológica" de la Tierra, puesto que hemos logrado ocupar y prosperar en todos los hábitats, ya sea bosque, pradera, desierto, jungla, altiplano, litoral, estepa, alta montaña, hielo. Repito: somos la única especie capaz de tal plasticidad.
La pregunta ahora es ¿qué narices nos diferencia del resto de especies para ostentar tamaño récord? ¿Qué nos hace tan estupendos si no tenemos ni la fuerza del oso ni su capacidad para resistir el frío ni la velocidad del guepardo ni su agilidad y precisión? Muy sencillo: tenemos una inteligencia superior. Esa inteligencia, a su vez, hizo posibles dos cosas: (1) el desarrollo de la tecnología y (2) la colaboración. La tecnología es el diseño y la fabricación de herramientas; herramientas como flechas y arcos con los que cazar con la rapidez del guepardo, cuchillos con los que obtener pieles que nos dan la resistencia al frío del oso o canoas para navegar sobre aguas gélidas. La colaboración, por su parte, se refiere a la coordinación entre individuos para llevar a cabo tareas colectivas; tareas que no serían posibles de realizar individualmente, como cazar, recolectar, construir refugios, repeler ataques de grupos enemigos o cuidar de niños y ancianos. La inteligencia nos dio, pues, la (1) capacidad de desarrollar tecnología y (2) la capacidad de colaboración, necesarias ambas para sobrevivir bajo cualquier circunstancia, para prosperar en los lugares más variopintos y hostiles.
Se desprende de lo anterior que nuestra inteligencia en realidad no es unitaria sino que engloba dos ramas o componentes. Hay una inteligencia implicada en el diseño y fabricación de herramientas y otra que posibilita la colaboración entre personas. Vamos a llamarlas "inteligencia manipulativa" e "inteligencia social", respectivamente.
Inteligencia manipulativa. Podemos definirla como el (a) interés por y (b) la capacidad para aprender sobre el mundo de los objetos. Resulta que para cargar un tronco o una presa sobre los hombros es mejor apoyarlos por el centro, de manera que el peso se reparta equitativamente; para que un puente soporte el peso de una persona debe emplear un tronco de suficiente tamaño y consistencia; para que un objeto ruede ladera abajo debe ser lo más redondo posible; para que un objeto llegue más lejos puedo emplear un propulsor, como una honda; si quiero perforar necesito un pincho, si quiero cortar necesito una cuchilla; si quiero cargar necesito una embarcación ancha, si quiero velocidad necesito una barca estrecha; etc. Todo esto es conocimiento tecnológico y para desarrollarlo es precisa una capacidad específica, una capacidad que en primer lugar (a) dirija tu atención sobre estas cuestiones, que dediques tiempo a observarlas; y que además (b) te permita extraer regularidades o principios a partir de la experimentación y la observación. En eso consiste la inteligencia manipulativa, imprescindible para construir herramientas con las que suplir nuestras "incapacidades" y llegar a ser rápidos cual guepardo o fuertes como oso polar.
Inteligencia social. Podemos definirla como (a) el interés por y (b) la capacidad para aprender sobre el mundo de las personas. Resulta que la alegría se expresa a través de la sonrisa, que boca y ojos muy abiertos denotan sorpresa, que un ceño fruncido es signo de enfado; que recibir un halago o un premio es motivo de alegría, que un ruido inesperado causa sorpresa, que un insulto provoca enfado; que si el otro está abatido, puedes apaciguarlo con palabras de esperanza; que si el otro necesita impulso, puedes darle palabras de aliento; que si das escucha, comprensión, aliento, construyes vínculos con el otro, porque confía en ti y porque cuidar de otro nos hace quererlo más; que puedes administrar la información que le das al otro para producir creencias falsas y controlar su comportamiento a tu favor; que el otro puede detectar tu engaño si tu voz titubea o si tus gestos no son los habituales... Para desarrollar una psicología como ésta (y, cuidado, que no es un conocimiento explícito y sistemático sino una intuición) necesitamos (a) prestar atención a estos fenómenos y (b) ser capaces de extraer regularidades o principios de la experiencia. Así funciona la inteligencia social, y es básica en las relaciones sociales, que a su vez son imprescindibles para llevar a cabo tareas colaborativas vitales como cazar y recolectar, construir refugios o cuidar de niños y ancianos.
El cerebro extremadamente masculino
Ya sabemos que el arma secreta del homo sapiens, el que le ha permitido prosperar en todos los hábitats del planeta bajo las condiciones más inhóspitas, es la inteligencia. Sabemos además que esa inteligencia tiene dos ramas, la manipulativa y la social. Pues bien, no todos estamos igualmente dotados para cada una.
El ingeniero. Piensa en ese amigo tuyo que está siempre pendiente de las innovaciones tecnológicas, del último iPhone extraplano y súper potente, de la cámara de no sé cuántos megapíxeles, de una banda ancha que transmite datos a la velocidad del rayo, del coche que trae cámara de visión trasera y que aparca él solo, de una aplicación que te permite encender la lavadora y la calefacción desde el móvil según te diriges a casa. Es ese amigo al que recurres cuando te ha entrado un virus en el ordenador, cuando tienes móvil nuevo y no te aclaras con el sistema operativo, cuando necesitas instalar no sé qué aplicación, cuando quieres cambiar de tarifa de internet en casa. Es ese tipo que sabe exactamente cómo colocar las maletas para que entren todas en el maletero del coche y además no queden huecos y así se sujeten unas contra otras. Es quien sabe exactamente cómo mover el sofá nuevo por la escalera para meterlo en casa. Es el primero en coger el manual de instrucciones para montar un mueble de Ikea y, antes de haber terminado de mirarlo, ya sabe exactamente la secuencia a seguir para armarlo. Es ese que al terminar la cena y recibir la cuenta, sabe en un instante cuánto ha de poner cada uno, aún cuando no todos tomaron vino ni todos tomaron postre; y el tipo sabe en el acto la cantidad justa que debe abonar cada comensal! Es el que ve un cartel de 20% de descuento y enseguida sabe cómo queda el precio final. Bien, una persona así tiene una inteligencia manipulativa muy desarrollada. Y es quien tiende a optar por disciplinas como las matemáticas, la física, la construcción civil o la informática. Es tu amigo "el ingeniero".
La psicóloga. Por otro lado está esa amiga a la que acudes cuando necesitas consejo. A veces debes tomar una decisión sobre tu futuro profesional, sobre tu salud o tus relaciones. Sabes que ella es quien mejor te va a escuchar, a entender y a orientar. Esa amiga está siempre pendiente de su gente, siempre te saluda con un "¿cómo estás?" sincero. Y sabe intuir cuándo hay alguien en apuros y qué tipo de apoyo necesita. Sabe interpretar gestos sutiles de otros mejor que nadie. Sabe leer entre líneas en un mensaje de WhatsApp, sabe identificar las motivaciones detrás de cierto post en Instagram, sabe por qué Fulanito ha bloqueado a Menganita en su Facebook. Es la persona en quien confías cuando ha habido un conflicto y necesitas que alguien medie o interceda en la cuestión. Esta amiga, además, tiene pasión por los niños y por las mascotas y, encima, sabe llevarlos de maravilla. Es la que se entera de todo en las series de televisión: sabe ver intenciones ocultas, predecir reacciones, considerar a la vez todas las conexiones entre los personajes. Es la que puede mantener una conversación contigo y a la vez no perder hilo de otras dos que mantienen otros clientes de la cafetería. Es la que sabe poner cara de póker, la que sabe contener sus emociones u ocultar sus sentimientos si la situación lo requiere. Tiene decenas de amistades y puede mantener y conjugarlas todas sin problema. Vale, pues esta persona tiene una súper inteligencia social. Con ese bagaje, claro está, lo natural es que opte por disciplinas como la literatura, la comunicación, el márketing, la educación, la mediación, el coaching. Es tu amiga "la psicóloga".
Mujeres, hombres y viceversa. Como acabamos de ver, algunas personas tienen más inteligencia manipulativa que el resto y otras destacan por su gran inteligencia social. Pues bien, ocurre que en promedio los hombres tienen más inteligencia manipulativa que las mujeres y las mujeres en promedio tienen más inteligencia social que los hombres. ¿Significa esto que no puede existir la ingeniera ni el psicólogo? Para nada: son sólo tendencias; es más fácil (más probable, si hablamos en términos técnicos) que un hombre sea mejor en inteligencia manipulativa y es más fácil (más probable) que una mujer sea mejor en tareas de inteligencia social. Que sea más probable no significa que lo contrario sea imposible. La cosa, como digo, es que por lo general los hombres destacan en tareas de matemáticas, física o ingeniería mientras que las mujeres despuntan en las de lengua, comunicación o mediación. De ahí que yo haya hablado antes de "el" ingeniero y "la" psicóloga.
Este supuesto, que los hombres son típicamente mejores ingenieros que las mujeres y las mujeres son típicamente mejores psicólogas que los hombres, no es especulación. Está basado en evidencias. Una muy a mano: los resultados en las pruebas diagnósticas que se aplican en la escuela. Tanto las evaluaciones que se les hacen a los alumnos en Primaria (la Prueba de Diagnóstico o los programas PIRLS y TIMSS) como las de Secundaria (programa PISA) arrojan sistemáticamente el mismo resultado: los chicos son mejores que las chicas en mates, las chicas son mejores que los chicos en lengua. Y cuando digo "sistemático" me refiero a que ocurre así (a) edición tras edición y (b) en todas las autonomías o países donde se realiza la evaluación. Y como ésta hay múltiples evidencias en el mismo sentido (exponerlo aquí sería demasiado prolijo pero creedme, las hay en abundancia).
Por supuesto, este patrón no implica que debamos vetar a los chicos de ámbitos relacionados con la psicología ni a las chicas de ámbitos relacionados con la ingeniería. Jamás! Y la razón es doble. Por un lado, ya dijimos que "promedio" no significa "conjunto": o sea, que también es posible (aunque menos probable) que un chico o una chica muestren el perfil opuesto a la norma. Por otro lado, y esto es muy importante, hay mil maneras de ser un/a buen/a físico, astrónomo, psicólogo, maestro, dramaturgo, monitor de ocio, director de márketing, periodista, político. Cada quien tendrá fortalezas y debilidades en cualquiera de esos puestos. Y la clave será saber explotar las fortalezas, con independencia de tus dotes de partida.
Explicación. Ahora que sabemos que los hombres despuntan en ingeniería y las mujeres en psicología, tal como revelan montones de evidencias, cabe preguntarse por qué. Una explicación posible es el reparto de tareas que se aplicó durante los 200 mil años del paleolítico y que presentan hoy el puñado de tribus cazadoras-recolectoras que aún existen: los hombres salen a cazar mientras las mujeres recolectan vegetales y cuidan de niños y ancianos. En el mundo de los hombres era más ventajoso ser agudo en materia de herramientas y de tácticas de caza. En el mundo de las mujeres era crucial saber interpretar las necesidades de los bebés y otras personas que requieren cuidados.
Otro factor de enorme importancia que no podemos ignorar es la influencia de las expectativas y de los modelos del entorno. Es cierto que el entorno espera y muestra a chicos que desempeñan determinados roles y a chicas que desempeñan determinados roles, lo que va moldeando el desarrollo de niños y niñas y acaba confirmando los estereotipos... Dedicaré un artículo a esta cuestión tan trascendental que ahora no cabe desarrollar en su justa medida. ;)
Autismo. Una cosa que todavía no hemos tocado es que no sólo es que los chicos despunten en materia manipulativa y las chicas en materia social, es que despuntar en un ámbito suele implicar ser más débil en el otro. Dicho de otra forma, las dos inteligencias suelen ser incompatibles: si tienes mucho de una seguramente tendrás poco de la otra y viceversa. De nuevo, ser excelente en ambas facetas no es imposible pero sí menos probable. Lo común es que pongamos la mayoría de los huevos en una de las cestas: buena ingeniería combinará con pobre psicología, buena psicología estará ligado a una escasa ingeniería.
De este modo, los perfiles prototípicos son: mucha ingeniería con poca psicología, mucha psicología con poca ingeniería. Para entendernos, los prototipos son Sheldon Cooper y Penny de Big Bang Theory. Sheldon no sabe hacer manualidades y las relaciones sociales se le dan fatal; tampoco sabe mentir ni captar el sarcasmo. Pero es un físico teórico de reconocido nivel. Penny no entiende ni jota de ciencia o tecnología pero sabe aconsejar, convencer, seducir, engañar y es la líder de su pandilla y nunca le han faltado amistades. En fin, el chico prototípico tiene mucha inteligencia manipulativa y poca inteligencia social; la chica prototípica presenta el patrón inverso.
La "teoría del cerebro extremadamente masculino" sostiene que las personas con autismo tienen un patrón como el de Sheldon pero de una manera extrema. Es decir, tienen una buena inteligencia manipulativa pero una escasísima o nula inteligencia social. Y ello al margen de que sean chicos o chicas.
La consecuencia es que las personas con autismo tienen especial afición por los medios de transporte, las fichas técnicas, los resultados deportivos, la meteorología, la música, las fechas, las montañas rusas... Y además pueden (no siempre ocurre) llegar a desarrollar su habilidad en estas materias a niveles prodigiosos. Esta afición (o incluso obsesión) va acompañada de una dificultad para entablar conversación, para participar en bromas o juegos, para construir y mantener relaciones o para tener pareja. Grosso modo, la persona con autismo es como Sheldon.
Estudios. Es una teoría discutible (y discutida, de hecho) pero lo cierto es que está respaldada por bastantes evidencias. Una muy básica: hay tres chicos con autismo por cada chica con autismo. En la jerga se dice que la ratio chico-chica en autismo es 3:1. Otra evidencia más y, en este caso, fascinante: si les administramos oxitocina (repaso rápido: la hormona de las relaciones) a las personas con autismo se desenvuelven mejor en juegos interactivos como el póker; saben interpretar y anticipar mejor las reacciones de los otros participantes. Más evidencias: si analizamos los rasgos autistas de la población a través de entrevistas, vemos que los que se dedican a profesiones de ciencia y tecnología puntúan más alto; y ocurre lo contrario si aplicamos tareas de inteligencia social. Otro apoyo menos obvio: si analizamos las familias de las personas con autismo es muy frecuente (mucho más que entre la población sin autismo) comprobar que sus padres se dedican preferentemente a profesiones del ámbito de la ciencia y la tecnología. Más retorcido: hay incluso evidencias de que las personas con autismo recibieron más testosterona durante la gestación. Y una mayor testosterona, a su vez, está asociada a menor contacto ocular o a mejor rendimiento en pruebas de aptitud espacial.
Conclusiones
La intención era, como siempre, ofrecer "alimento para el pensamiento", compartir temas que me parecen fascinantes. Pero no hay ninguna intención de sembrar polémica ni tampoco de hacer afirmaciones categóricas. Hemos visto que hay dos formas de inteligencia y que, en promedio (sólo en promedio), los chicos son buenos en la manipulativa y malos en la social y las chicas son buenas en social y malas en manipulativa. Esto no significa que no pueda ocurrir lo contrario ni mucho menos que un chico no pueda ser un muy buen maestro, dramaturgo o coach ni que una chica pueda ser buenísima astrofísica, ingeniera o piloto de transbordador espacial. Es más, a mí me parece que puede ser incluso bonito reconocer las fortalezas de cada cual y, sobre todo, saber sacarles partido y saber conjugarlas. Respecto al autismo, es un tema mucho más complicado de lo que he planteado aquí. No cabe duda. Entre otras cosas, la teoría del cerebro extremadamente masculino es sólo una del abanico disponible. Una crítica que suele hacérsele es que sólo se aplica a los autistas de alto funcionamiento, los que tienen cierto nivel intelectual, pero que no es válida para los que tienen además discapacidad intelectual (que son 2/3 del total de personas con trastorno de espectro autista). Pero tiene también bastante respaldo empírico (que hemos repasado de forma somera nada más) que no podemos obviar. Hala, a darle al coco!
Ah, y no olvides compartir si te ha gustado. ;)

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